Modelos a Seguir

03/05/2012

Por Diego Mansilla

El proyecto oficial de retomar la mayoría accionaria de YPF SA permite poner el foco en un tema olvidado por mucho tiempo en nuestro país: la estructura energética. Durante la discusión del proyecto oficial se plantearon diversas formas de organizar nuestra energía. Es necesario conocer algunos de esos modelos para comprender qué puntos son posibles de replicar en el país.

Uno de los más mencionados fue el “modelo Petrobras” como un ejemplo a seguir, aunque con significados bastante distintos. La petrolera brasileña se convirtió, dependiendo el interlocutor, en un paraíso del liberalismo gracias a la apertura al capital extranjero o un ejemplo de intervención estatal eficiente.

La estructura energética brasileña es diametralmente distinta a la argentina. Para comenzar, el control del Estado brasileño sobre Petróleo Brasileiro SA es mucho mayor que en el caso argentino. Si bien el gobierno federal apenas cuenta con el 28,7 por ciento del total de las acciones de la empresa, controla el 50,2 por ciento de las acciones con derecho a voto. A lo cual deben sumarse las acciones del Bndes, el Fondo Soberano y varios fondos sociales y previsionales, por lo que el control federal llega al 65,4 por ciento. El resto de las acciones cotizan en las Bolsas del mundo y es una empresa conocida por su eficiencia, profesionalismo y transparencia (algo que no pueden decir grandes petroleras como Shell, Enron o Repsol, que reconocieron haber falseado sus reservas).

Además, mientras que YPF controla el 30 por ciento de la extracción en el país, Petrobras mantiene el control casi monopólico de los hidrocarburos en Brasil (tanto la extracción como la refinación). No obstante, es importante la participación del capital privado extranjero en la extracción de hidrocarburos. Esto es así ya que en muchas concesiones las petroleras privadas son socias minoritarias de Petrobras (que también es el operador).

Un punto que puede ser tomado como referencia del comportamiento de Petrobras en Brasil es su fuerte compromiso inversor. Por ejemplo, el año pasado perforó 123 pozos exploratorios con una inversión de 5300 millones de dólares. Muy lejos quedan los YPF y sus 17 pozos del 2011 y 8 del 2010. Acompañando la inversión en perforación, Petrobras invierte millones en el desarrollo de ciencia y tecnología propia, al punto de ser la petrolera con mayor inversión en I+D, lo que le permitió ser líder mundial en la perforación en aguas profundas. La YPF estatal mantenía este ideal en su centro de investigación en Florencio Varela y debe ser retomado. En cuanto a los precios de los combustibles en el mercado, Petrobras aclara públicamente que no se ajustan a los mercados internacionales, contra lo que se suele aclamar, sino que son manejados como una herramienta de política energética estatal.

Todo esto cuando los hidrocarburos apenas representan el 48 por ciento de la matriz energética, debido al uso de combustibles de caña y el gran peso de la generación de electricidad hidráulica. En ambos casos, producto de una fuerte intervención estatal mediante regulaciones y empresas públicas (como Electrobras, encargada de las centrales hidroeléctricas, el transporte y distribución de electricidad). En nuestro país, donde los hidrocarburos son casi el 90 por ciento de la matriz, el control estatal se hace aún más necesario.

Si miramos para Europa, los modelos energéticos son diversos. Noruega, por ejemplo, es el único país de Europa occidental que es un importante exportador de petróleo. Pero su matriz no depende de los hidrocarburos sino que es fundamentalmente hidroeléctrica (64 por ciento), siendo el país con más uso de esta energía del mundo. El petróleo esta manejado por la empresa estatal Statoil, que abona entre el 85 por ciento y el 63 por ciento de sus ventas en impuestos. Con los fondos, el Estado noruego creó un Fondo Soberano de Inversión, para financiar las jubilaciones y pensiones. De esta forma, se garantiza la redistribución de la renta petrolera entre sus habitantes.

Francia, por su parte, tiene una estructura energética basada en la energía nuclear que es complementada con la importación de hidrocarburos (del Norte de Africa, Noruega y Rusia). El mercado francés de electricidad y gas es dominado por las empresas EDF y GDF Suez, ambas con capital privado pero dominadas por el Estado. En hidrocarburos, la principal empresa es Total, donde el Estado francés tiene una participación minoritaria. Pero el control del mercado de combustibles se obtiene mediante regulaciones e impuestos. Así, el 64 por ciento del precio al público de los combustibles son impuestos.

Se observa que el control estatal de todo el sector energético (y no sólo los hidrocarburos) se repite por todo el mundo. Si bien cada estructura es diferente, es necesario tomarlas en cuenta para diagramar un nuevo modelo energético, donde el Estado argentino retome el rol central que perdió en los noventa. El control del 51 por ciento de la principal petrolera del país debe entenderse como un primer paso. Una herramienta en la redefinición del modelo energético nacional.

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