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Publicado en Julio / Diciembre 2015 / Edición N° 23 / Año 9

ISSN 1851-3263

Publicación Semestral

Teoría Política y marxismo en José Aricó: rodeos teóricos desde América Latina

Edición N° 23 - Comentarios

Cómo citar este artículo

Tzeiman, Andrés. "Teoría Política y marxismo en José Aricó: rodeos teóricos desde América Latina". La revista del CCC [en línea]. Julio / Diciembre 2015, n° 23. Actualizado: 2016-01-25 [citado 2017-02-23]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/539/. ISSN 1851-3263.

Acerca de Un nuevo marxismo para América latina. José Aricó: traductor, editor, intelectual, de Martín Cortés, Editorial Siglo XXI-Ediciones CCC.

Desajustes, asincronías, desencuentros. Complejidades todas que en el libro de Martín Cortés conducen a un problema bastante discutido pero no siempre suficientemente elaborado en el plano de la teoría en la tradición marxista: los dilemas de lo político. El trabajo que pretendemos reseñar en estas breves páginas nos invita a realizar una indagación en la obra de quien fuera seguramente uno de los autores más eruditos en el seno de la familia del marxismo en América Latina: José Aricó. Vale aclarar que el libro de referencia no se adentra en su obra con una vocación historiográfica o filológica hacia los textos y emprendimientos editoriales desarrollados por aquel pensador. Tampoco se inserta en ella con pretensiones de efectuar un análisis del discurso. Más bien, el libro de Cortés nos propone hacer con Aricó la operación que éste llevara a cabo recurrentemente con Marx. Es decir, tensar en Marx (en este caso, en Aricó) posibilidades de discutir teoría en función del presente. O bien, hacer del autor de Marx y América Latinai un dinamizador de problemas, cuyo saldo teórico funciona como mediación para reflexionar y desplegar lecturas en torno de lo político.

Y decíamos “desajustes, asincronías, desencuentros”, porque en definitiva, ¿de qué se trata lo político sino de ello? Cortés encuentra en la prolífica obra de Aricó la referencia intelectual para reconocer esas dislocaciones, convertirlas en problema, y presentarlas en tanto disyuntivas indispensables del conocimiento social, como una convocatoria a la producción de teoría política. El punto de partida para ello es el rechazo a la matriz de intelección que constituye el oponente más acérrimo del reconocimiento de los desajustes que signan a lo político: la filosofía de la historia. La linealidad, la correspondencia, el hallazgo de un origen in nuce de los fenómenos, son las barreras que Cortés se empecina en derribar, recorriendo y recurriendo a la obra de Aricó con el propósito de lograr que emerja lo político en el marxismo como momento constitutivo de la práctica social y, por tanto, como un nudo problemático sobre el cual es menester realizar un trabajo teórico, construyendo las herramientas conceptuales necesarias.

Además de la obra de Marx en tanto fundadora de toda una tradición, Cortés potencia teóricamente el ineludible pasaje por el pensamiento de aquel autor cuyas producciones atravesaran al conjunto de la vida intelectual de Aricó: Antonio Gramsci. Y lleva a cabo ese pasaje centrándose en dos conceptos que articulan su exploración en los dilemas de lo político. Por una parte, el concepto de hegemonía. Por la otra, el problema de la Nación. La hegemonía como proceso inherente a lo político, como búsqueda de unificación de lo múltiple, de articulación de lo irremediablemente conflictivo. La hegemonía como la dimensión sustantiva y más radical de lo político, como horizonte ético de la práctica de la política, que busca incansablemente solucionar —de forma siempre desequilibrada e inestable— aquellos desajustes, asincronías y desencuentros que, al fin y al cabo, definen el problema del poder.

Ahora bien, mencionamos también la cuestión nacional. En el argumento de Cortés ésta resulta paradójicamente el nexo para revalorizar el carácter universalista de las reflexiones de Aricó. Pues Marx y América Latina es precisamente un rastreo sistemático y riguroso en la obra del propio Marx, cuyo fin es encontrar los límites que éste experimentara a la hora de comprender la historia y la realidad de nuestra región. Dificultades que Aricó detecta y aprovecha para producir teoría. Y que transforma a su vez en elaboraciones, cuyo registro de la singularidad de lo nacional se proyecta en un sentido universal, al colaborar con la conceptualización de fenómenos políticos. En este caso, y fundamentalmente con la comprensión de lo estatal y de una temática crucial para el marxismo: ¿Cuál es la relación Estado-sociedad civil? (relación que el marxista boliviano René Zavaleta, amigo de José Aricó durante su exilio mexicano, categorizara en aquellos años como “ecuación social”ii). Dimensión sobre la que Un nuevo marxismo para América Latina se encarga de profundizar, al acudir a numerosos y vitales intelectuales (tanto latinoamericanos como europeos) que realizaron contribuciones a la producción de una teoría marxista del Estado.

Mas decimos también que Cortés se nutre del pasaje de Aricó por lo nacional en Gramsci. Ello se debe a que resulta una puerta de ingreso a aquel desencuentro que hilvana políticamente la trayectoria intelectual de Aricó: el de las masas latinoamericanas y el socialismo. Esto es crucial, ya que el libro de Cortés encuentra en ese desajuste otra de las claves para continuar trabajando sobre Aricó, y seguir provocando la emergencia de dilemas políticos. Porque aquello que el entonces Director de la revista Pasado y Presente convoca a desanudar son los interrogantes a los que nos debemos enfrentar ante sociedades cuyas asincronías, diversidades y heterogeneidades, se potencian y multiplican. Pues América Latina resulta una realidad donde los desajustes se presentan como expresión paroxística. Cabe aquí una advertencia que nos hace Cortés. Esto no es fruto de ningún “exotismo” ni “singularismo”. Es más bien producto de un fenómeno que el autor se encarga de subrayar por medio de las Nueve leccionesiii de Aricó y del rodeo que éste lleva a cabo a través de los textos juveniles de Lenin. Nos referimos a la riqueza inabarcable del desarrollo histórico. Ésta es justamente la principal causa de los desajustes: las innumerables formas en que se despliega lo político.

La riqueza del desarrollo histórico encuentra su lugar de aterrizaje en el plano nacional. Y la Nación es el territorio por excelencia de lo político. El espacio donde las determinaciones universales establecidas por el funcionamiento en escala mundial del capitalismo se vuelven realidad empírica, se convierten en disputa material y simbólica. Es el lugar donde se vislumbra la radical historicidad de los sujetos. Cortés, recurriendo a otros trabajos aledaños a los de Aricó (por caso, Política e ideología en la teoría marxistaiv, del recientemente fallecido Ernesto Laclau) plantea —en tanto problema teórico— cómo esa historicidad de los sujetos requiere al mismo tiempo un proceso de constitución que, nuevamente, define el área de lo político. Al mismo tiempo, Cortés establece un punto de intersección entre la Nación, lo político y lo nacional, utilizando como ariete, una vez más, a Marx y América Latina. La conformación de las naciones y, de acuerdo con ellas, la construcción de identidades nacionales, deben superar el iniciático dilema europeo de la “autonomía nacional”, para dar un salto hacia la inauguración del capítulo latinoamericano de la cuestión nacional, cuyas páginas vuelven a convocar a la emergencia y proliferación de problemas políticos. Y con ellos, a su constitución como materia teórica. Pues esa intersección entre la Nación, lo político y lo nacional, quizá conforme la columna vertebral de la mencionada riqueza del desarrollo histórico, y como tal, una fuente inagotable de problemas, que el marxismo en tanto paradigma teórico debe atender, si pretende contribuir con la realización de la célebre “Tesis XI” de Marx. Otra vez, desajustes, desencuentros y asincronías, ante los cuales Cortés encuentra en la figura de Aricó un modo en el cual trabajar sobre el marxismo, con el propósito de evitar la elusión de esas dislocaciones, de rechazar su negación, de cuestionar su simplificación. Y así, una vez más, rescata su potencia, reconoce su impacto, y les brinda un estatuto teórico.

Por último, resultaría difícil creer que la apuesta teórica y política por abordar el lugar que el marxismo le otorga a lo político pueda nutrirse exclusivamente de pensadores provenientes de esa tradición. A su vez, sería imposible concebir que la intelección de la realidad latinoamericana (como decíamos más arriba “expresión paroxística de desajustes, asincronías y desencuentros”), pueda remitirse teóricamente tan solo a los autores clásicos, sean éstos europeos o latinoamericanos. Cortés asume el marxismo como punto de partida para la indagación en problemas de teoría política, reconociendo tanto su vigencia en el horizonte histórico como la dimensión universalista propia de la construcción de teoría. Pero recoge para ello, a la vez, la máxima que planteara Aricó en Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericanov: la criticidad como supuesto inderogable del marxismo. Es decir, su capacidad de dialogar críticamente con todas las corrientes de pensamiento contemporáneas y pretéritas, incluso las pertenecientes al campo adversario; de utilizar las más diversas fuentes de alimentación que potencialmente pueden representar otras expresiones teóricas, de las cuales siempre es posible extraer nutrientes, sin que ello signifique una pérdida de identidad, ni tampoco, una pérdida del horizonte emancipatorio que caracteriza al marxismo.

Por esos motivos, Cortés comienza el libro hablándonos del problema de la traducción. Pues trata de presentar, junto con Aricó, lo que éste último llamó “una visión laica del marxismo”. Sin dogmatismos, y con capacidad crítica. Es decir, el cuestionamiento, señalado más arriba, al marxismo como una filosofía de la historia o como un saber absoluto; rechazándolo como teoría “cerrada” que no requiere el influjo y la interpelación que pueden provocar otros paradigmas o corrientes teóricas. En ese sentido, Cortés retoma esa vocación traductora de Aricó como clave de lectura, al menos en tres aspectos. En primer lugar, prestando especial atención a las aventuras intelectuales del autor de Marx y América Latina. En su búsqueda (como editor y como teórico) en torno de autores olvidados, postergados o inexplorados de la tradición marxista, e incluso en la investigación de corrientes contemporáneas, no extensamente divulgadas, como así también en la indagación alrededor de figuras no pertenecientes a la tradición marxista. En segundo lugar, al tomar el propio Cortés fuentes de lectura que exceden a Aricó y que constituyen debates sustantivos de teoría política y social. En tercer lugar, y quizá la más trascendente, la pregunta por el vínculo entre Marx y América Latina, y la necesidad de producir teoría para suturar la herida de ese desencuentro histórico y teórico. En síntesis, y tal como señala el intelectual Carlos Franco en su presentaciónvi de Marx y América Latina, “lejos de casa hace frío”. La traducción como clave de lectura es la forma que adopta Cortés para asumir productivamente en el campo de la teoría ese desafío y esa incomodidad.

Los diversos caminos por los que el libro de Cortés se dispone a transitar la obra de Aricó conducen a una pretensión deliberada de colaborar con la producción de teoría. Es un libro que, nos animamos a afirmar, exprime al máximo una operación filosófica señalada en uno de sus pasajes: generar rodeos teóricos (al decir de Louis Althusser) con el propósito de discutir problemas políticos y cuestionar interpretaciones —de ellos— que se presentan a sí mismas como evidentes. Un trabajo el de Cortés que opera sobre Aricó como éste lo hiciera incansablemente con Marx: produciendo marxismo, o bien, como puerta de ingreso en la batalla política que se libra en el campo de la teoría.


Notas

i Aricó, J., 1982. Marx y América Latina. Buenos Aires: Catálogos.
iiZavaleta, R., 1990. “El estado en América Latina”, en El Estado en América Latina, La Paz: Los amigos del libro.
iii Aricó, J., 2011. Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo México: El Colegio de México.
iv Laclau, E., 1978. Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo. Madrid: Siglo XXI.
v Aricó, J., 1999. “Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano”, en La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
vi Franco, C., 1982. “Presentación”, en Aricó, J., Marx y América Latina. Buenos Aires: Catálogos.
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