10 años del Área de Artes Escénicas

Autor/es: Juano Villafañe

Sección: Palos y Piedras

Edición: 13


El Área de Artes Escénicas (AAE) del Departamento Artístico del Centro Cultural de la Cooperación cumple 10 años. Su coordinador, Jorge Dubatti, ha sido uno de los fundadores del  Área y de nuestro propio Centro Cultural. El trabajo realizado durante todos estos años por el equipo de investigadores del Área tiene estados asociados permanentes entre el hacer académico, la comunicación periodística, la investigación, la crítica, la teoría y el propio hacer artístico. El AAE se ha transformado en un laboratorio y un observatorio de la cartelera teatral de Buenos Aires, de la Argentina, Latinoamérica y Europa. Jorge Dubatti supo darle a su trabajo todos los elementos que pueden permitirse para producir con excelencia investigaciones, nuevos campos epistemológicos, abordajes políticos culturales y territoriales. Este nuevo capítulo de la serie Micropoéticas: el Teatro en la Post-dictadura nos permite reconocer parte de esta trayectoria.

La actividad artística hoy en el mundo requiere ser reconocida desde nuevas categorías y bases epistemológicas. Lo que permite además tener un sentido de la proyección histórica del teatro de Occidente desde el origen de la tragedia como espectáculo hasta nuestros días. Se trata de pensar en nuevas categorías que permitan reconocer los nuevos contratos que se producen entre los hombres en los distintos estados culturales, inclusive en los distintos rituales, en las distintas convivencias grupales. El teatro, justamente como lo considera Jorge Dubatti en su Filosofía del Teatro, es una suma de acontecimientos que establecen relaciones intersubjetivas con grandes potencias de uso dentro de presentes absolutos donde todos piensan y actúan: actores, directores, dramaturgos, técnicos, espectadores. El teatro es su propio interior escénico, el propio ritual del acontecimiento y tiene su afuera que se extralimita permanentemente en una transteatralidad que genera hechos micropolíticos y también macropolíticos. Vivimos una época donde el sentido finalista de una estrategia establecida como conquista única se ha modificado por nuevas estaciones y nuevos miradores que generan un giro en relación a los sujetos y a la forma en que fluyen las subjetividades. No existe una subjetividad única, una verdad única, un destino único. Existen distintas estaciones que van construyendo el camino en cada presente,  si se quiere distintas verdades. Estamos hablando de una nueva construcción del sujeto y una nueva racionalidad de los contratos entre los sujetos. El teatro sabe, nos ha dicho muchas veces Jorge Dubatti y es un gran generador de subjetividades.

Decía en una nota sobre el libro Filosofía del Teatro I que los libros de Dubatti no solo representan las cajas de herramientas, son también las máquinas, como lo es el teatro propiamente: una máquina de pensar, de generar sentidos, subjetividad. Esta colección del Teatro en la Postdictadura viene produciendo una suma de máquinas poéticas y críticas en cada uno de nosotros que somos a la vez también una “máquina subjetiva individual”, como le gusta definir a Daniel Veronese. No se trata sólo de la máquina moderna y de la técnica moderna que pueden representarse únicamente si están en movimiento; se trata de una máquina que es en sí misma el movimiento continuo de producción de sentidos. El teatro es la máquina que representa en sí misma al movimiento. Esta virtud transforma las lógicas culturales de las estructuras que se asocian al sentido técnico de una construcción de “racionalidades científicas”, subestimando la propia producción subjetiva de sentido.  El mecanismo, al reconstruirse, permite a la vez también la diversidad de usos parciales de técnicas donde los contenidos pueden reinterpretarse según las valorizaciones que hace cada espectador que a su vez se siente incluido en la paradoja ritual del colectivo sin necesidad de quedar diluido por el programa previo de una gran máquina rígida y esquemática.

Reconocer hoy el nuevo y necesario campo de conocimiento para elaborar nuevas categorías no implica para nada desconocer las grandes conquistas teóricas y artísticas establecidas particularmente durante el siglo XX. Porque el conflicto de la transformación sigue siendo moderno, más allá de los niveles que puedan alcanzar nuestras propias modernidades y las lógicas comparaciones de siempre entre los centros y las periferias. Pude que alguna vez hayamos sido deudores, quizás estemos ahora ofreciendo inclusive nuevos conocimientos desde Buenos Aires, una de las capitales más importantes del teatro internacional.  

Para un Centro Cultural de las artes, las letras y las ciencias sociales que se ha propuesto como eje central de su política institucional la producción de investigaciones, de pensamiento crítico y político, esta AAE, con la calidad de producción que manifiesta, es fundamental. Instalar la idea de una aventura teórica transformadora y la posibilidad de que cada uno de los investigadores de los Departamentos de Artes del CCC se sientan a su vez identificados como intelectuales con este sentido de pertenencia institucional. El CCC tiene la voluntad y la virtud de proponerse conocer el mundo del arte para transformarlo y desarrollarlo. Se trata de la gran batalla contemporánea: la batalla cultural, que Floreal Gorini defendió al pensar este proyecto. El AAE del Departamento Artístico se pone de esta forma a la vanguardia del campo teórico. Como Director Artístico del Centro Cultural de la Cooperación agradezco siempre poder trabajar con un núcleo de investigadores como el que tiene nuestra Área de Artes Escénicas que además se denomina: de Teoría, Comunicación y Crítica.

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