Salud y educación...¿el mismo dicho?

17/08/2015

Liliana Capuano, integrante del Grupo de reflexión del CCC, nos ofrece un vívido relato de su internación en el sanatorio de los docentes de la CABA que ejemplifica el deterioro sufrido por la atención de la salud de los trabajadores de la ciudad en los últimos años. Las políticas vigentes, favorables a la privatización de lo público, atentan no solo contra la dignidad de vida de los ciudadanos sino que afectan, en particular, a los trabajadores de la salud y de la educación carentes de las condiciones necesario para desempeñar en plenitud las importantes funciones que les incumben

Salud y educación...¿el mismo dicho?

El miércoles 25 de junio de 2014 me operaron de la cadera en el sanatorio Julio Méndez de ObSBA,  obra social de los trabajadores de la Ciudad de Buenos Aires. Ya había pasado por una intervención similar de la cadera derecha hacía 4 años. Esa fue la primera vez que me internaba en el sanatorio Méndez, ya que no había necesitado hacerlo antes, y quedé muy conforme con la atención recibida; si bien la hotelería no era de lo mejor, para mí fue la necesaria.

Esta vez, luego de 6 días de internación, regresé a casa feliz de que la operación hubiera salido muy bien, pero con un sabor amargo debido a los cambios observados en esta nueva internación. El  equipo médico, tan bueno como el anterior, el personal de enfermería intentando llevar a cabo lo mejor posible su tarea, pero la enajenación de estos trabajadores me pareció terrible !!!!!

Deben “atender” bien a las/os enfermas/os, hacerlo en tiempo y forma, preparar la medicación para cada uno, cambiar la ropa de cama y a los pacientes las veces que sea necesario, contenernos, escuchar nuestros reclamos y los de nuestros familiares y amigos… Ante las quejas, lo primero que aparece es: No alcanza el personal, somos dos para tantos enfermos, no toman más enfermeras/os...; pueden imaginarse como nos enojan esas respuestas. Por suerte formo parte del “Grupo de reflexión sobre la práctica docente”, en el que desde 2009 estamos investigando qué pasa con la educación y con los maestros en las escuelas. Una de las primeras conclusiones a las que llegamos es que los docentes, como el resto de los trabajadores, están enajenados y una de nuestras preguntas es que pasa con los alumnos que día a día deben vivir su educación junto a quien se la brinda, desanimado, frustrado…, ese alumno se enajena también???

Digo que por suerte investigo junto a mis compañeras y compañeros este tema, porque luego de enojarme por lo que nos ocurría en la internación y muchas veces en las consultas médicas de cualquier hospital o sanatorio, puedo correrme y darme cuenta que ellos también están enajenados, si me permiten primero daré algunos ejemplos, de lo que ocurre en la internación y luego agregaré otros de la salud en general, léase esto no como una denuncia contra la persona individuo, sino contra un sistema...

Algunas anécdotas: el cirujano me indica usar venda elástica, le solicito a la enfermera que me la coloque, respuesta, nunca vi que soliciten esto, ¿por qué lo hará? Usted tendrá otro problema (?)

Pedir que te traigan la chata a veces te lleva 2 horas hasta lograrlo, cuando se pregunta el porqué de esa demora, las respuestas pueden ser, no hay personal y tuvimos una urgencia en tal habitación, nadie me avisó que me necesitaba, o como le ocurría a mi vecina de habitación, una señora mayor que esperaba hacía una semana que la operaran de fractura de cadera, “Pero mamita porqué no hace en el pañal”. Ella, una mujer lúcida, dice: Yo no quiero hacer en el pañal (!!!), por supuesto, a veces no le queda más remedio que usarlo y pueden pasar 2 horas más hasta que la higienicen. Cuando la limpian, recibe diferentes indicaciones: “No haga en el pañal, usted tiene piel muy sensible, se está escaldando, le conviene la chata...” o, “¡Cómo tiene esa lastimadura! Use tal o cual crema, no mejor use talco, mejor pida que la laven más seguido” y muchas otras cosas, también ocurre: No tenemos fundas para la almohada, no hay sábanas, uso la de arriba, abajo, la tapo con una colchita...”

Cuando estamos sanos, nos parece casi imposible que entregaremos nuestro cuerpo para que nos laven, nos dejen desnudas y hacemos esto casi como si nada, pero lo hacemos...y sin darnos cuenta quedamos expuestos no solo a quien le corresponda higienizarnos, sino a cualquier enfermero, médico o profesor de las enfermeras que hacen sus prácticas; todos/as entran, sin presentarse, sin pedir permiso, saludan a los gritos a sus compañeros, o en el caso del profesor se sienta a evaluar el trabajo de las estudiantes, y una ahí ….

También hay trabajadores muy diferentes, son muy respetuosos del enfermo, suaves para cambiarte, se interesan por lo que te ocurre, también explican que no alcanza el personal, piden disculpa por las demoras....y otras cosas.

Siempre en las reuniones del Grupo de reflexión, nuestra compañera Marta Salazar, profesora de  la Escuela de enfermería, “Cecilia Grierson”, nos explica la preocupación que tienen para que los estudiantes revisen día a día su práctica, que recuerden que deben tratar a los enfermos como quisieran que los traten a ellos, que sean respetuosos con el dolor del paciente. Seguramente lo mismo debe ocurrir en los otros institutos de formación, ya que cuando llegan las/os practicantes, se los ve sonrientes, se acercan dulcemente, no gritan cuando hablan entre ellas, atienden con suavidad; es raro que cuando te mueven te produzcan dolor; si no es necesario no te despiertan. Al agradecer tanto afecto, su respuesta es: “A nosotros nos dicen que tratemos a los pacientes como queremos que nos traten en la misma situación”. Y nuevamente aparecen las palabras de Marta, y me invade la esperanza, como me ocurre con la educación por ser tantos los maestros/as que pensamos en el cambio, con los que de a poco nos vamos encontrando. Pero tanto en educación como en salud, el malestar que produce trabajar en condiciones desgastantes lleva a la automatización,  a la impaciencia, a la impotencia frente a situaciones imposibles de resolver por falta de medios

Cada maestro con su librito y ¿cada trabajador de la salud también con su librito?, creo que es así;

chata no, chata si, crema no, crema si, venda no, venda si y en otros casos que me atañen de cerca, la obstetricia, ya que mi hija mayor estaba embarazada de su tercer hijo, donde los dos anteriores nacieron por cesárea, ella quiere un parto respetado, las respuestas a esto de profesionales que no la conocen son variadas; en una guardia el obstetra joven que la ve por primera vez, le dice al enterarse de sus dos cesáreas anteriores, bueno querida ahora aprovechá a ligarte las trompas, estoy cansado de ver mujeres que se mueren por seguir teniendo hijos (….) Sabe algo de esta mujer qué tiene delante?, sabe si su ideología y la de su pareja aceptan esas ideas??

Su última obstetra en la tercer consulta le pregunta: sos nueva, tenés historia clínica?, no te mando a hacer el curso de preparto porque vas a cesárea (??) y la relación vincular de confianza con esa institución que no conoce, cómo la hará?, será necesario parir de manera “natural” para mejorar tus conocimientos y los de tu pareja para llegar a ese momento tan especial?, Cada médico con su librito...por supuesto ella sigue investigando, llega a otros servicios que la contienen, la escuchan y la ayudarán lo mejor posible.

En el grupo creemos que hasta no cambiar la mirada a ese estudiante y la familia, una mirada que lo empondere, que le levante la estima, que reconozca en cada uno lo mejor que tiene y lo que puede dar, que le haga “desear” ir a la escuela y estudiar”, será lo que ayudará a cambiar esto que nos pasa en las escuela, también a los maestros se los debe emponderar, mirar, acompañar, crear los mejores vínculos con la institución....

Creo que algo parecido sucede con los trabajadores de la salud y los enfermos, la enajenación de los primeros, les lleva a perder el camino, de mirar al otro, de respetarlo, de sentir su dolor, de acompañarlo...por supuesto al igual que nos ocurre a los educadores, les ocurre a muchos de ellos, hacemos otra cosa, respetamos, nos vinculamos, escuchamos, acompañamos, estudiamos lo que nos permita ser mejores en nuestro trabajo, buscamos referentes en colegas de ayer o de hoy, no es que dejamos de estar enajenados, sino, que al darnos cuenta de eso en lugar de bajar los brazos para preservarnos, nos involucramos y hacemos la diferencia...

A continuación, los comentarios de Stella Zuccarino que, además, de contribuir a la comprensión  de los problemas planteados por Liliana Capuano proponen la acción conjunta de los afectados como alternativa superadora de la degradación de las condiciones de vida en nuestra ciudad

Al leer el relato de Lili pensé inmediatamente en dos temas que en distintas oportunidades hemos conversado en nuestros encuentros de reflexión. Por un lado que la alienación del trabajador en el mundo capitalista no es un hecho aislado sino que es una problemática que nos une en cuanto a asalariados generadores de plusvalía. Que los riqueza producida por los trabajadores sea apropiada por otros suena más contradictorio cuando el empleador es el propio Estado.

Por otra parte, el tema de las distintas miradas que se tienen sobre una determinada realidad y que al igual que en la Escuela, puede hacer la diferencia entre un profesional y otro, entre cosificar o humanizar a las personas se encuentren en el ámbito que se encuentren.

En el marco de la inspiración que nos provee Olga Cossettini y bajo el principio de que el punto de partida es la realidad con todas sus complejidades, sería interesante  por ejemplo un acercamiento de la Escuela del Barrio al Hospital del Barrio para abordar distintos temas, no sólo de carácter humanitario sino también biológico, social, estadístico, donde se fomenten valores como el compromiso, la solidaridad, el respeto.

Como siempre, quedamos a la espera de la palabra de nuestros lectores

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