INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA (III Parte).

28/03/2011

INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA.

Por: JORGE ENRIQUE ELÍAS CARO

Los movimientos obreros y sindicales en Colombia.

La situación anteriormente planteada, se originó en Colombia durante la tercera década del siglo XX. Según Álvaro Tirado Mejía, estuvo precedida por las influencias internacionales que acontecieron en el mundo y en América Latina durante toda la centuria decimonónica y en los primeros veinte años del siglo XX, sobre todo, de las acciones derivadas de las revoluciones mexicana y rusa, del manifiesto de los estudiantes de Córdoba en Argentina y del Aprismo peruano. Todos estos procesos internacionales inspiraron los primeros “escarceos” de intelectuales, que ligados a ideales liberales forjaron las primeras doctrinas socialistas. En lo que tiene que ver precisamente con la repercusión mexicana, como antecedente de su revolución, la desarticulación de bienes eclesiásticos realizada por Sebastián Lerdo de Tejada y Benito Juárez a mitad del siglo XIX, sirvió de base para que Tomás Cipriano de Mosquera después haber transcurrido casi dos lustros de darse estos hechos en México cuando estaba en su mandato presidencial, utilizara estas influencias como idea precursora de su programa. Caso contrario, a comienzos del siglo XX antes de presentarse la revolución mexicana, el largo periodo dictatorial de Porfirio Díaz, sirvió de modelo administrativo para la efímera autocracia que imperó en Colombia durante el quinquenio de Rafael Reyes.

La principal característica de la industria colombiana en la segunda y tercera década del siglo XX fue el alto grado de proteccionismo nacional. A pesar de todos los cambios políticos ocurridos entre 1910 y 1930 el proteccionismo industrial se mantuvo en firme como mecanismo de salvaguarda para la economía de los empresarios nacionales e inversionistas extranjeros. Tanto los partidos conservadores que ostentaban el poder, como los liberales y socialistas que se formaron después de 1920 acogieron de forma general el principio de que era conveniente estimular el desarrollo industrial mediante las defensas aduaneras.

Este componente político, como generalidad de las condiciones económicas del país, aunado al surgimiento y propagación de nuevas industrias de consumo, “dieron pie a una considerable expansión de la inversión industrial, que se hacía en gran parte comprando equipos y tecnologías extranjeras” como muy bien lo definiera Jorge Orlando Melo. Durante estos años se establecieron empresas manufactureras principalmente agroindustriales como cigarrillos, dulces y de refrescos, como también agrandaron su producción las industrias cerveceras, textileras, cafeteras, cacaoteras y cementeras.

De forma paralela al crecimiento y desarrollo empresarial, las ciudades crecieron al ritmo de la industrialización y la prestación de servicios conexos a ella, lo que da por entendido que de igual manera la clase obrera crecía, así fuera en menor proporción. La aparición de esta fuerza productiva y laboral hizo que comenzaran a desplegar actividades políticas y sindicales independientes, lo que obligó a los distintos partidos tradicionales a buscar entendimiento entre las partes y a su vez, buscar la participación como aliados de esta nueva influencia política. No obstante, los trabajadores del sector industrial, a pesar de su alto porcentaje de participación en la economía nacional, políticamente hablando no eran los más activos e importantes.

Entre 1915 y 1925 los sectores más activos desde el punto de vista del fomento y promoción de políticas para mejorar las condiciones laborales de la clase obrera en general estaban representados por los trabajadores del transporte, primordialmente por los empleados portuarios de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta y de las empresas de navegación fluvial del río Magdalena y por supuesto, de los distintos ferrocarriles.

Después de 1925, los sectores más importantes que aportaron al desarrollo de los movimientos obreros y sindicales fueron aquellos que salieron en la defensa de los intereses nacionales por los enclaves extranjeros que se establecieron en Colombia, especialmente con el establecimiento de concesiones para compañías petroleras y bananeras. A esta población se le unirían posteriormente pequeños grupos de trabajadores independientes como artesanos, sastres, albañiles, carpinteros, talabarteros y zapateros, los cuales desde 1910 se encontraban adoctrinados con una mezcolanza de ideas de tipo socialista, pero de corte “heterodoxo religioso”.

Según Alberto Mayor Mora, la iglesia católica intervino mucho para contrarrestar que los movimientos obreros y sindicales ejercieran sus derechos, ya que querían evitar a toda costa que las ideas socialistas y de izquierda que promovían los partidos revolucionarios tomaran auge. Prueba de ello es que, amparándose en el escudo de la acción católica, la Iglesia crea organizaciones de trabajadores y adoctrina a su manera, es el caso del Patronato de Obreros de Medellín. Las formas de contrarrestar las ideas revolucionarias y mantener el pensamiento conservador fue variada; sin embargo, la más usual fue el adoctrinamiento en jóvenes trabajadores, que amparados en “Juventudes Católicas” imponían sus ideas: Igualmente con la constitución de semanarios, donde se informaban aspectos teológicos, pero también de comportamiento y conducta hacia el trabajo y los empleadores. Ejemplo de ello fueron los periódicos el Obrero Católico y el programa de radio la Hora Católica.

En Colombia las primeras manifestaciones de huelgas obreras se originaron justamente en 1910, las que después de 1918 con el gran “paro” de los trabajadores portuarios de las ciudades del Caribe, empezaron a tener eco en los demás movimientos sociales y con gran resonancia en la dirigencia nacional, hasta el punto que en 1919 los trabajadores del ferrocarril de Cundinamarca con sede en Girardot, producto de una larga huelga obtuvieron ciertas concesiones para los obreros. A raíz de estas manifestaciones de protestas y por ende, de los logros obtenidos de ellas, se deriva de manera colateral un rompimiento de ideologías entre los movimientos obreros y sindicales, lo que ocasiona de manera inmediata un cambio, pues se salen de los partidos políticos tradicionales a los que concernían para pertenecer a nuevas organizaciones obreras que, desde su nacimiento poseían fervorosos ideales socialistas.

Lo anterior da a entender que, después de los primeros años de la postguerra (primera guerra mundial) el panorama ideológico de las masas populares en Colombia cambia hacia el campo socialista. Los motivos que inspiraron este cambio político, estaban representados en los procesos que ocasionaron la Revolución Soviética de 1917, el manifiesto de los estudiantes de Córdoba en Argentina de 1918, el pensamiento marxista, las ideas nacionalistas anti-imperialista y por supuesto, la revolución mexicana. Ideales estos que impregnaron de manera fuerte y/o como parámetro guía a los intelectuales para aliarse con los movimientos sociales, en especial con los campesinos, estudiantiles y de proletariados. La respuesta del Gobierno colombiano ante estos acontecimientos fue el de asumir una postura de tipo “paternalista hostil”, en beneficio de las multinacionales y los grandes empresarios. Desde que se dieron las primeras manifestaciones obreras, el Estado embestido por el poder que se le otorgaba, controló de forma brutal y violenta las huelgas.

Sólo hasta noviembre de 1919 el derecho a huelga fue reconocido legalmente en el país. Año en el que justamente el Partido Socialista en Colombia nace a luz pública, el cual estaba conformado principalmente por sindicalistas, trabajadores obreros y cierto grupo de intelectuales. Después del tercer Congreso Nacional Socialista, realizado en 1922, el derrotero del Programa de la Junta Nacional Socialista estaba enmarcado en varias ideas que luchaban por “abolir la explotación del hombre por el hombre”. Para ello, este logro debía alcanzarse por diversos medios políticos y mediante la ganancia de las ideas socialistas en los procesos electorales. Siendo la segunda consigna importante del Programa esta última, es decir, imponerse en el sistema democrático electoral como un partido político fuerte. Así las cosas, tenían como consigna: “la legalidad democrática no tiene porqué asustar al proletariado, que es la mayoría”. Igualmente esta consigna manifestaba la plena adhesión a la democracia con “libertad irrestricta del pensamiento, de la palabra y de la prensa”. Por último, el Programa buscaba promover mejoras en “las condiciones de vida del común de la gente” y “el desarrollo de las riquezas naturales del país”.

Lo importante del asunto es que, el Programa de la Junta Socialista, planteaba además la nacionalización de la tierra (reformas agrarias) y de explotación de los recursos naturales como el petróleo, el carbón y el platino, igualdad total para hombres y mujeres, establecimiento de jornadas laborales máxima de ocho horas, ampliación del derecho de huelga y eliminación del ejército como fuerza militar a cambio de una guardia civil. Principios estos que son la base principal de los efectos causados por la influencia de la revolución mexicana y su posterior Constitución. Hechos que después de lo realizado en su momento dado por Lázaro Cárdenas en México, el Presidente Alfonso López Pumarejo como política nacionalista y en función de un nuevo aire político por la entrada en vigencia de la República Liberal desde 1930, moderniza el Estado. Para ello, acude a los jóvenes intelectuales que en décadas anteriores fueron los mismos estudiantes que fomentaron la creación del partido socialista, es decir, la juventud que promovió el cambio social en Colombia a partir de 1910 hasta 1930, fueron los ministros, embajadores, gobernadores y senadores que forjaron el plan de Gobierno de López conocido como la Revolución en Marcha.

La misma revolución estatal que con sus decisiones originó la creación de las ligas campesinas, los frentes populares y hasta por qué no, la consolidación del Partido Comunista. Estos hechos resultaron siendo un gran espaldarazo para los movimientos obreros y sindicales.

Prueba de ello, es que en un discurso hecho en 1936 por el Presidente López en el Congreso de la República, expreso lo siguiente:

El Gobierno… que tiene el deber de intervenir en la sindicalización, que estudia las peticiones obreras sin excitación ni indignación, que ve los fenómenos sociales tranquilizantes, no como anticipos de una edad comunista sino como brotes retrasados de una historia de lucha que es vieja ya en el mundo, es mirado con desconfianza por los patrones, como un instituto izquierdista de agitación, cuando no hace sino representar un sentimiento democrático y liberal.

Como se puede evidenciar la reivindicación y reconocimiento a los movimientos sindicales y obreros en Colombia por parte del Gobierno sólo fue bien entrado el segundo quinquenio de los años 30, ya que antes de eso, las reprensiones brutales por parte de la Fuerza Pública para defender los intereses de las multinacionales fue una particularidad muy usual. Ejemplo de estas reprimendas violentas fue la realizada en 1924, la cual fue motivada por la huelga hecha por los trabajadores de la Tropical Oild Co., en la que incluso varios de sus promotores fueron encarcelados por varios años, es el caso del líder socialista Raúl Mahecha. Tres años más tarde se repite la huelga, en la que 5.000 trabajadores hacen parte de ella. El cese de actividades duró tres semanas hasta que miembros de la Policía Nacional dispararon contra los huelguistas y hubo dos muertos, producto de la declaratoria del estado de sitio, lo que permitió de igual manera, encarcelar y deportar a dirigentes obreros. No obstante, estas muertes y arrestos de obreros por parte de las fuerzas del Estado en defensa de las multinacionales no fue la más importante.

El caso más brutal y atroz cometido por miembros del Ejército sobre trabajadores y manifestantes que reclaman sus derechos y mejoras en las condiciones laborales, fue la cometida el 6 de diciembre de 1928 en la localidad de Ciénaga (Magdalena) zona bananera del Caribe colombiano. Este hecho se materializó después que el Estado nacional y regional defendieran a capa y espada los intereses de la compañía norteamericana United Fruit Company.

Todavía es la hora y no se sabe a ciencia cierta cuantos fueron los muertos registrados en esa barbarie. Las primeras crónicas que salieron sobre los resultados de muertes antes de tener un reporte oficial más amplio, mencionaban de ocho (8) muertos y 20 heridos. Una semana después en esas mismas fuentes se trababa ya de 100 muertos y 238 heridos. Mientras tanto, las fuentes oficiales de manera reservada y en comunicaciones diplomáticas comunicaban que eran más de 1000 los muertos. Cifra que, según sobrevivientes y narraciones de la época la Matanza de las Bananeras fue tal, que sobrepasó los mil masacrados, hasta el punto que los vagones del tren iban llenos de cadáveres, a los cuales enterraban en fosas recónditas aún desconocidas. Eso sin contar el número de personas que pavoridas huyeron del lugar a distintos lugares del país sin importar perder sus pertenencias, todo por temor a ser masacrados por las autoridades.

Después del éxodo suscitado por los trabajadores huelguistas que lograron salvarse de esta masacre y que se marcharon hacia distintas partes del Caribe colombiano, una vez llegaban a otros destinos, comenzó a conocerse otras versiones de los hechos acaecidos en Ciénaga y demás poblaciones de la región bananera y por cierto, muy distintas a los que se emitían en los comunicados oficiales; verbigracia de ello, las primeras personas que lograron llegar a Barranquilla informaron que no fueron ocho los muertos y 20 heridos los que presentaron en los encuentros que sostuvieron los huelguistas y las tropas del Ejército, sino que en estos sucesos fueron 15 las personas masacradas y 37 heridos; además aclaraban que la matanza fue en plena plaza o estación del ferrocarril del municipio de Ciénaga en la madrugada del 6 de Diciembre, -mientras los trabajadores obreros de forma pacífica se concentraban allí- y no en los campamentos de las fincas bananeras como las autoridades querían hacer creer. Fuera de eso, los desplazados tenían conocimiento de otros tantos más masacrados y que aún no se conocía la cifra exacta de las personas que habían matado, pues estos hechos ocurrieron en las veredas y plantaciones bananeras donde el acceso a ellas era completamente restringido.

Docente e Investigador de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad del Magdalena (Colombia). Secretario Ejecutivo Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

Álvaro Tirado Mejía. “Colombia: Siglo y Medio de Bipartidismo”, en Colombia Hoy, Bogotá, Siglo XXI Editores, 5ª Edición. 1980, pp. 103-104.

Ibíd. p. 104.

Jorge Orlando Melo, “La República…”. op. cit. p. 86.

Esta estructura industrial se mantuvo hasta bien entrado la segunda mitad del siglo XX, la cual estuvo caracterizada de igual forma por poseer un capital netamente colombiano, organizadas en sociedades anónimas generalmente por núcleos familiares que controlaban las políticas de la compañía y emitían las directrices de operación de las mismas, tratando siempre por sus influencias con los gobiernos nacional y regional constituirse en monopolios u oligopolios, para así expandirse en todo el territorio nacional cuando los costos de transportes y localización así lo permitían.

Lastimosamente en Colombia por ese hecho y justamente previendo que en México la cuestión dejó a las multinacionales petroleras muy mermadas, se expide la Ley 120 de 1919 en la que seden a través de concesiones la explotación y comercialización del petróleo a las empresas extranjeras, a pesar que previamente se había expedido el decreto 1255 de 1919, que siguiendo las políticas estatales mexicanas, decretaba que el subsuelo de Colombia era de propiedad pública, no obstante, un magistrado de la Corte Suprema de Justicia lo declaró inconstitucional, aduciendo que la explotación del recurso natural por parte de la inversión extranjera era sana para la economía nacional y no iba en contra de los intereses de la sociedad colombiana. Para conocer mejor de este caso, el cual fue tratado como de alta corrupción, ver los trabajos de Jorge Villegas: Petróleo, oligarquía e imperio, Bogotá, Editorial Iris, Tercera edición. 1975. p. 190; Petróleo Colombiano, Ganancia Gringa. Bogotá. Ediciones Peñaloza. Cuarta edición. 1976. Álvaro Tirado Mejía: “La presencia de Panamá en las relaciones internacionales de Colombia”, en: La Unidad latinoamericana. Quito, ADHILAC, 1984. p. 101.

Jorge Orlando Melo, “La República…”. op. cit. p. 87. En ese mimo sentido es que Álvaro Tirado Mejía manifieste que, en 1919 se realice la primera Conferencia Nacional Obrera y se conforme el Partido Socialista, el cual estaba integrado por una heterogénea y confusa ideología. Álvaro Tirado Mejía: “Colombia: Siglo y Medio…”. op. cit. p. 138.

Alberto Mayor Mora. “El Control del tiempo libre en la clase obrera de Antioquia en la década de 1930”. Revista Colombiana de Sociología Nro. 1. Bogotá, diciembre de 1973; Santiago Montenegro. El arduo tránsito hacia la modernidad: Historia de la industria textil colombiana durante la primera mitad del siglo XX. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. 2002. pp. 250-252.

En 1913 se crea la Unión Obrera de Colombia, la cual duró sólo tres años de existencia, pues para 1916 ya había desaparecido. No obstante, en medio de la huelga de los trabajadores del ferrocarril de Cundinamarca, en 1919 se realiza el Congreso Obrero en Bogotá, el cual como resultado devino la creación de un grueso número de sindicatos en todas las regiones del territorio nacional, en especial para aquellos grupos catalogados de actividades artesanales, es el caso de zapateros, carpinteros, sastres, talabarteros y albañiles.

Álvaro Tirado Mejía: “Colombia: Siglo y Medio…”. op. cit. p. 138.

Fuera de los actos violentos realizados por la Fuerza Pública para controlar las huelgas, el Senado de la República aprobó la famosa “Ley Heroica”, la cual consistía en reprimir a todos los movimientos y organizaciones populares que se manifestaran contrarios a los preceptos gubernamentales. Esta Ley de forma despectiva decretaba que aquellas personas que se encontraran en esta situación debían ser catalogadas como “Bolcheviques”, en alusión a los revolucionarios soviéticos.

A pesar de que fue reconocido el derecho a Huelga, un año después, producto del cese de actividades del ferrocarril de Cundinamarca, la mano del Estado, prohíbe de forma tajante las huelgas en las actividades de transporte y en empresas de servicios públicos, estableciendo además que toda huelga quedaba inhibida si previamente los trabajadores y el patrono no habían llevado a cabo un proceso conciliatorio entre las partes.

Tomado de Jorge Orlando Melo, “La República…”. op. cit. pp. 89-90.

Ibíd. p. 90.

Desde 1930 el Partido Comunista había nacido como transformación del Partido Socialista Revolucionario, el cual en 1926 se había proclamado como anti-imperialista, socializante, agrarista y diferenciado del marxismo, seguidor de las ideas del Aprismo peruano y del Partido Nacional Revolucionario Mexicano (PNR), aunque después de su metamorfosis a Partido Comunista Colombiano, acoge al marxismo-leninismo como consigna central, producto de la alianza que hizo en 1929 con la Internacional Comunista.

Tomado textualmente de Álvaro Tirado Mejía: “Colombia: Siglo y Medio…”. op. cit. p. 153.

Es bueno aclarar que esta no fue la primera huelga realizada por los obreros colombianos. Ya existían varios casos que, en merito de lo expuesto, vale la pena recordarlos; son los casos presentados en el siglo XIX, me refiero a la huelga del ferrocarril del Pacífico en 1878 y al cese de actividades de los trabajadores del canal de Panamá en 1884. Los paros más sobresalientes en las primeras décadas del siglo XX fueron el de Barranquilla en 1910, el de los puertos del Caribe en forma conjunta para 1918; la primera huelga hecha por los trabajadores de la United Fruit Company en 1918; la de los trabajadores del ferrocarril de Girardot en Cundinamarca para 1919 y la de marzo de 1919 cuando el Gobierno de Marco Fidel Suarez reprimió violentamente a los manifestantes obreros y artesanos de Bogotá, en el que perecieron también varias personas.

Para conocer sobre el trabajo de la masacre obrera de las bananeras se recomienda ver los trabajos de: En cuanto a trabajos científicos ver en los trabajos de: Jorge Enrique Elías Caro: “La masacre obrera de 1928 en la Zona Bananera del Magdalena (Colombia). Una historia inconclusa”. En Jorge Enrique Elías Caro y Sergio Grez Tosso (Editores) Masacres Obreras y Populares en América Latina y el Caribe: Siglo XX. Santiago de Chile. Lom Ediciones. 2010; Catherine Legrand El conflicto de las bananeras. En “La Nueva Historia de Colombia”. Vol. III. Cap. 8. Bogotá. Planeta. pp. 183-217; Eduardo Posada Carbó “La novela como historia: Cien años de Soledad y las bananeras”. En Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 35, Nro. 48. Banco de la República. Bogotá, 1998. pp. 1-19; Judith White, “Historia de una Ignominia: la United Fruit en Colombia”. Bogotá. Presencia Ltda. 1980; Gabriel Fonnegra Bananeras, un testimonio vivo. Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1980, 1ª edición; Bogotá, Círculo de Lectores, 1987, 2ª edición; Joaquín Robles Zabala “La Reinvención de la Historia: una visión macondiana de la masacre de las bananeras”. pp. 1-6; y de Mauricio Archila Neira “Sangre en la plantación”. Ver en: http://platohedro.blogspot.com/2008/12/sangre-en-la-plantacin.html. Tomado de la red el 04 de agosto de 2009; Carlos Payares González. “Las Moscas del Banano. Memoria de una Epopeya”. En Carlos Payares González Memoria de una Epopeya, 80 años de la Huelga y Masacre de las bananeras del Magdalena. Santa Marta. Alcaldía Municipal de Ciénaga. 2008. pp. 447-113.

“La Prensa”. Nro. 252. Barranquilla, viernes 7 de diciembre de 1928. p. 1.

“La Prensa”. Nro. 259. Barranquilla, viernes 14 de diciembre de 1928. p. 1.

Aviva Chomsky, Los hechos de la masacre de las bananeras. Ponencia “Coloquio Internacional 80 años del Conflicto de las Bananeras, conmoración de un hecho de historia económica y social más allá del realismo mágico”. Santa Marta. Diciembre 5 de 2009.

Ver en los trabajos antes referenciados de Katherine Legrand y Aviva Chomsky.

Jorge Enrique Elías Caro: “La masacre obrera de 1928 en la Zona Bananera del Magdalena (Colombia). Una historia inconclusa”. En Jorge Enrique Elías Caro y Sergio Grez Tosso (Editores) Masacres Obreras y Populares en América Latina y el Caribe: Siglo XX. Santiago de Chile. Lom Ediciones. 2010.

“La Prensa”. Nro. 253. Barranquilla, sábado 8 de diciembre de 1928. p. 1.

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