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Publicado en Mayo / Agosto 2011 / Edición N° 12 / Año 4

ISSN 1851-3263

Publicación Semestral

Una mirada de la tecnología desde la economía política

Edición N° 12 - Estudios de Economía Política y Sistema Mundial

Cómo citar este artículo

Lastra, Facundo. "Una mirada de la tecnología desde la economía política". La revista del CCC [en línea]. Mayo / Agosto 2011, n° 12. [citado 2014-07-29]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/245/. ISSN 1851-3263.

Resúmenes

Español: El trabajo intenta plantear la unidad entre el discurso y el objeto, que se ve reflejada al estudiar ciertas problemáticas del desarrollo económico, como lo es la tecnología. Para ello, se trabaja con los principales planteos del evolucionismo y el marxismo. El evolucionismo es una rama heterodoxa del pensamiento económico que nace a partir de la crítica a los fundamentos teóricos neoclásicos para explicar la economía y, por ende, el papel que juega la tecnología en su desarrollo. Esta corriente de corte neo-schumpeteriano caracteriza al cambio tecnológico como un proceso que, con el paso del tiempo, se va reduciendo gradualmente a una rutina que cae en manos de especialistas entrenados. Se observa que la heterodoxia no tiene en cuenta de forma acabada el carácter social del cambio tecnológico y su carácter contradictorio dentro de las relaciones sociales de producción capitalista. En el presente trabajo se desarrollarán los conceptos de información y conocimiento. Nociones clave para avanzar en la comprensión de la tecnología, como parte activa del proceso productivo, enmarcadas en las contradicciones de las relaciones sociales para la producción. Al estudiar la tecnología, se pone de relieve lo que algunos autores denominan “la tecnología como fuerza productiva social”. La dependencia directa del desarrollo científico de la producción con las normas de funcionamiento del sistema capitalista es una característica ignorada por los evolucionistas. A partir de esta exposición, se intenta demostrar que los fundamentos en los cuales se sostiene esta rama heterodoxa tienen falencias teóricas y no distan mucho del sistema ortodoxo.

Palabras claves

Español: Desarrollo, Tecnología, Economía Política, Evolucionismo

1. Ortodoxia, evolucionismo y marxismo

La estructura teórica determina las formas en el planteamiento de cualquier problema en todos los momentos de la ciencia, ya que la actividad científica no puede plantear problemas sino en el terreno y horizonte de una estructura teórica definida. Para avanzar un paso en el terreno de la ciencia se necesita a veces de una “mirada renovada”, en términos de Althusser, producida sobre una reflexión en el ejercicio del ver. Es posible plantear entonces una unidad entre el discurso y el objeto, que se verá reflejada al estudiar ciertas problemáticas del desarrollo económico, como lo es la tecnología.

El evolucionismo, como rama heterodoxa del pensamiento económico, nace a partir de la crítica a los fundamentos teóricos neoclásicos para explicar la economía y, por ende, el papel que juega la tecnología en su desarrollo. La doctrina ortodoxa trabaja bajo el supuesto de un agente representativo único, maximizador, racional y competente, asentado en los “micro fundamentos” del marginalismo. Esta escuela retoma los planteamientos que hizo David Ricardo sobre la producción agraria, quien indicó que si a una cantidad constante de tierra se le va a añadiendo un trabajador más, el aumento marginal de la producción por cada unidad de trabajo iría mermando hasta ser nulo. A partir de eso, se generaliza este caso a todos los factores productivos y, tal como se afirma en los manuales de microeconomía con los que se estudia actualmente, se asegura que “La ley de los rendimientos decrecientes se aplica normalmente al corto plazo, período en el que al menos uno de los factores se mantiene fijo. Sin embargo, también puede aplicarse al largo plazo”1.

Se considera entonces que las acciones de los agentes económicos generan retroalimentaciones negativas que llevan a equilibrios predecibles en términos de precios y market shares, que tienden a estabilizar la economía. La perspectiva “neo-clásica” contiene en sus fundamentos teóricos, que toman la forma de supuestos, las respuestas a las propias preguntas que se plantea. Así, una teoría que es lógicamente consistente, logra llegar a conclusiones evitando a veces el análisis concreto de la realidad.

También se observa que el marco institucional en el que se desenvuelve la economía es ignorado desde la doctrina ortodoxa. Cuando se le presta atención, es generalmente para contemplar las “distorsiones” que las instituciones generan en la óptima asignación de recursos a corto plazo que, a la larga, obstaculizan el desarrollo económico. En cambio, la firma ocupa un lugar central como agente maximizador de beneficios y optimizador en la economía, prescindiendo de cualquier análisis de la producción como una relación social. Desde una mirada de la tecnología como una variable exógena, la perspectiva neoclásica concibe al conocimiento científico fuera del proceso económico, ya que es percibido como enteramente realizado con anterioridad a su incorporación a la esfera productiva.

Mientras tanto, la heterodoxia logró imponer en el ámbito académico al “evolucionismo”, una línea de pensamiento que ha estado de moda. Retomando algunos conceptos de Schumpeter, se conformó un cuerpo sólido de pensadores que se propusieron señalar los aspectos más burdos de la teoría neoclásica. Así es que autores como López aciertan en indicar cuáles son las falencias más frecuentes en el desarrollo ortodoxo: “las características y comportamientos de las firmas, la naturaleza del cambio tecnológico y el papel de las instituciones como limitantes a la vez que moldeadoras de los patrones de comportamiento de los agentes económicos”2.

Sin embargo, existe cierta divergencia sobre qué tan fiel es el planteo evolucionista a las ideas schumpeterianas. Hodgson afirma que economistas como Dosi, Freeman, Nelson o él mismo utilizan un concepto de evolución diferente al de Shumpeter. Mientras que desde esta nueva corriente heterodoxa se hace una analogía con las ideas evolucionistas de la biología, Schumpeter utiliza un concepto totalmente distinto de la evolución en las ciencias sociales. Para Hodgson, “la definición de evolución de Shumpeter no contiene ningún mecanismo darwiniano, tal como la selección natural o algún otro concepto de la biología”3.

Muchos otros rasgos que sí son propios de Shumpeter conviven en el sistema evolucionista. Algunos de ellos son las críticas a los problemas del individualismo metodológico y del reduccionismo de los neoclásicos, o también la forma que se inserta a la historia dentro del análisis económico. Pero el calificativo de “schumpeteriano” para el planteo evolucionista es sin lugar a dudas algo exagerado, tanto es así que algunos autores de esta corriente se identifican más con el institucionalismo que con el mismo Schumpeter.

Como se afirmaba más arriba, los evolucionistas no dudan en cuestionar a la representación de los agentes que hace la doctrina neoclásica. Desde una perspectiva heterodoxa, se afirma entonces que los agentes son heterogéneos y que se caracterizan por tener distintas capacidades de procesamiento de los flujos de información. Los procedimientos de maximización pueden ser ineficientes en coyunturas complejas y se señala que la microheterogeneidad no se tiene en cuenta al acudir a la imagen del “agente representativo” de los neoclásicos. Así es que los evolucionistas proponen unos “nuevos microfundamentos” para explicar el comportamiento de los agentes, incorporando las creencias colectivas, la información imperfecta, los comportamientos institucionalizados y la adopción de rutinas. A partir de este marco conceptual, se plantea que los agentes son “evolutivos”, es decir que, a partir de características históricas dadas, las firmas van modificando sus patrones de conducta estructurados por rutinas o costumbres de trabajo.

Esta corriente de economistas caracteriza al cambio tecnológico como un proceso que, con el paso del tiempo, se va reduciendo gradualmente a una rutina que cae en manos de especialistas entrenados. Los evolucionistas retoman el argumento de Schumpeter, quien sostuvo por momentos que el empresario individual iba perdiendo importancia para el análisis económico. A partir de esto, se enfocan en el estudio de la firma, como unidad analítica de significancia cognoscitiva.

Un punto fundamental de discrepancia entre ortodoxos y evolucionistas es en la teoría de la firma. Estos últimos toman en cuenta la heterogeneidad existente entre las distintas empresas, las diferencias entre países y la coevolución entre productividad e ingresos. El concepto de “rutina” toma un lugar preponderante, ya que para estos economistas heterodoxos las firmas son estructuras en cierto grado predecibles con esquemas repetitivos de actividad, frutos de “procesos de aprendizajes” basados en el learning by doing.

Así es que la conducta del empresario adopta un cierto nivel impredecibilidad que está en función de la fuerza con la que estas normas y rutinas están afianzadas en la organización. La transformación de la firma se encuentra explicada endógenamente a través de las oportunidades tecnológicas, siempre condicionadas por el ambiente cercano en donde esta se desenvuelve. El principal acierto del desarrollo evolucionista se basa en poder distinguir a la información del conocimiento. A partir de esto, la instancia de innovación siempre incluye un alto grado de información asimétrica y de apropiación privada desigual. Así es que logran explicar las brechas tecnológicas entre las naciones, como una consecuencia de estas tendencias, pero obviando el carácter político que la apropiación y producción de conocimiento toman forma en el capitalismo.

Además, el evolucionismo introduce el concepto de “retroalimentaciones positivas” basado en que, contra lo que supone gran parte de la ortodoxia, en la economía se encuentran retornos crecientes y ello ocurre con más frecuencia en los sectores basados en la producción de conocimiento científico. Así es que se confeccionan modelos formales que tienen en cuenta procesos dinámicos, en los que se incluye eventos azarosos o no lineales, como también se toman en cuenta las desestabilizaciones (o crisis) generadas endógenamente y expresadas como transiciones entre diferentes senderos evolutivos.

Por último, desde el evolucionismo se retoma la idea de “Paradigmas tecnológicos – económicos” que dan lugar a la explicación de las ondas largas del desarrollo capitalista. Las distintas épocas económicas estarían entonces caracterizadas por fases de ascenso ocasionadas por la aparición de nuevos sets de tecnologías, que estimulan la inversión y el desarrollo, y el agotamiento de cada fase se asocia a la desaceleración del cambio tecnológico.

Dejando de lado las diferencias existentes en la descripción que los distintos pensadores marxistas hacen de la tecnología, podemos observar un aspecto que es común tanto en los ortodoxos como en los heterodoxos. Ninguna de estas dos corrientes toma en cuenta el carácter social del cambio tecnológico y su carácter contradictorio dentro de las relaciones sociales de producción capitalistas. Por el lado de la ortodoxia, al considerar al capital y el trabajo como simples “factores de producción”, se pierde de vista que ambos representan dos polos de la relación social dominante bajo el capitalismo. Mientras tanto, los enfoques evolucionistas heterodoxos realizan estudios descriptivos sobre los paradigmas de innovación, pero no tienen en cuenta las leyes de acumulación que se adoptan en el específico marco histórico del actual modo de producción.

Uno de los logros del desarrollo evolucionista fue reintroducir a la historia en el análisis económico de la academia especializada en economía, pero las características históricas que se estudian siempre son en el marco del capitalismo. Así es que se va en contra del mismo principio de historicidad y se deja de lado que el capitalismo se desenvuelve por medio de recurrentes e inevitables crisis y procesos de valorización y desvalorización del capital. Para el marxista, el carácter histórico y transitivo del sistema capitalista es una premisa fundamental. En virtud de esto es que puede ubicarse por fuera del sistema y criticarlo en su conjunto. Una actitud crítica es, a partir de esto, no sólo intelectualmente posible, sino también moralmente significativa. A partir de ella, se observa que “la teoría marxista del cambio tecnológico es indisociable de la interpretación general que tiene esta concepción del funcionamiento del capitalismo”4 y esta es una característica de la que no escapan otras perspectivas.

Otro aspecto que no diferencia mucho a evolucionistas y ortodoxos es el marco epistemológico en el que se desenvuelven. Desde ambos lados, se intenta explicar el comportamiento de una empresa capitalista sin abandonar el individualismo metodológico de la ortodoxia y evitando el estudio de las relaciones sociales de producción que se establecen en la economía en general. Los “nuevos micro fundamentos” evolucionistas le quitan el carácter genérico a la empresa capitalista y llevan a un análisis que no tiene en cuenta a los sujetos sociales colectivos que intervienen en el desarrollo económico. Se podría afirmar que el evolucionismo se maneja a través de un individualismo metodológico que acepta un cierto grado de heterogeneidad.

La teoría evolucionista, que hoy en día se presenta como “alternativa” en el campo de la academia, tiene deficiencias teóricas que hacen perder el status científico de su sistema. Evita cualquier tipo de explicación del desarrollo económico en su conjunto, evadiendo el establecimiento de leyes o tendencias generales del desarrollo capitalista para entender las formas concretas en que éste se presenta dentro de los distintos ámbitos nacionales.

La principal traba epistemológica se presenta al establecer infinitas trayectorias posibles para el desarrollo de una empresa. Por ejemplo, un referente del pensamiento evolucionista afirma que: “Por supuesto, no existe a priori una razón económica por la que se deban observar grupos limitados de características tecnológicas en un momento determinado y trayectorias orientadas a lo largo del tiempo”5. Así es que no habría oportunidad alguna de lograr una descripción más o menos acabada de cómo se lleva adelante la producción, ni cuál es el norte al que apunta un empresario. Además, el carácter “miope” o “local” que se le otorga a las determinaciones de la producción del capitalista individual, elude cualquier tipo de explicación de la inserción específica de un productor independiente en el sistema mundial.

La “teoría de la transformación de la firma a partir de una explicación básicamente endógena del cambio de sus actividades”6 se nos presenta como una especie de psicologismo que le atribuye a las empresas características inconmensurables entre sí. Contrariamente a esto, el conocimiento científico debe buscar, a partir del análisis concreto del desenvolvimiento de la producción material, una generalidad que permita explicar el desarrollo en su conjunto.

2. Información y conocimiento

Para avanzar en la comprensión de la tecnología como parte activa del proceso productivo es necesario distinguir entre información y conocimiento. La información puede entenderse como la organización y posterior difusión de datos o representaciones construidas por ciertos actores sociales. Dependiendo del ámbito en donde se desenvuelva el proceso informativo, habrá actores socialmente legitimados para reproducir información en una posición hegemónica. La “sobre información” es un denominador común que atraviesa actualmente a cada uno de estos ámbitos y por eso es necesario que el trabajo humano procese la información a través de la selección, la interpretación y la sistematización, produciendo conocimiento. A partir de este conocimiento se da lugar a la utilización de la información para el desarrollo del pensamiento humano y la elaboración de ideas. El conocimiento es entonces una producción socialmente determinada y basada en el refinamiento de la información. Cuando dicho conocimiento es aplicado al desarrollo de la producción ligándose a la ciencia, se da lugar a la innovación y el avance tecnológico.

Una vez hecha esta distinción, la crítica a la noción ortodoxa del conocimiento se hace inevitable. A través del supuesto de “información perfecta”, el marginalismo le otorga al conocimiento un carácter neutral y exógeno en el proceso productivo. Al existir una libre disponibilidad a la información, los agentes económicos tendrían también la posibilidad de producir libremente conocimiento. Por lo que, en su sistema teórico, el conocimiento se presenta como socializado, mientras que en el desarrollo económico real se observa que el conocimiento especializado se ha convertido en una rama específica de la producción que se dedica a la innovación tecnológica.

Otras corrientes de corte marginalista han adoptado esta crítica, incorporando los supuestos de información asimétrica y costosa. Pero el objetivo de esta modificación no fue hacer una revisión crítica del propio sistema, sino perfeccionar sus propios cálculos microeconómicos. Así es que se incorporaron curvas de utilidad de los agentes en torno al bienestar que le daría al individuo el hecho de incorporar nueva información. Pero no por ello se problematizan las relaciones de poder que se construyen en torno a la propiedad privada de la información y el conocimiento, ya que ambos son concebidos como una mercancía más o un factor que interviene en la función de producción de un agente representativo.

El evolucionismo incorporó a la tecnología como un bien que escapa de las leyes del mercado. A partir de esto, los acontecimientos que forman parte de la difusión del conocimiento no son explicados como “anormalidades” o “fallas de mercado” tal como lo hace la ortodoxia, sino como parte de la dinámica del desarrollo tecnológico. Es por ello que autores que realizan una revisión crítica de Schumpeter abogan por la intervención estatal en los programas investigación y desarrollo (I&D) dentro del ámbito nacional.

Entendiendo que la tecnología no puede ser una rama gobernada por las leyes de la oferta y la demanda, estos autores proponen el intervencionismo como alternativa, ya que las innovaciones introducidas por el sector público se difunden más rápidamente. Otras ventajas de la estatización del proceso de innovación es que éste ya no estaría sujeto a los ciclos económicos y el gobierno podría controlar el ritmo de introducción de las nuevas tecnologías al mercado. También observan como provechosa la oportunidad del estado en alentar el desarrollo tecnológico en las industrias que considere relevantes.

En la teoría de la firma evolucionista, el conocimiento dentro del ámbito de la empresa se estructura alrededor de procesos de aprendizajes que están guiados en gran parte por la maximización de los beneficios. El learning by doing es un proceso que no toma en cuenta todo el espacio de comportamientos posibles, pero sí conserva un carácter racional. Por lo que la empresa, estudiada como una institución social, puede tomar diversas trayectorias posibles y adoptar rutinas de comportamiento, siempre condicionadas por el contexto histórico-social en el que se desenvuelven.

Así como más arriba se indicaba que la tecnología tenía un carácter social y contradictorio ignorado por el evolucionismo, observamos las mismas falencias en su desarrollo a la hora de explicar al conocimiento y la información. Cuando se hace mención a las “rutinas” de las empresas, se ignora la desigualdad en el conocimiento dentro de los integrantes de las mismas. Así, la relación social de producción dentro de la organización se naturaliza y se pierden de vista las contradicciones que se establecen en su seno.

Braverman, un estudioso de la administración empresarial, describió al Taylorismo como “una ciencia de la administración del trabajo ajeno bajo condiciones capitalistas”. Entendiendo que el conocimiento es desigual entre los sujetos que forman parte de la producción, resaltó que para Taylor “la administración será tan sólo un malentendido frustrante mientras deje al obrero cualquier decisión respecto al trabajo”7. El conocimiento sobre el proceso productivo es un modo de control y establece una relación de poder entre los trabajadores y los propietarios de los medios para la producción. Además, la fuerza de trabajo capaz de ejecutar el proceso puede ser comprada más barata en forma disociada que como capacidad integrada en un obrero singular.

Hoy en día, un amplio sector de los asalariados tiene poco lugar en learning by doing que propone la heterodoxia para explicar el desarrollo de las empresas. El conocimiento científico del proceso productivo está en manos un fragmento de los trabajadores que, como personificación de los intereses del capital, lleva a cabo la conciencia productiva del trabajo social. Otro fragmento, tan sólo funciona como apéndice de la maquinaria o se degrada y pierde su capacidad productiva al establecerse dentro de la porción sobrante de la clase. Por lo tanto, ignorar la diferencia entre el conocimiento del proceso productivo que posee la gerencia de una empresa con la que tiene la mayor parte de los trabajadores es también ignorar las contradicciones que se desenvuelven en el marco de la producción.

3. Ciencia y tecnología

Como se mencionaba más arriba, es necesario comprender el carácter social de la tecnología y las implicancias que tiene en el proceso productivo en general. El desarrollo de las fuerzas productivas es la forma en la que se expresa el aumento de las potencialidades del hombre para incidir conscientemente en su medio natural. Debería ser el proceso a través del cual logre ser parte consciente de la organización del trabajo social. Pero paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología, un sector de la población pierde la capacidad de su fuerza de trabajo, se degrada y se establece como mano de obra sobrante.

Dentro del capitalismo, el empresario tan sólo produce bienes con el objetivo de valorizar su capital a través de la apropiación del trabajo ajeno. Por lo tanto, intenta constantemente disminuir el trabajo necesario para producir sus mercancías y así obtener un plusvalor relativamente extraordinario, a través de la competencia con otros productores independientes. El proceso de innovación y posterior difusión de la tecnología es bien explicado por Karl Marx:

El trabajo cuya fuerza productiva es excepcional opera como trabajo potenciado, esto es, en lapsos iguales genera valores superiores a los que produce el trabajo social medio (…) El capitalista que emplea el modo de producción perfeccionado, pues, anexa al plustrabajo una parte mayor de la jornada laboral (…) Aquel plusvalor extraordinario desaparece no bien se generaliza el nuevo modo de producción y se extingue, con ello, la diferencia entre el valor individual de la mercancía y su valor social.8

Aquí se pone de relieve lo que algunos autores denominan “la tecnología como fuerza productiva social”9, tomando en cuenta el carácter explícitamente social, por su dependencia directa con las normas de funcionamiento del sistema capitalista. En su doble papel, la tecnología en general es un medio para fabricar más y mejores bienes y la tecnología como capital es una herramienta para la explotación de los trabajadores. Genéricamente, el desarrollo tecnológico son las modificaciones introducidas en la producción, que conllevan procesos de trabajo y modos de organización más productivos. Pero, específicamente en el sistema capitalista, la tecnología como capital se rige sólo por la ganancia.

Separando los rasgos genéricos de la tecnología de los específicos, es posible desnaturalizar al progreso tecnológico y explicar los avances que también se produjeron antes del capitalismo. Por ejemplo, Juan Carlos Mariátegui, tratando la cuestión del avance tecnológico de los pueblos originarios latinoamericanos, expresa que “En el imperio de los Incas, agrupación de comunas agrícolas y sedentarias, lo más interesante era la economía. Todos los testimonios históricos coinciden en la aserción de que el pueblo incaico vivía con bienestar material. Las subsistencias abundaban; la población crecía”. Sin necesidad de la motivación capitalista del desarrollo económico, este escritor afirma que “El Imperio ignoró radicalmente el problema de Malthus.”10

Tomando experiencias de la historia como esta, es posible observar cómo otras sociedades han aumentado la productividad y avanzado técnicamente, sin la necesidad de las formas capitalistas de organización de la producción, con otras relaciones de dominación. El control del hombre sobre las fuerzas naturales ha ido creciendo siempre y sólo bajo el capitalismo este desarrollo es motivado por la necesidad de valorizar el capital acumulado. Allí reside la especificidad del cambio tecnológico en el actual modo de producción.

Debido a esta necesidad inmanente que la forma de producción capitalista tiene de aumentar la potencialidad de las fuerzas productivas, la ciencia ha perdido su autonomía de las exigencias inmediatas del proceso de valorización. Antes, podía distinguirse a la innovación tecnológica de la ciencia, ya que la innovación estaba determinada por los requerimientos de la acumulación y por una mayor influencia del principio de rentabilidad sobre su labor, mientras que la ciencia guardaba cierto grado de independencia. Con el surgimiento de ramas específicas de la economía dedicadas a la Investigación y Desarrollo (I&D), sumado al desfinanciamiento estatal a la actividad científica; el límite entre ciencia y tecnología se torna cada vez más difuso y se produce una creciente mercantilización de la actividad científica.

Este proceso culmina con la consolidación del capital especializado en la producción del aumento en la capacidad productiva del trabajo, el cual apunta de manera inmediata a la producción de métodos productivos que otorguen la posibilidad de acceder a una ganancia extraordinaria a otros capitales individuales. Esta nueva tecnología es comprada por encima de su precio de producción, ya que encierra la potencialidad de otorgar una fuerza productiva excepcional a quien la adquiera.

Así, los capitalistas productores de tecnologías capitalizan esta ganancia extraordinaria en el sobreprecio de la mercancía que están vendiendo. Como bien afirma Juan Iñigo Carrera, “la forma objetivada que tiene la fuente general del incremento de la capacidad productiva del trabajo se convierte ella misma en el producto de una rama especial de la producción social”11. El desarrollo económico actual, es decir el aumento de las potencialidades productivas del hombre, se da a través de capitales que producen la “mercancía tecnología”, pudiendo acceder a un flujo de ganancia extraordinaria de otros capitales que la adquieren.

Esta concepción de la tecnología nos permite explicar, en parte, la inserción de los distintos países en el sistema económico mundial y la especificidad de sus ámbitos nacionales de acumulación. Los vendedores y compradores de estas innovaciones se encuentran separados sistemáticamente por fronteras nacionales, por lo que la ganancia extraordinaria fluye siempre desde el ámbito nacional productor de tecnología hacia el consumidor de las mismas. Las naciones que se desenvuelven en el mercado mundial como proveedores de materias primas exportan mercancías portadoras de renta, por tener una mayor capacidad productiva a través de sus tierras fértiles. A partir de esto reciben grandes cantidades de capitales de las principales potencias, que aplican tecnología. La contrapartida de este proceso son los intereses, patentes y ganancias que obtienen los grandes capitales.

Se constituye entonces un gran capital especializado en el aumento de las fuerzas productivas, que percibe con regularidad este flujo de plusvalía no sólo de los capitales medios de su país, sino también del resto de los capitales individuales a escala mundial. De esto se desprende que no es una menor composición orgánica del capital la que conlleva a la “dependencia” de un ámbito nacional de acumulación con otro. Al contrario, los capitales de los países productores de materias primas portadoras de renta intervienen en el proceso de formación de precios con una alta productividad del trabajo. Esta productividad se encuentra alentada por un fuerte nivel de inversiones y condiciones naturales favorables.

4. Conclusión

Pensar la tecnología es también pensar sobre las formas en que hoy en día se organiza la producción material en sociedad a nivel mundial. Es necesario hacer una reflexión sobre el ejercicio del pensar para problematizar las relaciones sociales que se establecen en torno a dicha organización y a algunos de sus elementos constituyentes: información, conocimiento, tecnología y ciencia. Para lograr una “mirada renovada” se debe estudiar las contradicciones que se constituyen alrededor de todos estos aspectos de la producción.

Un conocimiento que pretenda ser transformador no puede evitar dialogar con otras teorías que se presenten como alternativas e indicar cuáles son sus avances y cuáles su falencias en la explicación de su desarrollo conceptual. Aquí se ha tratado de dejar de relieve que el evolucionismo puede llegar a ser útil como un sistema analítico descriptivo, pero obvia las contradicciones en las relaciones sociales y no sirve como teoría explicativa del desarrollo del modo de producción capitalista. Esto sucede porque, como sucede en otras escuelas heterodoxas, los fundamentos en los cuales se sostiene el evolucionismo tienen falencias teóricas y no distan mucho del sistema ortodoxo. Rescatar el análisis de la economía política para aplicarlo a las especificidades de la evolución económica actual permitirá no sólo interpretar el mundo, sino también transformarlo.


Bibliografía

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  • Marx, Karl. El capital. El proceso de producción del capital. Siglo XXI Editores, Buenos Aries, 2003
  • Pindyck y Rubinfeld, D. Microeconomía, Prentice Hall, Tercera Edición, 1995.

Notas

1 Pindick y Rubinfeld, D. Microeconomía, Prentice Hall, Tercera Edición, 1995, p.176.
2 López, Andrés. Las ideas evolucionistas en economía: una visión de conjunto, Revista Buenos Aires Pensamiento Económico, n 1, otoño, Buenos Aires, 1996, p. 93.
3 Hodgson, Geoffrey M. The evolutionary and non-Darwinian economics of Joseph Schumpeter, Journal of Evolutionary Economics, Springer Berlin, Volume 7, Number 2 / Junio, 1997. Traducción propia del original.
4 Katz, Claudio. La concepción marxista del cambio tecnológico, Revista Buenos Aires, Pensamiento económico, n 1, otoño, Buenos Aires, 1996, p.1.
5 Dosi, Giovanni. Sources, procedures and microeconomic effects of innovation, Journal Economic Literature, Vol. XXVI, 1988, p. 280.
6 López, Andrés. Las ideas evolucionistas en economía: una visión de conjunto, Revista Buenos Aires Pensamiento Económico, n 1, otoño, Buenos Aires, 1996, p. 111.
7 Braverman, Harry. Trabajo y capital monopolista: la degradación del trabajo en el siglo XX, Editorial Nuestro Tiempo, México, 1983, p. 111 y 112.
8 Marx, Karl. El capital. El proceso de producción del capital. Siglo XXI Editores, Buenos Aries, 2003, p. 287.
9 Katz, Claudio. La tecnología como fuerza productiva social: implicancias de una caracterización, Quipú, Revista Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología, vol 12, n 3, septiembre-diciembre, México DF, México, 1999.
10 Mariátegui, Juan Carlos. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Ediciones El Andariego, Argentina, 2005, p.14.
11 Iñigo Carrera, Juan. El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia, Imago Mundi, Buenos Aires, 2008, p. 147.
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