China: ¿Hacia un nuevo centro mundial?

28/11/2012

Por Martin Burgos

La emergencia de la República Popular China como nueva potencia mundial explica que el recambio de sus autoridades tenga una importancia primordial, para el mundo en general y para nuestro país en particular. El crecimiento económico de China en la última década se realizó en el marco de una regulación estatal muy estricta pero con una economía abierta al comercio exterior, favoreciendo de esa manera la constitución de una nueva división internacional del trabajo alrededor del gigante asiático. En este esquema, el intercambio de bienes industriales con sus vecinos de la región asiática son muy intensos, y los países como Japón, Corea del Sur, Taiwán o mismo Tailandia, Malasia y Singapur son los principales proveedores de las partes y piezas que requiere la industria china para su desarrollo. Por otra parte, desde lugares más alejados como África, América Latina y Medio Oriente, provienen los recursos naturales y las materias primas necesarias para su industria y la alimentación de su numerosa población. Por último, los bienes finales fabricados en China son vendidos al resto del mundo, principalmente en Estados Unidos y Europa.

El cambio de los flujos comerciales que implica la implantación de esta nueva división internacional del trabajo no está exento de tensiones con los nuevos socios y con los competidores, y por lo tanto requiere de un fuerte esfuerzo diplomático. Asimismo, el papel de China en la resolución de la crisis económica mundial resulta de gran relevancia, y los nuevos agrupamientos de países –BRIC, G-20- dan claras señales de un nuevo marco para la negociación mundial.

Hacia adentro, el desafío de China ante la merma de sus exportaciones hacia Europa y Estados Unidos consiste en incrementar su mercado interno. Esta solución contiene dos complejidades: por un lado, dado el gran componente importado de la producción industrial china, un aumento de su consumo interno podría conllevar a un déficit comercial, con consecuencias imprevisibles sobre la economía mundial. Por otro lado, esa opción implicaría la adopción de pautas de consumo europeo de parte de la población china urbana, que podrían tensar el equilibrio entre lo político y lo económico, y llevar a aspiraciones de mayores libertades civiles.

China aparece como un país de grandes contrastes, con gran disparidad en la distribución del ingreso, una desigualdad regional marcada, a lo que podríamos agregar conflictos independentistas más o menos abiertos (Tibet). Esos desafíos internos, sumados al escenario internacional cambiante, con distintos conflictos en África y Medio Oriente que ponen en riesgo el suministro de materias primas valiosas, la tensa relación con los vecinos (Japón y las Coreas) y los fuertes desequilibrios económicos con Estados Unidos, forman un conjunto de obstáculos en el camino hacia el liderazgo económico mundial, cuya resolución deberá sustentarse desde lo político.

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