Nuevos dilemas del desarrollo periférico: Notas sobre la heterodoxia conservadora, democracia y cambio social

Autor/es: Claudio Casparrino

Sección: Opinión

Edición: 4


I. Introducción

Una breve visita por el relieve social, político y económico de las naciones de América del Sur permite constatar de manera extraña y estimulante la reaparición de colores vívidos del debate social, político y económico. Toda una sorpresa para quienes –como quien escribe– comenzábamos a ver las luces de la existencia en los inicios de la etapa histórica más oscura y triste que atravesó la región, allá por los mediados de la década del 70.

Ocurre que, a la manera de un fantasma errático, de un mantra entonado a medida de estas tierras, la contradicción como forma fundamental del proceso social ha ido recuperando su impronta. En alguna medida, la onda expansiva del fin de la experiencia soviética, que constituyó el sustento ideológico de la década neoliberal –el verdadero arsenal que argumentó la ola de reformas– comienza tímidamente a debilitarse, dando lugar a renovados interrogantes sobre el papel del mercado, formas alternativas de regulación e incluso la posibilidad del socialismo por la vía democrática.

Diversos actores y procesos políticos y económicos (zapatistas, campesinos sin tierra, indígenas, luchas obreras, movimientos antiglobalización, cocaleros, cacerolas y piqueteros, pequeñas burguesías locales, crisis económicas, implosión de sistemas cambiarios, derrumbe del equilibrio institucional burgués, prolongadas crisis de representación, triunfos electorales progresivos, cambios en patrones de acumulación, agotamiento de finanzas públicas y cambios en el contexto económico y político internacionales) han ido construyendo el rasgado sarcófago en que el nuevo sistema de desequilibrios y contradicciones sociales –aún sin visibilidad ni forma precisa– va enterrando al cuerpo teórico neoclásico y neokeynesiano, que funcionó como base material del bloque histórico de los años 90.

El neoliberalismo en la región, como lo hemos conocido, está llegando a su edad de retiro, hecho que –en el contexto de crisis políticas profundas y ascenso de gobiernos no alineados con el discurso y la ortodoxia previos– ha obligado a las burguesías locales y extranjeras que operan en la región a avanzar en la búsqueda de un paradigma compatible con nuevos factores económicos, políticos e ideológicos. Aún no queda claro, por encontrarse en un escenario de disputas, el carácter, seguramente inestable, que asumirá un nuevo bloque histórico en la región.

Por lo pronto, si el neoliberalismo ha entrado en su fase senil, lo ha hecho en tanto discurso legitimante, no sin antes haber cumplido su tarea histórica, pues sus durables huellas constituyen el basamento material de la nueva etapa y marcan la conflictividad social actual y futura. Más aun, en el caso de Argentina, el agotamiento e inevitable abandono del modelo de convertibilidad a favor de una devaluación competitiva en 2002 implicó una inmensa transferencia de recursos del sector no transable pero fundamentalmente de los trabajadores al sector productor de transables (entre ellos bienes-salario) hecho que hasta hoy oficia como una verdadera acumulación originaria del modelo en favor del capital.

El abandono de –o, en mucho casos, la crítica explícita a– las premisas fundamentales del Consenso de Washington, y la adopción o exigencia de criterios de carácter heterodoxo en materia económica, han dado lugar a lo que autores de antípodas ideológicas han nombrado genéricamente neodesarrollismo o nuevodesarrollismo.1

La –dispar– recuperación de herramientas de política económica y de conceptos de economía política; la vuelta al debate sobre integración, desarrollo, e industrialización; sobre distribución del ingreso junto a una persistente concentración de la riqueza; la crítica abierta a los organismos financieros internacionales; el –en algunos casos notable– crecimiento económico; en conjunto cambian radicalmente los ejes del debate social.

Con la mayor parte de su población sumida en la pobreza y víctima de la superexplotación, el capitalismo sudamericano en su incipiente fase neodesarrollista pareciera reinstalar dos viejos debates: “crecimiento o desarrollo” y “desarrollo o cambio social”.

Roto el opaco cristal librecambista y puesta nuevamente en escena la necesidad de una política estatal como regulador explícito, la arena ideológica parece abandonar la noción de productividad factorial como fundamento de la distribución y la autorregulación para retomar el conflicto implícito en la producción y distribución del excedente económico, inherente a nuestras sociedades. Los sujetos sociales parecen retomar su papel fundamental en la lucha hegemónica. Política y discurso reasumen así sus lugares como articuladores y constructores de hechos sociales.2

En las páginas que siguen, trataremos acotadamente algunas tesis sobre la actual etapa, recuperando ciertos debates de la teoría de la dependencia, presentando ideas de autores contemporáneos, reinstalando el debate sobre planificación estratégica, y redefiniendo el concepto de desarrollo como una herramienta de cambio social y económico.

América Latina enfrenta –afortunadamente– una situación dilemática, que se presenta en el ámbito de la economía, pero es sólo resoluble en el ámbito de la política: crecer profundizando el catastrófico escenario que deja el neoliberalismo, es decir, seguir concentrando ingresos, y superexplotando trabajo,3 o planificar un sendero de desarrollo4 que se establezca como “puente” hacia formas sociale1as alternativas.

En otros términos, nuestra tesis supone una tensión histórica entre la reformulación de capitalismo local hacia una heterodoxia neoconservadora, que busca cristalizar la estructura social excluyente dejada por el neoliberalismo a su paso y los intentos de reformular la concepción del desarrollo económico en tanto políticas que imponen una “dirección” del crecimiento hacia transformaciones estructurales de carácter progresivo. En el centro de este debate se ubican la profundización democrática, la consolidación del crecimiento y la planificación del desarrollo en un sentido distinto al de la centralidad del capital como ordenador social.

II. Dependencia y Neodesarrollismo

Desde los años 50 y hasta principios de los 80 América Latina fue capaz de crear una serie de corrientes de pensamiento de proyección mundial, que superaron el atavismo teórico eurocéntrico, permitiendo a los cientistas sociales del tercer mundo reflexionar sobre su problemática específica con herramientas propias: nos referimos fundamentalmente al estructuralismo latinoamericano5 y la teoría o escuela de la dependencia.6

En esencia, ambas corrientes7 analizan la conformación estructural de la periferia y la forma en que esta se vincula al mercado mundial, aunque analizan de manera muy disímil las razones históricas de existencia de estas formaciones sociales, su vinculación con el mercado mundial, su progresividad histórica, su carácter de clase y, de manera compleja, la posibilidad o imposibilidad de superar la trampa del sub desarrollo, o en palabras de André Günder Frank, el desarrollo del subdesarrollo.

Desde el estructuralismo, se destaca la contradictoria figura de su fundador, Raúl Prebisch,8 y una larga lista encabezada por Celso Furtado, Anibal Pinto, agrupados fundamentalmente en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Desde la Teoría de la Dependencia, a través de autores como Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos, André Günder Frank, Vania Bambirra, Orlando Caputo, Roberto Pizarro, nucleados fundamentalmente en el Centro de Estudios Socioeconómicos de la Universidad de Chile.

También mencionaremos una corriente dentro de la teoría de la dependencia encabezada por el sociólogo brasileño Fernando H. Cardoso, que denominaremos dependencia conservadora. Es lamentablemente poco conocido que, a diferencia del estructuralismo (que suponía la necesidad de realizar esfuerzos en pos de la industrialización que liberara a la región de su carácter periférico y dependiente) y los teóricos clásicos de la dependencia (que sostenían la imposibilidad del desarrollo capitalista en la periferia y propugnaban revoluciones al estilo cubano), la corriente liderada por F.H. Cardoso veía como inevitable la dependencia, pero sostenía la posibilidad del desarrollo dependiente, siempre que las naciones siguieran el derrotero marcado por el capital transnacional9 lo que suponía, según Theotonio Dos Santos,10 la represión de la movilización popular, ignorando reclamos fundamentales.11

A veinticinco años de aquella etapa, luego de la crisis del neoliberalismo como ideología dominante y en momentos en que experiencias como la venezolana y boliviana expresan abiertamente su intención de construir un camino democrático hacia el socialismo, reaparece la alternativa del Neodesarrollismo.

En rigor, el concepto no es nuevo, sino que está presente ya en los 70, en un debate que Marini12 mantiene con Cardoso y José Serra.13 Como veremos más adelante, los trabajos teóricos de Fernando H. Cardoso constituyen el basamento teórico de una nueva apuesta del conservadurismo autóctono, del cual el sociólogo brasileño ha sido una de sus más filosas plumas.

Aunque más conocido por su –meritoriamente– afamado libro Dependencia y desarrollo en América Latina14 (1969), realizado en colaboración con Enzo Faletto, en el contexto del ILPES15 (CEPAL), en 1974 publica el texto Las contradicciones del desarrollo asociado16 en el que expone tesis que implican verdaderos lineamientos estratégicos del neodesarrollismo.

Entre las cuestiones mencionadas en Las contradicciones… se destacan:

(a) la afirmación de la viabilidad del desarrollo en la periferia;

(b) la crítica a la preeminencia de la superexplotación del trabajo, o en otros términos, la existencia de plusvalor relativo en América Latina;

(c) la crítica al concepto de “lumpenburguesía”,17 pero destacando el error de vincular los intereses de la “burguesía local” con el proyecto de la “ideología del desarrollo nacional burgués”, la cual no pertenecía a sus intereses “tal como ellas los definían, pero sí al ideario político del nacional-populismo”.18 19

(d) la crítica a la tesis según la cual América Latina estaría ante la encrucijada entre socialismo y fascismo, constituyendo seguramente una respuesta a Socialismo o Fascismo… de Dos Santos.20 Si bien sus argumentos intentan, en clave politológica, diferenciar el rol militarista que asume el estado burocrático-autoritario comandado por las clases dominantes, la historia posterior demostró que el Estado Terrorista de los años 7021 constituyó una experiencia que decorría en el sentido marcado por Dos Santos y que manifestaba tensiones sociales, de clase, no resolubles por entonces en el marco del esquema democrático-representativo o burocrático-autoritario en conjunción con el desarrollismo, cuyas contradicciones movieron a las clases dominantes locales, con apoyo externo, a los hechos ya por todos conocidos.

Según Cardoso, el desarrollo periférico sería posible, pero caracterizado por una dependencia crónica respecto del capital trasnacional, que marcaría el rumbo general del desarrollo dependiente. Su lectura parece confirmar la tesis de Theotonio Dos Santos:22

Al releer los trabajos (…) publicados en general entre 1960 y 1980, se confirmó nuestra opinión de que su posición actual no se caracteriza por la incoherencia. Esta refleja claramente una evolución (¿positiva o negativa?) de sus concepciones sociológicas y políticas.

La condición de éxito del desarrollo dependiente (o asociado) de Cardoso, según Dos Santos23 consiste en el papel fundamental que le cabe al estado periférico en el control y represión de los sectores populares organizados en función de intereses fundamentales (sindicatos, campesinos sin tierra, por dar algún ejemplo). En otros términos, el establecimiento de democracias formales, vaciadas en gran medida de su esencia fundamental.

Es relevante notar que el comentario de Dos Santos no es para nada ocioso. En los debates sobre crecimiento y desarrollo ha estado presente la contradicción entre “crecimiento y democracia”. Quizás el Teorema de la Imposibilidad de Arrow,24 proveniente del seno de la teoría neoclásica, es su muestra más notable. En América Latina no fueron pocos quienes sostuvieron la necesidad de procesos autoritarios para encauzar el desarrollo, bajo la máxima de “primero crecer para luego distribuir”, generando distorsiones económicas profundas y aberraciones innúmeras a los Derechos Humanos. Entre otros es Amartya Sen25 (2000) quien, dentro de los límites de la teoría convencional del bienestar, propuso la necesidad de la libertad como complemento insustituible del desarrollo.

Por dar un ejemplo, la actual política económica desarrollada por el gobierno de Lula da Silva, sumada al creciente discurso neodesarrollista en la región, abonan en el sentido de otra frase de Dos Santos:

busco mostrar que hubo, y todavía hay, espacio político para un conservadurismo reformista que Fernando Henrique Cardoso consiguió encarnar. Lo que replico, sin embargo, es que este conservadurismo nos lleve a una atenuación de las contradicciones sociales y políticas a mediano y largo plazo.26

Esta frase sintetiza, de alguna manera, las preocupaciones que motivan este texto y un conjunto de reflexiones sobre la actual etapa y abre la puerta al dilema que enfrenta América Latina.

En el nuevo contexto político e ideológico, el conjunto de proposiciones denominadas neodesarrollismo parecieran querer ocupar ese espacio que ha dejado vacante el neoliberalismo en tanto ideología, pero que suponen la renovación de modelos de acumulación basados en la desigualdad y la marginación crecientes, constituyendo en lo económico incluso nuevos “contextos de crecimiento” más que nuevos “modelos de industrialización”.27

Un reciente artículo titulado “Estado y mercado en el nuevo desarrollismo”28 de Luiz Carlos Bresser-Pereira, renombrado economista heterodoxo brasileño (ministro de Hacienda de Sarney y de Administración Federal y Reforma del Estado de F. H. Cardoso), que se asume creador del concepto, resulta de lectura relevante para nuestro propósito. Desde un principio, Bresser-Pereira afirma que “el nuevo desarrollismo no es una simple teoría económica, sino una estrategia nacional de desarrollo”, que se diferencia “del desarrollismo de los 50 en que no defiende amplias medidas para proteger a una industria infante”, política, esta última, que justamente sirvió de base para la industrialización de Europa –incluyendo la Inglaterra del S XVIII–, Estados Unidos y del sudeste asiático.29 En segundo lugar, le otorga un papel central al estado, “que debe ser financieramente sólido y administrativamente eficiente”. En tercer lugar, se diferencia de la “ortodoxia convencional” dado que el nuevo desarrollismo “no cree que el mercado pueda resolverlo todo ni que las instituciones deban limitarse a garantizar la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos”.

Constituiría “un tercer discurso” entre la ortodoxia convencional (que ha demostrado su fracaso para asegurar el desarrollo) y el viejo desarrollismo (con su deformación desarrollista-populista, caracterizada por el excesivo proteccionismo y el déficit fiscal crónico). Para Bresser-Pereira el neodesarrollismo puede observarse en la Argentina, país en que se aplica luego de la crisis de 2001-2, mientras que la política económica de Brasil sigue influenciada por lineamientos ortodoxos.

Desde el punto de vista macroeconómico destaca las siguientes características:

  • Ajuste fiscal para un ahorro público positivo
  • Mandato triple para el banco central: inflación, tipo de cambio y empleo
  • Banco central con dos instrumentos: tasa de interés y compra de reservas
  • Tasa de interés de corto plazo exógena.
  • Tasa de cambio fluctuante, pero administrada, con neutralización de la enfermedad holandesa.

Desde el punto de vista de las estrategias de desarrollo, enfatiza en:

  • Reformas para fortalecer el estado y el mercado
  • Papel moderado para el estado en la inversión y en la política industrial
  • Estrategia nacional de competencia
  • Prioridad para las exportaciones con alto valor agregado per cápita
  • Crecimiento con inversión y ahorro interno
  • Control de la cuenta de capitales cuando sea necesario

Es evidente que las propuestas del nuevo desarrollismo, sucintamente expuestas a través del trabajo de Bresser-Pereira, implican una verdadera recuperación de las herramientas de política económica por parte de los gobiernos de la región, situación que, en gran medida, permite activar los controles del crecimiento económico con cierto grado de autonomía impensable apenas unos años atrás. En este sentido, en materia económica, la heterodoxia que tímidamente comienza a ser adoptada en la región implica una ruptura con los fundamentos del neoliberalismo asentado en el Consenso de Washington. Ello estaría confirmando un cambio incipiente de etapa.30 Si bien aún esta propuesta tiene un predominante sesgo macroeconómico, que descansa en superavit fiscales y tipo de cambio competitivo, se encuentra directamente vinculado a los análisis de aumento de la productividad y de la conformación de Sistemas Nacionales de Innovación31 como motores combinados del desarrollo de las fuerzas productivas en la periferia.

Pero no se debe incurrir en errores de interpretación, ya que es el capitalismo periférico “clásico” el que asoma en la región, trayendo consigo sus conocidas contradicciones, las que son agravadas por sus limitantes estructurales. El elemento distintivo de la etapa es la centralidad del capital pero ahora con preeminencia de la política, como la necesidad de generar consensos amplios para el sostenimiento del equilibrio institucional, luego de las recientes crisis vividas.

En un interesante artículo titulado “CEPAL: viejas y nuevas ideas”, Octavio Rodríguez32 estudia los cambios teóricos e ideológicos de la legendaria comisión, destacando el abandono, por influencia principal de Fernando Fajnzylber del análisis sociológico y los objetivos de distribución equitativa de ingreso y riqueza, redireccionando los esfuerzos de la institución hacia los problemas de la productividad, la competitividad y el desarrollo de entramados institucionales que dieran vigor a la producción. Si a esa matriz se le suma el herramental macroeconómico del nuevo estructuralismo y el poskeynesianismo, tendremos el cuadro fundamental del nuevo desarrollismo. Un deterioro notable del enfoque social, político y económico que deja al nuevo enfoque a poco del consenso neoclásico en lo referente a “paradigmas de sociedad”. El nuevo desarrollismo exceptúa del núcleo del análisis los problemas distributivos, de la equidad, del carácter de la explotación del trabajo y la marginalidad. El mercado de trabajo y la distribución “acompañarán” el proceso de crecimiento de manera residual, pero no estarán en el eje del “modelo” sino como una variable de equilibrio político y estabilidad institucional.

El nuevo dilema latinoamericano reside en el rumbo que tomará el “desarrollo” regional de las fuerzas productivas, la estrategia que se den las diversas clases que conforman su sociedad, en especial las clases subalternas que verán (como hoy lo perciben) que la base del actual modelo aún descansa en la transferencia de riqueza e ingresos de las capas más bajas hacia la cúpula empresaria fundamentalmente ligada a la producción de transables –la fundamental causa de la competitividad local–,33 y el papel que asumirá el estado en la pelea por la distribución de la riqueza.

El alto nivel de transnancionalización de las economías locales supone grados de libertad mucho menores a la hora de “dirigir” el proceso de desarrollo, lo que pareciera reubicarnos en el paradigma del desarrollo dependiente que señalara Cardoso como posibilidad, y con ello, también frente al debilitamiento progresivo de democracia.

III. Democracia, desarrollo y cambio social

El dilema, en síntesis, reside en la posibilidad de reconstruir un capitalismo con cierto grado de dinamismo, basado en la recuperación de políticas públicas y el aumento de la inequidad y la explotación del trabajo, frente a alternativas que tiendan a modificar estructural y superestructuralmente a nuestras sociedades. En gran medida, la actual coyuntura representa una oportunidad para construir discursos y prácticas contrahegemónicos. Esos discursos y prácticas, que debieran generar una mayor participación y organización de la sociedad civil, fundamentalmente en las clases subalternas, y una mayor inserción en las políticas del estado, sólo pueden basarse en una profundización o radicalización democrática34 capaz de reconstruir un imaginario en torno de una sociedad diferente.

En 1983, durante una entrevista, José Aricó (citado en Crespo –sin año–) realizaba controversiales y agudas reflexiones, que a continuación transcribimos, sobre la vinculación entre democracia y socialismo en América Latina:

Así, creo que si alguna vez la idea de la redención universal apareció bajo la forma del socialismo, hoy el socialismo tiene que aparecer bajo la forma de la democracia. Y en este sentido, en América Latina entre socialismo y democracia no hay ninguna diferencia. La conquista de un orden democrático entre nosotros exige hoy una recomposición capitalista. No es necesario que ella se efectúe bajo formas socialistas, pero evidentemente va a ser una sociedad distinta a la actual. Como nosotros no sabemos lo que es el socialismo, como este es lo que no podemos definir porque no parece definible en la circunstancia, o se vislumbra sólo como una idea general. Como no sabemos si va a ser una sociedad mixta, de mercado o de socialización; como ya no estamos dispuestos a apostar a la liquidación de la economía de mercado; como nos parece que una sociedad es más libre cuanto más controla las alternativas de su desarrollo, sintetizando, como no puedo definir lo que va a ser o puede ser el socialismo, diría tan solo que esta recomposición capitalista, para que la democracia pueda ser un hecho en América Latina, exige una intensa participación de la sociedad civil y para mí democratización del estado e inserción en este de la sociedad civil son rasgos que pueden ser definidos como socializantes, como formas socialistas o como socialismo. Así, el mito de la democracia tiene que ser el mito laico que unifique a las fuerzas sociales para recomponerlas. Me parece, entonces, que la conquista de la democracia como un elemento sustantivo en sí, como objetivo ideal en sí, tiende a ser el centro de la operación actual, de recomposición de la izquierda en América Latina.35

La profundización de la democracia (su radicalización diríamos hoy), alternativa que parece haber elegido el pueblo venezolano como vía hacia “su” socialismo, a manera de continuidad histórica de la trunca experiencia de Salvador Allende en Chile, surge como condición fundamental para establecer el “control social de las alternativas del desarrollo”.

Pero ¿a qué desarrollo nos referimos? Sin algún grado de definición –que intentaremos en forma sucinta–, el concepto resulta por demás contradictorio. Como bien sabemos, desde la economía convencional y los organismos financieros internacionales se entiende por desarrollo a la combinación de un aumento en la renta per cápita en un sendero de convergencia con los niveles registrados en los países centrales, combinado con mejoras en ciertas variables de condiciones de vida de la población e indicadores institucionales. Amartya Sen, mencionado más arriba, incluye la promoción de la libertad y las capacidades de los individuos.

Desde una vertiente crítica, Samir Amin afirma que:

El concepto de desarrollo es, por naturaleza, una noción crítica del capitalismo, que no puede reducirse de ningún modo a la idea de crecimiento económico dentro del sistema capitalista y, por esa misma razón, el contenido del desarrollo a que me refiero depende en primer lugar de las fuerzas sociales que lo hacen posible, del contenido del proyecto societario de esas fuerzas.36

Aquí sostendremos que una definición de desarrollo capaz de generar una alternativa social consistente para nuestras sociedades no puede estar desvinculada de estrategias económicas y políticas que los sectores subalternos sumen en su camino de reivindicaciones, así como del acceso a las herramientas públicas de gestión y regulación. Como tesis, en estas notas, afirmaremos que un concepto de desarrollo debiera constituir un puente democrático entre sistemas sociales, un canal que se autodefine desde los avances en derechos sociales y económicos fundamentales y crecientes; en la des-mercantilización creciente de las relaciones sociales y el cuidado del medio ambiente como ámbito de reproducción social. Así, si el desarrollo es incongruente con el capitalismo, puede constituirse en el conjunto de reivindicaciones colectivas que democraticen las relaciones sociales y generen una conexión dinámica, creadora y popular, de carácter no preestablecido.

IV. Planificación estratégica

Si el neodesarrollismo impulsa una fase de crecimiento basado en la profundización relativa de las contradicciones sociales antes mencionadas, el ejercicio de la radicalización democrática debiera generar no sólo expresiones en el ámbito político, sino en el ejercicio concreto de la regulación por parte del aparato del estado. La gestión pública debiera ser capaz de generar transformaciones en el tipo de desarrollo planteado por las elites económicas locales, modificando su dirección y carácter. De allí que resulte fundamental la llegada creciente de las clases subalternas al manejo de ámbitos de gestión pública, estableciendo estrategias coordinadas, así como la presión política de diversa índole sobre áreas y temáticas relevantes.

Carlos Matus, Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción de Chile durante el gobierno de Salvador Allende y especialista en planificación del desarrollo, sostiene que la planificación estratégica permite actuar sobre la dirección del proceso de desarrollo, entendida como

(…) la definición de un proyecto social, que a su vez supone una estructura de relaciones de poder, un sistema básico de relaciones de poder, un sistema básico de decisiones, un patrón de relaciones sociales de producción que caracterizan la sociedad que se busca construir o se pretende alcanzar.37 Esas definiciones se traducen, a su vez, en estructuras de propiedad-distribución, producto-consumo, tecnologías, físico-espaciales del sistema, etc., que guardan una coherencia con el proyecto social propuesto.38

Siendo una opción de la política pública, basada en relaciones de fuerza de índole fundamentalmente política, destaca que la planificación estratégica en el mundo periférico aparece, por un lado, indispensable “para superar el subdesarrollo desviando el curso natural del ‘modelo de mercado’, es decir, disciplinando el cambio y justificándose por él. Por otro lado, para imponerse, debe ‘competir’ con el mismo mecanismo del mercado que desea alterar profundamente, alteración que en el plano de las relaciones entre los hombres significa modificar la estructura de poder en desmedro de quienes se benefician con el juego espontáneo de las fuerzas económicas”.

Frente a la situación dilemática que enfrenta América Latina con el surgimiento de la propuesta neodesarrollista, resulta necesario recomponer un estado desvastado por la política neoliberal, capaz de regular el proceso de reproducción social y el carácter y la dirección del desarrollo. La planificación estratégica del desarrollo aparece como una herramienta operacional sobre la realidad local.

No obstante, es necesario destacar nuevamente que las transformaciones concretas que puedan realizarse descansan fundamentalmente en el fortalecimiento de la capacidad de organización y presión social que puedan lograr las clases subalternas sobre los sectores dominantes. La existencia de un estado permeable y atravesado por la sociedad civil resulta fundamental. Es indudablemente en el ámbito de la política que esta nueva etapa puede convertirse en un cambio de rumbo regional o en la continuación del neoliberalismo “por otros medios” y formas.

V. Comentarios finales

La intención de estas páginas ha sido establecer una serie de problemáticas actuales sobre la experiencia periférica latinoamericana. En particular, el nuevo contexto que abren los cambios ideológicos y políticos que se inician hacia la mitad y finales de la pasada década de los 90.

Destacamos una situación dilemática en que reside el escenario que deja a su paso el neoliberalismo: dos opciones de construcción social que se presentan fundamentalmente como “modelos macroeconómicos” pero que implica paradigmas civilizacionales diferenciados. Por un lado, la profundización de las tendencias del neoliberalismo pero afincadas en un contexto de crecimiento sostenido direccionado al mercado mundial. Por el otro el comienzo de una política de desarrollo integral, entendida como un rumbo de transformación dirigido a estructural nuestras sociedades. El conflicto y las tensiones políticas ya están planteados en nuestra región desde hace largo tiempo. La principal ausencia en este escenario es una estrategia colectiva de inclusión, que incluya en el concepto de democracia radicalizada y soberanía la distribución de la riqueza y cambios en las asfixiantes relaciones de producción que dejan a su paso más de tres décadas de políticas regresivas y antipopulares.

El neo-desarrollismo, con su –corrosiva, muchas veces– crítica al Consenso de Washington tiene grandes posibilidades de convertirse en los hechos en una heterodoxia conservadora que recree las condiciones de explotación y acumulación clásicas de la región. Hasta el momento el esquema aplicado en parte de nuestra región ha dinamizado las economías pero no ha realizado un cambio estructural. Por el contrario, en sus inicios se halla una acumulación originaria basada en el marcado deterioro de los salarios, revitalizando a sectores concentrados, agropecuarios, industriales y financieros. Las mejoras en términos sociales que desde ese momento se generaron van a la zaga de la dinámica de acumulación de capital. El mercado de trabajo y la distribución, son así un residuo de la dinámica privada, en el contexto de una economía cuyas deformaciones estructurales impiden la mejora de las condiciones de vida de quienes han pagado ya varias veces las crisis económicas.

En términos sociopolíticos consideramos al desarrollo un proceso social –no exento de contradicciones– cuya finalidad en el establecimiento de un puente entre sistemas o rasgos sociales fundamentales, basado en la ampliación y profundización democrática, de manera tal de superar los estrechos límites impuestos por las clásicas democracias representantivas.

Asumimos entonces como prioritario el fortalecimiento de la sociedad civil, la canalización de las demandas democráticas y populares fundamentales y el acercamiento crítico de la sociedad civil, en particular de las organizaciones y demandas sociales básicas al estado. Y con ello, el conflictivo rumbo hacia las transformaciones sociales.

Como ocurre con todos los hechos sociales, si las situaciones dilemáticas no son resueltas por quienes sufren injustificadamente sus consecuencias, estas situaciones terminan “resolviendo” a estos últimos, ubicándolos en el casillero de la matriz social en dónde menos estorben y más aporten a la acumulación privada y la concentración de capital.

El presente texto, a la manera de un ensayo, oficia de propuesta de investigación sobre las contradicciones inherentes al nuevo ciclo de expansión de capitalismo periférico.


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Notas

1 Ver por eje: Katz, Claudio. “El curso neo-desarrollista”. Informes especiales, Argenpress, Buenos Aires, 2007; Bresser-Pereira, Luiz Carlos. “Estado y mercado en el nuevo desarrollismo”, julio-agosto, 2007, disponible en http://www.bresserpereira.org.br/ver_file.asp?id=2412
2 Laclau, Ernesto. La razón populista. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2005.
3 Marini, Ruy Mauro. Dialética da dependencia, CLACSO-VOZES-LPP, Petrópolis, RJ, 2000. (primera edición por editorial Era, 1973).
4 Matus, Carlos. Estrategia y plan, Siglo XXI Editores, México, 1998. (Edición original, 1972).
5 Para un análisis del recorrido histórico del estructuralismo latinoamericano, ver Bielschowsky, Ricardo, “Evolución de las ideas de la CEPAL”, Revista de la CEPAL, octubre de 1998, número extraordinario.
6 Para un estudio histórico de la teoría o escuela de la dependencia, ver Palma, G. "Dependencia y desarrollo: una visión crítica", en Seers, D. Teoría de la dependencia. Una reevaluación crítica, Fondo de Cultura Económica, México, 1987; y Blomström, M., Hettne, B., La teoría del desarrollo en transición, 1990, Fondo de Cultura Económica, México.
7 Es relevante mencionar que en gran medida la teoría de la dependencia como continuación histórica del debate iniciado a principio del S. XX por los clásicos de imperialismo, pero también como una ruptura de carácter marxista con la primera.
8 Resulta importante destacar el carácter contradictorio de la figura del notable economista argentino Raúl Prebisch. En tanto teórico, sus trabajos han aportado a debates progresivos sobre el desarrollo no sólo en América Latina sino a nivel mundial, generando una ruptura periférica con el pensamiento neoclásico en el que él se forma. Sin embargo, en materia de gestión política, estuvo vinculado a etapas sumamente regresivas de la Argentina. Por aportar un elemento, luego del golpe a Juan D. Perón, en 1955, fue el responsable de la diagramación de la política económica del gobierno de facto, el denominado “Plan Prebisch”, promoviendo una política de ajuste basada fundamentalmente en caídas del salario real de los trabajadores y una apuesta por la recomposición del poder de la oligarquía terrateniente local, y la adhesión del país al Fondo Monetario Internacional. Ver Basualdo, Eduardo. Estudios de historia económica argentina, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2006.
9 Cardoso, Fernando Henrique. “Las contradicciones del desarrollo asociado”, en Desarrollo Económico, Vol. 14, Nº 53 (Abr. - Jun.), 1974.
10 Dos Santos, Theotonio. La teoría de la dependencia. Balance y perspectivas, Plaza Janés, primera edición en la Argentina, 2003.
11 Política que fue aplicada por FHC en oportunidad de sus dos mandatos al frente de la presidencia de Brasil.
12 Marini, Ruy Mauro. “Las razones del neodesarrollismo”, en la Revista Mexicana de Sociología, número especial, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, México, 1978.
13 El debate consistió en una crítica de Cardoso y Serra a Dialéctica de la Dependencia (1973) de Marini, titulada “Las desventuras de la dialéctica de la dependencia”, y la respuesta de Marini, “Las razones del Neodesarrollismo”. La Revista Mexicana de Sociología (UNAM, México) fue la única publicación que editó, en su número especial de 1978 el debate completo.
14 En este trabajo los autores desarrollan la tesis que Palma definirá como las situaciones concretas de la dependencia que contrasta con los esquemas mecánico formales que caracterizarán a los desarrollos de parte importante de los autores del CESO, siendo este –quizás- uno de los pocos aportes relevantes que hiciera a la teoría de carácter emancipatorio. Palma, Gabriel. "Dependencia y desarrollo: una visión crítica", en Seers, D., Teoría de la dependencia. Una reevaluación crítica, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.
15 Instituto latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social, organismos de la CEPAL.
16 Cardoso, Fernando Henrique. “Las contradicciones del desarrollo asociado”, en Desarrollo Económico, Vol. 14, Nº 53 (Abr. - Jun.), 1974.
17 El concepto es principalmente desarrollado por André Günder Frank, Lumpenburguesía: lumpendesarrollo. Barcelona, Laia, 1979.
18 En vinculación con ello destaca su concepto de “burguesías transnacionalizadas”, que incluye a “sectores locales de los monopolios como a los empresarios nacionales”.
19 Vista por su opuesto es necesario reconocer que esta afirmación abre una gran vertiente de análisis, en tanto evidencia la capacidad del estado para generar sociedad civil; en otros términos, el juego múltiple y -en alguna medida- indeterminado de la superestructura determina cambios en la estructura social; es necesario mencionar que la política estatal generó profundas modificaciones en la conformación de la sociedad civil y la estructura social durante la fase de industrialización, más allá del rumbo que los actores implicados aportaron a la crisis política y no económica, de la etapa (para una aplicación al caso argentino, ver Basualdo, op. cit.). Sobre esta temática, resulta interesante la lectura que José Aricó realiza sobre Marx y sus opiniones respecto de Simón Bolivar, desde una óptica de análisis hegeliano del estado. El trabajo corresponde al capítulo “El Bolívar de Marx”, del libro Marx y América Latina (1982), disponible en http://www.arico.unc.edu.ar/pdf/ElbolivardeMarx.pdf. También puede consultarse a Crespo, Horacio, “Celebración del pensamiento de José Aricó”, disponible en http://www.arico.unc.edu.ar/pdf/crespo.pdf.
20 Dos Santos, Theotonio. Socialismo o facismo. El nuevo carácter de la dependencia y el dilema latinoamericano, Ediciones Periferia, Buenos Aires, 1972.
21 Duhalde, Eduardo Luis. El Estado terrorista argentino. Quince años después, una mirada crítica, Eudeba, Buenos Aires, 1999.
22 Dos Santos, T., op. cit., 2003.
23 Ibídem.
24 Kenneth Arrow, premio nobel de economía de 1972 (compartido con John Hicks), estableció su “teorema de la imposibilidad”, por el cual busca demostrar que las decisiones democráticas no pueden arribar a resultados consistentes, racionales y eficientes, en beneficio de un imaginario “dictador benevolente”. Aquí hacemos referencia al concepto, cuyo resultado, al eliminar a procesos decisorios de mayorías, supone en última instancia la preeminencia autoritaria –y no necesariamente eficiente– del mercado.
25 Amartya Sen: Premio Nobel 1998. Sen, Amartya, Desarrollo y libertad, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2000.
26 Dos Santos, T., op. cit., 2003.
27 Para el caso argentino, ver Fernández Bugna, Cecilia y Porta, Fernando. El crecimiento reciente de la economía Argentina. Nuevo régimen sin cambio estructural, Centro Redes, Buenos Aires, 2007.
28 Bresser-Pereira, Luiz Carlos. “Estado y mercado en el nuevo desarrollismo”, julio-agosto, 2007, disponible en http://www.bresserpereira.org.br/ver_file.asp?id=2412
29 Ver: Chang. Ja-Hoon. Kicking away the ladder. Development strategy in historical perspective, Amthen Press, London, 2002.
30 De allí que empecinarse, como hacen hoy diversos sectores de la izquierda local, en demostrar que las actuales experiencias (por caso, la Argentina citada por el Bresser) son neoliberales representa un error, además de una pérdida de tiempo. Por otra parte supone omitir el carácter diferenciado de las etapas del capitalismo periférico y central. Una posible explicación a esta demora en asumir el carácter distintivo que van asumiendo algunas experiencias podría residir en la complejidad ideológica en que se vería sumida la izquierda latinoamericana (y muy especialmente la Argentina, luego de la experiencia peronista) si se enfrentara nuevamente a una coyuntura en la que las propias autoridades ya no hablan de conciliar con el FMI, de apertura de mercado y desregulaciones, sino de justicia social, desarrollo y distribución, más allá de los efectos reales de sus políticas.
31 Por ejemplo, ver: Nassif, André. “National innovation system and macroeconomic policies: Brazil and India in comparative perspectives”, UNCTAD, 2007, disponible en http://www.unctad.org/en/docs/osgdp20073_en.pdf
32 Rodríguez, O. “CEPAL: viejas y nuevas ideas”, Revista Quantum, vol. 1, Nº 2, 1994.
33 Para un estudio del caso argentino ver: Arceo, N.; Monsalvo, A.; Wainer, A. y Schorr, M. “Empleo y salarios en la Argentina: una visión de largo plazo”, FLACSO y SECYT, mimeo, 2007; y Gambina, J. y colaboradores, (2006) “La política económica del gobierno argentino (2003/2006) www.clacso.org.ar/.../investigacion-tni-julio-de-2006-corregida-al-22-12...
34 Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal. Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2006.
35Aricó, José. “El Bolívar de Marx”, capítulo de Marx y América Latina, 1983, disponible en http://www.arico.unc.edu.ar/pdf/ElbolivardeMarx.pdf
36 Amin, Samir. Más allá del capitalismo senil. Por un Siglo XXI no norteamericano, Paidós, Buenos Aires. 2003.
37 Las cursivas son mías.
38 Matus, Carlos, op. cit.

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