Cuando la educación no formal tiene mucho para decirle a la escuela

06/07/2015

Damián Santarán, Profesor en Artes visuales, egresado a fines de 2014 de la Escuela de Bellas Artes “Lola Mora”, nos ofrece el relato de su experiencia en los talleres de plástica organizados por el Frente de Artistas del Borda, hospital psicoasistencial de la CABA.  Su práctica docente, desarrollada en el más allá de la escuela, ofrece incitaciones y caminos para desenajenar los modos de enseñar y aprender imperantes en las instituciones educativas.

El Frente de Artistas del Borda, que desde hace 30 años viene trabajando por la desmanicomialización, desarrolla 12 talleres de distintas disciplinas abiertos a la comunidad.

En el año 2012, comencé a participar del taller de plástica como tallerista. Dicho término hace referencia a todas aquellas personas que luego de conocer la existencia y el enfoque ideológico del colectivo artístico se acerca transitar las experiencias que proponen cada espacio de taller.

En aquel entonces recién comenzaba a cursar mi segundo año en el profesorado Lola Mora.

A medida que pasaban los miércoles iba conociendo un poco más a algunos compañeras y compañeros talleristas.Entre otras cosas, conversábamos sobre los resultados obtenidos en las imagénes, que estábamos creando. En base a eso pude ir compartiendo algunas cuestiones técnicas propias del lenguaje plástico. Con la intensión que también puedan conocer y utilizar otros recursos posibles en futuras propuestas.

Progresivamente, fui participando en actividades a las que nos invitaban otras organizaciones sociales o que mismo organizaba el colectivo en su conjunto. Como por ejemplo: Fuimos a pintar unos murales en el Olimpo (articulando entre los talleres de Plástica y Mural),  festivales al aire libre (uno de ellos en el parque Lezama), en los cuales se intentaba visibilizar algún reclamo o problemática puntual. Fueron tardes que he disfrutado mucho y que han sido uno de los motivos de querer seguir sosteniendo el encuentro de los miércoles.

Cabe aclarar que la dinámica del taller de plástica (como otros tantos que componen el colectivo) es  llevado a cabo por un grupo de personas que integran el denominado Equipo de Coordinación. Es allí donde podemos encontrar la figura del “coordinador artístico que cumple la función de transmitir recursos prácticos y conceptuales propios de su disciplina artística, acompañando un proceso creador grupal. La coordinación psicológica por su parte trabaja no solo con los obstáculos a la tarea de cada taller, con los efectos y movilizaciones grupales que despierta  una disciplina artística, sino además optimizando las relaciones vinculares y la circulación de la palabra. Posibilitando así la creación colectiva”.1 Y a su vez aparece la participación del colaborador que hace referencia a todos aquellos estudiantes del campo artístico y/o psicológico, como así también a talleristas (que no transiten una formación académica ) pero tengan la iniciativa de articular entre los coordinadores para llevar a cabo distintas acciones organizativas propias del taller.

Por lo tanto volviendo a la experiencia personal, debido a un cambio en el equipo coordinación vigente en ese entonces, me propusieron sumarme a participar como "colaborador". Por lo tanto luego de haber transitado las instancias como talleristas y colaborador pude comenzar a desempeñarme como Coordinador Artístico en donde actualmente intento llevar a cabo la elaboración de propuestas de producción colectivas acompañando procesos creativos de cada tallerista. Considero que tuve la posibilidad de hacer ese recorrido, que me ayudó a fortalecer vínculos con el movimiento y con la práctica gracias a compañeros como Carlos Moretti (Coordinador Artístico) y Natalia Bettoni(Coordinadora Psicológica) que confiaron.

Se podría afirmar que la experiencia desarrollada en el Frente excede los límites  espacio-temporales porque fuera del horario de taller nos dedicamos a gestionar muestras colectivas en distintos espacios de circulación de obra. Articulamos con referentes de otras organizaciones sociales para realizar intervenciones artísticas propias del taller.

En el interior de ese enorme galpón el espacio físico del taller se caracteriza por una mesa de trabajo que nos permite reunirnos, escucharnos, reír (llorar), discutir y reflexionar.

En un principio, como tallerista, mi participación consistía en convidar algún conocimiento técnico del lenguaje plástico que por mi parte había transitado en el profesorado. Luego cuando tuve la oportunidad de acompañar los procesos de creación como colaborador fue que empecé a preguntarme en el cómo hacerlo. Advertí, entonces, la necesidad de generar un vínculo con los talleristas: los recibía con un saludo, mirándolos a los ojos, preguntándoles su nombre, de dónde venían, invitándolos a conocer y compartir el espacio. Comprendí, además, que mi rol era orientarlos en la organización de sus composiciones plásticas, para que ellos como autores pudieran llevan adelante su discurso. Es decir que la creación de una imagen tenga un “porqué”, y haya una relación con ese hacer que nos permite transitar el lenguaje en busca de posibles soluciones plásticas. Sin perder de vista que las imágenes creadas serán recibidas por un espectador.

Siempre repensando y respetando el contenido de las imágenes me interesaba generar maneras de ejercitar. Más allá de la tarea propia de todo taller, nos propusimos poner las cuestiones técnicas al servicio de  la experiencia, considerándola como una instancia que enriquece y puede aportar sentido. Teniendo en cuenta que Lo expresivo no tiene nada que ver con el azar sino con intencionalidades estéticas, por lo que  adaptamos los procedimientos técnicos a las necesidades que demande cada proyecto artístico".

Como nuestra premisa es que las obras circulen y salgan del hospital, realizamos muestras en distintos lugares. Como mencione anteriormente desde la gestión del espacio hasta el montaje de las producciones corre por cuenta del colectivo. Es muy gratificante ver sus ojos los días de una inauguración.

En el transcurso del 2015 nos proponemos repensar cómo abordar la creación de imágenes desde procedimientos alternativos a los que habitualmente venimos trabajando.

El miércoles 11 de marzo iniciamos el primer taller del 2015. Como siempre, contamos con los compas históricos para hacer el aguante al laburo y recibimos la visita de dos nuevos talleristas que esperamos sigan participando. Uno de ellos es Julio, de Mataderos,  un muchacho de no más de 30 años que se encuentra internado desde hace menos de un mes. Lo noté entero como si la sobre medicación, (carta de presentación  del manicomio), todavía no se hubiera hecho presente en él. Al encontrarme ante una situación así me surge una sensación ambigua casi contradictoria. Por un lado me parece muy importante que más personas puedan conocer al taller pero al mismo tiempo deseo que pueda sobreponerse pronto a su sufrimiento (y a las razones por lo cual llegó allí).

En esa primera jornada del Taller/2015, mientras circulaban hojas, lápices y acuarelas... las manos ansiosas comenzaron a soltarse...las ventanas se abrían....las conversaciones se cruzaban....surgieron recuerdos que acercaron algunas risas....

Mientras cada cual optó por dialogar con su “recorte blanco”(haciendo referencia a una hoja blanca) se pusieron sobre la mesa inquietudes que nos llevaron a repensar distintas maneras de difundir nuestras producciones e invitar a otras personas a que conozcan el taller. Obviamente ambas cuestiones tienen finalidades distintas, lo interesante es que los disparadores que surgieron a su vez se abrieron a otras ideas que intentaremos retomar durante el año. Por ejemplo fue muy enriquecedor que (sin haberlo previsto) pudiéramos debatir sobre distintas posibilidades de abordar la figura humana en el taller. En ese primer encuentro post descanso de verano, uno de los deseos que circuló fue el de aprovechar las últimas tardes de calor para salir a crear al aire libre y de paso invitar a participar a quienes transitáran por el espacio al aire libre del hospital.

La experiencia del miércoles 18/03 consistió en crear imágenes de manera colectiva a través de una propuesta que denominamos Diálogos pictóricos. Presentamos un soporte transparente de 4m largo X 70cm ancho. La decisión de que fuese transparente no fue inocente ya que, entre otras cosas, permite ver qué pasa del otro lado del mismo. Como el material resultaba nuevo, ya que hasta el momento no lo habíamos usado, nos tomamos un tiempo para conocerlo. Nos preguntamos cómo usar la pintura con la que intervendríamos sobre él; qué pasaría si usamos demasiada agua... Para responder fuimos probando. Pensando en el "diálogo" como un intercambio entre dos o más personas, nos invitamos entre nosotros a colocarnos a ambos lados del soporte y, luego de elegir pinceles y paleta de colores, comenzamos la producción.

Siempre teniendo en cuenta al compañero que se encontraba en frente, cada uno empezó a hacer distintos tipos de formas que iban siendo respondidas desde el otro lado con otras formas. En un principio se sugirió buscar formas similares, pero luego de a poco las composiciones fueron tomando un carácter propio. Se intentó que al pintar en ambos lados no fuese exactamente en el mismo lugar para no taparnos teniendo en cuenta que si en un diálogo, hablamos todos al mismo tiempo ..."puede ser que no nos escuchemos".

A su vez un tallerista, Pablo, encontró la posibilidad de crear en esas transparencias tomando como referencia parte de la cara del compañero, lo que nos demuestra que fue más allá del “disparador”. Eso me hizo pensar que pudieron apropiarse de la propuesta.

Fue maravilloso ver cómo mutaban esas formas y la manera en que todxs fuimos circulando e intercambiando compañeros de diálogo. Luego, sobre el final, hubo espacio de reflexión para contar qué les interesó de la propuesta, qué aspectos se pueden retomar y decidir entre todxs, cómo seguir…

La semana siguiente tuvo sus particularidades porque la marcha del 24 nos exigió repartir las energías. Como estuve más pendiente de los permisos y de acompañar a los compas para que pudieran ir, no pude encontrar el momento para conversar con mis compañeros  coordinadores la dinámica del siguiente taller.

En el clima grupal se nota claramente la falta una línea, de un camino, de una experiencia a transitar. Es una ausencia que pesa. Una estructura se vuelve a disolver. Y me fui a mi casa pensando  que ofrecer solamente una hoja en blanco y un par de materiales más, puede convertirse en otra costumbre manicomial. Me surge la necesidad de abrir la discusión con los otros coordinadores para no reproducirlo. Antes de finalizar ese día, nos detuvimos a observar cómo los talleristas estaban pendientes de su soporte, en ese momento una hoja A4, cada cual ocupado en lo suyo...su rectángulo blanco. Entonces nos preguntamos cómo hacer para que todos puedan compartir, cómo crear, construir, las imágenes entre todxs...

Como ya mencioné, buscamos experimentar/transitar diversos procesos creativos alternativos con la intención de ampliar y no caer en lo cómodo, lo repetitivo. Teniendo en cuenta ese peligro elaboramos para el miércoles 01/04 una propuesta de producción colectiva. Comenzamos por ofrecer a cada unx un "soporte irregular" (diferentes entre sí). Sobre la mesa, acuarelas y pinceles esperaban ser usados. Luego planteamos que íbamos a escuchar distintos tipos de música para tratar de buscar imágenes en esos sonidos y suponer qué colores tendrían. Cuando la música se detuviera, había que girar hacia la izquierda el soporte en el que cada unx estaba creando y recibir el soporte del compañerx

Una vez que tuvieran en sus manos "otro soporte con otra impronta" tomarse un tiempo para observar las imágenes que recibían y, luego, sumarle más elementos, eligiendo los pinceles de acuerdo a la imagen que quisieran producir. Así fueron girando una y otra vez los trabajos durante más de 40 minutos

Posteriormente, nos dimos un tiempo para hablar sobre las sensaciones provocadas por la experiencia. Una de las cuestiones que surgió fue el interés de trabajar con música ya que  ayuda a concentrarse más. Entre todxs se decidió darle continuidad el miércoles próximo a esa modalidad de trabajo

El miércoles 08/04 retomamos la experiencia con algunas modificaciones. Si bien se les volvieron a ofrecer soportes “irregulares”, nos tomamos un tiempo para “sentir” el soporte, tocarlo, plegarlo, retorcerlo, con la intención de que cada unx decidiera qué forma quería darle y no quedarse con la recibida. Esta vez usamos como material el acrílico para comparar los resultados obtenidos con los del encuentro anterior. Con respecto a la música, empezamos con temas que habían pedido los talleristas: los Redondos, los Beatles, algo de folclore... Y de a poco fuimos generando un clima hermoso de concentración de la mano de Piazzolla. Esta vez cuando la música se detenía por completo en vez de alguna intervención mía sobre lo procedimental, recitamos fragmentos del libro “Sobre lo espiritual en el Arte” de Kandinsky que hablan de los colores y la forma con una rigurosidad poética que nos acaricia el alma. También compartimos unas líneas de Cortázar y de Alejandra (oh! querida Pizarnik).

En esta oportunidad, a diferencia de la anterior, “la resistencia al cambio” se manifestó antes de comenzar la propuesta, probablemente porque esta vez lo anticipé y en la anterior fue  sorpresivo. Planteaban: ¿Por qué no trabajamos cada uno en su hoja? … ¡Yo no sé qué va a hacer el de al lado y no quiero!...  ¡Volvamos a estar como antes!… ¡Es tu culpa (señalándome a mí) que traes esta cosas nuevas!… ¡Vos lo inventaste!....

Fui dejando que todos pusieran en palabras su disconformidad y luego aclaré que yo no sabía si lo había inventado; sí que había llevado una propuesta que permitía transitar nuevos caminos y que como taller necesitamos experimentar maneras distintas de  crear imágenes. Les di la posibilidad de trabajar individualmente, pero solo uno lo hizo. Luego de la “resistencia” y de mi intento de desactivar el manicomio, aunque fuera por un rato, la experiencia fue súper enriquecedora: las producciones cobraron aún más fuerza y aquellos que primero se ofuscaron al finalizar se acercaron a decirme que les había gustado mucho “la pintura”. Creo que ahí me cayó la ficha de por qué es necesario seguir adelante y por qué vale la pena luchar contra el miedo.

En el tramo final del encuentro, compartimos las sensaciones y reflexionamos sobre las relaciones tratando de pensar cómo podemos integrar las diferentes imágenes creadas en de alguna manera que nos permita exponerla en un futuro. Pensé que en lugar de seguir abriendo propuestas de producción colectiva, era conveniente retomar toda las experiencias  realizadas en lo que va del año en curso y pasarla en limpio.Para poder así profundizar y que no queden como experiencias relevantes pero aisladas.

Otra decisión fue cerrar la puerta a las 14hs para que evitar que se interrumpan y/o altere el clima que el trabajo necesita, por respeto a los tallerista, al taller y a la práctica.

Hasta aquí el relato de Damián que, leído y analizado en nuestro grupo de reflexión sobre la práctica, dio origen a los siguientes comentarios
Para Heleder Balbuena toda  experiencia que cuestione el orden instituido es sumamente saludable y liberador. La experiencia de desmanicomialización que lleva a cabo  el Frente de Artistas del Borda, y en particular el relato de la experiencia dentro de este espacio, que hoy nos trae Damián, tiene esas características.
Para la desmanicomialización, en tanto propuesta que apunta a trascender el espacio hospitalario, es muy buena la propuesta del taller de plástica. Se presenta desde el inicio como un espacio  abierto a la comunidad. Incluso nos dice Damián: “… me fui sumando a otras actividades a las que nos invitaban a participar como taller: pintar unos murales en el Olimpo, festivales en el Parque Lezama…” . “Nuestra premisa es que las obras circulen y salgan del hospital, por lo tanto realizamos muestras en distintos lugares”  Justamente trascender los muros del encierro, es lo que le otorga sentido a la actividad.
Damián al intentar acompañar a los “pacientes”, lo primero que trató de hacer, fue generar un vínculo: recibirlos con un saludo, mirarlos a los ojos, escuchar su nombre, preguntar de dónde vienen; ni más ni menos que atender a la subjetividad de esas personas. Justo hoy que se habla tanto de “gentes”!!! Escuchando a la persona, al sujeto pudo “hacerles un lugar”, alojarlos, y ofrecer condiciones para que algo pueda ser posible: los diálogos pictóricos, las imágenes compartidas, etc.
En una parte del relato, problematiza la experiencia docente al señalar que no quiere reproducir el orden que circula hacia  adentro del hospital. Y eso no querido ocurrió cuando por razones diversas los coordinadores no se reunieron para construir una propuesta de trabajo específica para uno de los encuentros del taller. Es muy importante, que un trabajador de la salud, pueda someter a crítica dicha situación, para no caer en la cultura institucional manicomial, caracterizada por el desgano y la resignación, donde en general se tiende a esperar  soluciones mágicas a los problemas, lo que conduce a un proceso de adaptación cristalizado.
El coordinador antepone la experiencia a “la técnica”, respeta los deseos de los talleristas de trabajar al aire libre, propone el uso de diferentes materiales, se sirve también de la música y la poesía, promueve la participación colectiva, da lugar a la palabra que dice de las sensaciones vividas,  …  Todo esto me lleva a recordar el comienzo del capítulo “La expresión plástica” del libro “La Escuela Rural Unitaria” del maestro Luis Iglesias, en el que dice: “El dibujo, apasionante en todas sus formas, entró en nuestra escuela como una actividad esencialísima aunque nunca llegó a constituir una asignatura del programa, ni una ejercitación sistematizada e independiente con determinada finalidad estética. Se nos impuso …… como lenguaje”
Gabriela Mefano señala:
Al buscar los elementos que configuran la práctica de Damián como una práctica emancipadora, lo primero que aparece es el hecho de partir de lo vincular: primero crear el vínculo y desde allí abordar las discusiones técnicas. Su rol formal es organizar los discursos visuales para que se entiendan. Sin embargo, cuando comienza su tarea le hace una primera pregunta a su rol: ¿cómo? ¿cómo vincularse con los humanos para poder organizar sus discursos?
En toda la experiencia lo teórico está en función de las necesidades que van surgiendo; el hacer, la necesidad de crear, es lo que llama al contenido técnico. Esto le da sentido al contenido.
Todo el diseño de actividades está atravesado por el eje de este proyecto del Frente de Artistas del Borda: la desmanicomialización. Desde este taller puntualmente, ese concepto se materializa en buscar caminos para “salir del hospital”, para transponer el límite espacial. Este trascender primero se da a nivel de un discurso individual que pueda comunicar y luego a nivel colectivo donde esa producción pueda compartirse afuera del hospital.
En el diálogo entre lo individual y lo colectivo es que aparecen elementos claves de esta práctica emancipadora: el hecho de “crear imágenes de manera colectiva” implica el diálogo con el otro para producir y a su vez ese diálogo implica escuchar, donde la escucha visual significa no tapar al otro con mi producción. Preguntas que atraviesan el recorrido de esta experiencia son ¿cómo pasar de lo individual a lo colectivo? ¿cómo trascender y compartir su producción? Preguntas que exceden a lo artístico, preguntas que nos interpelan cada vez que los alumnos producen en el aula.
Frente a los encuentros relatados aparecen otros elementos a destacar: la importancia de tener una propuesta específica para habilitar la expresión; la posibilidad de permitir la exteriorización de la disconformidad y poder sostener la propuesta fundamentándola, pensándose como parte de un colectivo que le da sentido a la tarea; el arriesgarse a probar una forma nueva de hacer, apoyado en una forma de pensar la construcción de conocimiento, reflexionando no sólo como modo de revisar y ajustar el proceso, sino como forma de pensar colectivamente cómo seguir. Nuevamente la reflexión no sólo para registrar el proceso individual sino para enriquecer al colectivo.
Sin duda una experiencia educativa gestada en el ámbito no formal que nos aporta elementos de reflexión para la educación en general, una educación cuyo sentido se piensa colectivamente y  trasciende los límites de cada institución.
Hasta acá, el relato de Damián y los comentarios de Heleder Balbuena y Gabriela Mefano. A partir de ahora, pertenece a nuestros lectores, de los que esperamos que nos cuenten qué le pareció la experiencia y las reflexiones que generó.

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