De aquellos cierres que son aperturas…

26/03/2015

El cierre de año del 2014 fue un momento muy especial para nosotros y nosotras, porque significó, no sólo la conclusión de la escuela primaria (con lo que todos sabemos que ello implica para cada estudiante y su familia) fue especial porque fue el último día en el que asistimos a nuestra escuela como asociados y asociadas de la Cooperativa Escolar “El Recreo de los Invisibles”. Un proyecto que nació del seno mismo de nuestras necesidades colectivas, observadas en un primer momento por mí como docente, y compartida con los chicos y chicas luego de varias charlas y discusiones que tuvimos sobre el tema.

El Recreo de los invisibles, fue un proyecto que vino a instalarse para darle voz a los silenciosos, para revelar a los postergados, para poner sobre la mesa aquellos sentimientos de invisibilidad acumulados durante años de escolaridad. Fue un proyecto que solo su inicio estuvo en mis manos, porque inmediatamente tomó su propio vuelo de la mano de los chicos y chicas que lo habitaron y le dieron vida. Producimos un programa radial que nos sirvió para repensar nuestro barrio, para manifestarnos en contra de las violencias de género, para hacer públicas las producciones literarias propias y aquellas prestadas que nos sacaron una sonrisa. Un programa que nos puso a todos y a todas a mirar deportes para poder hablar de ellos, que nos permitió compartir gustos musicales conociendo artistas desconocidos. Un programa que nos puso en contacto con el afuera de nuestra escuela, demostrándonos a nosotros mismos que no somos nada invisibles cuando nos atrevemos a romper con ello.

Pero además de todo lo que en concreto y de modo observable esta experiencia nos regaló, uno de los aspectos que ahora, pasados algunos meses de su cierre, puedo rescatar es que “El Recreo de los Invisibles” trascendió las paredes de la escuela y no sólo porque nos permitió ponernos en contacto con otros y con otras que no necesariamente habitan nuestros espacios; nos permitió trascender a nosotros mismos como colectivo de sujetos niños, niñas, jóvenes y adultos que buscamos mantener vivo nuestro encuentro, con una visita a la escuela para contar cómo nos va en esta nueva etapa, para pedir una mano en algo que nos sale, con un mensaje virtual mostrando nuevas escrituras, con un “no tuve clase y aproveché para pasar a saludarte”, “vine corriendo porque se acercaba la hora de la salida y tenía miedo de que te fueras y no pudiera verte” y otro tanto de expresiones que lo que hacen es demostrarnos que “El Recreo de los Invisibles” nos transformó en un colectivo, que persiguió intereses comunes y solidarios, que se abocó a una tarea colectiva, y que, finalizada dicha tarea, nos dejó lo más hermoso que podemos tener: nos dejó el amor por los otros, nos dejó la trascendencia del trabajo compartido, nos dejó los inquebrantables lazos, nos puso a la vista de nosotros mismos, mostrándonos que fue el trabajo lo que nos juntó, pero fueron nuestras esencias humanas lo que nos mantiene unidos.

Tras muchas visitas ocurridas en las últimas semanas por este grupo de egresados, es que estos pensamientos se amontonan, un poco desorganizados, en la mente de esta maestra. Y con ellos, las ganas de pronunciar nuevamente aquellas palabras de fin de ciclo, las cuales cobran vida cada mediodía o mañana en el que alguno o alguna de esos “exalumnos” llegan corriendo a la puerta de la escuela para que, “solamente” nos demos un abrazo. ¡Qué potencia la de los abrazos!... ¿no?

Palabras pronunciadas en el acto de entrega de diplomas 2014

Queridos egresados, queridas egresadas:

Hoy es su día. Hoy cierran una etapa importantísima en su vida. Todavía recuerdo ese primer día en el que entré al aula y los encontré silenciosos y tímidos. Y llegó nuestra primera asamblea, esa donde nos propusimos algo que ni sabíamos hasta dónde podía llegar. Llegó a 9 hermosos programas de radio. Eligieron llamarse “El recreo de los invisibles”, animándose a dedicarse un tiempo para ponerse a la vista del mundo. Y sus palabras fueron oídas, comentadas, reconocidas. Se animaron a construir hermosas historias, a observar nuestro barrio y comprender sus complejidades. Se atrevieron a discutir lo que viene dado y luchar para transformarlo. Tomaron las palabras y las hicieron suyas para denunciar las injusticias que sus juventudes viven, para contarle al mundo qué es lo que pasa en la escuela pública, para decir que vale la pena amar y gritárselo al universo. Se pusieron a la vista del mundo. Se tomaron un recreo del silencio y llenaron el mundo de palabras.

Queridos egresados, egresadas, eternos cooperativistas… en esta escuela que hoy los despide, construyeron sus primeras letras, hicieron los primeros amigos y amigas, se despegaron de sus casas, se enamoraron. Entre estas paredes jugaron, discutieron y defendieron con la potencia de la voz propia su derecho a la educación. Aquí, se animaron a mostrar quiénes son.

Hoy, nos toca despedirlos y despedirlas, pero una despedida que es tan solo de roles. Hoy dejan de ser nuestros alumnos y nuestras alumnas, pero por siempre, la huella de sus ideas, de sus pasos, de sus sueños, estarán guardadas entre las paredes de su querida escuela, en los recuerdos de cada uno de los maestros y maestras que tuvimos el placer y el orgullo de haber compartido los días con ustedes.

Hoy sólo nos queda agradecerles por ser ustedes quienes nos enseñan a nosotros, los adultos, que vale la pena seguir dando la batalla en las aulas. Ustedes nos muestran que hay futuro. Por eso, como muchas veces lo discutimos en nuestras asambleas, les pedimos que no den nada por obvio, que sigan mirando al mundo con sus ojos críticos, que nunca dejen de preguntarse por qué pasa lo que pasa, que se junten, que busquen a los que están en la misma que ustedes, que sigan mirando al que necesita que le tiendan una mano. Ya lo probaron, ya lo discutieron, ya lo aprendieron: no hay nada que pueda cambiarse solo o sola. Por eso, júntense, participen, organícense y nunca den ninguna batalla por perdida. Ustedes se sintieron invisibles y se animaron a mostrarle al mundo que no lo eran.

Acá nos dejan y acá estaremos siempre para cuando nos necesiten. Nos llevamos un pedacito de cada uno y de cada una de ustedes en nuestros corazones. La 23 los guarda en su recuerdo. Y las puertas de nuestra escuela, la que ustedes habitaron, los espera cuando deseen volver.

Los y las queremos mucho. Y los y las vamos a extrañar. ¡Qué vivan los egresados, qué viva el Recreo de los Invisibles y qué viva la Escuela Pública!

Hasta los abrazos, siempre.

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