La construcción grupal ¿un contenido a enseñar?

19/06/2014

El relato de Gabriela Mefano, maestra de teatro en escuelas públicas de la CABA, actualiza la discusión sobre la función de las llamadas materias especiales o curriculares (música, dibujo, educación física, etc.) en la enseñanza primaria y nos introduce en una cuestión específica: ¿Por qué y para qué enseñar teatro en la escuela?

He aquí la experiencia de Gabriela Mefano

Maestra Gabriela Mefano

La construcción grupal ¿un contenido a enseñar?

Hace varios años que me desempeño como maestra de teatro en escuelas primarias intensificadas en arte (esto implica, en sus aspectos prácticos, que estas escuelas en su jornada completa agregan a su currícula materias como danza, teatro y medios audiovisuales; y en su concepción sus proyectos educativos están atravesados por una mirada artística ) .

Generalmente en muchas escuelas, teatro y las materias llamadas curriculares son definidas como las horas libres. En el discurso de los chicos aparecen dichos como: hoy tenemos tres horas con la seño y después libre. ( a saber: tecnología, música, teatro, educación física).

Esto, me obliga a analizar el porqué de los usos y costumbres, ¿libre estará asociado a no anotar en el cuaderno?, y el resto de las horas ¿no se sienten libres?¿o tendrá que ver con la jerarquía de determinados espacios en la currícula y la gran percepción que los chicos tienen de ello?(Ésto tiene el obstáculo de tener que justificar permanentemente el espacio y la ventaja de que la exigencia social de “contenidos” no es tan delimitante y permite poner en acto otros contenidos indispensables pero de menor “legitimación” académica).

Una pregunta central que atraviesa este trabajo es ¿qué le aporta el teatro a la educación?. Esta pregunta me acompaña tanto en mis prácticas como docente de teatro frente a niños como a futuros docentes de inicial, de primaria o de teatro.

Al intentar delimitar los aportes del teatro en la concepción de la construcción grupal como un contenido a enseñar es que dejaré de lado otras herramientas que habilita esta disciplina como la construcción deconceptos a partir de “poner” el cuerpo, las relaciones con el espacio, y el juego como forma de conocimiento.

Sin querer entrar a discutir si el arte es un lujo, o un derecho, y convencida de que (por suerte) es un saber “inútil” (ya que es solamente útil para el desarrollo de la expresión, de la capacidad creadora y transformadora, pero nunca funcional  al proceso productivo) es que quiero explorar, en este caso la potencia del teatro como espacio de construcción grupal.

En mi experiencia, aquellos grupos considerados “difíciles”  fueron los más creativos a la hora de producir. Incluso, no fueron los mismos luego de mostrar ante un público sus producciones. Quizá porque no sólo comprobaron que podían sino que se apropiaron de otro lenguaje que les servía para expresarse.

Un grupo de 6to. Grado, de aquellos que “hacen renunciar maestros”, atravesados por innumerables problemáticas sociales, empiezan su año con una maestra de grado cuyo primer objetivo es desarmar la idea que ya está instalada de que no pueden aprender, y menos que menos mostrar algo.

Me propone que armemos algo juntas para el acto del 1 de mayo. Estos chicos nunca participaron en el número de ningún acto.

Los chicos empiezan a observar a los trabajadores de la calle, de la escuela, de la vida….y comienzan a elegir un personaje para representar. Cada uno el que quiera; vale repetir si cinco quieren ser el mismo personaje, vale cambiar si no me siento cómodo con lo que estoy haciendo, ¡¡¡¡vale copiar buenas ideas!!!! Y así empiezan a aparecer  sus opiniones, sus colaboraciones, sus aportes a lo que hacen los otros. Y también así emergen con claridad los conflictos grupales y el objetivo en común: llegar a pararse en frente a todo el colegio y demostrar que ellos también tienen para contar.

Todo esto en paralelo a una maestra, que toma las asambleas de grado semanales como parte de su trabajo diario, acompaña algunas clases y reflexiona con los chicos sobre la dinámica de las mismas.

Finalmente, luego de varios días de trabajo,  deciden armar dos momentos con música donde muestran cómo la ciudad funciona con cada uno haciendo lo suyo (acciones al ritmo de un fondo musical) y luego de un stop se pregunta en off ¿qué pasaría si cada uno descuida lo que hace para los otros? (vuelve a comenzar la escena con cada uno o haciendo otra cosa o no pudiendo hacer lo que hacía) hasta un nuevo stop con una postal de situación fuera de control.

¿Esta situación fue calculada por las docentes, fue propuesta sólo por los alumnos?

Más de una vez, dudamos con la maestra el seguir adelante, no pueden esperar el tiempo del otro, boicotean la producción, no se organizan para ensayar. Pero finalmente…llega el día del acto y es una gran fiesta. Actúan y por primera vez los felicitan en lugar de retarlos. Ellos pudieron y esto para ellos es fundante. A partir de allí empiezan a poder hacer “teatro” a transitar los contenidos específicos que les aporta  este lenguaje artístico.

La primer pregunta que hago a quienes estudian didáctica del teatro en el Profesorado de  teatro es ¿qué enseñamos en teatro? ¿ somos maestros? ¿por qué y para qué damos teatro en la escuela? Tomar una posición frente a la tarea, definirse como maestro que da teatro en un ámbito educativo propone una doble mirada ya que uno es educador (y no animador de horas libres) y tiene algo que enseñar: qué es teatro.  Luego de posicionarse frente al enfoque elegido, la forma de dar los contenidos habilitará en mayor o menor medida la construcción grupal como modo de producción y la posibilidad de incorporar herramientas que en definitiva sirvan para interpretar el mundo.

El trabajo grupal es para la actividad teatral una condición necesaria de inicio. Todos los contenidos que se engloban bajo el título “preparación para el juego dramático” tienen que ver con la conformación de un grupo. El eje de la actividad es la actividad grupal, la posibilidad de producir con otros y la riqueza que se da en esa producción con el aporte de cada uno. Y esta integración se da desde el cuerpo, porque el teatro pone el cuerpo en el centro de la escena, es el cuerpo el que realiza acciones que comunican.

La construcción grupal no se da sólo en el hacer, sino también en la reflexión sobre ese hacer y sobre las  acciones que nos lo permiten u obstaculizan.  El producto final se nutre de las propuestas y de la mirada de los otros. Preguntas como ¿de qué otra forma el compañero puede contarnos que pasó el tiempo?  ¿de qué otra forma se puede resolver la situación? y el intercambio que se produce sobre las mismas es lo que  genera el producto final.

A su vez la reflexión sobre los vínculos durante el proceso de construcción, va constituyendo al grupo. Dos niños pueden hacer la misma acción de distinta manera y es válida, y entonces el producto final no es homogéneo sino que tiene partes de cada uno y a su vez se empieza a vislumbrar que sin el aporte propio el producto sería otro.

Creo firmemente que el teatro aporta a la educación otra forma de abordaje de contenidos comunes a otras disciplinas, que los “mira” y los amasa de otra forma, hechos que se potencian cuando se articulan las miradas, cuando se piensa un mismo objeto entre muchos y desde diversas perspectivas. El teatro es solo una más.

Hasta aquí, la experiencia de Gabriela Mefano.

A continuación, comentarios de las integrantes del grupo de reflexión sobre la práctica

Heleder Balbuena escribe:

Gaby comienza su relato planteando una problemática común a todos los niveles educativos: la jerarquización de las materias por el tipo de contenidos que enseñan. La tradicional superioridad de lo teórico respecto de lo expresivo y de lo corporal, que se mantiene vigente en la práctica educativa, demuestra la supervivencia de una concepción dualista del ser humano, que estaría constituido por dos entidades: cuerpo y mente

Curiosamente, las horas ocupadas por las materias ligadas a lo corporal son vivenciadas por los alumnos como tiempo “libre”  ¿Cómo consideran, entonces, a lo vinculado con el uso de la mente?

La maestra de teatro se interroga y nos interroga sobre el “estar” del cuerpo en la escuela. ¡Por suerte lo hace! Ya que las palabras, el discurso, legitiman y convalidan determinadas formas del estar en las instituciones escolares.

Considera luego los aportes específicos de la materia teatro a la educación, desde la perspectiva del docente o del futuro docente,  y centra su análisis en la construcción grupal como un contenido a enseñar.

Esto visibiliza un aspecto que en general no se tiene en cuenta en las escuelas: el tema de los grupos y de lo grupal. Las instituciones presuponen que los grupos se constituyen a partir de la interacción espontánea entre los alumnos y no consideran que la construcción grupal no se produce sólo en el hacer, sino también en la reflexión sobre ese hacer. Y esto no se produce si el docente no lo motiva

La experiencia de Gabriela muestra un fuerte compromiso con la educación que la lleva a creer en los alumnos. Actitud, no menor, pues manifiesta un deseo puesto en juego: Creer en el otro. Y logra que la escuela comience a “creer” en un grupo del que solo se esperaban problemas. Por “primera vez los felicitan en lugar de retarlos. Ellos pudieron y esto para ellos es  fundante. A partir de allí empiezan a poder hacer “teatro” a transitar los contenidos específicos que les aporta  este lenguaje artístico”.

Cuando los alumnos no aprenden, siempre hay una explicación que en general, tiene que ver con el niño, nunca con el docente ni con la institución ni con el sistema educativo. Gabriela Mefano no se presenta como la maestra perfecta, completa, sino que se interroga acerca de lo que sucede y de lo que hace ante las situaciones. Desnaturaliza, deconstruye. Donde sólo había lugar para la protesta, el menosprecio, y todo lo que se asocia con lo negativo, ella logra que el otro, tenga una visión distinta de la que estaba acostumbrado a percibir. “Por otra parte, los conflictos no se acallan, se los deja emerger, para poder ser trabajados.

El eje de la actividad es la actividad grupal, la posibilidad de producir con otros y la riqueza que se da en esa producción con el aporte de cada uno. Y esta integración se da desde el cuerpo, porque el teatro pone el cuerpo en el centro de la escena, es el cuerpo el que realiza acciones que comunican.

Cuando leía este párrafo, pensaba en las dos caras del cuerpo, el receptáculo y el expresivo. Leí hace unos años: así como el cuerpo expresa, comunica; el cuerpo lleva la marca, lleva la huella. El cuerpo logró comunicar, expresarse, porque primero se escuchó aquello que portaba, su historia.

Marta Salazar nos dice:

El relato evidencia las posibilidades que da el teatro de expresar el pensamiento propio y colectivo con otro lenguaje, el del cuerpo. El lenguaje mímico, corporal, es aquel, con el que contamos desde nuestros primeros días de vida, cuando todavía no sabemos hablar, pero nos comunicamos con el mundo exterior con sonrisas, movimientos de los brazos y las piernas y todo el cuerpo, expresando nuestros sentimientos, emociones y preferencias.

Con el tiempo el lenguaje oral y escrito va predominando sobre el corporal, hasta el punto que muchas veces contradice o niega lo que dice este último, Con el lenguaje corporal expresamos cosas diferentes, a las que decimos con las palabras orales o escritas.

Me llamó la atención la expresión  -“En el discurso de los chicos aparecen dichos como: hoy tenemos tres horas con la seño y después libre”, y me pregunto porque los niños se sienten “libres” en las materias curriculares y pienso, qué me pasaba a mí de niña en estas materias. Me gustaba cantar y en la hora de música hacía lo que más me gustaba, y era valorada por compañeros y maestros, “pertenecía al coro de la Escuela”.

Entonces vuelvo al presente, y sigo pensando y me pregunto, ¿por qué los niños se sienten libres en estas materias, si también tienen que aprender contenidos nuevos, si también tienen responsabilidades, si tienen que demostrar lo que aprendieron y son evaluados por más personas que solo por  la maestra en la intimidad del aula?

Cuando leo esta afirmación,… “El trabajo grupal es para la actividad teatral una condición necesaria de inicio”… vuelvo a pensar que desde el nacimiento nuestro aprendizaje es grupal y dependiente del otro, es corporal, expresivo, entonces en teatro, los niños, escribe Gabriela, ….“comprobaron que podían expresarse y se apropiaron de otro lenguaje que les servía para hacerlo” …. Realmente ¿se apropiaron de otro lenguaje o estaban recuperando su lenguaje primitivo? Y tendríamos que pensar ¿qué es lo que hizo que lo reprimiéramos o lo olvidáramos? ¿Se puede recuperar en las materias “no felices” esta manera de aprender, de hacerlo con el otro, permitiendo todos los tipos de expresión?.

Me parece maravilloso el trabajo que hicieron estas maestras, elevar la autoestima de los niños, permitirles que se expresaran a su manera y que esa manera fuera valorada por los demás, que fueran felicitados, por su creatividad, que fuesen LIBRES y FELICES.

Otro tema que aparece en el relato es …”la reflexión sobre los vínculos”. Es importantísimo y necesario trabajar sobre los vínculos, los vínculos de la infancia son fundantes, para cada niño y para el grupo, aprender a aceptar al otro como es, vivenciar que todos podemos aportar algo bueno y diferente. La forma aprendida de vincularnos con el otro, será la que reproduciremos en el futuro.

Comparto totalmente con Gabriela esta idea …“el teatro aporta a la educación otra forma de abordaje de contenidos comunes a otras disciplinas, que los “mira” y los amasa de otra forma, hechos que se potencian cuando se articulan las miradas, cuando se piensa un mismo objeto entre muchos y desde diversas perspectivas. El teatro es solo una más”.

Ahora, lector, Ud. tiene la palabra

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