Sobre la enseñanza y el aprendizaje de la enfermería

24/05/2013

Marta Salazar, Licenciada en Enfermería y actualmente Vicedirectora de la

Escuela Superior de Enfermería “Cecilia Grierson”, nos ofrece un relato de su experiencia como formadora de enfermeros que responde a las características de las prácticas pedagógicas emancipadoras por cuanto sustenta la enseñanza en una concepción integral de la formación académico-profesional de los estudiantes y utiliza técnicas y procedimientos didácticos que lo posibilitan.

Me inicié en la enseñanza de la enfermería con cinco años de experiencia hospitalaria, pero con una escasísima formación docente que se reducía a la materia Didáctica con 50 horas/cátedra de carga horaria total, cuando cursé la Licenciatura de Enfermería. Como siempre reconocí la importancia de un ejercicio profesional basado en la reflexión sobre la propia práctica y en el compromiso integral con el paciente, no solo utilizaba como profesora las técnicas y procedimientos que había aprendido mientras cursaba la Licenciatura en Enfermería y en mi experiencia como estudiante desde la primaria, sino que fui adquiriendo otros, ya que concibo a la enfermería como una actividad compleja en la que intervienen saberes referidos a la anatomía, la fisiología, la psicología, la química, la antropología, la microbiología, entre otras; pero, además, como una profesión que exige poner en juego, junto con los conocimientos teóricos, sentimientos, voluntades, habilidades psíquicas, motrices y afectivas.

En consecuencia, comprendí que no solo debía enseñar y evaluar los conocimientos teóricos, necesarios para desarrollar los cuidados pertinentes, sino también la habilidad psicomotriz, la responsabilidad, la paciencia, la capacidad de comunicación con colegas, enfermos, familiares, etc.; es decir, que debía  atender al aprendizajes teóricos, psicomotrices y afectivos requeridos. desarrollo de todas las áreas de la conducta del futuro enfermero. Para ello, pensé en la utilización de técnicas grupales tendientes a promover los

Me fue particularmente útil el empleo de la teatralización o dramatización para la internalización de diversos temas, por ejemplo el “Rol de Enfermería en Consultorio Externo”. El hecho de que en ese espacio hospitalario la tarea cotidiana se repita, implica el riesgo de que se subestime su importancia como primer contacto de las personas con el sistema de salud, como lugar clave para lograr la confianza en las instituciones asistenciales.

Una de las formas utilizadas para abordar el tema fue la realización de  dramatizaciones.

Explicaré a continuación cómo: Divido a los alumnos en dos grupos, uno representa al consultorio externo tal como los estudiantes lo conocen de acuerdo a las experiencias vividas como pacientes. El otro representa, el consultorio externo “ideal”, tal como debería ser. Dadas las consignas y los personajes que tenían que representar, (médico, enfermero, empleado administrativo, pacientes, familiares), cada grupo arma el correspondiente guión.

Los alumnos que no actúan son observadores y analizan lo sucedido en la discusión posterior a las representaciones. Lo más importante a considerar es lo actitudinal y lo afectivo-volitivo: el afecto, la confianza, el respeto a los concurrentes al hospital.

De acuerdo a la experiencia personal de los alumnos del 1º grupo (consultorio externo real), el trato no es bueno: se grita a los concurrentes, no hay asientos suficientes, se rechaza a los que llegan tarde a la consulta, sin tener en cuenta la distancia de la que vienen; no hay baños cercanos; las esperas son muy largas. Según mi experiencia docente, este grupo es el que puede desarrollar la dramatización con claridad, mostrando lo que ocurre habitualmente.

El 2°grupo, que tiene que representar el trato y las condiciones ideales, habitualmente, no se adecua a las consignas. Sus integrantes, también muestran maltrato a los pacientes, desconsideración a quienes vienen a atenderse, falta de asientos y de respeto a los turnos asignados previamente.

En el debate posterior, se concluye que los estudiantes no pueden dramatizar una forma ideal de atención porque no tienen internalizados modelos de buen trato en los que puedan basarse para satisfacer las necesidades de quienes acuden a un consultorio externo para su atención. La naturalización de la situación dificulta o impide su modificación. Durante la reflexión y discusión posterior, cada personaje cuenta su experiencia; describe cómo se sintió, que cosas pudo observar, que cambiaría.

Finalmente, entre todos, escriben conclusiones sobre cuál es la importancia del Consultorio Externo, cómo debería ser la atención en él, cómo evitar el maltrato y mejorar la atención, tanto en lo que corresponde al enfermero como a los otros profesionales

Considero que el presentar los temas como problemas a resolver permite a los futuros enfermeros no solo aprender a realizar sus prácticas habituales,  sino, además, a reflexionar sobre la responsabilidad social implícita en su tarea que excede la mera atención física para convertirlos en verdaderos agentes de salud

Hasta acá el relato de Marta Salazar sobre su experiencia como docente en la Escuela de Enfermería. Ahora, su análisis personal sobre la misma

“La formación  en enfermería tiene lugar en situaciones sociales de gran complejidad y ambigüedad que no pueden resolverse por la mera aplicación de conocimientos científicos, ya que el mundo de la enseñanza, como el de la salud, es demasiado fluido y reflexivo para permitir tal sistematización.” (Diseño Curricular, Esc. Sup. Enfermería “C. Grierson” Resolución 1550/03.)

Paulo Freire dice en su Pedagogía del Oprimido: “Si los hombres son seres del quehacer, eso se debe a que este es acción y reflexión. Es praxis. Es transformación del mundo. Y por ello mismo, todo hacer del quehacer debe tener, necesariamente, una teoría que lo ilumine. El quehacer es teoría y práctica. Es reflexión y acción.”

A este aporte del gran pedagogo latinoamericano, agrego, que en la formación para la enfermería, también es necesario estimular el desarrollo de las grandes esferas psíquicas: la intelectual, la afectiva y la volitiva, en la que intervienen los aspectos biológicos, psicológicos, sociales y axiológicos; este último es particularmente importante en la formación de enfermeros.

La experiencia que relato incluye a todos los estudiantes, los invita a participar, a ser actores o público, según sus deseos, a través de una de las expresiones del arte: el teatro. Recordemos que el arte libera, descomprime y también fomenta la creación de nuevos conocimientos.

Los alumnos crean sus guiones basados en sus experiencias previas. El rol del docente es de guía; el de los estudiantes es protagónico, ya no son meros espectadores de la clase expositiva del profesor “sabelotodo”, sino que analizan la realidad, identifican los problemas y buscan las soluciones; todos piensan, aportan; todos crean.

Esos problemas y esas soluciones pasarán a ser los contenidos de la clase, que ellos mismos protagonizaron y crearon.

Porque no alcanza con interpretar el mundo, sino que lo más importante es cambiarlo, una educación liberadora debería ser activa, basada en la práctica y la experiencia del educando en el momento histórico y el contexto social en que vive.

Como la experiencia humana nos plantea problemas que deben ser resueltos y nuestra conciencia es la reproducción de la realidad material, educar debe consistir en enseñar a pensar cómo resolver problemas, a partir del estudio de los hechos y de sus contradicciones. Hay que enseñar al estudiante a pensar y a estudiar, pero dirigiéndose al sentimiento y así protegerlos y educarlos con alegría y libertad.

En el espíritu de las pedagogías emancipadoras o críticas está el intento de modificar los modos de enseñar que, al estar centradas en el docente, casi no  tienen en cuenta al educando como persona ni a su desarrollo intelectual y volitivo y que, en consecuencia, no lo respetan integralmente.
Esta experiencia se basa en la concepción de que entre quienes  aprenden y quienes enseñan se desarrolla una relación dialéctica, que convierte a la enseñanza y al aprendizaje en un proceso bidireccional.
Al análisis realizado por Marta Salazar, sumamos otro aspecto que otorga a su experiencia pedagógica el carácter de emancipadora: ella planifica y desarrolla  la enseñanza considerando que la capacitación inicial del enfermero debe tener como eje organizador la futura práctica profesional. Al hacerlo, logra dotar de sentido y de dirección a la selección y desarrollo de temas, textos, actividades
La Prof. Salazar no concibe al enfermero como un paramédico sino como un trabajador de la salud, como un profesional que cumple una importante función social. Es por ello que integra en su enseñanza la presentación de los conocimientos específicos y generales necesarios y el análisis y discusión de la responsabilidad que implica el rol; pero, esto último no lo focaliza en el aporte de los libros sino de la vivencia personal de los alumnos como usuarios de los servicios de salud

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