La economía entre el corazón y la billetera

08/04/2013

Por Martin Burgos

Las imágenes de desolación y los relatos dramáticos generados por las inundaciones que afectaron la ciudad de Buenos Aires evocan una situación extraordinaria tal como la narrada en El Eternauta, en el cual la nieve mortal se hubiera convertido en lluvia para cubrir el área metropolitana de muerte y tragedia. Pero como en toda tragedia, es necesario rescatar el carácter solidario, del “heroe colectivo” generado por una situación extrema, en la cual la donación, esa milenaria transferencia económica, y las transferencias estatales tienen un lugar central.

Lejos de los planes de los especuladores y usureros, que nunca dejarán de aprovechar una posición privilegiada, el primer impacto económico de las inundaciones es que gran parte de las pérdidas materiales empezaron a ser repuesta por una responsabilidad colectiva, organizada sobre un carácter esencialmente humanitario, reconociendo en el otro un hermano social.

El don, cualitativamente distinto del intercambio, es lo que queremos rescatar de este proceso de reconstrucción. Si bien el carácter mercantil es el generalizado en nuestra sociedad, el don siempre existe y resulta primordial en ocasiones excepcionales: una humilde reivindicación del Hombre por sobre las estructuras sociales que nos dominan.

A esto debe agregarse los numerosos subsidios y facilidades que los distintos gobiernos anunciaron para las víctimas de la inundación, con el objetivo de ayudar a la reposición de los materiales perdidos. Asimismo, los gobiernos deberán hacer frente a nuevos gastos no solo para cubrir los daños que sufrió la infraestructura escolar, hospitalaria y de los distintos establecimientos estatales, sino para incrementar la calidad de sus políticas relacionadas con la infraestructura de evacuación hídrica.

En suma: nos damos cuenta que en los casos extremos, de poco sirve la relación mercantil –salvo para beneficio de algún especulador- sino que logra preponderancia las relaciones de solidaridad, sea en forma directa a través del don, sea mediadas por el Estado.

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