Teatro para niños en Córdoba: La carreta de Don Matías, de Silvina Patrignoni

Autor/es: Nora Lía Sormani

Sección: Palos y Piedras

Edición: 13


Con cada publicación de una nueva obra de teatro para niños la cultura infantil avanza un pasito más. Y la edición de La carreta de Don Matías, de Silvina Patrignoni, contribuye a dar un paso firme hacia adelante en la consolidación del arte de la escena pensada, creada y ofrecida con compromiso a los niños.

En una época de gran crecimiento y prosperidad de esta disciplina, ya no nos preguntamos para qué sirve el teatro para niños. Porque sabemos que, de forma inmediata y amena, conecta al niño con el mundo del arte y le abre las puertas de la sensibilidad estética, de la reflexión, de la capacidad de emocionarse, reírse y llorar, de comprender diferentes visiones de la vida y del mundo. Y mucho menos en un contexto como el argentino, donde los espectadores niños son millones y, tanto en forma particular como en las escuelas, disfrutan con mucho interés de los espectáculos que los artistas adultos les ofrecen.

Cada nueva publicación es un tesoro. Por eso poder leer La carreta de Don Matías significa poder “vivenciar” de algún modo el acontecimiento teatral en forma de papel, de literatura impresa para que, en manos de los directores de teatro y docentes de las escuelas, pueda volver a la escena para resignificarse y llegar nuevamente a los niños espectadores en distintos lugares del país y del mundo. Un ciclo hermoso e infinito de creatividad. El libro representa al creador y permite la llegada de su tesoro a muchos lugares a la vez. Y permite que, mediante la lectura que cada niño hace, signifique y exprese emociones y pensamientos diferentes.

La carreta de Don Matías, más allá del éxito de sus representaciones en Córdoba y en otras provincias del país, es un texto excelentemente escrito, un texto literario en sí. En su homenaje a Javier Villafañe y su carreta La Andariega, no sólo perpetúa la memoria del gran titiritero argentino, sino también a todos y cada uno de los artistas que siguieron la tradición de las representaciones escénicas itinerantes, un homenaje a todos los retablos que circulan para llevar las artes escénicas a los espectadores. Además, es un homenaje a los títeres y muñecos de los titiriteros que, gracias al arte de sus manipuladores, parecen tener vida propia, alma propia y salen al ruedo en búsqueda de un encuentro entrañable con los niños de los lugares más remotos para cantarles, bailarles y enseñarles que vale la pena compartir momentos mágicos.

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