El Búho y la Alondra

Los espectadores en nuestras intervenciones artístico-callejeras

Autor/es: Catalina Julia Artesi

Sección: Editorial

Edición: Irrupciones, tramas, públicos


En las líneas que siguen se describe la singular experiencia del grupoArte en Lucha Teatro Popular desde 2017. Formas nómadas de un teatro dispuesto a cortocicuitar los trajines cotidianos para inscribirse en distintos e improbables espacios urbanos.

En esta pequeña crónica que voy a comenzar, mostraré nuestras experiencias recientes. Arte en Lucha Teatro Popular nació a mediados del año 2017, en el marco previo a las elecciones nacionales de segundo término; formamos parte de un frente nacional y popular dentro de Unidad Ciudadana; tratamos de despertar con nuestro arte las conciencias de nuestros vecinos, dentro de la Comuna 3. Iniciamos las primeras intervenciones en la Plaza Mariano Boedo. Me integré a finales de dicho año. Seguimos en 2018, con diversas presentaciones artísticas en el espacio público, incluso en otras comunas, haciéndonos eco de la situación actual que sufrimos en la Argentina actual; demostramos nuestro desacuerdo con la política económica implementada por el gobierno nacional: los tarifazos y los aumentos desmedidos de los servicios públicos esenciales, las leyes que vulneran los derechos adquiridos por los jubilados, los despidos masivos en la agencia de noticias oficial TELAM y el ahogo económico a los medios opositores, el programa de ajuste del FMI acordado por el gobierno, la persecución y penalización a los artistas callejeros en CABA, la represión de las fuerzas de seguridad y otros padecimientos.

Como toda presentación callejera, el contexto geográfico, las características socioeconómicas del barrio, el momento u horario en que se implementa, las rutinas sociales que llevan adelante sus pobladores y otros elementos propios de cada zona –por ejemplo, si se hace en una plaza con determinados rasgos– condicionan las diversas formas de recepción por parte del público y, a la vez, inciden en la construcción de la performance. Frente a la propuesta artística, se dan diversas reacciones, que pueden ir desde una aparente indiferencia hasta una participación activa. Por supuesto que las interferencias físicas, el ruido del tránsito, el cruce de estudiantes que atraviesan por la calle y otras situaciones similares, también hacen que no se comprenda algún mensaje del grupo. También, determinan que los artistas callejeros debamos modificar nuestra presentación, donde la voz a veces queda tapada por dichas interferencias Por tales motivos, utilizamos diversos lenguajes expresivos: visuales, audiovisuales, corporales, entre otros.

En algunos casos, efectuamos nuestro activismo teatral en barrios no céntricos de la Ciudad de Buenos Aires. Lo realizamos en la Comuna 10, Av. Directorio y Lacarra, frente a la sede de EDESUR, empresa eléctrica que ha aplicado tarifas imposibles de pagar, con un servicio caro y deficitario. En dicha zona de Flores, los vecinos estaban descontentos por los extensos cortes de luz, supuestamente causados por desperfectos técnicos. Allí, realizamos un semaforazo en la intersección de esas calles, junto con organizaciones vecinales. Los transeúntes, peatones, eran interpelados por nuestra presentación, que consistía en personajes que representaban cada uno los semestres prometidos como prósperos en el discurso oficial. Cada uno llevaba su cartel: primero, segundo, y así sucesivamente. Nos presentábamos secuencialmente, poniendo en evidencia cómo cada personaje iba perdiendo peso en su cuerpo a medida que transcurrían los meses, reflejando la pauperización de la población; portábamos diversos globos amarillos –elemento simbólico de la campaña de la coalición Cambiemos– cada vez menos inflados, hasta que el último actor-personaje, caracterizado como esqueleto, llevaba un cartel de carácter irónico que parodiaba una expresión de la gobernadora María Eugenia Vidal: “Es hermoso lo que estamos logrando juntos”. Íbamos mostrando esa parte de la intervención, durante la detención del tráfico ante el semáforo rojo. No solo el peatón podía observar el desfile y los carteles de los vecinos organizados que protestaban contra las tarifas, también los conductores de los coches que a veces eran reporteados por un camarógrafo de un canal alternativo de internet que les pedía su opinión, incluso apelábamos con nuestras acciones y nos dirigíamos hacia los pasajeros de los colectivos. Algunos reaccionaban positivamente frente a la ironía y al humor que evidenciábamos en nuestra propuesta, muchos tocaban bocina desde sus automóviles dando su apoyo. Esto se debía a que la interpelación era reforzada por uno de los compañeros que, utilizando un megáfono, les pedía el bocinazo. En otra parte de la presentación, un personaje caracterizado como La Muerte –representada en su iconografía clásica, con una túnica y una guadaña– llevaba una inscripción “Tarifazos”. Esta figura alegórica atacaba a otro personaje, una actriz que representaba a La Jubilada, víctima del ajuste que se defendía como podía. Un grupo de estudiantes adolescentes que salían de su escuela se asustaron frente la Parca, apuraron su paso y huyeron. Otros transeúntes pasaban mostrando cierta indiferencia.

Esta intervención, con la misma secuencia, la hemos realizado en el centro. Aclaro que en aquellas ocasiones el público desconocía que iba a realizarse dicha protesta artística. En cambio, en la intersección de las avenidas Corrientes y Callao, espacio público paradigmático donde siempre acontecen protestas, piquetes y marchas de gremios, de organizaciones sociales y otros grupos, la gente ya sabe que estas cosas ocurren. Ese día del mes de mayo, se había anunciado –por las redes sociales y en medios no oficialistas– que iban a realizarse protestas en diversas zonas del centro. Surgió otro factor que potenció la recepción del público y también nos incentivó a nosotrxs. Me refiero a la presencia de los camiones de transmisión de los canales de televisión que transmitían en vivo el descontento popular. En ese momento, los espectadores en vivo se congregaron alrededor de nosotros, atraídos por las cámaras. Nos rodeaban, sacaban fotos o realizaban videos con sus celulares; otros simplemente se reían de nuestras performances. Incluso, algunos se acercaban a la Parca, se sacaban una selfis para subirlas a las redes. El actor que encarnaba dicho rol se dirigía al público, y muchos reaccionaban en forma positiva. En vez de producirles miedo, respondían con humor haciéndose eco del personaje, de la crítica social y política. Otra diferencia con la intervención anterior fue que el tránsito era desviado por la policía, que no sólo cumplía con su deber, sino que también demostraba estar de acuerdo con la protesta artística, cosa que también nos había sucedido con el personal de gendarmería que custodiaba la empresa eléctrica en la zona de Flores.

Aclaro una situación particular que se produjo con la televisación en vivo a cargo de un canal de noticias: el periodista que cubría la noticia nos hizo preguntas acerca de los motivos de nuestra participación a varias actrices y en forma individual. En ese momento, tomamos conciencia de que otros públicos se hallaban esperando desde sus hogares, a esa hora de la noche, ya tarde, reaccionando de diversas maneras ante la multitud que nos rodeaba. Algunas personas que estaban protestando llevaban carteles de partidos políticos de izquierda, intentaron aprovechar la situación y se acercaban para tener visibilidad. Otros lo hacían para que los mirasen los familiares. Lo curioso fue que el video fue repetido en diversos horarios durante el día siguiente: una verdadera paradoja porque es un canal de noticias que generalmente refleja una posición oficialista.

Fotos tomadas por Arte en Lucha Teatro Popular. Intervención en el barrio de Flores.



No obstante, aprovechó la posibilidad de acrecentar su audiencia, de subir el rating con la intervención y la participación popular. En los días siguientes, diversas amistades que habían sido espectadores del programa nos transmitieron sus opiniones acerca de su recepción.

Cuando se hizo el semaforazo en la zona de Once, en la Comuna 3, era un sábado del mes de julio, al mediodía. Realizamos una intervención conjunta, junto con diversos grupos artísticos callejeros y organizaciones de jubilados. Nos ubicamos frente a la Plaza Miserere, en el cruce de las avenidas Jujuy y Rivadavia. El público fue interceptado sin aviso, interrumpiendo su actividad habitual: compras, traslados desde o hacia la estación de tren o los colectivos.

            

    

                                                Foto tomada por Arte en Lucha Teatro Popular en Av. Callao y Av. Corrientes.                                                                 

Un conjunto de espectadores muy heterogéneo, muchos eran migrantes, vendedores ambulantes de origen afro o de pueblos originarios, que no interrumpían su operación de venta.

         

Foto tomada por Arte en Lucha Teatro Popular en Once.                                                                                                                   

Algunos transeúntes aparentaban no vernos, miraban para otro lado. Quizás intentaban ocultar su enemigo interno, el sentimiento de culpa, sin hacerse cargo de sus errores como ciudadanos votantes. Pero muchos iban con sus niños tomados de la mano. Estos pequeños espectadores, sin los prejuicios de sus padres, espontáneamente gritaban o tironeaban demostrando su asombro ante los carteles y las diferentes acciones que realizábamos todos los grupos que desfilábamos, según el orden que habíamos organizado para realizar el semaforazo. También, los obreros de la construcción que realizaban los arreglos de la Av. Rivadavia detenían su actividad y realizaban comentarios sobre nuestra presencia, mostrando estar de acuerdo con la protesta.

Sin embargo, los espectadores no siempre han reaccionado igual ante nuestras presentaciones. Recientemente, el 21 de julio, cuando diversas organizaciones políticas y sociales convocaron para rechazar el Plan del FMI –frente a la visita de la directora gerente de dicho organismo internacional, Christine Lagarde, que presidía ese día la reunión del G20, realizada en la paqueta zona norte, en el barrio de Recoleta–, la intervención artístico-cultural “En repudio al FMI y al AJUSTE del Gobierno” fue convocada por diversos grupos callejeros y por organizaciones sociales vecinales: ADDA (Asamblea en Defensa de los Derechos Adquiridos de Florida), Arte en Lucha Teatro Popular, Asociación Mutual “Homero Manzi”, Biblioteca Popular “Arturo Jauretche”, Centro de Jubilados Palermo Viejo, CIS La Milagro Sala, Vecinos Preocupados por el Futuro, Quien quiera Oir que Oiga.

                         

       

Zombis atormentados por el ajuste. Foto tomada por Arte en Lucha Teatro Popular.

                                                                                                           Era un evento multitudinario, y por eso debíamos sincronizar la intervención. Se hallaba dividida en cuatro postas: (Marcha Imperial, de la películaStar Wars. Primero, llegada del emperador, pequeña escalera que baja, la escolta, el gabinete; más adelante, los zombis trabajadorxs, y lxs patriotas, después, un pasado de gloria presente; los zombis trabajadxres hoy: la llegada del FMI. En la segunda posta de Michael Jackson), La Rebelión del Pueblo canción de “Thriller” versus el gabinete de (Mauricio) Macri, escudados con los diarios La Nación los trabajadxres se agrupan, el Gabinete saca las armas con frases de medidas económicas, los zombis empiezan a caer, sufren. En la tercera posta, el Himno de EE. UU., se forma el Gabinete como equipo de fútbol, mano en el pecho, los zombis arrodillados. En la cuarta posta, “Socios por accidente”, de Agapornis. El Gabinete fanático de Christine Lagarde, ubicados como cuando llega una banda extranjera, bailan “Fiesta para pocos”. Finalmente, los zombis se van yendo.

Por la complejidad de esta intervención, adecuamos los lenguajes expresivos a la situación: exageramos y deformamos los recursos no verbales, logrando un grotesco macabro en nuestro discurso visual, gestual, corporal, en el vestuario y en el maquillaje: representábamos a las víctimas del FMI caracterizándonos como zombis, muertos en vida, sufriendo el ajuste, con carteles que parodiaban el discurso presidencial; por ejemplo: “atormentados por el FMI”, “FMI = HAMBRE”, “No al ajuste del Pueblo”. Debíamos impactar en el público con lo verbal y lo no verbal, porque era imperioso comunicar expresivamente las consecuencias nefastas de estas políticas. Como se realizó en la calle, el público era itinerante, no podía percibir y comprender la totalidad de la historia representada. Quizás esta propuesta hubiese sido mejor realizarla en una plaza pública, donde el público suele quedarse en el sitio. Especialmente, en parques donde hay un anfiteatro semicircular como en la Plaza Mariano Boedo, ubicada en el barrio sureño homónimo dentro de la Comuna 5, donde hicimos una escena referida a La Semana Trágica, que aconteció en enero del año 1919, en donde ahora se encuentra la Plaza Martín Fierro.



Convocatoria de “Boedo Memoria”

                                                      Escena sobre La Semana Trágica en Plaza Boedo, en el marco de “Boedo Memoria”. Foto tomada por Arte en Lucha Teatro Popular.

Volviendo a la intervención en Recoleta, zona que se caracteriza por una población de clase media alta, que ha votado al gobierno y lo sigue apoyando, nuestro grupo, junto con otros artistas, se ubicó en la intersección de las avenidas Santa Fe y Callao. Como esta convocatoria se había anunciado con bastante anticipación, algunos habían colocado previamente carteles con inscripciones que mostraban el acompañamiento a la política gubernamental, evidenciando en lo simbólico una tensión social muy fuerte. Incluso, un señor empujó a una de nuestras compañeras que representaba a un zombi. Como estábamos preparados para cualquier situación que se diera, reaccionábamos desde el personaje. En ese caso, ella utilizó la violencia del espectador y la transformó en parte de la representación dramática. Algo parecido a lo que suelen hacer los clowns que utilizan en la puesta lo que el público ha expresado y lo incorpora desde su personaje a la construcción de la escena. No obstante, algunos espectadores nos apoyaron con sus saludos cuando pasábamos, especialmente, los empleados de los comercios de la zona.

Finalmente, consideramos que la interacción del público en nuestras diversas acciones artísticas ha resultado productiva en cuanto a nuestra intención de movilizarlo a partir de lenguajes expresivos que llegan de otro modo, penetrando a través de lo emotivo, lo sensorial. Pudimos sacudirlos desde el humor, la ironía y la parodia, mostrándoles el estado desastroso en el que nos encontramos y, quizás, hayamos logrado que después reflexionen sobre la vulnerabilidad y la pérdida de nuestros derechos. Me hago eco de las ideas del director brasilero Augusto Boal en su Teatro del Oprimido en donde señalaba que en la actualidad los espectadores se encuentran adormecidos, como narcotizados, deshumanizados y automatizados por el discurso rutinario dominante de los medios masivos de comunicación que reproducen la ideología neoliberal. El maestro nos propuso una salida para enfrentar esta situación: con los lenguajes expresivos, podremos despertar sus conciencias, humanizarlos. Retomando su propuesta, resulta de gran importancia el desarrollo de una política perfomática callejera que llevamos adelante todos los grupos artísticos que nos encontramos actuando en los diversos espacios públicos de nuestra ciudad y en otras localidades de nuestro país. Esto se hace más necesario ante el actual, debido a que los lenguajes audiovisuales tienen una extensa funcionalidad.

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Cómo citar este artículo:
Catalina Julia Artesi. "Los espectadores en nuestras intervenciones artístico-callejeras". El búho y la alondra [en línea]  Enero / Julio 2019, n° Irrupciones, tramas, públicos. Actualizado:  2019-01-11 [citado 2019-01-21].
Disponible en Internet: https://www.centrocultural.coop/revista/irrupciones-tramas-publicos/los-espectadores-en-nuestras-intervenciones-artistico-callejeras. ISSN 2618-2343 .

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