De la tercera invasión a la provocación

24/02/2012

Por Horacio A. López

Subdirector del Centro Cultural de la CooperaciónFloreal Gorini”.

Muy pocos argentinos saben que el origen del nombre Malvinas es debido a que una expedición francesa, venida desde el puerto de Saint Malo de Francia, descubrió el sur del archipiélago en 1701. En 1706 los malouinos (de Saint Malo) exploraron sus costas. De allí lo del nombre Malvinas. Por Tratados entre Francia y España, las islas pasaron bajo soberanía española en 1767. En 1817 el gobierno de Buenos Aires manda en la nave de guerra 25 de Mayo un destacamento militar, aunque ya se venía ejerciendo la jurisdicción argentina en la costa patagónica antes de terminar la guerra de la Independencia, realizándose actos de dominio en 1811 y 1815.

Estados Unidos reconoció a las Provincias Unidas del Río de la Plata como Estado independiente en 1822; Inglaterra en 1825. Ni uno ni otro hizo reserva alguna con respecto a los límites y extensión territorial que le correspondían al ex virreinato.

Los ingleses concretaron su tercera invasión a nuestro país ocupando las islas Malvinas el de enero de 1833, con el aval diplomático de Estados Unidos hecho explícito ante las autoridades de nuestro país.

En 1833 los barcos de guerra argentinos no fueron a Malvinas a reparar la afrenta; en 1842 Juan Manuel de Rosas, de manera claudicante, dio instrucciones a su ministro plenipotenciario en Londres para queexplorara si habría disposición de Su Majestad Británica a hacer lugar a una transacción pecuniaria, que sería para cancelar la deuda pendiente del empréstito argentino, ofertando como pago las islas Malvinas. Los británicos contestaron con ironía que así accedieran a la negociación propuesta, el valor de Malvinas no alcanzaría para pagar la deuda que nuestra nación ya tenía con ellos.

Diversos reclamos de gobiernos democráticos argentinos en distintas épocas chocaron contra la intransigencia de los ingleses, quienes siempre priorizaron el valor estratégico de detentar la soberanía sobre las islas.

Los catastróficos errores de cálculos de la dictadura militar en 1982, que la hacían suponer que los Estados Unidos y su presidente Reagan serían por lo menos neutrales en la guerra de Malvinas, se basaban en dos premisas: el aporte de los militares argentinos en la llamadaguerra contra la subversión marxistaen el país, y la posterior participación de los genocidas criollos en la lucha contra el mismo enemigo ideológico en los países centroamericanos, junto a la aplicación en la región del llamado Plan Cóndor, en el marco de la Guerra Fría. Con lo cual suponían los militares de aquí ser fuertes aliados del imperialismo yanqui.

En el conflicto en sí, no previeron que EE.UU. ignoraría el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), y que además le pasaría información satelital a los ingleses sobre la ubicación de los barcos de guerra argentinos; ni que Francia informaría a sus socios británicos sobre las claves para neutralizar los misilesexocety la cantidad de ellos que dicho país había vendido al nuestro.

Lo que tampoco previó la dictadura fue el apoyo de los llamados Países No Alineados y la oferta incondicional de Cuba, la Nicaragua sandinista y el Perú, de enviar sus Fuerzas Armadas a luchar junto a nuestro pueblo, ofrecimiento que, obviamente, los militares genocidas no aceptaron.

Ahora nuevamente Nuestra América vuelve a hacer suya la causa de las Malvinas: así se manifestaron los países del Mercosur, la Comunidad de Estados de Latinoamérica y El Caribe (CELAC) en diciembre y más recientemente, este año, los países integrantes del ALBA. Nuestro gobierno ha llevado adelante una política diplomática efectiva y ha sabido recoger la solidaridad y el apoyo de aquellos países hermanos que, a su vez, recibieran anteriormente la solidaridad y el apoyo de la Argentina, como sucediera en los casos de tener que enfrentar los golpes de Estado en Bolivia, Ecuador, mediar en el conflicto entre Venezuela y Colombia, condenar en forma efectiva el golpe en Honduras, ser parte activa en la construcción de Unasur, etc.

Al viejo león imperial venido a menos no le quedan más recursos que la prepotencia y la provocación, enviando príncipes y elementos bélicos. A la Argentina le asisten la razón, la legalidad y la solidaridad nuestramericana.

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