DT N° 9 - Una Política Industrial para el Desarrollo
Una Política industial para el Desarrollo
Lisandro Mondino y Anahí Rampinini
En este Documento se sostiene que la política industrial nunca desapareció, sino que fue invisibilizada por el discurso dominante. Su regreso a la agenda global responde a tensiones estructurales: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la crisis de las cadenas globales de valor y el agotamiento del multilateralismo. Definen la política industrial como toda acción estatal —horizontal o sectorial— orientada a transformar la estructura productiva y generar desarrollo. Esto requiere planificación estratégica, capacidades institucionales y un Estado con “autonomía imbricada” (Evans) y rol emprendedor (Mazzucato), capaz de asumir riesgos y articular actores públicos y privados en torno a objetivos nacionales de largo plazo.
Desde 2020 se acelera la implementación de políticas industriales, concentradas en EE.UU., UE y China. Sus justificaciones pasaron de la competitividad verde a la seguridad nacional y la resiliencia de cadenas de suministro. El multilateralismo cede paso a acuerdos bilaterales y medidas unilaterales: EE.UU. bloquea la OMC, aplica aranceles selectivos y restringe chips a China; la UE impone regulaciones ambientales de impacto externo (ajuste en frontera por carbono, productos libres de deforestación). Se consolida un nuevo paradigma donde lo geopolítico prima sobre lo comercial.
China, lejos de un “resurgimiento”, mantiene una planificación sistemática desde 1953. Sus planes quinquenales, complementados con estrategias como Made in China 2025 y el Plan de IA de Nueva Generación, buscan autosuficiencia tecnológica, liderazgo en sectores estratégicos y desplazamiento hacia actividades de alto valor. No es un caso de reindustrialización, sino de continuidad en la búsqueda de autonomía.
Para Argentina, el texto concluye que la política industrial no es optativa sino ineludible. Propone construir una planificación de mediano y largo plazo que identifique capacidades existentes (nuclear, espacial, biofarmacéutica, software) y sectores estratégicos, superando restricciones de financiamiento y capacidades estatales. Enfatiza la necesidad de integración regional profunda como condición de escala y resiliencia. Sin esa estrategia, el país quedará expuesto a las reglas que otros definen.

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