El Búho y la Alondra

Comunicación indígena sin perspectiva de género

Autor/es: Luciana Mignoli

Sección: Editorial

Edición: Irrupciones, tramas, públicos


Mujeres y travestis indígenas que ejercen la comunicación en distintos puntos del país aseguran que no hay políticas públicas que favorezcan su participación. ¿Por qué no avanzó la comunicación indígena con perspectiva de género en la Argentina en los últimos años? ¿El Estado cumplió lo previsto en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual? ¿Cuáles son los desafíos principales del tema para el futuro? Comunicadoras de diversos pueblos originarios trazan un complejo mapa que combina múltiples obstáculos con la firme decisión de seguir resistiendo.

 

Comunicación indígena, por un lado. Género, por otro. Políticas públicas con perspectiva de género, por un carril. Políticas de comunicación con perspectiva intercultural, por otro. Son paralelas. No se cruzan. Y en el medio, un vacío absoluto. “No hay políticas de comunicación indígena con perspectiva de género en nuestro país”.

Así lo corroboran comunicadoras de pueblos originarios que ejercen la comunicación en distintos puntos del país. Autoridades indígenas, directoras de tv, docentes universitarias, profesionales o comunicadoras populares; más rurales o más urbanas. Todas. Desde distintos pueblos, medios y geografías, coincidieron en afirmar que no existen estrategias públicas que favorezcan su inserción en los medios de comunicación.

“En Argentina no se ha desarrollado una política de comunicación indígena con perspectiva de género. La participación de las mujeres indígenas es casi inexistente. Y no ha habido igualdad de condiciones en el acceso a las capacitaciones y los proyectos”. Así, tajante, comienza su relato Mariela Tulián, casqui curaca (autoridad) de la Comunidad Indígena Tulián del Pueblo Nación Comechingón de San Marcos Sierra (Córdoba) y vicepresidenta de la Coordinadora de Comunicación Audiovisual Indígena de Argentina (CCAIA), quien señala que hay “unos 300 comunicadores/as, y como mucho, somos diez mujeres”. Por cierto, la  CCAIA tuvo un rol muy activo en los debates de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, desde donde se acuñó el concepto de “comunicación con identidad” para defender el derecho a la comunicación de los pueblos originarios (ver más aquí).

Para Tulián, el poco acceso de las mujeres indígenas al campo de la comunicación se debe a que “los medios no funcionaron como una fuente de trabajo en igualdad de condiciones y tampoco hay un sistema que pueda garantizar que la mujer participe activamente. Muchas veces, las mujeres tienen que ir a las capacitaciones con sus hijos a cuestas o resolver el tema de sus hogares”.

En ese sentido, Zulema Enriquez, quechua, docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), puntualiza que “hace muchos años que existen medios indígenas, pero se entendían como medios comunitarios. Recién hace un par de años pensamos la comunicación indígena desde las políticas de Estado, sobre todo a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA). Ahí hubo una ruptura después de mucha lucha al poder identificar y entender la necesidad de una comunicación indígena”.

Enriquez es licenciada en Comunicación Social (UNLP), conduce hace doce años el programa La Flecha en Radio Estación Sur de La Plata (ver más aquí), provincia de Buenos Aires, y trabaja en el canal público de la universidad platense (ver más aquí). Para ella, la legislación sancionada en 2009 fue “importantísima porque marcó procesos políticos de los que no se vuelven”, pero reconoce que “la implementación económica fue un gran vacío”.

“Creo que el Estado a partir de la LSCA hizo un trabajo interesante para habilitar licencias a los medios comunitarios, sobre el empoderamiento de las identidades. Son trabajos que no se hacen de la noche a la mañana. Hay que ir al territorio, a la comunidad, fortaleciendo a los comunicadores, trabajando desde lo técnico y también desde lo teórico. Pero faltó profundizar sobre cómo hacer que los medios se pudieran sostener después. Eso impidió seguir avanzando en la implementación de esas políticas”.

Por su parte, Nuhem Bashe Charole, encargada del Área de Formación de la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI, ver más aquí), detalla que “si bien respetamos que los procesos de comunicación han tenido sus avances, pero con la perspectiva de género se ve muy poco. Yo lo veo bastante flojo”.

La comunicadora qom –que proviene del impenetrable chaqueño y ahora vive en Resistencia, Chaco– admite que ha tenido “muchas expectativas con la LSCA. En uno de sus artículos reconoce la comunicación con identidad. Pero como ocurre en muchos festivales de leyes y derechos de los pueblos indígenas, después son letra muerta. Ni bien se aprobó la ley, planificamos, celebramos el primer canal de comunicación indígena Wall Kintum. Pero la ley no se cumplió. Y en Chaco se inauguraron solo dos radios indígenas a las que les cuesta sostenerse. No se hicieron los talleres de capacitación sobre comunicación. Faltó su efectiva aplicación”.

Menos recursos, más dificultades

Una de esas radios indígenas es la FM Qomunitaria Lqataxac Nam Qompi, que gestiona el Consejo Qompi de Pampa del Indio, Chaco, una organización que reúne a 14 comunidades de la zona. “La continuidad de la radio está en peligro”, advierte Isabel Paredes, qom, integrante del Consejo Qompi y egresada de la carrera Comunicación Intercultural Bilingüe del Complejo Educativo Integral Bilingüe Intercultural Lqataxac Nam Qompi (donde funciona la única institución de estudios superiores del país gestionada por una organización indígena). En este Complejo Educativo Integral Bilingüe Intercultural Lqataxac Nam Qompi de Pampa del Indio, Chaco, funcionan tres instituciones: el BLABI (Bachillerato Libre para Adultos), la EFABI (Escuela de la Familia Agrícola Bilingüe, secundaria agroecológica) y el CESBI (Centro de Estudios Superiores), todos bajo la modalidad bilingüe intercultural. Fue inaugurado en agosto de 2012, es de gestión social comunitaria y producto de un largo camino recorrido del Consejo Qompi, en conjunto con la organización civil Che´eguerá.

Desde febrero de 2016, se dio en la Argentina un aumento desmedido de las tarifas de los servicios básicos (luz, agua, gas, teléfono, etc.) que puso en jaque la sostenibilidad económica del gran arco de las organizaciones sin fines de lucro (clubes barriales, centros culturales, etc.), entre las cuales se vieron afectados los medios de comunicación comunitarios y populares y, muy especialmente, los medios indígenas. En varios casos, las comunidades tuvieron que acortar su franja horaria de transmisión, retransmitir “enlatados” o, en los casos más extremos, suspender momentáneamente su emisión.

A eso, se le superpone la restricción y demora que tuvieron los Fondos de Fomento Concursable de Comunicación Audiovisual (FOMECA), una herramienta vital para los medios indígenas que gestiona el Ente Nacional de Comunicación (ENACOM), un ente creado en diciembre de 2015, que funciona en el ámbito del Ministerio de Modernización de la Nación. El fondo tiene como propósito redistribuir los recursos que provienen de gravámenes y multas de los grandes medios de comunicación audiovisual con la idea de fortalecer a los medios comunitarios, de frontera y pueblos originarios.

Paredes recuerda: “Nosotros teníamos los proyectos de FOMECA, entonces eso te permitía juntar a los jóvenes. Ahora no tenemos ni uno, y genera mucha dificultad. Tampoco tenemos capacitaciones en tema de radios comunitarias ni temas de género y nos hace mucha falta. Hoy por hoy tenemos mucha dificultad para solventar gastos de luz, agua, internet. El tema género va quedando relegado… Tener una radio comunitaria implica mucho esfuerzo y mucha dedicación. Como qomlashe (mujer indígena en qom) necesitamos tener un espacio. Pero nos falta financiamiento y es muy difícil”.

En ese sentido, Tulián agrega que “los FOMECA tienen una complejidad impresionante y también dependen del acceso a internet de las comunidades. A veces, intentamos, pero quedan truncos por falta de conectividad. Incluso a la hora de rendir los gastos, es muy inaccesible. Porque en la zona no tenemos comercios que tengan boleta como necesita la ENACOM. Hay una desigualdad de condiciones muy grande. Y es responsabilidad del Estado”.

La autoridad del Pueblo Comechingón recuerda que en 2010 “la entonces presidenta (Cristina Fernández) anunció la Radio del Bicentenario, que implicaba que el gobierno nacional nos iba a equipar la radio, y eso nunca se cumplió. En muchas cosas la política de Estado en la gestión anterior era de palabra, no de acción. Pero antes los FOMECA eran un poco más accesibles. Ahora con la nueva gestión se complejizaron aún más, se pide una clave fiscal, con interacción en una página de internet, todo es presentación online. Y a nosotros en los territorios se nos complica. Nosotros más o menos tenemos conectividad, pero otras comunidades ni siquiera lo pueden intentar”.

Machismo indígena

Laura Méndez es coya-omaguaca, integra la comunidad Cueva del Inca de Tilcara (Jujuy) y es licenciada en Comunicación Social (UNC). Y advierte que en la propia comunicación indígena también está presente el machismo: “Porque si una mira qué dirigentes y comunicadores aportaron su palabra en la discusión de la LSCA, la población masculina era mucho mayor que la femenina. Hay algunos comunicadores indígenas-estrellas, a quienes les gana el ego y se olvidan de la comunidad”.

“Descolonizarse también implica cuestionar los roles de género en la comunicación. En los talleres, las mujeres no logramos llegar ni al 20%. Me acuerdo de un taller de comunicación indígena con la CCAIA en Nazareno, Salta, donde eran unos 20 varones y solo 4 o 5 mujeres. Las mujeres se quedaban un ratito porque tenían que ir a cocinar. Me acuerdo de una mujer con el bebé haciendo cococho, otro niño de 3 años que le anotaba en su cuaderno y, del otro lado, un chivito que había quedado huerfanito y lo tenía que cuidar. ¡Así que imaginate la escena! ¿Qué puede aprender en esas condiciones? Muy dispar su posibilidad de conocer de comunicación.”

Si las mujeres indígenas tienen serias dificultades a la hora de ejercer el derecho a la comunicación, “la voz de las mujeres travestis y trans indígenas está todavía mucho más silenciadas”, opina Zulema Enriquez y agrega que “recién ahora hay un reconocimiento de hermanas de reconocerse trans y también indígenas. Identificarse en una sociedad patriarcal como una mujer trans es un proceso ya difícil. Ahora, como una persona trans e indígena, es un desafío mayor”.

En ese sentido, Casandra Sand –comunicadora travesti e indígena– se constituyó como una de las voces más visibles de La Voz Indígena, una emisora inaugurada en 2008, en Tartagal, Salta, no solo comunitaria, sino también multilingüe, ya que incluía a los pueblos wichí, chulupí, chorote, qom, guaraní, chané y tapiete que habitan la zona. “La gente de las comunidades, los pueblos, los parajes no se veía reflejada en los medios. No podía ser que en Targatal (una de las zonas de mayor concentración indígena del país) no se dijera nada de lo que sucedía”, reflexiona.

Esta “periodista, activista travesti e india sudaka” –como se autoidentifica– es referente de la Asociación de Diversidad Sexual de Tartagal (ADISTAR) y reconocida por su trabajo de comunicación popular indígena con enfoque de género. Y relata: “La radio no está al aire desde diciembre de 2016. Cayeron rayos y se quemaron buena parte de los equipos. Me desplazaron de las actividades que tenía a cargo. Cada vez son menos las políticas para sostener estos proyectos. Y así es muy difícil trabajar el activismo trans-travesti en las propias comunidades indígenas, donde también hay otras expresiones de género. Pero el clima es de mucha depresión, la sensación es que hace unos años no se genera nada. Van muriendo las compañeras travestis y es muy difícil seguir”.

En ese sentido, Bashe Nuhem Charole reconoce que “nuestras hermanas trans y travestis sufren mucho. No tienen muchos espacios de comunicación. Las compañeras tienen aún menos políticas públicas que para nosotras las mujeres indígenas. Es que en realidad no hay una política pública que favorezca la comunicación indígena con perspectiva de género. Las políticas de gobierno no tienen interés en estos temas. Y, a la vez, hay un despertar. Hay un hambre de decir acá estamos. Queremos alzar nuestras voces. Que retumben. Hemos tenido participación, pero no de la que nosotras esperamos. Los pueblos indígenas podemos tener medios propios y manejarlos desde nuestra mirada. Pero en el tema género hemos avanzado muy poco. No tenemos mucha participación en la programación de una emisora o un programa”.

Estigmatización

Tras los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel en 2017 por fuerzas represivas del Estado, los discursos de odio, criminalización y racismo contra los pueblos originarios han tenido un salto exponencial en los medios de comunicación. En especial, el Pueblo Mapuche es víctima de un plan sistemático para deslegitimar sus genuinas demandas territoriales y construirlo como “el enemigo interno”, salvaje y terrorista.

En ese sentido, las werken (voceras) y las weichafe (guerreras) mapuche –en especial, desde redes sociales y medios de comunicación propios– han tenido un rol fundamental al difundir información confiable que logró por momentos romper el cerco informativo orquestado por los grandes monopolios de medios.

“Últimamente es un momento triste por todo lo que acontece en contra de nuestro pueblo. Y lamentamos mucho la situación. Creemos que no es justo que se pierda una vida en el reclamo por nuestro territorio. Si se respetaran nuestros derechos, no ocurrirían estas cosas”, dice Deolinda del Pilar Buenuleo, werken (vocera) de la Comunidad Lof Che Buenuleo y directora de Wall Kintun TV (“buscar alrededor” en lengua mapudungún, ver aquí), el primer canal de pueblos originarios de Argentina, de Latinoamérica y uno de los cinco con estas características de todo el mundo.

El medio surgió dos meses después de la sanción de la ley 26522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, que en su artículo 151 establece que los pueblos originarios podrán ser propietarios de medios de comunicación audiovisual, algo que la anterior legislación de la dictadura militar no permitía.

No obstante, Buenuleo reconoce que el canal “se crea hace cinco años en medio de dificultades con el Estado. Éramos un medio que no teníamos cómo sustentarnos económicamente. Se nos hacía imposible poder manejarlo. Podíamos venir, cargar la grilla, hacer alguna que otra nota, pero no teníamos el recurso económico como para poder llevar adelante el canal como realmente se necesitaba. En el 2013, AFSCA empieza a formular los FOMECA, de los cuales empezamos a participar, ganamos y pudimos avanzar despacio y lento en el equipamiento y en poder armar un informativo diario. Pero, en 2016 no pudimos salir al aire con nuestro noticiero por falta de presupuesto. Y el Estado, que había cambiado de gobierno, había parado todos los fondos concursables. ENACOM nos retuvo los proyectos. Y a finales del 2016 se nos liberan los FOMECA y pudimos arrancar con el informativo Muley Zungu (ver aquí) y hay novedades por el canal 2 de aire y canal 10 de cable de la localidad de Bariloche”.

Justamente, desde ese noticiero, Lorena Cañuqueo –comunicadora y antropóloga mapuche e integrante de la Mesa de Diálogo que se formó tras el asesinato de Rafael Nahuel– hizo un llamamiento contundente en temas de comunicación indígena:

“Yo quiero pedirle a la sociedad que se informe porque ningún proceso racista le hace bien a la sociedad. Esta situación no la están viviendo los Mapuche. Esta situación nos está afectando a toda la sociedad. Y lo que pedimos también es que se manejen con información seria. Que la chequeen. Nosotros no dimos información hasta que no estuvimos seguros de la última persona que estaba afectada en el lugar. Y hoy estamos lamentando un muerto de 22 años, un pibe que decide reivindicar su identidad como mapuche. ¿Es delito eso?”.

Paralelamente al proceso de represión que sufren las comunidades indígenas, también se viene desarrollando un proceso de reivindicación de las identidades originarias que encuentran en la creación de medios propios una estrategia para su fortalecimiento.

En ese sentido, la Radio Petü Mogeleiñ (ver aquí) nació en 2008 con el fuerte desafío de promover la recuperación de identidades mapuche de la zona de El Maitén, Chubut. Su nombre significa “Aún estamos, aún vivimos, aún existimos”. Y en ese proceso, las mujeres indígenas cumplen un papel clave.

Angélica Quilquitripay es la enfermera de ese pueblo de 6.000 habitantes (el 80% es mapuche) y trabaja en el programa Femininjas en el aire: “Hace 15 años comencé con la búsqueda de mi identidad. ¡Difícil por cierto! Ya que es más fácil vernos como pieza de museo y no reconocer que aún estamos vivos. Si bien gran parte de la población es mapuche, la búsqueda de la identidad está dormida aún, yo creo que es a causa de todo el dolor que sufrieron nuestros padres y madres con su despojo”.

Para ella, “en los últimos tiempos hubo influencia muy patriarcal de la sociedad por lo menos en el pueblo mapuche-tehuelche. Por eso la radio nos permite difundir las voces de mujeres acalladas durante siglos. Empoderarnos, visibilizarnos y demostrarnos a nosotras mismas que estamos vivas y que somos capaces”.

Desafíos

¿Cuál es el futuro de la comunicación indígena con perspectiva de género en Argentina? ¿Qué políticas públicas se están desarrollando? ¿Cuáles son los principales desafíos?

Para Enriquez, “hoy hay un contexto político, social y económico que para nada facilita que se desarrollen políticas públicas de construcción de la identidad indígena. Las políticas del kirchnerismo, con todas las críticas que se les puede hacer, sancionaban la discriminación y la xenofobia contra los pueblos originarios. Hoy los medios –incluso los públicos– estigmatizan y hablan del ‘día de la raza’ sin ningún problema”.

Por su parte, Méndez analiza que “ahora hemos retrocedido muchos años. Es como volver a la dictadura. No hay audiencias públicas, no estamos aportando los comunicadores y comunicadoras indígenas”. Y subraya: “Porque el quehacer comunicativo indígena tiene otras lógicas diferentes a las de la comunicación comunitaria. La comunicación indígena con identidad implica un cambio de paradigma. Lograr un entretejido. Que otros ya dejen de hablar por nosotros es todo un desafío. Todavía muchos integrantes de estas radios comunitarias, organizaciones, asociaciones civiles, organizaciones no gubernamentales siguen siendo colonialistas, quieren hablar por el o la indígena, siguen queriendo representarnos. Son estrategias de sustitución”.

Por último, Tulián opina que “los desafíos a futuro son generar estrategias propias desde el género, teniendo en cuenta que sí hay especificidades en cuanto a las luchas. Muchas veces las luchas de las mujeres indígenas a través de la comunicación tienen que ver también con defender los recursos naturales, generar estrategias sustentables y denunciar los negociados empresariales”.

Pero sin políticas públicas que crucen comunicación indígena y género, las estrategias seguirán por carriles paralelos dejando a las comunicadoras indígenas haciendo malabarismo para poder insertarse en los medios y sostener proyectos de comunicación sustentables acordes a la cosmovisión de sus pueblos.

Tanto desde la ENACOM como desde la Defensoría del Público se informó que “no hay una línea clara de cruce entre pueblos originarios y género”. Si bien se realizan fiscalizaciones, monitoreo de noticieros de TV abierta, capacitaciones, producción de guías para tratamiento periodístico responsable, los temas siguen separados: género, por un lado; y “asuntos indígenas”, por otro.

Pero en el monte o en el cemento, en la montaña o en la universidad, las comunicadoras indígenas seguirán tejiendo estrategias de resistencia para alzar la voz propia ante las múltiples violencias que se exponen. Porque si bien pareciera que no hay un “traje” para ser mujer, trans o travesti indígena y comunicadora; ellas se lo inventan colectivamente.

Como enuncia Charole, con la voz entrecortada: “Es un trabajo de hormiga, es un tejido que construimos juntas las mujeres indígenas que venimos haciendo comunicación. Duele el trato de los compañeros. Duele cuando hablan por nosotras. Es difícil. Falta mucho. Pero yo tengo mucha fe de que vamos a profundizar la participación de las mujeres”.

 

* La autora nos aclara que este artículo forma parte del libro Argentina: medios de comunicación y género. ¿Hemos cumplido con la plataforma de acciones de Beijing?, compilado por Sandra Chaher, Comunicación para la Igualdad Ediciones, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2018. Libro digital, PDF. Disponible en https://www.dropbox.com/s/vbnffsirxgjid64/Argentina-CSW2018-%20comunicaci%C3%B3n%3Ag%C3%A9nero%20FINAL2.pdf?dl=0

 

Cómo citar este artículo:
Luciana Mignoli. "Comunicación indígena sin perspectiva de género". El búho y la alondra [en línea]  Enero / Julio 2019, n° Irrupciones, tramas, públicos. Actualizado:  2019-01-08 [citado 2019-04-20].
Disponible en Internet: https://www.centrocultural.coop/revista/irrupciones-tramas-publicos/comunicacion-indigena-sin-perspectiva-de-genero. ISSN 2618-2343 .

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