Estrategias de sostenibilidad en la Economía del Trabajo: los casos de Pashuca y Tinta Roja

Autor/es: Silvina Kornitz

Sección: Investigaciones

Edición: 13

Español:

El presente escrito es un avance preliminar de un estudio más amplio, en el que nos proponemos avanzar sobre la reflexión en torno a las experiencias cooperativas recientemente surgidas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En particular, nos interesaremos en indagar sobre las estrategias que emprenden estas experiencias para garantizar su sostenibilidad, a la vez los límites que éstas encuentran para alcanzarla.
De esta forma, lo que intentaremos describir y analizar son las representaciones y prácticas de los cooperativistas en torno a la sostenibilidad de sus unidades económicas, entendiendo que dicha sostenibilidad incluye tanto al nivel micro como también los niveles meso y macroeconómico.
Al tratarse el presente escrito de tan sólo un avance en este proyecto, es de destacar que el objeto de estudio se circunscribe a dos emprendimientos productivos que hoy trabajan en el barrio porteño de flores, y que otrora integraban la Red de Emprendimientos del Bajo Flores.


I. Introducción

Nuestra indagación se sitúa en torno a las cooperativas de trabajo que surgen “al calor de la necesidad” a partir de los 90, ya sean estas empresas en quiebra recuperadas por sus trabajadores o bien emprendimientos productivos que buscan la reproducción ampliada de la vida de sus miembros. Dadas estas particularidades, en primer lugar, nos abocaremos a marcar el contexto económico y social de surgimiento de estas nuevas experiencias cooperativas y mencionaremos sus principales características, estableciendo sus similitudes y diferencias en relación con las cooperativas “tradicionales”.

Más tarde, haremos un breve recorrido sobre los principales debates teóricos en torno a la sostenibilidad de las unidades de la economía social.

De este modo, y teniendo en cuenta que la sostenibilidad socioeconómica de estas cooperativas no se circunscribe meramente al aspecto microeconómico, nos preguntaremos sobre las estrategias emprendidas por las mismas a nivel micro, meso y macroeconómico. Para ello, trabajaremos en algunas dimensiones en torno a aquellos niveles; indagaremos sobre las prácticas y planificación cotidiana del trabajo, la integración productiva o comercial con otras cooperativas o redes, la relación con organizaciones o movimientos sociales y las representaciones y relaciones que han mantenido con diferentes instancias estatales.

De esta forma, lo que intentaremos analizar son las representaciones y prácticas de los cooperativistas en torno a la sostenibilidad de sus unidades económicas. Haremos especial énfasis en el rol que le atribuyen a su conformación como actor político transformador, identificando –si es que las hubiere- las instancias en las que participan para lograr tal conformación. Asimismo, profundizaremos sobre el vínculo que mantienen con el Movimiento Cooperativo tradicional, aspirando a puntualizar las potencialidades y dificultades de la relación entre los distintos tipos de cooperativas.

II. Algunas palabras sobre el contexto

El 19 y 20 de diciembre de 2001 marcó sin duda un punto de inflexión en la historia de nuestro país. Tras una década de políticas neoliberales encarnadas en el menemato, se coronó un proceso de desindustrialización, privatización y retirada del Estado en general para ceder lugar al mercado. En este marco, fueron importantes las consecuencias sociales y políticas de tal modelo. En lo social, se observa un aumento espectacular del desempleo y subempleo, que junto con las políticas de reducción del gasto público y de seguridad social, significó la sumisión de enormes masas en la miseria. En el plano político, la metamorfosis del rol del Estado vació en gran medida la importancia y eficacia de las herramientas de intervención política, redundando en la apatía y despolitización de la sociedad en general y de la pérdida de poder de los trabajadores en particular.

El movimiento cooperativo se encontró en un lugar nada sencillo, ya que su tradicional valor de solidaridad tenía cada vez menos lugar en ese contexto de hegemonía del mercado y de competencia económica cada vez más desenfrenada; en ese sentido, fueron muchas las cooperativas que terminaron en alguno de dos extremos, ya sea priorizando la rentabilidad y dejando de lado los valores cooperativos, o ya sea ateniéndose a los valores pero sin la rentabilidad suficiente que permitiera la supervivencia de la entidad. Por otro lado, durante ese periodo otras iniciativas económicas asociativas y solidarias emergieron desde situaciones de emergencia: fábricas recuperadas por sus trabajadores, microemprendimientos productivos, clubes de trueque, entre otros.

Al calor del “Que se vayan todos”, momento en que la antipolítica era moneda corriente, ganaron mucha legitimidad las experiencias que, en contraste con la política ‘clásica’, surgían de las bases. Asambleas, ollas populares y colectivos autogestivos de todo tipo parecían ser los actores políticos principales de ese momento histórico en el cual la política estaba bastardeada y por lo tanto corrida del escenario institucional. En lo que respecta al trabajo cooperativo cabe destacar a las empresas recuperadas por sus trabajadores y a los microemprendimientos productivos, que con un trabajo cotidiano de mucho esfuerzo ganaron para sí un enorme reconocimiento de la sociedad por construir una alternativa autogestiva, que no necesitaba de la protesta ni del partido político.

En la década que transcurrió del 2001 a la fecha muchas cosas han sucedido. Nos encontramos con una economía algo recuperada y el aumento de la oferta laboral. Esto ha redundado en no pocos casos en la caída de los proyectos económicos cooperativos, evidenciando así su incapacidad de competir en el mercado y, por lo tanto, la imposibilidad de constituirse como una alternativa económica para sus trabajadores; de este modo comienzan a desnudarse las flaquezas y los techos de las experiencias autogestivas. Por otro lado, en el plano político, nos encontramos con una revitalización de la política como herramienta al ensancharse los márgenes de acción de lo que una década atrás era el discurso y camino único, inseparable del FMI, Banco Mundial y el capital transnacional. De ese modo, vemos una acrecentada politización y la revalorización de espacios institucionales como escenario y herramienta de la disputa política.

En el contexto descrito, las cooperativas no tradicionales necesariamente renuevan su estrategia y táctica tanto económica como política. Al respecto, ahondaremos en qué papel reservan en dicha estrategia para las otras cooperativas y la consolidación de un sólido movimiento cooperativo como así también cómo es concebida la disputa institucional en el Estado.


III. Algunas precisiones conceptuales y debates actuales

III.a. Movimiento Cooperativo

La Alianza Cooperativa Internacional define una cooperativa como “una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada”1. En ese sentido –y dentro del ámbito de cooperativas de trabajo, que es en el cual se inscribe este estudio-, vemos que muchas experiencias que han emergido recientemente en nuestro país -empresas recuperadas por sus trabajadores, como así también a emprendimientos productivos solidarios- se ajustan a esta definición en lo que respecta a la propiedad colectiva y la democracia en el funcionamiento, aunque es algo más problemático lo que refiere a la conformación voluntaria. Es decir, si bien los trabajadores y trabajadoras no fueron coercionados para ejercer tal forma de trabajo, tampoco se encontraron con una libertad plena en la que se guiaron solamente por su propia voluntad, ya que la autogeneración de trabajo era acaso una de las pocas alternativas en el contexto de un mercado de trabajo formal que los había expulsado.

Al haber nacido al calor de la necesidad y la urgencia y hace relativamente poco tiempo, tanto las empresas recuperadas como los microemprendimientos cooperativos se encuentran escasamente institucionalizados. Muchas de ellas no se han conformado en cooperativas jurídicamente, o bien algunas que lo han hecho muestran un funcionamiento diferente a las cooperativas clásicas. Asimismo, a la heterogeneidad de orígenes, forma jurídica y funcionamiento administrativo, le corresponde una dispersa cooperación entre cooperativas y compromiso con la comunidad (sexto y séptimo principio cooperativo, respectivamente). Es decir, cada subtipo de cooperativa lleva a cabo dichas acciones, pero no lo hacen de manera conjunta. Si bien existen instancias de articulación económica y política por parte de las cooperativas tradicionales, en la actualidad otras organizaciones sociales cumplen la función tanto de contener y asistir como de dar marco de proyección política de los valores cooperativos. Vemos en este sentido, tal como lo plantea Hintze2, que las nuevas formas de economía popular no están siendo articuladas y comprendidas por aquellas otras cooperativas tradicionales, de modo que es un desafío que emprendemos desde el campo teórico el buscar marcar los puntos de contacto entre una y otra, buscando el fortalecimiento del sector de Economía del Trabajo sin banalizar ninguna de las formas ni sus especificidades.


III.b. Sobre la sostenibilidad de la Economía del Trabajo

Dado que la Economía del Trabajo surge de la necesidad de los sectores más vulnerables de proveerse de trabajo e ingreso económico, su sostenibilidad se relacionará –al menos en parte- con el desempeño económico de cada una de las unidades. Sin embargo, nos encontramos en este punto con al menos dos perspectivas diferentes en torno a la sostenibilidad, que se condicen con el proyecto económico y político que encuentran en la Economía Social.

Aquellos sectores que ven en la Economía Social la forma de “corregir” ciertas fallas del mercado y su intención es la de reinsertar a los pobres como microempresarios al mercado capitalista, evalúan la conveniencia de sostener una unidad económica en base a lo que tanto L. E. Caballero como José Luis Coraggio denominan “criterio mercantil estricto”,3 el que se asienta en parámetros meramente microeconómicos, equiparables a cualquier otra empresa capitalista que compite en el mercado. Estos criterios, que son incluso aplicados con escaso rigor y poca sinceridad a las empresas capitalistas (no se tienen en cuenta la externalización de costos que supone los salarios por debajo del costo de reproducción de los trabajadores, los daños al medio ambiente, etc.), parten de la intención de interferir lo menos posible con las estrategias de acumulación del capital privado e incluso ampliar el campo donde rige esa estrategia y evalúan en términos de costo-beneficio la intervención estatal, que debiera ser mínima.

Por su parte, un segundo criterio que Caballero denomina ‘sostenibilidad socioeconómica’ incorpora para el análisis factores ausentes en la visión del individualismo metodológico propio de la ‘sostenibilidad mercantil estricta’; en el primero se reúnen los conceptos de producción y satisfacción de necesidades, que están desligados en la economía capitalista. Asimismo, dado que la Economía del Trabajo tiene como objetivo la reproducción ampliada de la vida y no la de capital, necesariamente su éxito debe medirse de otro modo; para la reproducción del capital la población trabajadora resulta estructuralmente excedente, y cada vez más tiende a automatizar procesos y requerir menor trabajo humano, yendo de ese modo en sentido inverso a la Economía Popular, que privilegia la reproducción de la vida, y que si su ‘eficiencia’ se midiera en términos puramente mercantiles le significaría tener que actuar en un sentido contrario a su razón de ser. Es de destacar que este criterio supone el cuestionamiento mismo de la hegemonía capitalista y su ‘tipo-ideal’, la empresa capitalista competitiva. Invertidas entonces las bases mismas del ‘criterio mercantil estricto’ y siendo el objetivo de la Economía del Trabajo –reiteremos- la reproducción ampliada de la vida, es necesario cambiar el eje de análisis de lo micro a por lo menos lo mesoeconómico; las iniciativas de la Economía Social tienen la potencialidad de contrarrestar las fuerzas destructoras del capital si se constituyen en un subsistema abierto pero internamente vinculado por lazos de intercambio, cooperación y solidaridad, controlando las tendencias al lucro desmedido y a la competencia que imprime el mercado capitalista. Adicionalmente a la voluntad de los actores y sus comunidades, la sostenibilidad de las unidades de la Economía Social depende de un contexto que incluye el acceso a bienes públicos no monetizados provistos mayormente por el Estado en sus diferentes niveles. Es decir, adquiere especial relevancia la reforma de lo público, la relación –y la disputa- que se establece con el Estado y por ello también la construcción de la fuerza social necesaria para emprender acciones públicas eficaces.


III.c. Políticas Públicas

III.c.1. Economía a secas o Economía social y política

Como ya lo hemos anticipado en algunas de las líneas precedentes, el modelo neoliberal se caracteriza por la retirada del Estado para dar lugar al libre mercado, celebrando la competencia y minimizando las regulaciones estatales; esta competencia sería la garantía del máximo desarrollo técnico y productivo, el cual no sólo es beneficioso para el capital, sino que beneficiaría luego a los consumidores y al trabajo. El principio de libre mercado es total, y abarca a todas las esferas posibles, incluida la esfera pública: el Estado es concebido como una suerte de empresa que debe también minimizar sus costos y maximizar su eficiencia, lo que implicó la expansión de una lógica economicista en áreas que eran anteriormente de su influencia por una motivación social, tales como la educación, la salud, la cultura. De este modo arribamos a la privatización de muchas empresas de servicios públicos, y a la minimización de la influencia del Estado en política económica, limitándose a diseñar políticas sociales focalizadas tendientes a paliar la pobreza extrema.

Cabe señalar que la instauración de un modelo tan perjudicial para los sectores populares no se produjo en nuestro país sin sobresaltos, sino que se caracterizó por la más lisa y llana represión, y nos costó uno de los episodios más violentos y oscuros de nuestra historia, como fue la dictadura militar que se abrió en marzo de 1976. Sin embargo, resulta obvio que un sistema no se sustenta solamente en factores coercitivos, y necesariamente debe construir pilares consensuales.

En la base del modelo neoconservador existe toda una construcción teórica que ha penetrado la subjetividad colectiva que pone el acento sobre la eficiencia. Esta vanagloriada eficiencia, que deriva de la fe en la autorregulación de los factores económicos para obtener mayores ganancias y minimizar los costos, es el fundamento objetivo del libre mercado, y por lo tanto de la aceptación de la despolitización de las políticas económicas. De este modo, se escinde la política económica de su naturaleza y de sus consecuencias políticas y sociales. Este sentido común neoliberal es advertido por Coraggio4 como un importante obstáculo epistemológico para proponer una alternativa al excluyente modelo neoconservador. Resulta clave entonces reconciliar e integrar los factores económicos, políticos y sociales.

En ese sentido, el de disputarle a la economía hegemónica su pretendida objetividad y necesidad, es de destacar que la expresión “Economía Social” para denominar a los sectores de economía no lucrativa y popular no es de mucha ayuda, ya que tiende a suponer que hay una economía no-social, negando la naturaleza misma de las relaciones sociales que son causa y consecuencia de la práctica económica dominante. En consecuencia es que tomamos en este estudio el término acuñado por Corraggio de “Economía del Trabajo” para referirnos a este sector de la economía que no pone el centro en el capital sino en el trabajo.


III.c.2. Políticas Sociales

Las consecuencias de la globalización, que será una globalización del capitalismo y neoliberalismo, son alarmantes desde el punto de vista social: como insumo del capital, la población trabajadora resulta estructuralmente excedente de manera masiva. De este modo, el trabajo, que en momentos históricos anteriores había servido como sustento del lazo social, se ve seriamente amenazado, y junto con él se ve amenazada la mismísima integración social. Sin embargo, al establecer la separación de la economía de toda forma de injerencia por fuera de sus mecanismos autorregulatorios, la intervención social necesariamente debió cambiar de forma; procurará la integridad social no regulando la esfera laboral como antes, sino dando forma a programas sociales focalizados, destinados a paliar la pobreza extrema. No resulta muy dificultoso ver la íntima relación que existe entre esta forma de política social y el neoliberalismo: los programas sociales son, necesariamente, la contracara de la globalización excluyente. De este modo, se constituyen como última salida antes de la marginalidad, pero de ninguna manera como forma de integrar a los sujetos de manera permanente al orden económico; eso es estructuralmente inconcebible.

Siguiendo a Silvia Duschatzky5, podemos observar cómo la lógica de los programas sociales ha inaugurado y naturalizado una forma de intervención social que necesariamente recorta una concepción de una ciudadanía plena; se priorizan las situaciones de pobreza extrema y las políticas compensatorias, excluyendo la problemática del trabajo y de la igualdad. Análogamente, la fragmentación de la cotidaneidad en programas, grupos-objetivo, etc. engendra la fragmentación de la realidad y de las demandas, de modo que no estimula la formulación de demandas y acciones colectivas, operando nuevamente la escisión de la ciudadanía social de la ciudadanía civil y la política. En este sentido, son muchos los autores que convergen en señalar las potencialidades de la economía popular, solidaria o del trabajo al articular e integrar lo económico, lo social y lo político.

Tomando en cuenta la particularidad que reviste la economía no lucrativa en el actual contexto, el objetivo de nuestro estudio es indagar sobre la consolidación de la economía del trabajo como alternativa contrahegemónica, desde un punto de vista tanto socioeconómico como político. Dado que se encuentran estrechamente relacionados los aspectos micro, meso y macroeconómicos, indagaremos sobre la conexión entre esos tres niveles, haciendo especial énfasis en qué estrategias se emprenden en las unidades analizadas en cada uno de estos niveles para garantizar la sostenibilidad. En ese sentido, nos preguntaremos tanto sobre la organización, administración y planificación a nivel microeconómico como también en torno a la integración productiva y comercial con otras cooperativas y redes. Por último, indagaremos sobre las interacciones que han tenido –o no- con el Estado, qué rol le atribuyen a la política pública y qué representaciones y prácticas tienen en torno al mismo.


IV. Los casos de Pashuca y Tinta Roja

IV.a. Caracterización

Nos concentraremos en dos casos, que son la Cooperativa de Comidas Caseras Pashuca y la Cooperativa Gráfica Tinta Roja, ambos pertenecientes de la ahora diluida Red de Emprendimientos del Bajo Flores.

Es de destacar que estos dos emprendimientos encuentran sus orígenes con posterioridad a la crisis del 2001. Tinta Roja se conforma en el año 2004, y el origen de Pashuca es difícilmente disociable del de Pastas del Sur, que nació en el año 2003. Pashuca comienza como un emprendimiento personal en el domicilio de una de las integrantes de Pastas del Sur ante la necesidad de ésta de un ingreso adicional; más tarde, a raíz del crecimiento del trabajo de Pashuca, la compañera deja Pastas del Sur para abocarse exclusivamente a su emprendimiento, que seguirá creciendo y demandando más trabajo, hasta finalmente tomar una forma de funcionamiento cooperativa desde mediados del año 2009, aproximadamente. Sobresale, en segundo lugar, que en los últimos años adquiere especial relevancia en estos dos emprendimientos el tema de la sostenibilidad de los mismos y la posibilidad de constituirse en una forma de garantizar el trabajo e ingreso necesario para sus miembros; esto se hace patente en el destino que corrió otro emprendimiento cercano, Pastas del Sur, que ante la imposibilidad de constituirse en la fuente de ingreso para sus miembros cierra sus puertas a mediados del año 2010.

Tanto Tinta Roja como Pashuca son emprendimientos algo pequeños en su número –tres y cinco integrantes, respectivamente- y de forma precooperativa; es decir, ninguno está formalizado como cooperativa, aunque Pashuca está en ese proceso. Es de subrayar, sin embargo, una diferencia clave que viene asociada a los orígenes; dado que Pashuca comenzó como un emprendimiento personal, éste se fue ampliando en número de integrantes al compás de una mayor demanda e ingreso, manteniendo siempre un criterio de sostenibilidad microeconónico y constituyéndose desde sus inicios como la principal fuente de ingresos para sus miembros. Asimismo, al iniciarse como un proyecto personal, la etapa de incubación no sólo descansó sobre las espaldas de una sola persona, sino que también fue cuantitativamente más corta al requerir una menor cantidad de excedente (la equivalente para el pago a una sola persona, en lugar de un grupo), y será solamente más tarde que el proyecto se ampliará y tomará un funcionamiento cooperativo. En cambio, Tinta Roja encuentra en sus orígenes mismos el funcionamiento como cooperativa, y al aún no poder constituirse como la fuente principal de ingreso para sus miembros, encuentra comprometida la dedicación misma al trabajo, ya que los emprendedores deben contar con uno o más empleos adicionales. De igual forma, expresan estar en este momento en una ‘etapa de transición’, ya que debieron mudarse de su antigua sede -una casa en comodato a una Asociación Civil- y aún no se encuentran instalados en un lugar fijo. Provisoriamente realizan algunos trabajos en el domicilio de una de las integrantes y en otra gráfica conocida para no perder la constancia con los clientes, pero dicen tener sus perspectivas futuras (de crecimiento) comprometidas en relación al espacio físico que necesitan para trabajar.


IV.b. Sobre las estrategias desde lo microeconómico

En primer lugar, es de destacar que no se notaron grandes diferencias en lo que refiere a las prácticas contables; en lo que respecta al cálculo de costos y ganancias, ambos emprendimientos lo tienen medianamente automatizado teniendo en cuenta los costos de insumos, mano de obra y una ponderación con relación a costos fijos o difícilmente cuantificables (la tinta o los condimentos, por ejemplo). Sin embargo, sí se nota una diferencia en torno a la previsión y planificación a futuro; a diferencia de Tinta Roja, Pashuca no reparte entre los integrantes la totalidad de los excedentes, sino que reserva diariamente el 10% del monto de sus ventas en una caja aparte, destinada a cubrir imprevistos, arreglar las herramientas que se deterioran por su uso y contar con un pequeño fondo para la autocapitalización del emprendimiento.

Si bien la diferencia arriba mencionada es notable en lo que respecta a la posibilidad de plantear perspectivas de crecimiento futuras, nos encontramos nuevamente con similitudes en lo que respecta a dicha planificación; los objetivos que los emprendedores se plantean son bien concretos y a corto plazo. Es decir, en ninguno de los dos emprendimientos nos encontramos con una planificación que pueda ser cuantificada en el tiempo, sino que responde a metas bien materiales (conseguir un espacio físico en el caso de Tinta Roja, mudarse a un local y poder servir comidas allí en el caso de Pashuca) y, que al momento de inquirir sobre el posible plazo de las mismas, apuntaban a no superar los seis meses. En ese sentido, se percibe en ambos emprendimientos que no cuentan con una clara y sólida planificación y proyección comercial y económica por lo menos a mediano plazo.


IV.c. Sobre las relaciones con otros emprendimientos

En primer lugar, es de destacar que la relación con otros emprendimientos se plantea como deseable. Sin embargo, los encadenamientos productivos que se producen son claramente exiguos; muchos de los clientes de Tinta Roja resultan ser emprendimientos, a la vez que Pashuca reserva el lugar de proveedor de sus menues impresos a Tinta Roja y se aboca tambien a la comercialización de la Yerba Mbopicuá. No obstante, la mayor parte de los proveedores no están relacionados con el ámbito cooperativo y los criterios que usan para elegirlos son el justo equilibrio entre la calidad deseada y el precio.

En lo que respecta a las redes con otros emprendimientos, se registra participación pretérita en algunas de ellas; la Red de Emprendimientos del Bajo Flores y la Red de Comercio Justo Tacurú fueron las que contaron con la participación más prolongada, aunque también hubo otros espacios de participación como la Feria del Libro Independiente y A, el Mercado de Bompland y la Feria del Encuentro. Los emprendedores –nuevamente- la plantean como algo deseable; sin embargo, manifiestan también la dificultad de mantener la participación en el espacio dado el reducido número de integrantes del emprendimiento para hacer frente a múltiples tareas.


(...) lo que a mí me choca es que nos da poco tiempo para otras cosas, como que es un laburo que nos lleva todos los días, mucho tiempo el día a día, no podés dejar de estar, inclusive cuando hay pedidos extras... y como que no deja mucho tiempo. Ha habido contactos con el mercado de bompland, pero muy escaso la verdad, no hay mucho contacto. Alguna vez se intento con tacuru, pero no llenó... por ahora la verdad que no... por ahí en un futuro (...) (Micaela, Pashuca)

Asimismo, otra dificultad para participar en redes o espacios colectivos de emprendimientos es la dificultad de que estos espacios –que demandan tiempo por parte de los emprendedores- se constituyan una prioridad para efectuar dicha participación con regularidad. En cambio, se nota que sí hay mayor predisposición a articular con otras experiencias en función de necesidades que hacen al sostenimiento del emprendimiento.

 


Hoy en día estamos laburando, bueno, con el Centro Cultural Flores Sur y con El profesional, que es una cooperativa también de trabajo, en función de poder construir en un predio que se está recuperando en el barrio, una parte sería para estas cooperativas. (Luz, Tinta Roja)

 


Ahora estaba la idea del predio, estaban empezando a hacer juntadas de productivos. Se habló bastante poco acá, pero como que era interesante juntarse, empezar a armar redes, no ser los únicos colgados así del mundo de emprendimiento... que igual me parece que esas reuniones de productivos eran más en lo inmediato y necesario de espacios para laburar que se necesitaban, y no sé si estaban ese tipo de discusiones... y no es que me lavo las manos, porque en tal caso nosotros podríamos llevar la discusión y la verdad es que no lo hicimos (...) (Micaela, Pashuca)

 


IV.d. Relación con otros tipos de cooperativas

En lo que respecta a la relación con otro tipo de cooperativas, se registran contactos puntuales con algunas fábricas recuperadas. En el caso de Pashuca en relación a la cesión del buffet en un festival por la recuperación de IMPA, y en el caso de Tinta Roja su contacto fue con Chilavert a propósito de algunos talleres de capacitación. Es de destacar que, a pesar de trabajar en la misma rama –gráfica- lo que se planteó como imposibilidad para la profundización de la articulación entre las dos experiencias fue lo referido al tema de la escala de producción y el tipo de trabajo, que en el emprendimiento es de muy poca cantidad y diseño muy artesanal.

Nuevamente, nos encontramos con que el vínculo con empresas recuperadas por sus trabajadores resulta como algo deseable, pero que es difícil de sostener al no haber un nexo concreto desde lo productivo y por la escasa cantidad de participantes del emprendimiento.

En lo que respecta a cooperativas más tradicionales, el vínculo es prácticamente inexistente, y a la vez son vistas como cooperativas de otro tipo, que poco tienen que ver con ellos, de modo que tampoco está puesto en cuestión la inexistencia de esa relación ni como norte la reversión de esa situación.


IV. e. Relación con el Estado

En lo que atiene a la relación con el Estado, ambos emprendimientos manifestaron haber tenido intentos de conseguir financiamiento por parte del mismo, ya que se presentó un pedido conjunto desde la Red de Emprendimientos del Bajo Flores para el Programa de Desarrollo Local y Economía Social Manos a la Obra del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en el año 2009. Sin embargo, diversas circunstancias hicieron que finalmente solo Tinta Roja siguiera en el marco del mismo. Recién en estos meses –es decir, dos años después de presentado el proyecto- finalmente el presupuesto pedido fue aprobado y acreditado, con todas las dificultades que esto trajo por la cantidad de tiempo transcurrido entretanto; imposibilidad de comprar todo lo proyectado debido a la inflación, situación cambiante con respecto a la realidad misma del emprendimiento (falta de lugar, concretamente), entre otros. Es de advertir, entonces, que los tiempos administrativos del Estado resultaron difíciles de manejar para estos emprendimientos.

Sobresale, en segundo lugar, la asimilación que encontramos entre “Estado” y “financiamiento”, ya que en ambos casos a la pregunta sobre el Estado los emprendedores respondieron sobre los intentos de conseguir financiamiento por parte del Estado como así también sobre los financiamientos que encontraron por otros canales, entre los que se destacaban las ONG:


(...) hemos recibido subsidios del Estado, ahora recibimos un manos a la obra que se había presentado hace dos años o tres, no, dos años, lo recibimos ahora, con lo complejo que implica recibir un subsidio dos años después y después recibimos financiamiento de Creas que es una ONG digamos, recibimos dos financiamientos de ellos, y creo que ninguno más. (Luz, Tinta Roja)

Por último, es interesante destacar las visiones disímiles que encontramos en cada uno de los emprendimientos respecto al Estado.


(...) en desarrollo social encontrás, encontramos nosotros nos han financiado, ahora nos financiamos, y eso te ayuda y es interesante porque el problema también es que no tenés un capital inicial o un capital suficiente como para empezar un emprendimiento...” (Luz, Tinta Roja)

(...) y... sería ideal la verdad en un mundo feliz y color de rosas que no lo necesitemos, que podamos con lo que saquemos de nuestro bolsillo y lo que generemos nosotros con nuestro laburo. La verdad que está muy difícil en muchos sentidos conseguir equipamiento porque es todo muy caro siempre, y eso... yo por lo menos estoy orgullosa de que tenemos plata para mudarnos, es algo que me produce mucha alegría, pero sé que si lo queremos hacer ahora no tenemos quizás la plata para esto, para comprar los equipos que necesitamos para empezar a trabajar tranquilamente. Y la verdad es que es una ayuda muy grande recibir esta ayuda desde el Estado para eso, para dar el salto que queremos y para seguir creciendo. Me parece que sí, que es importante y sirve mucho, pero no es lo ideal. Seguro no es lo ideal. (Micaela, Pashuca)

Es decir, se advierte que Pashuca, que ya está más avanzado en el sostenimiento económico de su propia unidad, plantea como necesario aunque poco deseable el financiamiento por parte del Estado, acercándose de ese modo al anhelo de inserción exitosa como microempresarios en el mercado y por ende también a una visión de la sostenibilidad ligada a lo estrictamente microeconómico. Por su parte, Tinta Roja –también atravesado por su situación material y a sabiendas de que esa es una situación corriente entre los microemprendimientos de esta índole- visualiza un importante rol por parte del Estado como promotor de estas cooperativas. Sin embargo, al indagar sobre la búsqueda de incidencia en las políticas públicas, la respuesta fue rotundamente negativa; argumentan que no se encuentra entre sus objetivos primordiales la incidencia en dicho campo, ya que se ven imposibilitados de abarcarlo dado su escaso número y difusa situación actual. En cambio, sí se visualiza que


(...) es el ideal, pero como en un mapa mucho más grande [del emprendimiento] (Luz, Tinta Roja)

V. Algunas palabras finales

A lo largo de este trabajo intentamos indagar sobre las estrategias de sostenibilidad de los dos emprendimientos productivos abordados. Nos resulta primordial destacar que a lo largo de la descripción realizada sobresale que, si bien los emprendedores tienen noción de que el destino de la Economía del Trabajo no depende meramente de ellos mismos y saben que la transformación de la economía adquiere más densidad, viabilidad y visibilidad al construir organizaciones y redes más amplias, esto a menudo resulta contradictorio con la dinámica propia de sus actividades cotidianas y la dedicación que requieren para el sostenimiento mismo de la unidad. En ese sentido, es de destacar que las articulaciones que cuentan con mayor regularidad por parte de los emprendedores son aquellas que aportan, concretamente, al sostenimiento de la propia unidad económica.

En segundo lugar, llama la atención la ausencia de planificación a nivel de unidad económica en el corto, mediano y largo plazo; los objetivos que se plantean a futuro son casi inmediatos. Es posible que, por esto mismo, las articulaciones que arriba mencionamos como ‘exitosas’ o al menos sostenidas en el tiempo sean aquellas que aportan a la consecución de estos objetivos de corta proyección. Por ende, podríamos pensar que si bien desde la representación de los emprendedores la estrategia deseada está más afin con una de tipo ‘socioeconómica’, los cortos plazos que se manejan en la planificación y evaluación del emprendimiento empujan hacia una práctica de tipo ‘mercantil estricta’. En ese sentido, se abre toda una nueva serie de interrogantes en torno al vínculo entre la estrategia de sostenibilidad que se adopta y la proyección del emprendimiento en el tiempo, y sobre la posibilidad misma de instrumentar estrategias de planificación por lo menos a mediano plazo que eviten que los cooperativistas caigan el sombrío dilema de sostenibilidad mercantil estricta versus la desintegración, a la vez que permitan vislumbrar una alternativa de desarrollo sostenible, que incluya acciones –y efectos- a nivel no sólo micro, sino también meso y macroeconómico.

Terceramente, es de destacar los obstáculos que encuentran los emprendedores para relacionarse con otros tipos de cooperativas, que se sustentan tanto en distancia en torno a la escala de producción como también en distancia subjetiva; otros tipos de cooperativas son percibidas como experiencias que poco tienen que ver con ellos. En ese sentido, resultaría interesante investigar en el futuro sobre las posibles bases tanto subjetivas como materiales que pudieran abonar a esa articulación en vistas a la generación de una mayor solidez en el sector de la economía popular.

Por último, es importante recordar que este análisis no toma como evidencia empírica a tan sólo dos casos de las experiencias de la Economía del Trabajo, de modo que sus conclusiones son difícilmente generalizables. De todos modos, resultan útiles como primeros pasos de un estudio más amplio a la vez que a los efectos de abonar los debates teóricos citados en torno a la sostenibilidad de este sector de la economía.



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Notas

2 Hintze, S; 2007.
3 Caballero, L. E.; 2004 y Coraggio, J. L; 2008
4 J. L. Coraggio; 1998
5 Duschatzky, S.; 2000.

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