El Búho y la Alondra

El espacio de lo nuevo

Autor/es: Javier Marín

Sección: Editorial

Edición: Irrupciones, tramas, públicos


Cerca de 250 sellos editoriales se reunieron en agosto para realizar la 7º Feria de Editores. La tarea asociativa en la organización y difusión de esta feria, a la que asistieron más de diez mil personas, va consolidando no solo un espacio creciente de actividades y públicos, sino también una comunidad de lectores, condición necesaria para debates públicos culturales que trasciendan las retóricas desancladas de una actividad real.

Caminar los pasillos de la 7.ª Feria de Editores es empezar ya a leer distinto. La grilla cuadriculada que asigna espacios de idéntico tamaño para cada editorial genera un extrañamiento en la habitual lógica jerárquica que rige el mercado del libro. Basta comparar el reparto de lugares con la tradicional Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde los stands de gigantes como Planeta o Penguin-Random House son hasta diez veces más grandes que el de las editoriales más chicas. Las grandes librerías, principal modo de encuentro con los libros, suelen reproducir estas diferencias en sus vidrieras, aunque es justo decir que no se trata de todas y que, cada vez más, es posible encontrar ahí novedades de edición independiente.

Este año fue Ciudad Cultural Konex la sede donde, a principios del mes de agosto, cerca de 250 sellos editoriales generaron un evento cuya importancia excede lo específico de la industria editorial y debería ser tenido en cuenta por todos los sectores ligados a la cultura. La tarea asociativa en la organización y difusión de esta feria, a la que asistieron más de diez mil personas, va consolidando no solo un espacio creciente de actividades y públicos, sino también una comunidad de lectores, condición necesaria para debates públicos culturales y (siempre) políticos que trasciendan las retóricas desancladas de una actividad real.

A modo de apunte, algunos temas que nos deja esta feria como expresión sintética del trabajo diario de una gran cantidad de editoriales independientes surgidas o consolidadas en los últimos 15 años:

Frente a la concentración:

Hablar de gigantes de la industria parece poco, sobre todo luego de la fusión entre Penguin y Random House en 2013. A esta hiperconcentración, que redefine las condiciones del negocio, hay que agregar hitos como la absorción de Alfaguara, sello de referencia para el lector hispanohablante, por parte del nuevo súper actor editorial. Aunque la relación entre la literatura y el mercado es casi constitutiva de la posibilidad de ser de la literatura, no cabe dudas de que la concentración creciente del mercado editorial trae profundas consecuencias en las posibilidades de surgimiento y visualización de obras que escapen a las pautas que fijan los criterios de éxito empresarial a gran escala. ¿Por qué habría de apostar una gran empresa por estéticas o relatos que se desmarquen de los criterios comerciales de rentabilidad ya probada? No solo los lectores van siendo formados en determinados lenguajes y en una forma particular de relación con los libros, también muchos autores (primero lectores y, en definitiva, trabajadores de la cultura) se adaptan a los modos de ser de la literatura en este contexto.

Las editoriales independientes abren calles alternativas a estas estéticas y dan espacio a autores y obras que difícilmente puedan encontrar un lugar en los grandes sellos. Aunque esta posibilidad existió desde mucho antes, la novedad es que hoy la edición independiente en la Argentina va dejando de ser la suma de experiencias aisladas de pequeños grupos y se afirma como circuito alternativo que abre una escena social y convoca lectores que ya no son pasajeros. Las ferias, las presentaciones conjuntas entre editoriales, la difusión solidaria y la distribución colectiva para afrontar los altos costos de la actividad generan las condiciones para que nuevos autores apuesten a escrituras singulares, sin que esto implique un festejo trágico del ostracismo que el mercado reserva para todo producto no rentable (o incluso que podría ser rentable, pero en tiempos largos). La apuesta por una voz propia, en el camino que va desde el necesario punto de partida solitario de un escritor hasta el lector que se sienta en su casa a leer a un desconocido, se llena de instancias que propician ese encuentro.

Frente a la crisis

El contexto económico que se inicia con las elecciones de 2015 trae una vertiginosa depresión para la producción cultural en general y, por supuesto, para la industria del libro. La baja general del poder adquisitivo obliga a un ahorro que no puede empezar por la canasta básica y encuentra en el dinero destinado a los productos culturales una de sus primeras víctimas. La industria editorial es afectada de la misma manera que otras actividades: se venden menos libros, al mismo  tiempo que disminuye la cantidad de espectadores de teatro, música y cine. En la producción de libros, se suma el problema de los insumos importados (casi todo el papel que se usa es de origen externo) con el precio de un dólar que parece un caballo desbocado. El costo del transporte de libros sube con cada aumento de combustibles. El aumento general encarece aún más los insumos de imprenta, producción editorial y librerías. Si a esto le sumamos que el Estado dejó de invertir en la compra de materiales y en beneficios indirectos como subsidios y becas, lo que había apalancado el crecimiento editorial de los años previos, podemos tener un paneo bastante general de la crisis.

En este contexto, el trabajo colaborativo de las editoriales independientes, que ya acumulan un saber ligado a la baja disponibilidad de recursos, se vuelve una estrategia de supervivencia. La Feria de Editores y las presentaciones conjuntas de editoriales permiten optimizar las fuerzas puestas en la difusión y en el armado de eventos. Hasta se puede observar una política implícita, no acordada ni formal, de mantener el precio de venta al público en valores significativamente menores al de las editoriales comerciales. Cuando los costos de producción no paran de crecer y el libro se vuelve cada vez más un artículo suntuario, la política de precios pasa a ser parte de un vínculo de cuidado con los lectores. Afectados por la crisis como todos, se les da el mensaje de ser más valiosos que la necesidad desesperada de acrecentar los ingresos. Esto es doblemente valioso cuando no hablamos de empresas con espaldas anchas: la mayoría de las editoriales independientes dependen del ingreso de efectivo para seguir publicando.

Diversidad y desarrollo de autores

Como decíamos más arriba, si la concentración de la industria implica grados crecientes de homogeneización cultural (lógica de producción en serie que es pilar del capitalismo en todas sus etapas), la edición independiente funda un espacio afín a lo nuevo. Por un lado, las nuevas editoriales parten de la visualización de una falta. Desde el inicio a veces dubitativo y otras con visiones claras de lo que implica construir un catálogo, las editoriales independientes nacen ya con el objetivo de dar lugar a una diferencia.

Armar un catálogo implica siempre una propuesta de lecturas que forman un cuerpo orgánico. Si la suma de los libros publicados sostiene una cierta coherencia interna, si dialogan unos con otros, ya sea por afinidad estética o por el tipo de interpelación que proponen, habrá surgido una nueva voz editorial. Los catálogos editoriales pueden verse como un primer contexto de lectura para los libros que los integran. Después, cada libro podrá moverse con relativa autonomía, pero, sobre todo cuando se trata de nuevos autores, su inclusión en una colección habilita expectativas de lecturas y diálogos que nunca son iguales si se trata de la publicación de una empresa trasnacional, de una edición de autor o de una editorial independiente.

Cuando recorremos la Feria de Editores, podemos ver que, ya desde el diseño gráfico de las tapas, hay una apuesta fuerte de cada editorial por constituir una imagen y una voz que las vuelva fácilmente identificables. No se apuesta por el éxito de un libro individual, sino por el valor simbólico que se acumula en sellos editoriales que se vuelven referencias de un tipo particular de lectura.

Creciente cantidad de escritores

De un tiempo a esta parte, se podría hablar de un boom de la escritura en la Argentina, evidenciado en la multiplicación exponencial de talleres de escritura, lecturas públicas y, más recientemente, la concreción de propuestas en la educación formal, como la Licenciatura en Artes de la Escritura de la UNA y la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF, por citar las más resonantes. El desarrollo de las editoriales independientes es solidario con este proceso, en la medida que da lugar a un número creciente de escritores y escritoras que quieren dar a conocer su trabajo. Más importante que la posibilidad material de la publicación es el cuestionamiento práctico de quién puede publicar y bajo qué criterios y condiciones. Los grandes sellos siguen conservando en el imaginario social más extendido el lugar de instancia de legitimación y consagración de escritores. La propuesta colectiva de las editoriales independientes puede ser una buena oportunidad para corroer este poder, aportando una lógica distinta de recepción, más ligada al valor social de la literatura que al éxito comercial de los nombres individuales.

Comunidad de lectores

El dato más relevante de la Feria de Editores es, como no podía ser de otra forma, el punto de llegada en la cadena literaria: la asistencia de lectores. Un trabajo tan importante como dar lugar a los nuevos autores es la construcción de distintas y constantes instancias de llegada hacia los lectores. El trabajo en redes sociales es un punto de apoyo vital para la difusión de libros y actividades. Es, también, la vía cotidiana donde se sostiene un vínculo cercano con el lector. Esta relación encuentra en la Feria de Editores un espacio de concreción material insustituible. Ariel Bermani, escritor y editor de la editorial Conejos, lo describe sintéticamente: “En esta feria el que te muestra el libro es el mismo que lo hace”. Los editores son los que atienden los stands y hablan con los lectores, no solo describiendo el contenido de un libro, sino también proponiendo un modo de leerlo, que no es otra cosa que las motivaciones que llevaron a cada editorial a elegir un libro. Los lectores, a la vez, cuentan sus experiencias de lecturas y ensayan nuevas búsquedas. En este intercambio surge un saber compartido que forma un espacio social inédito en el campo cultural argentino desde hace mucho tiempo.


Cómo citar este artículo:
Javier Marín. "El espacio de lo nuevo". El búho y la alondra [en línea]  Enero / Julio 2019, n° Irrupciones, tramas, públicos. Actualizado:  2019-01-08 [citado 2019-03-23].
Disponible en Internet: https://www.centrocultural.coop/revista/irrupciones-tramas-publicos/el-espacio-de-lo-nuevo. ISSN 2618-2343 .

Compartir en

Desarrollado por gcoop.