El género policial y su poética: presentación de la colección Huellas

Autor/es: Ana María Ramb

Sección: Comentarios

Edición: 22


Mirado por mucho tiempo como un producto de las orillas literarias, el género policial contempló con la ñata contra el vidrio los banquetes del prestigio cultural, mientras un público popular y heterogéneo lo leía con avidez, y no pocos intelectuales devoraban en secreto sus últimas entregas. En nuestro país, las revistas Vea y Lea y Leoplán daban cauce a esta forma de la cultura de masas, hasta que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares le abrieron la puerta del reconocimiento, a través de la ya legendaria colección El Séptimo Círculo.

Mucho después, Umberto Eco afirmaría que este género es el más metafísico. Ninguna creación literaria escapa a los vendavales de la historia; hoy la literatura policial es, para más de un crítico o teórico, una forma de expresión poética que resulta de nuestro afán contemporáneo de justicia. Se le atribuye descender en línea directa de la novela de caballerías que llevó a Don Quijote al delirio. Los molinos de viento contra los que se baten los héroes de esta narrativa son el crimen y la corrupción. Dijo el ensayista cubano José Antonio Portuondo:

Los caballeros de papel compensan la impotencia, o acicatean la capacidad combativa de los de carne y hueso para desfacer los entuertos colectivos. (...) La novela detectivesca lucha ahora, sin saberlo, por el triunfo de la razón sobre el creciente irracionalismo contemporáneo.

Las variantes más celebradas del policial son el cuento-acertijo según la preceptiva de Edgar Alan Poe, más el discreto encanto del suspense de la novela de Agatha Christie, y el thriller que culmina con la novela negra –en la línea de Dashiell Hammett y Raymond Chandler–, la que pone al desnudo las más ocultas lacras de una sociedad. Junto con el realismo mágico latinoamericano es, tal vez, una de las dos grandes novelísticas del siglo XX.

Como director de la colección, el nombre de Vicente Battista, de incuestionable predicamento, surgió de inmediato. Vicente hizo sus primeras armas en El Escarabajo de Oro, la casi mítica revista literaria que en 1960 fue la continuación de El grillo de papel, prohibido por disposición policial. En el editorial del primer número, Abelardo Castillo da cuenta de su deuda con la corriente sartreana: “La literatura ya no es un modelo de vida; es para nosotros un ‘modo’ de vida. Una manera de caminar prójimos. O, para decirlo con palabra ajena, una forma de compromiso”.

Desde sus más jóvenes años, Vicente Battista asumió la literatura como modo de vida. En 1971 fundó y codirigió con Mario Goloboff la revista de ficción y pensamiento crítico Nuevos Aires. Publicó libros de cuentos y novelas; estrenó una pieza teatral: Dos almas que en el mundo. En 1973 se trasladó a España, y vivió en Barcelona y Canarias hasta 1984.

Entre las distinciones recibidas por su obra, figuran el Premio Fondo Nacional de las Artes (1968) y la Mención Casa de las Américas (Cuba, 1969) por Los Muertos; el Premio Municipal de Literatura por El final de la calle (1990); Premio Planeta Argentina de Novela por Sucesos Argentinos (1995), con un jurado integrado por Abelardo Castillo, Antonio Dal Masetto, José Pablo Feinmann y Juan Forn. Fueron traducidas al francés sus novelas Siroco (Editions Le Mascaret, 1993), y Sucesos Argentinos, bajo el título: Le tango de l’homme de paille (Gallimard, 2000). Su libro de cuentos policiales La huella del crimen tiene versión alemana bajo el título de Sie werden kommen: Kriminalerzählungen aus Argentinien (Ellos vendrán: cuentos policiales argentinos, Edition Köln, 2011).

Entre sus últimos títulos publicados están también El libro de todos los engaños (1984), Gutiérrez a secas (2002), Cuaderno del ausente (2009), Ojos que no ven (2012), y Enlaces y cabos sueltos (Desde la Gente, 2013).

Vicente Battista vive en Buenos Aires y al momento de escribir estas líneas, viaja a Roma para presentar en el marco de la 13ª edición de la Fiera Nazionale della Piccola e Media Editorial, la traducción italiana de su novela Gutiérrez a secas, (Voland, 2014). Nos permitimos concluir esta presentación con un puntillo de gozo y optimismo por tenerlo como director de Huellas. Invitamos a nuestros lectores a seguir sus enigmáticos pasos.

Compartir en

Desarrollado por gcoop.