El infierno está encantador, relámpagos oníricos de lo aún no: ¡Que se vayan todos! A diez años del 19 y 20 de diciembre de 2001

Autor/es: Rodrigo Pascual

Sección: Especial

Edición: 13


La noche del 19 de diciembre de 2001 estalló el grito: ¡que se vayan todos! La irreverencia de lo aún no realizado, de lo aún no devenido, del futuro posible, en otras palabras, de una sociedad autodeterminada se expresó en un grito contra el dominio capitalista y su modalidad neoliberal.

Esa noche tuvo la fuerza de un relámpago. Un instante en que todo lo sólido se desvanecía en el aire. Un momento en que el tren de la historia se detuvo para mirar en el pasado y resignificar los presentes. Un instante fugaz en que el mañana se hizo aquí y ahora. El ángel de la historia se expresaba en el juicio del ¡que se vayan todos! Todo lo sólido se desvanecía en el aire conducido por pilotos de helicópteros y producido por la lucha contra el ajuste capitalista.

Son pocos los momentos en que el despliegue de la lucha de clases se expresa con tanta claridad y contundencia: ¡que se vayan todos! y como decía un graffiti, y que venga lo que nunca fue…Lo que nunca fue pero que cada día presiona, reclama su existencia y es atendido a fuerza de voluntad de aquellos que están y lo niegan.

¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo! Ese grito contenía la fuerza de la negación inscripta en la lucha de clases, de lo irrepresentable en la palabra, de lo irrepresentable por ser la emergencia de lo singular, de lo irrepresentable por ser un simple y duro NO a todo lo presente. La fuerza de lo reprimido emergió con toda la dureza luego de un lustro de luchas sociales (nacionales, continentales y globales).

Los trabajos aquí presentados tienen el valor de recuperar la fuerza de aquel NO. Señalan no sólo que el 19 y 20 de diciembre de 2001 fue una rebelión social contra el orden estatuido, sino que en él se condensaba todo un ciclo de luchas contra la hegemonía neoconservadora menemista y, como en un sueño, figuraba el futuro de una sociedad autodeterminada, reconciliada, sin relaciones de dominio y explotación. Pero no se detienen allí, algunos de los autores arrojan hipótesis sobre el presente devenido de aquel “19 y 20”. Las miradas de los autores son contrapuestas. Aunque atienden a un mismo pasado y presente no dejan de antagonizar en sus interpretaciones. Es allí donde este presente encuentra fuerza. Pasado, presente y futuro están abiertos. Precisamente de esa(s) apertura(s) trantan los textos.

Paula Abal Medina con su mirada logra dialectizar el símbolo “19 y 20”. Pero no conforme con ello, avanza hacia el proceso que deviene post 2003. Así logra resituar aquella jornada al interior de una constelación de luchas y disputas sociales. Muestra los múltiples significados que circulaban en aquel presente y que se han extendido hasta el nuestro. Su mirada permite observar como aquel “19 y 20” rompió con la normalidad instaurada con la dictadura militar y, simultáneamente, instalar una nueva normalidad donde el presente no puede dejar de mirar al pasado reciente: el “19 y 20 de diciembre” y sus múltiples significados. Es para Paula Abal Medina en esa multiplicidad de significados que navega el presente.

Alberto Bonnet despeja las posibilidades de otorgar a los “barones del conurbano” lo que fue una insurrección social. También quita del camino la idea de que aquellas movilizaciones fueron un milagro sociológico, es decir, una acción ex nihilo. Logra así recolocar el 19 y 20 de diciembre de 2001 como una insurrección social inédita en la historia de Argentina en la medida en que fuera realizada contra un gobierno constitucional. En tanto tal, Bonnet llama a reflexionar sobre lo que luego de aquellas jornadas insurreccionales quedó reprimido pero que como un síntoma brota en otras partes del cuerpo social. Como dice la publicidad “si la hinchazón no se va el dolor vuelve” y Bonnet nos muestra dónde está ese dolor.

Ana Dinerstein llama a recuperar el poder de lo aún no realizado que se hizo presente en el símbolo 19 y 20 de diciembre de 2001. Primero con Jacques Ranciére y luego con Ernest Bloch. Dinerstein logra capturar en la teoría el poder prefigurativo condensado en el ¡Que se vayan todos! Es en ese grito de negación de lo presente que se condensa en esa exclamación. ¡Que se vayan todos! permite a Dinerstein debatir sobre la imposibilidad del dominio. Es decir, sobre la pretensión de hegemonía que se expresaba en el significante “estabilidad” pero que se mostró imposible y, por tanto, falso en la insurrección social de diciembre de 2001. Es en los deseos de democracia que el grito ¡que se vayan todos! encuentra uno de sus sentidos más profundos.

Adrián Piva muestra la especificidad del dominio capitalista: la separación del dominio político respecto de la explotación económica. Pero no conforme con esa indicación, Piva logra mostrar la unidad en la separación que le subyace y lo hace mostrando como el 19 y 20 impugnado no fue ni un proceso económico, ni un proceso político, sino una impugnación en la lucha de clases que disuelve y denuncia aquella separación constitutiva de las relaciones capitalistas.

Matías Triguboff con la mirada y suspicacia de un Holmes, ayudado de la etnografía antropológica, nos lleva al olvidado “infierno” asambleario. Muestra cómo las subjetivaciones colectivas se construyeron en el calor de la lucha contra el estado de sitio. Pero no conforme con ello, el autor nos llama la atención al rastrear las trayectorias diversas de los asambleistas. Así es como Triguboff muestra que para ser rebelde no hace falta más que ser “gente común”.

Con todo el “19 y 20”, ese símbolo que condensa todo un ciclo de luchas y que quedó grabado como un sueño que aceleró los tiempos y nos condujo a hacer presente el futuro, no puede ser archivado. Nada de lo que vino después pudo hacerlo. Nada de lo que es hoy puede olvidarlo. Nada volvió a ser igual. No lo somos, no lo fuimos, no lo seremos.

Diez años nos separan de aquella insurrección social. Los artículos aquí presentados son un excelente comienzo para comprender el presente que está abierto. Parafraseando a Paula Abal Medina y Alberto Bonnet, aquel “19 y 20” no pudo sino aparecer como un infierno ante los exegetas de la normalidad. Es al calor de ese infierno que el presente se ha ido formando. Nada quedó sin pasar por la llama de los piquetes, las cacerolas y las asambleas. Olvidarlo es imposible. Los textos que aquí se presentan son un indicio de aquella imposibilidad de olvidar y de la necesidad de recordar para actualizar aquella llama.

En síntesis, el “19 y 20” fue un relámpago onírico de lo que aún no es pero que no deja de persistir por ser...

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