Bolivia vive el yin yan colectivo

10/07/2010

Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” y Fondo Cultural del ALBA en el Bicentenario.

 Encuentro de Historiadores

Nuestra América insurgente. Quinientos años de lucha emancipadora.

Lunes 26 de Julio 18:30 horas l Sala Solidaridad [2º SS] Corrientes 1543 Cap. Fed.

Panelistas: Xavier Albó (Bolivia), Sergio Guerra Vilaboy (Cuba), Jorge Núñez (Ecuador), Carmen Bohorquez (Venezuela), Juan Carlos Junio (Argentina), Horacio A. López (Argentina).

 

A más de 500 años de lucha emancipadora y doscientos del comienzo de la revolución continental por la independencia, diversos historiadores de Nuestra América expondrán sobre la originalidad de nuestro proceso revolucionario, la participación popular en esas luchas y reflexionarán sobre el mandato histórico de trabajar hoy en la construcción de la unidad nuestramericana.

www.centrocultural.coop http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos

Xavier Albó*

 

Aún para los más destacados analistas de la política internacional, el caso boliviano se ha escapado a los llamados parámetros clásicos de análisis.  Esta entrevista, a un sacerdote jesuita, Xavier Albó, que, además es antropólogo social, revela una serie de ingredientes muy útiles para poder comprender la desarrollo sociopolítico de este pequeño país y más que a partir de su estructura económica, lo hace examinando su riqueza étnica, su interculturalidad.

En esta entrevista el antropólogo jesuita Xavier Albo asegura que paso a paso avanzamos hacia las transformaciones del país y que somos la atención de muchos investigadores extranjeros. El sacerdote compara la interculturalidad boliviana con el yin yan, un concepto fundamentado en la dualidad de todo lo existente en el universo según la filosofía oriental. Este concepto se refiere a que dos fuerzas fundamentales aparentemente opuestas y complementarias se encuentran en todas las cosas. Albó dice que somos distintos, mantenemos nuestras diferencias pero somos capaces de entreverarnos y entendernos, y sobre todo enriquecernos mutuamente. Adquirimos de un lado y del otro, pero sin perder nuestras identidades y sobre todo sin imposiciones.

–Se habla de interculturalidad, pero ¿cómo debemos entender nuestra realidad?

 

–Debemos meter bien los pies en nuestra realidad, arraigarnos bien, ser como los árboles, cuando más metidas tienen las raíces para adentro, más  pueden expandirse para otras partes. No tenemos que ser como las plantas parásitas, que pueden vivir metidas dentro de otro árbol.  Una vez hecho esto, desde ahí nos ‘compartimos’ con todos, nos vemos con todos entre nosotros, pero no con una visión de que uno es el bueno y el otro es el malo, o viceversa.

–Al tener nuestras diferencias y la capacidad de entendernos, ¿es beneficioso para todos?

 

–Es constructivo, hay que ser muy respetuoso porque la naturaleza nunca hace todo blanco o todo negro, sino es una combinación. Entonces toda persona, con sus percepciones y modos de ser, es parte de una unidad grande. Esto obliga a que uno además de formarse firmemente en lo que es, debe tener mucho respeto al otro, al que sea, blanco, negro, amarillo, gringo, aymara o europeo. No encerrarse en uno mismo. Todos tenemos una serie de cosas que podemos y debemos compartir e intercambiar, además de enriquecernos. Ésta es la verdadera interculturalidad.

–¿Podemos hablar de que somos también producto de un gran mestizaje?

 

–La palabra mestizo nunca me ha gustado. Debemos discutir el término, ya que la palabra misma viene de lo biológico, es como un híbrido, una raza se junta con otra, esto puede suceder entre animales, plantas y seres humanos. Es decir, una raza que tiene un poco de una y de la otra. Esa comparación no me acaba de gustar mucho. Ahora que todos tenemos de todos… ¡eso sí es válido! Debemos tener un enriquecimiento mutuo, eso es evidente, pero cada uno con los pies bien puestos, cada uno sabiendo que se puede enriquecer con todos los demás. Antes se hablaba de mestizaje, pero desaparecían las otras identidades de cada uno. En México decían, en 1930, que eran una ‘raza cósmica’, pero que los unía el ser mexicanos. Los pueblos de Chiapas quisieron el desarrollo con un margen de autonomía, pero les dijeron que no, sólo el Estado lo decide.

–¿Cómo definimos entonces al Estado en el gran espacio intercultural?

 

–Por eso tenemos una expresión no sólo en Bolivia, sino en  Ecuador también junto a los movimientos indígenas y de muchas otras partes: somos naciones y no queremos decir que queremos ser Estados, somos naciones. Como naciones tenemos que desarrollarnos en todos los elementos, un aspecto importante que incluso lo reconoce las Naciones Unidas en su Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, cuyo artículo noveno dice: Los pueblos y las personas indígenas tienen derecho a pertenecer a una comunidad o nación indígena, de conformidad con las tradiciones y costumbres de la comunidad o nación de que se trate. No puede resultar ninguna discriminación de ningún tipo del ejercicio de ese derecho.  Todo eso se puede desarrollar bien, entonces el resultado es un Estado Plurinacional, y si después se convierte en federal ya es otra cosa. Pero el Estado Unitario Plurinacional, que es fruto de tener los ‘pies bien puestos’, es en el que convivimos, todos en esta convivencia nos enriquecemos entre unos y otros.

–¿Y cómo entendemos la descolonización?

 

–Tenemos una forma muy particular de entender la descolonización, es por la manera que aquí hemos sido plurales, aspecto que vino a través de una conquista (la española). Entonces, como había sido una conquista, uno poderoso desde arriba que quería imponer todo al de abajo, arrimarse el de arriba. Esta especie de mestizaje se convirtió en dejar de ser lo que uno es para ser el otro. Después del bautizo y de aprender castellano, la otra identidad quedaba para lo ‘casero’ y de esta forma quedaba colonizado. Pero descolonizar quiere decir abrirnos, sí, pero no ‘colonizadamente’, no dependiendo del que está arriba, no arrimándose al otro; lo nuestro vale y mucho. Lo que hay que evitar es que se produzca un fundamentalismo al estilo de los talibanes, es decir que todo lo demás no vale nada y sólo lo nuestro.

–¿Cómo es la visión de una sociedad descolonizada?

 

–Si uno tiene los ‘pies bien puestos’ y al mismo tiempo se abre a los demás, puede estar plenamente descolonizado y grandemente abierto a todo. Aunque se inició la descolonización, nos falta mucho en el país; es un juego permanente de tener confianza en uno mismo y dejar los complejos, el de respetar y querer lo propio al tener que abrirse al otro y compartir. Es importante hacer un esfuerzo consolidado entre todos, desde distintas dimensiones para que esto se consolide en un sentido muy democrático.

Acto de Tiwanaku es autoafirmación

 

Respecto al ritual de posesión del presidente Evo Morales el pasado 21 de enero en el centro arqueológico de Tiwanaku, el antropólogo Xavier Albó dijo que es la autoafirmación intercultural porque se ha buscado las raíces en el sitio más pétreo, donde se puede ver lo que fue la antigua civilización.
Para Albó, incluso Tiwanaku era intercultural; sus pueblos tenían un elemento muy fuerte aymara, pero también un elemento pukina. Se conoce que los waru warus o sukakollus con tecnología agrícola eran más pukina. Los aymaras eran más pastoriles, y por el sector del lago Titicaca estaba la cultura Uru, dice Albó.
Agregó que al realizar el acto ritual de posesión de Morales en el sitio ceremonial de Tiwanaku, estamos diciendo que tenemos raíces muy profundas, pero reconocemos que tuvimos una civilización antes que todo lo europeo.
“Ahora que invitamos a otros pueblos indígenas de otras partes del mundo y que vendrán, será un evento intercultural, pero a partir de nuestras raíces”, explicó Albó.
Albó considera que el acto de posesión en Tiwanaku es un símbolo muy bonito de lo que tiene que ocurrir en los próximos años en el país. Es decir, abrirnos a todos pero mantener nuestras propias identidades como un Estado Unitario Plurinacional.

 

*Antropólogo jesuita. Nació en España en 1934, emigró en 1952 a Bolivia y es ciudadano de este país. Licenciado en teología (Chicago), doctorado en antropología y lingüística (Cornell) y en filosofía (Quito). En 1971 fundó el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), donde desde 1978 se dedica principalmente a la investigación activa de la realidad cultural, social y lingüística de Bolivia, publicado en WWW.elarcadigital.com.ar

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