Entrevista con Mariano Moro: “Soy un poco Quijote”

Autor/es: Pablo Mascareño

Sección: Palos y Piedras

Edición: 8

Español:

En la presente entrevista el investigador Pablo Mascareño dialoga con Mariano Moro, teatrista de origen marplatense de intensa actividad, quien realiza temporadas de verano en Mar del Plata (con varios espectáculos en cartel) y entre abril y noviembre monta sus obras en Buenos Aires. Mariano Moro acaba de publicar el volumen Seis obras (Colihue, 2009), que reúne seis de sus textos dramáticos más destacados. Es considerado uno de los dramaturgos más importantes del nuevo teatro argentino.


Es un exquisito en el manejo de las palabras. Hace de la utilización del lenguaje un arte dentro del oficio escénico. Mariano Moro apela a la riqueza del vocabulario y al significado, denotaciones y connotaciones mediante, de cada vocablo que se hilvana en ese tejido de minucioso, aunque límpido, entramados que constituyen cada uno de sus textos.

Su pasión por la vida y obra de Lope de Vega se percibe en ese estudiado manejo con el que estructura cada frase de sus personajes, criaturas de ficción en las que se intuye también su formación en el campo del psicoanálisis.

Coherencia. Ligazón férrea entre el artista y su obra.

Mariano Moro nació en la ciudad de Mar del Plata, pero desde hace tiempo se encuentra radicado en Buenos Aires desde donde desarrolla una intensa actividad como dramaturgo y director que no excluye a su lugar natal.

Títulos y reconocimientos

Matarás a tu madre, Edipo y Yocasta, La Suplente, Azucena en cautiverio, Quien lo probó lo sabe, De hombre a hombre, y Porque soy psicóloga son solo algunos de los trabajos de este actor, director, y dramaturgo que afronta desde los más diversos frentes la tarea teatral. Una faena en la que se manifiestan temas que se vinculan con su experiencia y mundo de pertenencia, o de universos alguna vez transitados como la universidad, el diván y la pasión por el Siglo de Oro español.

Esta obra potente no transcurre inadvertida. Premios como el Teatro del Mundo (UBA), Trinidad Guevara, Argentores, María Guerrero, y Florencio Sánchez, por citar solo algunos dentro de la Argentina, han reconocido la tarea fructífera de este teatrero de perfil bajo y un tanto alejado de ciertos circuitos de moda o impuesta y artificial vanguardia.

En una Buenos Aires que adoptó y lo adoptó, Moro se despacha a gusto a la hora de reflexionar sobre el arte del teatro y sobre su propio arte a través de una mirada propia.

-El amor y el desamor, si bien son tópicos recurrentes universalmente, pueden ser tomados como ejes de tu poética. Aparecen con intermitencia explícita en tus obras. ¿Es esto una percepción fallida?

-Nunca lo había pensado de ese modo, pero es cierto. Y sí, de amor y desamor se trata. Incluso hay algo que trasciende y es que uno como autor y director desea ser amado por el público. Que te amen a cambio de algo bueno que le des, que se conmueva, que se divierta.

-El sentirte amado, ¿se convierte en una presión?

-No, es una motivación. Me miro en el espejo y compruebo cuán pequeño soy ante los grandes del teatro. Pero también es cierto que Lope de Vega o Shakespeare necesitaban de la aprobación de la gente para poder hacer su tarea. Si ellos lo necesitaban, yo no puedo darme el lujo de prescindir de la mirada de la gente. De todos modos, tengo un criterio sobre lo que hago y su calidad. Soy el primer espectador de los espectáculos que presento, pero luego soy el primero en hacer el esfuerzo para que ese mundo de sueño al que le quiero dar realidad sea compartido y valorado por los espectadores.

-¿No hay condicionamiento en eso?

-No, no soy oportunista ni demagogo. Considero al público. Eso sí.

-En este sentido, hay dos vertientes: los dramaturgos que crean sin tomar en cuenta al destinatario y los que consideran que el hecho teatral se genera desde la autoría misma de los textos con la mirada puesta en el espectador.

-Yo pertenezco al segundo grupo. El teatro dialoga con el público y para dialogar con el otro, hay que tenerlo en cuenta. Y si tenés ganas de hablar de algo que, quizás, no interesa tanto al espectador, lo tenés que plantear de manera tal que le interese. Yo llevé adelante la vida de Lope de Vega y creo que es un tema de interés minoritario, pero me preocupé y esforcé para que la gente lo encontrara atractivo y lo amara como yo lo amo. Esto no es “a ver qué le gusta a la gente”, sino qué me gusta a mí y cómo hago para que le guste a la gente. Ese es el camino que intento.

-¿Cómo nace tu pasión por Lope de Vega?

-Mi primera escritura, a los cinco años, era en verso. El Siglo de Oro me fascina, y soy hijo de españoles, lo cual no es poco. La vida de Lope de Vega parece inventada por un guionista y por suerte hay mucha documentación. Existen valiosas cartas escritas por el a sus amigos y mujeres. Llevó una vida de aventuras y pasiones desbordadas, una vida que se debatía en la tensión entre su fe religiosa y su afán de pureza, pero a la vez marcado por su amor por las mujeres. Lope, a los setenta enamoraba a las chicas de veinte. Era magnetismo puro. Esta vida potente y mi pasión por el Silgo de Oro, que es fascinante, me llevaron a darme el gusto de ir a vivir a esa época y trasladarlo al espectador.

-Estamos hablando de la obra Quién lo probó lo sabe, material que trascendió las fronteras de nuestro país. ¿Cómo fue recibido el espectáculo en España?

-Durante cuatro meses nos fue muy bien. Ganamos el Premio del Público en el Festival de Olmedo, compitiendo, incluso, con la Compañía de Teatro Clásico. La gente agradecía que viniendo de Argentina homenajeáramos a una figura tan castellana.

-Hablemos de otro de tus textos. Actualmente se presenta en la cartelera de Buenos Aires De hombre a hombre. ¿Cómo nace este material al que considero que excede la temática del amor gay para adentrarse en tópicos más amplios?

-Seguramente hay una capa inconsciente en donde te nacen las imágenes, las palabras y las situaciones. También hay una anécdota en mi escuela, pero esa historia era más tortuosa. Y hay algo de mis recuerdos de los teleteatros de Alberto Migré que yo miraba cuando era chico. Efectivamente, es una obra de amor entre dos hombres, pero no es de temática gay estrictamente. No hago panfleto ni adoctrinamiento sobre ninguna cuestión, aunque creo que un profesor debería abstenerse de mantener un vínculo amoroso con un alumno.

-Mencionás heterogéneos disparadores creativos que podrían concluir en un híbrido, pero confluyen en un material con vida y potencia propia.

-Es cierto. Y a lo anteriormente expuesto se suma el proyecto de trabajar con los actores que interpretan la obra (Emiliano Dionisi y Mariano Mazzei). Escribí la pieza para ellos sin saber qué me iban a decir.

-En la puesta de De hombre a hombre, el espectador forma parte del aula. Esto multiplica el fenómeno ritual convivial. ¿Cómo surgió esta decisión estética?

-Me interesa que el espectador sienta que el profesor le está dando clase a él. Me importa potenciar esa experiencia. Hay gente que se ha sentido incómoda cuando el profesor y el alumno discuten. Defiendo una puesta como ésta aun cuando determinada posición del alumno no sea bien vista.

-Se nota cierto interés psicoanalítico para bucear en la cuestión de lo adolescente. ¿Es así?

-Soy psicólogo y, aunque no ejerzo, tengo un interés particular por esa etapa de la vida. Es una edad que combina en grado superlativo la eclosión de la inteligencia y el extremo de los sentimientos desbordados, la sexualidad naciente y las posibilidades a futuro. Todo está por hacerse. En lo atormentado me identifico con el personaje de Andrés.

-Tu pasión por el teatro, ¿nace en esa rebeldía adolescente que se dibuja en la obra?

-Yo era muy tímido, pero en determinado momento surgió esa pulsión exhibicionista. Me hice actor para que todos me vieran, aunque no tenía vocación ni talento. De todos modos, haberme formado como actor me sirvió para ser dramaturgo y director, para lo que sí tengo vocación y quizás algún talento…

-Y la psicología, ¿cuándo entra en acción? ¿Fue para entenderte o para entender el entorno? ¿Se puede concebir lo uno sin lo otro?

-Parte de la necesidad de saber sobre las relaciones humanas, los afectos, los conflictos, la inteligencia. Desde una perspectiva artística uno lo encara diferente, pero el objeto, el mundo temático, es el mismo. En ese sentido, la vocación estaba ahí.

-La vertiente de la psicología la hallamos presente en los lazos y en el ahondar de tus textos sobre las pasiones humanas.

-Sí, es cierto. Pero también está presente mi pasión por la literatura. Creo que tengo más para agradecer a los grandes escritores que a la psicología como ciencia. Para el teatro me sirvieron más los griegos que los autores psicoanalíticos.

-Como oriundo de la ciudad de Mar del Plata y con presencia con tus obras durante cada verano, ¿qué podrías decir acerca de la identidad del teatro concebido allí?

-No comparto demasiado la cuestión de la identidad, porque nada es idéntico a sí mismo, todo se transforma en otra cosa. De todos modos, como voy solo en verano y trabajo todos los días no veo casi nada de teatro de allá, a pesar que conozco a varios de los actores, autores y directores locales. Hablar de identidad es engorroso, cada artista trabaja a su modo, y esto sucede en cualquier ciudad. Mar del Plata cuenta, al igual que Buenos Aires, con una vieja escuela con nombres como los de Antonio Mónaco (mi maestro al que quiero mucho), o Enrique Baigol, y con artistas más jóvenes. Como es una ciudad que nació para el veraneo de los porteños, en ese sentido le cuesta tener una identidad propia, y da la sensación, a veces, que es un barrio apartado de Buenos Aires. Rosario o Córdoba se definen con otra claridad. Sin duda, hay un desafío que deben asumir los artistas marplatenses que tiene que ver con analizar cómo llegar al público y enfrentar un panorama, en verano, con numerosas propuestas de todo tipo. Nadie va a apoyar algo solo por el hecho de ser marplatense. Hay que seducir al público con otras armas. Hay que ser muy bueno, trabajar bien y perseverar. De todos modos, también en Buenos Aires es difícil. En todos lados es dificultoso. Y está bien que sea así porque en el superar las dificultades se ve la vocación y el talento de cada uno. Tiene que ser difícil.

-¿Cómo se articulan el Mariano Moro autor y el director? ¿En la tarea de la escritura vislumbrás al director?

-La escritura teatral es un paso para que suceda después. Es una fantasía escénica. Uno imagina algo que en el escenario tiene que acontecer, que tiene que acaecer con el público. Pero cuando escribo no tengo muy clara la puesta. Escribo muy pocas didascalias y cuando lo hago luego no las respeto. A la hora de plasmar la obra con el cuerpo de los actores, y el mío, surgen cosas inesperadas. No sé si pienso en mí dirigiendo el texto, pero sí en algo que debe suceder en escena.

-¿Cómo surgen las inquietudes y las temáticas? ¿Cómo es tu proceso de escritura?

-Parto de la fantasía. Siempre viví en un mundo un poco irreal, soy un poco Quijote, mi cabeza es un poco efervescente. Habitualmente estoy con muchas ideas rondando. Por alguna razón, alguna insiste mucho, se ramifica, y cuando se impone a las otras es tiempo de escribirla. Plasmo fantasías elaboradas. Cuando llego a esta instancia hay algo que tiene su organicidad y consistencia dado que resonó en mi cabeza mucho tiempo. No tengo método ni horario fijo. Corrijo bastante porque me interesa el lenguaje. Soy cuidadoso con la palabra.

-En ese proceso de producción, ¿recurrís a una mirada externa?

-Tengo un buen espectador dentro que no se pervierte. Siento el material. De todos modos, a veces se lo doy a leer a alguien.

-Y el director, ¿es hermético o permite la participación de los actores más allá de la tarea actoral específica?

-Con el texto no tienen demasiadas posibilidades. Como soy muy literario y los actores, en general, no lo son, entonces el texto no se toca. Tampoco yo me permito modificar el texto una vez parido. En lo relacionado a la puesta, hay actores muy creativos y me gusta que participen con sus opiniones.

-Hablemos de la Compañía Los Del Verso que integrás con la gran actriz María Rosa Frega y con Mariano Mazzei.

-Es una compañía un poco autoritaria, pero trabajamos muy a gusto.

-La suplente y Azucena en cautiverio ya son clásicos del repertorio de la compañía.

Han tenido muy buena acogida. Son dos piezas que queremos mucho. Textos que María Rosa ha logrado potenciar de una manera sobresaliente.

-¿Cuáles son los proyectos que te mantienen en vilo por estas horas?

-Estoy escribiendo un drama familiar que me está doliendo y voy a dirigir un monólogo que hará el actor Osvaldo Santoro. Además, continúa en cartel De hombre a hombre y me gustaría montar en Buenos Aires La Suplente y Azucena en cautiverio.

-¿Qué obras presentarás en la próxima temporada de verano de Mar del Plata?

-Espero estrenar una versión mía en verso del mito de Ifigenia y un monólogo disparatado con María Rosa Frega, que estamos ensayando. Repondré La Suplente, Porque soy psicóloga y alguna cosa más.

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