Acomodamientos en un año difícil

10/10/2014

Por Leandro Ziccarelli

Los diferentes caminos macroeconómicos tomados por Argentina y Brasil a partir de 2007 colocan en la actualidad a ambos países ante un estado particular en las relaciones comerciales. Brasil optó por financiarse mediante la cuenta capital, se apreció nominalmente cinco años seguidos hasta que en 2009 la brusca reducción del superávit comercial lo obligó a devaluar el Real un 9 por ciento. Esto le permitió mantener estable su déficit de cuenta corriente y continuar financiándose vía cuenta capital (inversiones directas o en cartera, ambas extranjeras). El nuevo acotamiento del superávit comercial en el bienio 2012-2013 obligó a devaluar nuevamente.
Argentina eligió siempre el crecimiento económico y creció aproximadamente el doble desde 2008 a la fecha, pero con fuga de divisas por cuenta capital. El drenaje de dólares, las corridas y las pesadas cargas de la deuda contraída por otros gobiernos en décadas anteriores impusieron al país prontamente una nueva forma de "restricción externa", que no tiene que ver con que se importa más de lo que se exporta, sino con que no logra retener los dólares superavitarios para aparte de crecer, pagar la deuda y mantener el tipo de cambio.
El año en curso toma a ambos países en situaciones distintas: Brasil apreció el Real y Argentina devaluó y acomodó "por goteo" ese tipo de cambio hacia arriba. Esto, indefectiblemente, lleva a una mejora en la competitividad que si bien está morigerada por los diferenciales de inflación entre ambos países parece continuar beneficiándonos.
En los números, el acumulado de 2014 hasta agosto muestra que Argentina achicó su déficit con Brasil en un 67 por ciento. La caída de la demanda externa de ambos países fue asimétrica pero benefició a nuestro país. El sector más relevante en este cambio fue, sin duda, el automotriz, seguido de otras actividades metalmecánicas y plástico y sus manufacturas. Lo que se observa en general es que la caída de nuestras exportaciones a Brasil es menos rápida que la caída de las importaciones de dicho origen (19% contra un 24%, respectivamente).
En este sentido, la reducción del déficit es buena noticia pero no tan buena señal. Prácticamente toda la mejora responde al diferente impacto que tuvo la crisis en ambos países. Que el balance haya mejorado no deja de implicar que las exportaciones argentinas a Brasil cayeron en 2014 y es un tema a tener en agenda.
Finalmente, y de cara a las elecciones que se avecinan en Brasil, es necesario que la salida a este estancamiento continúe siendo conjunta como lo ha sido durante esta década. Y como parecen garantizarlo el gobierno de Dilma Rousseff y el de Cristina Fernández, a diferencia de las oposiciones que quieren –en ambos casos– redireccionar su comercio a Estados Unidos.

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