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Publicado en Mayo / Diciembre 2010 / Edición N° 9/10 / Año 3

ISSN 1851-3263

Publicación Semestral

Actualidad de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt

Edición N° 9/10 - Invitado

Cómo citar este artículo

Valdés, Sylvia. "Actualidad de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt". La revista del CCC [en línea]. Mayo / Diciembre 2010, n° 9/10. [citado 2014-10-23]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/188/. ISSN 1851-3263.

Resúmenes

Español: La crisis mundial, que condujo a un callejón sin salida la estructura financiera del neoliberalismo y puso en jaque a la totalidad del sistema de explotación capitalista tiene resultados estimulantes en el campo cultural y en el debate de las ideas. Se abre una nueva audiencia y se renueva el estudio de filósofos y sociólogos críticos como Foucault, Cornelius Castoriadis o Pierre Bourdieu, que son abordados con un interés renovado por lo acertado de sus precisiones teóricas. También Marx es leído y estudiado a partir de una óptica nueva que conjuga el análisis de la situación actual de las organizaciones sociales con la lógica dialéctica materialista. Dentro de este contexto de revalorización de los textos capitales de la teoría socio-económica, no se ha abordado todavía, con una perspectiva política, la relectura de la corriente de investigación que se ha llamado Escuela de Frankfurt que, con más propiedad, debería llamarse Escuela de Teoría Crítica.

Palabras claves

Español: Escuela de Frankfurt, Teoría Crítica, Marxismo, Relectura

La crisis mundial, que condujo a un callejón sin salida la estructura financiera del neoliberalismo y puso en jaque a la totalidad del sistema de explotación capitalista tiene resultados estimulantes en el campo cultural y en el debate de las ideas. Esta crisis abre una nueva audiencia y renueva el estudio de filósofos y sociólogos críticos como Foucault, Cornelius Castoriadis o Pierre Bourdieu, que son abordados con un interés renovado por lo acertado de sus precisiones teóricas. También Marx es leído y estudiado a partir de una óptica nueva que conjuga el análisis de la situación actual de las organizaciones sociales con la lógica dialéctica materialista. Este interés renovado pero todavía tímido debe ser estimulado ya que es crucial para encarar la transformación de la sociedad contemporánea sobre nuevas bases.

Dentro de este contexto de revalorización de los textos capitales de la teoría socio-económica, no se ha abordado todavía, con una perspectiva política, la relectura de la corriente de investigación que se ha llamado Escuela de Frankfurt que, con más propiedad, debería llamarse Escuela de Teoría Crítica.1

En 1923 un grupo de investigadores que se inspiraban tanto en los trabajos de Marx y Lenin como en los de Freud fundaron un instituto en la ciudad de Frankfurt para estudiar y analizar los emergentes político-sociales y culturales más destacados de la época. En especial:

La huelga de masas, el sabotaje, la vía internacional del sindicalismo, bolchevismo y marxismo, partido de masas, modos de vida de las diferentes clases de la sociedad.

Los fundadores de esta escuela, Max Horkheimer y Theodor Adorno, a quienes pronto se suma Walter Benjamin, encararon investigaciones empíricas y teóricas basadas en la dialéctica de la heterogeneidad o dialéctica materialista planteada por Marx, concepto que moviliza la interdisciplinaridad de las ciencias sociales.

Esta escuela se mantuvo al margen de los partidos vinculados a la social democracia y al comunismo. En realidad estos investigadores consideraban que el compromiso con un partido determinado traía aparejado el peligro de generar una visión parcial de los problemas políticos y sociales al estar condicionados por los intereses particulares de estos partidos. A la vez esta autonomía los obligaba a asumir el riesgo de la desvinculación con el movimiento obrero y las organizaciones sociales.

Los estudios filosóficos de la llamada Teoría crítica tenían como fundamento no la lógica formal de la tradición clásica sino:

La lógica dialéctica materialista que plantea las leyes generales de la producción de sistemas significantes según una heterogeneidad material y en la práctica histórica.

La realidad histórica que debió transitar la Escuela de Frankfurt, signada por la traición al movimiento obrero por parte de la social democracia y luego la destrucción de las bases obreras operada por el nazismo junto con el genocidio de judíos y gitanos, pusieron a prueba el proyecto inicial de esta escuela aunque no lograron suprimirlo. Walter Benjamin se suicida en la frontera española, desvastado por la escalada del fascismo. Horkheimer y Adorno se exilian en los Estados Unidos donde se dedican a analizar la genealogía de la razón instrumental vinculada a la idea de Progreso del positivismo, que había contribuido a enmascarar los problemas y a ignorar la barbarie que había surgido en los años 30 y 40. Allí emprendieron una profunda investigación de los fenómenos psicológicos y sociales que conducen a la formación de personalidades autoritarias tanto en el seno de las clases sociales dominantes como en el de las populares.2 Develaron los nuevos aspectos y las nuevas formas de la barbarie que seguían vigentes o en estado latente, incluso en países aparentemente democráticos como los Estados Unidos y Alemania después de 1945. Comprendieron, en ese momento que la crítica a la economía política era indisociable de la crítica a la industria cultural, a los medios de prensa y a todos los fenómenos vinculados de una manera u otra a la explotación capitalista. No renunciaron a las investigaciones relacionadas con la posibilidad del advenimiento de una sociedad socialista si bien se centraron fundamentalmente en los obstáculos que impedían este advenimiento.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la Escuela de Frankfurt fue refundada. Ese nuevo centro de investigaciones, que tuvo una gran repercusión en la Alemania Federal, nucleó gran número de estudiantes y una nueva generación de filósofos y sociólogos. Entre otros, Jürgen Habermas, nacido en 1929 y Oskar Negt, nacido en 1934. Estos dos investigadores encarnan las dos orientaciones opuestas que surgen en la Escuela de Frankfurt a partir de los acontecimientos revolucionarios de fines de los 50 y de las revueltas estudiantiles de los 60.

La postura de Habermas, quien deliberadamente abandona la línea subversiva de la Teoría Crítica, está dirigida a cultivar la neutralidad académica apartándose de las acciones colectivas y los debates que agitan a la juventud y a los asalariados en esa época, hasta el punto de haber calificado los acontecimientos de Mayo del 68 en París como “fascismo de izquierda”.

Oskar Negt, en cambio, va a constituir aquello que Alexander Neumann califica como corriente caliente de la teoría crítica, apoyándose en el término acuñado por Ernst Bloch para distinguir,

(...) la polarización histórica del marxismo europeo entre una corriente fría, doctrinaria, economicista y calculadora y una corriente cálida interesada por la subjetividad política y la realidad social.3

La corriente caliente de la Teoría crítica no trata de cristalizarse en un sistema. Ella sigue siendo constantemente crítica, incluso de ella misma, situándose en un sistema dinámico, en un espacio en movimiento que fluctúa entre las ciencias sociales, la filosofía, la literatura, la estética, los movimientos sociales, los sindicatos. Esta corriente no pretende establecer un espacio doctrinario, ya que se esfuerza, constantemente, por poner en evidencia los dispositivos de dominación que implican situaciones de sumisión y regresión.

Es necesario aclarar que estas dos posturas cohabitan, en esa época, en el pensamiento de Theodor Adorno, quien muere en 1969. Max Horkheimer (1895-1973) mantiene una postura más comprometida con los aspectos militantes de la teoría crítica.

Oskar Negt, quien fundó el departamento de formación obrera del sindicato metalúrgico IG Metall, sigue trabajando desde ese departamento y desde su cátedra de la universidad de Hannover algunos conceptos fundamentales como el de “espacio público opositor o proletario”.

Espacio público y experiencia

La noción de espacio público ha sido tan difundida y banalizada como la de opinión pública. Habermas consagra a este tema varios trabajos en los que estudia su momento de aparición, en la sociedad inglesa del siglo XVII. Para Habermas el espacio público es un espacio ideal, lugar de exhibición y publicidad de ideas y saberes, un lugar de deliberación donde se debe buscar el consenso entre los ciudadanos.4

Negt, analiza este espacio con otra óptica y advierte que históricamente

fue utilizado por los burgueses para debatir sus divergencias y defender sus intereses descartando o neutralizando a sectores enteros de la sociedad. Bajo su control, dice Negt, el espacio público es “una síntesis social ilusoria”.5 Los grupos sociales descartados actúan a través de asociaciones barriales, clubs, comités que ellos crean fuera del espacio público burgués que tiene la falsa pretensión de servir y representar a toda la sociedad.

Negt cuestiona el modelo de Habermas y plantea la noción de espacio público opositor o proletario, a través de numerosos ejemplos tales como las revoluciones europeas de 1848, la Comuna de París de 1971, la lucha antifascista de la República Española en 1936, las revueltas estudiantiles francesas de mayo de 1968. Aclara que el término proletario “no concierne solamente a la experiencia de los trabajadores, designa todas las potencialidades humanas rebeldes que buscan un modo de expresión propio”.6

Todos los procesos que estudia son casos de desborde del espacio público burgués, un momento de encuentro del accionar de los grupos humanos cuyas vidas han sido disminuidas, quebradas, por el proceso de valoración capitalista. Quienes más se implican en este espacio opositor y proletario son los grupos sociales más desfavorecidos: los obreros, los desocupados, los jóvenes, los sin techo y todo otro grupo social que sufre la las injusticias y la violencia del capitalismo.

Negt evita incluir a todos los grupos que actúan en el espacio público en un mismo grupo indiferenciado (como hace Habermas, quien los llama ciudadanos o sociedad civil). También rechaza otras nociones abstractas y mistificadoras como República, Democracia, Estado social y Comunidad internacional. Los desarrollos teóricos de Negt integran la comprensión de la formación de la personalidad en el marco de la familia, de la escuela y de la empresa. Explica, por ejemplo, que la temporalidad espontánea con la que el niño expresa sus necesidades entra en contradicción con la temporalidad del capital que pone tempranamente en marcha un proceso disciplinario al que todo trabajador deberá someterse durante toda su existencia.

La posibilidad de una sociedad armoniosa sin guerras y sin violencia con prácticas democráticas dignas de ese nombre está ligada, para Oskar Negt, a la dignidad humana en el marco del trabajo asalariado que permite formas de respeto de sí y de reconocimiento social que son suprimidas con el desempleo y también en modalidades menos extremas de la llamada flexibilidad laboral impuesta por el neoliberalismo como una de las fórmulas de autorregulación de los mercados.

Este tema se relaciona con el de la dialéctica que se produce continuamente entre el espacio público burgués, que ha sido transformado profundamente en la época de triunfo del neoliberalismo a través de la manipulación del pensamiento popular por parte de los medios de prensa monopólicos y el espacio público proletario que, según los momentos, se retrae o se despliega arrastrando en este movimiento a numerosos grupos y movimientos sociales. Los trabajadores, los desocupados y los oprimidos de todas las categorías deben organizarse y utilizar los recursos del espacio público burgués, que les pertenece por derecho. Deben salir del enclave de sus propias organizaciones, conseguir la adhesión de otros grupos afines y, eventualmente, subvertir alguna de las formas del espacio burgués.

No deben ser ignorados los obstáculos que se presentan a los grupos desfavorecidos para conquistar el espacio público burgués y someterlo a una nueva lógica opositora y proletaria. Uno de los principales obstáculos es el que presentan los medios de prensa que exhiben un espejo deformante de la realidad inventando historias ficticias o ignorando los temas que no responden a sus intereses. Todo esto tiene un impacto decisivo en un público que no tiene tiempo para la reflexión crítica y consume los objetos de deseo que han sido cuidadosamente creados para servir a los intereses del capitalismo. En el momento actual, lo virtual, manipulado según esos intereses, sustituye las experiencias vividas por los sujetos sociales. Las vivencias de los trabajadores en sus organizaciones, sus sindicatos, sus cooperativas no alcanzan para neutralizar el bombardeo mediático de las imágenes televisivas. Estas imágenes constituyen, junto con los otros medios de prensa, un obstáculo para la comprensión de la realidad y para la movilización de las clases trabajadoras en pos de sus intereses.

Estrategias para superar los obstáculos

Sin embargo estos obstáculos pierden su intensidad cuando un espacio opositor se despliega en las plazas, en las calles, en las universidades, en las empresas, incluso en Internet.

El punto de origen de un espacio público opositor puede ser una reivindicación limitada a un grupo particular de la sociedad como los desocupados, los sin techo, la violencia doméstica, la opresión de los medios de prensa monopólicos, etc. La dinámica de este espacio puede, más tarde, transformarse en la propuesta de una sociedad más justa y menos mercantilista.

En el mundo entero, en general, y en la Argentina, en particular, se han creado nuevos espacios opositores en los que cada participante aplica su energía y despliega sus recursos imaginativos y creativos para enfrentar la violencia que emplea el capitalismo en su proceso de apropiación de los espacios. Dentro de estos espacios se pueden enumerar las marchas de los jueves de las Madres de Plaza de Mayo en torno a la Pirámide de Mayo, los escraches frente a los domicilios de los genocidas de la última dictadura, cuando los gobiernos de turno habían hecho prosperar las leyes de amnistía y punto final. También se asiste a los escraches frente a los locales de la UCEP, esa fuerza de camisas negras, creada por el gobierno macrista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que se dedica a expulsar brutalmente a los sin techo de los espacios públicos. Más recientemente, observamos las movilizaciones de los estudiantes secundarios para reclamar al Gobierno de la Ciudad,  reformas edilicias, boleto estudiantil y becas alimentarias. También pueden incluirse en este rubro las marchas de apoyo a la nueva Ley de Medios destinada a suprimir en el país los monopolios mediáticos. Recientemente se ha sumado a estas marchas una forma de movilización novedosa basada en la Internet: las concentraciones de los bloggistas del programa de la TV Pública 6,7,8, que mantiene una actitud de crítica permanente frente a la desinformación tendenciosa de la mayor parte de la prensa argentina.

Este tipo de movilización no se genera en pequeños comités que se reúnen entre cuatro paredes, debe prepararse y fecundarse a través de análisis adecuados, constantemente renovados, que permitan reforzar el espacio público opositor o proletario en la Ciudad de Buenos Aires. Es importante que las manifestaciones se multipliquen pero es importante también que ellas respondan a una visión de los problemas que supere la inmediatez del último golpe asestado por los adversarios al movimiento popular y responda a un plan de acción más amplio y coordinado. En este sentido el pensamiento de Negt es esclarecedor y preciso, por lo tanto lo más indicado es terminar dejándole la palabra:

El que se libra completamente al presente está condenado a reaccionar siempre frente a hechos ya ocurridos… Por otra parte el que no encuentra la fuerza necesaria para soñar no encontrará nunca la fuerza de luchar. El coraje cotidiano para ver más allá del horizonte de un solo día se aplica también a la ciencia. El que no encuentra la fuerza para soñar no encontrará tampoco la fuerza necesaria para comprender las cosas.

Notas

1 Ver sobre este punto el libro de Jean Marie Vincent, La théorie critique de l’ école de Frankfort (La teoría crítica de la Escuela de Frankfurt), París, Galilée, 1976. Un artículo de este autor “La Théorie critique n’a pas dit son dernier mot” (“La teoría crítica no ha dicho su última palabra”), se puede leer en Internet www.theoriecritique.com
2 El prefacio, introducción y conclusiones del libro de Theodor Adorno La personalidad autoritaria se puede encontrar en la Revista de Metodología en Ciencias Sociales, Nº 12, que se puede consultar en Internet o en Theodor Adorno, Escritos sociológicos, volumen II, Madrid, ed Akal, 2009.
3 Ver Alexander Neumann, “Le courant chaud de l’école de Frankfort” (“La corriente caliente de la Escuela de Frankfurt”), revista Variations, Nº 12, París, 2006.
4 Paradójicamente, Habermas construye su modelo cuando el espacio público burgués empieza a transformarse, de forma cada vez más evidente, en un espacio de manipulación de los espíritus a través de los mass media.
5 Citado por Alexander Neumann, L’espace publique oppositionnel (El espacio público opositor), París, Ed Payot, 2007, p. 116.
6 Ídem, p. 222.
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