Salida por doble vía

29/04/2013

Por Darío Carbón

El comercio bilateral de automóviles y autopartes entre la Argentina y Brasil ha mostrado un crecimiento considerable y sostenido durante la última década. Incluso en estos últimos años, en los que la relación bilateral se volvió más tensa y se sesgó hacia el proteccionismo, el comercio bilateral en dicha industria mantuvo su crecimiento hasta superar el 50 por ciento del total transado entre ambos países.

Sin embargo, el fuerte crecimiento del comercio bilateral de automóviles y autopartes no fue simétrico: el saldo de la balanza comercial ha sido, desde 2003, persistentemente negativo, con excepción de 2009, cuando la Argentina restringió las importaciones debido a la crisis internacional. Este déficit de la balanza comercial ha estado íntimamente relacionado, en los últimos años, con el progresivo deterioro de la industria autopartista nacional.

A mediados de la década de los ochenta, la Argentina disponía de una industria automotriz madura, bien articulada, con un alto contenido local de la producción y una respetable industria nacional de autopartes, pero con costos elevados y limitada salida al mercado internacional. En la década de los noventa, con la aparición del Mercosur y en sintonía con la nueva coyuntura de liberalismo a nivel regional, se produjo un cambio en el régimen automotor que posibilitó el aumento de las exportaciones del sector, pero no libre de costos sino a expensas de un marcado debilitamiento en el entramado existente de la industria. Si bien el nivel de producción alcanzó el máximo histórico, el contenido local de la fabricación automotriz disminuyó de manera sostenida. Buena parte de la producción de autopartes comenzó a migrar hacia Brasil, para luego ser importada desde allí. Con la llegada de la crisis brasileña a finales de la década y la consiguiente disminución de las exportaciones a ese país, se accedió a una nueva reforma del régimen automotor en la que se ablandaron aún más los requerimientos de contenido mínimo local a cambio de que Brasil pudiera sostener sus importaciones desde la Argentina. Estas reformas lograron atender las urgencias de divisas del momento, pero dejaron desprotegida y desarticulada la industria y en condiciones de inferioridad con respecto a Brasil de cara a la recuperación económica iniciada en 2003.

A partir de 2004, se dieron tres fenómenos que no favorecieron a la Argentina: la profundización de los diferenciales de escala con Brasil (y, por lo tanto, de costos), la nueva política regional de las terminales multinacionales que segmentó el mercado dentro del Mercosur en favor de Brasil y el incremento sostenido de la demanda de importaciones de la Argentina debido al mejoramiento del poder adquisitivo. Como consecuencia, se generó una creciente desigualdad comercial entre ambos países que llevó a que, en 2011, el Estado nacional impulsara el establecimiento de licencias no automáticas para la importación de automóviles desde Brasil (al tiempo que el país vecino no se quedaba de brazos cruzados e imponía también trabas al comercio con la Argentina).

Desde el 1º de julio de 2013, el régimen automotor bilateral vigente establece que deberá desaparecer cualquier arancel o limitación al comercio para que se liberalice plenamente. Sin embargo, dada la profundidad del déficit bilateral, las condiciones del mercado y de la estructura industrial argentina, no parece una buena idea liberalizar el comercio debido a que Brasil se encuentra en una posición ventajosa: con superávit recurrente y con exportaciones de mayor valor agregado promedio respecto de sus importaciones. El Gobierno parece haber tomado nota de esto porque, en principio, no estaría dispuesto a acceder a la liberalización.

La salida del déficit persistente debería llegar por una doble vía, una de origen interno y otra externo: en cuanto a lo interno, la Argentina debe reformar su régimen automotor con el objetivo de favorecer la recomposición del entramado de la industria de autopartes y así aumentar el nivel de contenido local en la producción de automóviles, ya que el déficit de autopartes es el principal factor que explica el saldo negativo en la balanza bilateral. En lo que se refiere al contexto externo, es preciso que el Mercosur no replique hacia su interior las mismas reglas que rigen el mercado global. Tiene la posibilidad de llevar adelante una estrategia cooperativa regional, en la que el conjunto de los países miembros busquen maximizar su inserción internacional como bloque, en vez de perseguir el beneficio propio a expensas de otro miembro. El comercio internacional es un juego de suma cero en el que la historia marca que se imponen los países más desarrollados, por lo tanto el Mercosur debe acudir a ese mercado como un bloque sólido, homogéneo y competitivo. De esa forma, tanto la Argentina como Brasil lograrán insertarse con mayores posibilidades de alcanzar el superávit comercial en forma simultánea.

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