LA RESPUESTA SUDAMERICANA A LA CRISIS MUNDIAL

08/11/2011

Por Martín Burgos y Leonardo Granato

Tras el histórico triunfo en las elecciones nacionales del 23 de octubre, la presidenta reelecta Cristina Fernández de Kirchner agradeció en su discurso el apoyo manifestado por los líderes de la región sudamericana, haciendo referencia a América del Sur como “nuestra casa”. Esa referencia en su discurso no resulta extraña si se piensa que la actual coyuntura internacional impone la necesidad de integrarse para hacer frente a los embates que genera el propio sistema y la crisis mundial imperante.

América del Sur necesita de una convergencia de intereses y de la consolidación de una identidad propia que sólo puede lograrse a través de un proceso de integración regional. Así lo pensaron los entonces presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, quienes concibieron hacia 2003 una nueva arquitectura de la integración sudamericana basada en el crecimiento conjunto de la región. En este sentido, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) viene demostrando ser de gran utilidad para sus miembros en temas energéticos, de infraestructura, económicos y sociales; temas que constituyen el perímetro de la integración sudamericana. En el mes de agosto, los ministros de Economía de los países miembros de la Unasur se reunieron en la ciudad de Buenos Aires con el objetivo de unificar estrategias para afrontar la crisis financiera mundial. Al participar de la primera reunión del Consejo de Economía y Finanzas de la Unasur, los representantes de las carteras de Economía acordaron la implementación de un plan de acción conjunto para hacer frente a la crisis que tiene como epicentro a los Estados Unidos y Europa, pero que amenaza con extenderse a la región.

Entre los puntos acordados en el plan de acción se encuentran el de fomentar medidas de cooperación técnica para el manejo y movilización de las reservas internacionales, impulsando el Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar); promover el uso de monedas de la región para cursar las transacciones comerciales intrarregionales e implementar mecanismos de financiamiento al comercio; analizar la iniciativa Sistema Único de Compensación Regional de Pagos (Sucre); estimular el lanzamiento del Banco del Sur; y fortalecer la Corporación Andina de Fomento (Caf).

De esta forma, ante una eventual reducción de las exportaciones regionales –a través de una caída en el volumen y/o en el precio internacional-, las herramientas antes mencionadas se orientan a des-dolarizar los intercambios comerciales en la región de forma tal de ahorrar divisas y evitar un “cuello de botella” que ponga en peligro el crecimiento económico de la región

Asimismo, el conjunto de medidas que son parte integrante del citado plan de acción de la Unasur debería favorecer el resguardo de las reservas internacionales de los países sudamericanos, compuestas en gran parte de bonos estadounidenses y europeos. La crisis imperante en esos países podría entonces afectar los activos acumulados desde hace una década por los países sudamericanos, dejando al descubierto los equilibrios macroeconómicos conseguidos en los últimos tiempos. Sin perjuicio de lo reseñado, subyace el modelo de desarrollo sudamericano, un modelo compartido, que busca mantener el crecimiento logrado por sus países, con una distribución de renta que no se había alcanzado de modo permanente y duradero en el pasado, controlando la inflación, profundizando la industrialización, preservando las identidades culturales y favoreciendo un crecimiento y desarrollo armonioso en la región

La forma elegida por los países de América del Sur para enfrentar la crisis contrasta con las medidas implementadas actualmente por la Unión Europea que parece “embarrarse” con programas de ajustes que hacen peligrar los esquemas básicos de su integración y amplían su vulnerabilidad externa.

En este contexto, una lectura sudamericana de la crisis mundial concibe soluciones conjuntas, consensuadas, articuladas en el marco del actual proceso de integración y concertación política sudamericano que recuperó la esencia política del proceso de integración iniciado en la década del ‘80 y que fue abandonado en razón de las directrices neoliberales de los años ‘90.

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