El Búho y la Alondra

Parricidio y monoambiente en alquiler (Transición y movimiento 1)

Autor/es: Manuel Santos Iñurrieta

Edición: Transiciones


El momento de terror aquel, ese que supone dejar de aferrarse a la pata de una silla o una mesa y lanzarse a cumplir la posta en aquel otro posabrazo o pata de sillón, que hace siglos habita el decorado del living de la casa, es el momento niño de desafío inclaudicable e infinito.

¡Alguna vez te tuviste que soltar! Dar inicio.

Ese ir es un momento creativo único, es armar el personaje que camina, apelando en primer término a la voluntad y la audacia, al instinto y la intuición, y a la fe radical siempre opuesta a las leyes de la física, a obstáculos topográficos, a convenciones limítrofes internacionales impuestas por un pariente que cuida al “niño” y a las pueriles apuestas de amigos o enemigos íntimos y ajenos que afirman o niegan tus posibilidades motrices ante tamaño proceso.

La transición no es un mientras tanto. Sino un estado que vibra, es una identidad del que genera movimiento.

De producirse un alto, será pausa dramática, quiero decir: no ausencia de conflicto, y ante ello la seguridad que es un gesto comprimido o retraído en todo caso, pero nunca muerto o falto de sentido.

La transición en el texto dramático, a veces, parte de la didascalia propuesta por el dramaturgo, no es una indicación de corte del desarrollo emocional o intelectual del drama, mucho menos una excusa para dar tiempo a que los tramoyistas bajen a escena una luna de papel maché o conviertan la casa en una plaza, un ágora o un palacio de justicia.

Será la transición un momento de reafirmación de ideas, de revelaciones de argumentos, de que caiga de manera contundente un presente que compromete al personaje y al artista con sus circunstancias dadas, sus objetivos y estrategias. Sus dudas y temores, sus debilidades y fortalezas.

La transición como proceso creativo también apela a un imaginario, a múltiples referencias y pasados.

Nota en medio de otra nota:

Lugar común en los conciliábulos intelectuales y artísticos es hablar de “parricidio”, 
se impone como pose cool de “psico-rebel clase media” el matar a nuestros padres 
para poder adquirir una voz propia. 
Cuestión que podría resolverse sin ningún homicidio, solo con una emancipación 
o tal vez adquiriendo el desafío de alquilar un monoambiente 
y fumarte en la soledad de tu reducto la valentía de tu originalidad. 
Con la precaución de saber que en la soledad y el vacío 
la voz propia rebota en las paredes haciendo insoportable la falsa libertad creadora.

Los procesos de ruptura y transformación en el arte y en la sociedad se suceden a partir de acumulaciones históricas, tensiones y luchas, negaciones y saltos. Por todos conocido las leyes del movimiento, o Carlitos Marx in my hart.

Cuando la novedad quiere instalarse a la fuerza, ayudado por los aparatos ideológicos que imponen una nueva moda, y no reconocen procesos ni transiciones, la propuesta es solo la forma y el elogio de la forma. Sería la mentira sostenida transformada en creencia (O Goebbels muther fucker).

Cuando se produce este fenómeno, inicialmente se ataca el punto de partida, o la pata de la silla desde donde me lanzo a la aventura de lo nuevo, que no es otra cosa que la historia que traigo encima, y todo el andamiaje de creencias, ritos y rituales constitutivos que nos hacen, en suma, la negación de la identidad.

La idea que la historia terminó, que la utopía y la revolución social no son viables, si lo son están muy lejos: y tú no lo verás, y mientras tanto el elogio a lo llano, a la gozadera, al confort y el consumismo y que mirar el mundial en un plasma de 1000 pulgadas, que te lo trae un pariente desde algún país caribeño, que es un paraíso fiscal porque el capitalismo al fin de cuenta tiene sus beneficios. La tierra es de oportunidades, no estés taciturno y sombrío. Y vos sobrino, dejá de aguarnos los cumpleaños hablando de lucha de clases y esas mierdas setentistas. Y que los comunistas no tienen voluntad de poder, y que piantan votos, y que mejor bajar las banderas, y la burocracia de la URRS y que hoy “la cosa” pasa por otro lado, y que la Puerta del Sol y los indignados españoles, mejor las ONG y la feria de plaza Francia. Me gusta Lula pero mucha corrupción. Evo no sabe hablar inglés. Bien Chávez… pero ¿cómo le va a hablar así al rey? Y qué bien Fidel… pero los balseros. Y el Che, muy bien pero no sabía de cartografía. Y Ho Chin Min se zarpó con tanta caña de bambú… Y por qué no te vas a la puta madre que te parió.

Perfumarse de valiente haciendo la crítica desde afuera a un proceso de construcción en movimiento, en plena transición, requiere, por lo menos, poner la oreja para intentar comprender, y ejercer la crítica con respeto y amor, a pesar de la diferencias.

O también tener la valentía de asumirse enemigo ideológico de aquel proceso y tirar con munición gruesa sin caretear hipócritamente una obligación académica, científica, objetiva. Y correr desesperado para que una multinacional te bendiga con la publicación de tu basura.

¿Que existe detrás del deseo por dar una primicia? ¡Miralo vos como corre! Ahí se va a poner fecha de defunción a esta idea o a esta otra. ¡Miralo vos como corre! Como si las ideas tuvieran fecha de vencimiento… Dirá: el niño caerá cuando cruce la mitad de la cocina, el niño golpeará la cara contra el piso, porque no está preparado para semejantes pasos…

En verdad, no sabemos la suerte que correrá el niño que surca la habitación de la casa, si podrá devenir en una aventura provechosa, pero sin duda es el hecho creativo más doméstico y heroico. Ningún detractor de los aventureros podrá contra la fuerza de aquel deseo.

Cariños

Manu


Cómo citar este artículo:
Manuel Santos Iñurrieta. "Parricidio y monoambiente en alquiler (Transición y movimiento 1)". El búho y la alondra [en línea]  Julio / Diciembre 2019, n° Transiciones. Actualizado:  2019-06-06 [citado 2019-08-21].
Disponible en Internet: https://www.centrocultural.coop/revista/transiciones/parricidio-y-monoambiente-en-alquiler-transicion-y-movimiento-1. ISSN 2618-2343 .

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