Un jesuita en el trono de San Pedro

19/03/2013

Por Nicolás Perrone* en Marcha. Una mirada popular de la Argentina y el mundo.

Primeramente, debemos señalar que los jesuitas por su propia reglamentación interna  deberían evitar toda ambición personal y asumir cargos públicos y eclesiásticos. Sólo por orden de sus superiores, a los cuales deben una obediencia casi inmediata, debería un jesuita poder convertirse, por ejemplo, en obispo o cardenal. Una vez en el cargo, el jesuita solo lo es nominalmente ya que deja de pertenecer oficialmente a la Orden aunque mantiene los lazos de fidelidad con la misma. Se piden este tipo de nombramientos en casos especiales, por ejemplo ante la ausencia de clérigos idóneos para ocupar una sede episcopal vacante. La “escasez” de obispos y cardenales jesuitas a nivel de la jerarquía mundial católica es una muestra de esto.

Los herederos de Ignacio de Loyola (fundador de la Orden), desde sus inicios en el siglo XVI, han sabido ofrecer grandes representantes del progresismo eclesiástico como tradicionalistas a ultranza.

Los jesuitas fueron los primeros en desarrollar métodos misioneros que no impusieran la cultura europea a los pueblos evangelizados, estuvieron en contra del rigorismo moral de la época y defendieron posturas teológico-políticas que serian luego la base de las teorías sobre la soberanía popular. En el siglo XX los jesuitas dieron también grandes aportes. Teilhard de Chardin sufrió persecuciones dentro de la Iglesia Católica por tratar de unir a la Arqueología y la Teoría de la Evolución con la Teología. De la misma manera, grandes teólogos jesuitas como De Lubac o von Balthasar fueron los propulsores más importantes del Concilio Vaticano II (1962 - 1965) que intento propiciar la apertura de la Iglesia al mundo moderno. Pero sobre todo, es necesario recordar que numerosos jesuitas ayudaron al desarrollo de la Teología de la Liberación en América Latina y fueron, por esto, condenados duramente desde el Vaticano. La misma Compañía de Jesús (nombre de la Orden de los jesuitas) durante el generalato de Pedro Arrupe tuvo varios enfrentamientos con Papas como Pablo VI y Juan Pablo II.

Sin embargo, los jesuitas también han sabido ser parte del ala más conservadora y reaccionaria de la Iglesia Católica. Desde confesores de reyes y reinas a defensores del Antiguo Régimen en el siglo XVII y XVIII  y el Ultramontanismo durante el siglo XIX, los miembros de la Compañía de Jesús estuvieron siempre muy cerca del poder político. Su voto especial de obediencia personal al Papa (el famoso “cuarto voto” más allá de los tres típicos votos de los religiosos de obediencia, castidad y pobreza) los han puesto siempre a disposición  y control directo del Vaticano. Tuvieron en cantidad intelectuales conservadores y reaccionarios. Para el caso argentino, por ejemplo, bastaría indicar a figuras como Leonardo Castellani o Alfredo Sáenz que sigue siendo un referente para la ultra derecha local.

Entonces, ¿qué se puede decir sobre los jesuitas que nos pueda servir para entender a este Papa? En primer lugar, que los jesuitas son religiosos muy bien formados y extremadamente difíciles de encasillar tanto grupal como individualmente. Son individuos que tienen un gran manejo tanto de los hombres como de los hechos gracias al llamado “discernimiento ignaciano”: comprender y adaptarse a las circunstancias como determinadas por la voluntad de Dios, de manera de no rechazarlas. Conociendo la carrera personal de Bergoglio esto no es extraño.

En segundo lugar, que Bergoglio proviene de una Orden religiosa con una compleja historia intelectual y política que aunque pueda no compartir del todo, es posible que influya, al menos indirectamente, en su ideario y su accionar futuro. Para decirlo en otras palabras: Bergoglio no es un teólogo de la Liberación, pero debe ser consciente de que esas ideas todavía siguen siendo fuertes en América Latina. Su apoyo en Buenos Aires al movimiento de “curas villeros” (continuadores “moderados” de los sacerdotes tercermundistas de los 70) puede ser un signo de esto, sin necesariamente significar que el nuevo Papa comulgue ideológicamente con ellos.

En uno de sus discursos iniciales el ya Francisco señaló que le gustaría una “Iglesia pobre para los pobres”, una Iglesia acorde con el nombre que eligió como Papa. Si bien sabemos que Bergoglio difícilmente sea promotor de grandes cambios económicos fuera o dentro de la Iglesia, este tipo de guiños pueden indicar que quizás se dedique a intentar limpiar la Curia romana de casos de corrupción o a intentar reducir, al menos un poco, los innecesarios lujos del ceremonial vaticano.

Sin embargo, su pasado dentro de la derecha peronista y su accionar ambiguo durante la Dictadura militar pueden hacer dudar a algunos de que el papado de Bergoglio presente algún rasgo progresista. Es cierto que siendo Arzobispo de Buenos Aires se opuso al Matrimonio Igualitario y a la despenalización del aborto; no obstante, la inmensa mayoría de la jerarquía católica a nivel mundial sostiene ideas similares y difícilmente pueda esperarse un cambio general en esas áreas en un corto o mediano plazo.

Algo es seguro: los jesuitas siempre fueron reconocidos como maestros de la teatralidad. Aunque los primeros pasos que dio Bergoglio como Papa (el nombre que eligió o pagar la cuenta del hotel donde se alojo) puedan parecer acciones tan vacías como Obama comiendo en un Mc Donalds, no nos olvidemos que la Iglesia es una institución que vive sobre todo del capital simbólico. Es decir, ningún jesuita da puntada sin hilo y Bergoglio no es ajeno a esta tradición. Estos gestos pueden ser solo simples distracciones teatrales o pueden ser un indicio de algo más.

¿Qué puede esperarse de Bergoglio? Con seguridad no una reforma doctrinal en temas como los mencionados más arriba. Sin embargo, quizás Bergoglio pueda iniciar una serie de reformas moderadas al poco transparente gobierno interno vaticano y a su menos transparente banca. O quedarse en el puro teatro gatopardesco. Solo queda esperar y ver qué camino sigue este jesuita devenido en Papa.

* Historiador, UBA

http://www.marcha.org.ar/1/index.php/elmundo/126-analisis-internacional/...


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