No toda deuda es igual

23/05/2011

Por Andrés Asiain

Esta nota de Andrés Asiain es una respuesta a la  similar escrita por Héctor Giuliano sobre la deuda externa (ver La deuda pública nacional de la Argentina) publicada en la revista "El espejo de la Argentina, que dirige el Dr. Juan Gabriel Labake (29 de abril 2011).


No toda la deuda es igual. Quién es el acreedor, en qué moneda está fijada, cuál es el plazo de pago, no son cuestiones sin importancia.

Para ser más preciso, la deuda que se contrajo durante la última dictadura militar y llevó a nuestra nación al estado de virtual colonia de las potencias centrales, era deuda externa. Esto es, deuda a pagar en dólares a acreedores externos. Como la Argentina no fabrica dólares, el pago de esta deuda obligaba a buscar los dólares vendiendo más productos al extranjero de los que importábamos. Cuando ello no se lograba, venía el fantasma de una devaluación, con la consiguiente corrida cambiaria y financiera que conocemos de sobra los argentinos.

Y así, la deuda externa se transformaba en el elemento clave de la dependencia económica que destruía nuestra soberanía política, imponiendo medidas que atentaban contra la justicia social.

Tomando la información que brinda la Dirección Nacional de Cuentas Internacionales, la deuda externa pública, era en el 2001 de casi 88 mil millones de dólares, 3,3 veces el valor de las exportaciones de ese año y 5,8 veces las reservas internacionales (infinitas veces las reservas internacionales netas que eran negativas). Esas cifran hablan por sí solas de la fragilidad externa en que se encontraba la nación. Hoy día, la deuda externa pública es de casi 69 mil millones de dólares, que equivalen al valor anual de nuestras exportaciones y es 1,2 veces las reservas internacionales. Y estos números, que son consecuencia en gran parte de la política de desendeudamiento, reflejan un enorme avance en términos de independencia económica; es decir, en no depender de un crédito externo para mantener el valor del dólar y, por eso mismo, no resignar el diseño de nuestra política económica en un grupo de especuladores internacionales.

Aclarado el punto respecto a la deuda externa y sus implicancias respecto de la independencia económica nacional, pasemos a la deuda pública interna. En términos de sus implicancias, la acumulación de esta deuda y los compromisos que obliga es una cuestión fundamentalmente de distribución del ingreso. Cómo el mismo Lic. Giuliano señala, la gran mayoría de la deuda interna es entre distintos organismos públicos, por lo que su problemática pasa a ser una cuestión de distribución de recursos presentes y futuros entre distintas instancias del Estado. Un tema sin duda importante, pero de mucha menor relevancia para nuestra patria que la deuda externa, pero que igual merece nuestro análisis.

Empezando con la deuda del Estado Nacional con la ANSES. Ésta es una inversión de los fondos de ese organismo cuya conveniencia financiera puede discutirse, pero hay que aclarar que no difiere de las inversiones que hacían con esos recursos las AFJP, que invertían mayormente en títulos públicos. Entonces, el logro de este gobierno ha sido, nada más y nada menos, que terminar con las comisiones del orden del 30% que se quedaban los administradores privados por financiar al gobierno con los fondos del sistema previsional. Respecto del impacto distributivo del pago de esta deuda, es una transferencia de ingresos del Estado Nacional a la ANSES que permite abonar las jubilaciones y asignaciones familiares. Así que pedir el no pago de esa deuda (que Giuliano no ha hecho, pero lo aclaro por si fuera la ocurrencia de alguien que esté leyendo este intercambio de opinión), es un reclamo muy similar al del FMI de pedir un recorte en el presupuesto destinado a financiar gasto social.

Respecto de la deuda del gobierno con el Banco Central ("independiente" según el diseño de los intereses financieros de Washington, que Giuliano parece compartir) que se emite para el pago de deuda externa con reservas, es una cuestión contable que utiliza el gobierno para eludir las restricciones institucionales heredadas del menemismo y pagar la deuda externa con las reservas internacionales sin por eso tener que restringir el gasto público. Entonces cabe oponerse al pago de la deuda externa, pero no a la emisión de deuda con el central para hacerlo, porque de lo contrario se caería nuevamente en la posición del FMI de pedir una mayor "prudencia fiscal" (léase, recorte del gasto social).

Respecto de si es correcto o no pagar la deuda con reservas, dado el precio actual de la soja y el costo de refinanciarla, desde un punto de vista financiero es un momento oportuno de desendeudarse. ¿Y qué mejor uso de las reservas que utilizarlas para avanzar en nuestra independencia económica?

Ello sin considerar cuestiones éticas sobre el origen de la deuda y otros argumentos válidos, pero si un esclavo tiene que pagar por su libertad, ¿quién le puede decir que no lo haga porque esa deuda es inmoral e ilegítima? ¿Quién le puede decir que está pagando demasiado? ¿Cuál es el precio de la libertad?

En cuanto a los cupones atados al crecimiento y los bonos atados por inflación, son compromisos de pagos que si se quiere estimar su valor actual (para tener un valor que pueda sumarse al stock de deuda en el presente), debe aplicarse la fórmula de tasa de descuento. Todo el mundo sabe que no es lo mismo pagar hoy que dentro de 10 años. Al pasar por alto esa diferencia elemental, se está incrementando artificialmente el valor actual de esos compromisos de pagos futuros.

Por último, respecto de la manipulación del INDEC de la que tantos hablan y a la que no pretendo justificar, el toqueteo del índice ha generado un ahorro de unos 13.000 millones de dólares (por bonos con cláusula CER llevados a valor actual)

Y perdón que no de más precisiones al respecto pero no quiero ser funcional a los intereses de los acreedores).

Andrés Asiain es economista, docente UBA e investigador del Departamento de Economía Política y Sistema Mundial del CCC y CEMOP.

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