"¿Ahora sí, calidad? Tu escuela en números" - Romina Gallucci

20/07/2013

El 8 de abril de 2013 el gobierno de CABA presentó un proyecto de ley para la creación del ente autárquico Instituto de Evaluación y Equidad de la Calidad Educativa (IEECE).

Muchas cosas parecen estar en juego con la creación de este instituto autónomo del gobierno: la creación de un organismo “anti Indec” (en palabras del ministro de educación porteño Esteban Bullrich) pretende recoger información “objetiva” y apartidaria acerca del estado de las escuelas de la CABA. A través de este ente se evaluarían de manera sistemática a docentes y estudiantes de escuelas públicas y privadas para obtener datos que ayuden y efectivicen la creación de políticas públicas destinadas a la mejora de la calidad educativa. Hasta el momento, esta función es desempeñada por la Dirección General de Equidad y Calidad Educativa, a cargo de la Economista y ex investigadora de la Fundación Mediterránea Silvia Montoya.

Si bien la evaluación es inherente a cualquier proceso educativo y no es buena o mala de por sí misma, el gobierno del PRO ha hecho todo lo posible por imprimirle su sello característico. En este sentido y para no caer en análisis maquiavélicos, deberíamos preguntarnos qué se evalúa, cómo se evalúa y con qué objetivos.


Junto al anuncio de la creación del Instituto Esteban Bullrich presentó el “Boletín tu Escuela”, a partir del cual se ofrecería a las familias información sobre cada unidad educativa (indicadores sociodemográficos y educativos), con el fin de que tengan a su disposición datos inherentes a cada escuela. Esta medida tiene como objetivo, entonces, que las familias puedan usar esa información para decidir en qué institución inscribir a sus hijos, poniendo a las escuelas en franca competencia por captar matrícula. En este punto vale reflexionar sobre lo que la propia Ley de Educación Nacional establece sobre la difusión de la información acerca de las instituciones: Artículo 97: “… La política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la identidad de los/as alumnos/as, docentes e instituciones educativas, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización, en el marco de la legislación vigente en la materia”. El Boletín tu Escuela, lejos de favorecer la equidad educativa, fomenta la segregación y la estigmatización de las escuelas que obtengan bajos puntajes en estos índices, castigándoselas de manera implícita – al igual que lo hace el sistema de premios y castigos que fue anunciado por el Ministro de Educación porteño en el que las escuelas que mejoren los resultados podrán acceder a viajes, equipamiento y muebles necesarios. Si bien hasta el momento no hay información sobre la publicidad de la identidad de los alumnos o alumnas de las diversas escuelas, sí existe el anuncio del Gobierno de ofrecer los "indicadores siociodemográficos y educativos" de las escuelas, lo cual, claramente, sería la punta de lanza de la competencia interescuelas. Esto generaría, a su vez, que cada familia elija la escuela para su hijos e hijas, cayendo en la falacia de que cada quien es dueño de su propia libertad de elección.

Tal como han sido presentadas estas medidas, el derecho a la educación parece depender de los resultados finales de una evaluación (en el caso de la evaluación de la calidad educativa) y de éxitos y fracasos de los niños y niñas dentro de las escuelas, contempladas en forma individual y aisladas de su contexto sociocultural. El Boletín tu escuela es una medida que acompaña en su sentido ideológico, político y pedagógicamente conservador, al proyecto de creación de un Instituto, que en forma autárquica, mida la calidad educativa. Pero para continuar el análisis de lo que implica este instituto, vale adentrarnos en qué sujetos piensa el PRO cuando cranea estas iniciativas: se presupone por parte de los decisores de políticas en la Ciudad que el simple hecho de conocer los resultados de la medición de calidad llevará a las familias a elegir una u otra escuela para sus hijos/as, como si la educación fuese una inversión y los padres fuesen sujetos del cálculo movidos solo por el interés de maximizar los beneficios de sus hijos e hijas. Conocer los datos estadísticos de una escuela no siempre ayuda a comprender el proceso por demás complejo que significa la construcción de conocimientos y la institución educativa como un espacio de socialización. En las evaluaciones estandarizadas estas funciones de la escuela quedan en segundo plano o directamente relegadas, en pos de abarcar con mayor precisión lo concerniente a los aprendizajes adquiridos.

El derecho a la educación no debe depender de una serie de criterios estadísticos fruto de los resultados de evaluaciones estandarizadas, como así tampoco de un sistema de premios y castigos basados en un criterio individualista. Este “saber calificado” parece querer dejarnos a un lado de las decisiones importantes, que tienen que ver con el “para qué” de la educación, con hacer hincapié en los diferentes contextos culturales de los alumnos y en la diversidad de sus trayectorias sociales.

Los numerosos saberes transformados rápidamente en números tienden a borrar el trasfondo político de la educación. No es la puesta en escena de la competencia de mercado en el sistema educativo lo que nos permitirá pensar de manera crítica a la educación como un proceso. Tal vez es aquí donde puede rastrearse aquel sello característico del PRO que mencionamos al principio. El trabajar sobre números no es suficiente cuando lo que se encuentra tras ellos son desigualdades sociales.

Todo parecería indicar que el hincapié que hace el PRO en los resultados de la medición de la calidad educativa tiene como objetivo poner el foco del problema en cada escuela, en cada equipo docente o en cada alumno; como si los factores que inciden sobre el desempeño escolar pudiesen encontrarse y solucionarse de manera aislada, o como si el problema fuese de la escuela, los niños o jóvenes y no del Estado.

Por último, nos parece pertinente pensar acerca de si es correcto concentrar los esfuerzos en nivelar los resultados de evaluaciones estandarizadas y dejar fuera de la discusión el carácter político social de la educación. Adelantándonos un poco, podemos responder que la educación de calidad es aquella que forma sujetos libres, capaces de razonar críticamente, que respeta la diversidad cultural y que ve en ella una potencialidad para la construcción de nuevas pedagogías.

Lo hasta aquí planteado nos permite dar cuenta que el término “calidad” tiene un carácter polisémico que es importante cuestionar. Si bien a muchos nos remite a la lógica empresarial propia del neoliberalismo, existen otros actores que desde una perspectiva distinta y en defensa de la escuela pública han resignificado el término resaltando la importancia del derecho a la educación y devolviéndole a la discusión el carácter político que el PRO ha querido borrarle.

El desafío de la educación es construir sujetos críticos en un mundo complejo y heterogéneo, esto es diferente a reproducir sujetos pasivos con una educación fuertemente sesgada por la lógica mercantil. Lejos de una lógica individualista que caracterice a la escuela como la responsable de las desigualdades sociales y a los padres como arquitectos del futuro éxito o fracaso de sus hijos, resaltamos la importancia de su carácter y político.

Romina Gallucci

Observatorio de Políticas Educativas

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