La izquierda y el balotaje en Brasil

Artículo de Atilio Boron acerca de la trascendental elección presidencial en Brasil el próximo domingo, en la cual mediante un ballotage se definirá si Dilma Rousseff tendrá un segundo mandato o si será en cambio Aecio Neves quien llegue a la presidencia.
ballotage en brasil entre dilma y aecio
(Por Atilio A. Boron) Obedeciendo a un orden directa de Adolf Hitler, el 18 de Agosto de 1944 Ernst Thälmann moría fusilado por las SS en el campo de concentración de Buchenwald. Su cuerpo fue inmediatamente cremado para que no quedara vestigio alguno de su paso por este mundo. Thälmann había llegado a este tétrico lugar luego de transcurrir los anteriores once años de su vida en la prisión de Bautzen,  donde fuera enviado cuando la Gestapo lo detuvo –al igual que a miles de sus camaradas- poco después del ascenso de Hitler al poder, en 1933. En esa prisión fue sometido a un régimen de confinamiento solitario cumpliendo la pena que le fuera impuesta por el imperdonable delito de haber sido fundador y máximo dirigente del Partido Comunista Alemán. Thälmann era además uno de los líderes de la Tercera Internacional, que en su VIº congreso -celebrado en Moscú en 1928- había aprobado una línea política ultraizquierdista de “clase contra clase”. Esta se traducía en la absoluta prohibición de establecer acuerdos con los partidos socialdemócratas o reformistas, fulminados con el mote de “socialfascistas” y caracterizados sin más como el ala izquierda de la burguesía.  Ni siquiera el mortal peligro que representaban el irresistible ascenso del nazismo en Alemania y la estabilización del régimen fascista en Italia lograron torcer esta directiva. León Trotsky se opuso a la misma y no tardó en condenarla. Y desde la cárcel Antonio Gramsci le confesaba a un recluso socialista, Sandro Pertini, que esa consigna que debilitaba la resistencia al fascismo “era una estupidez”. Tanto el revolucionario ruso como el fundador del PCI eran conscientes de que el sectarismo de esa táctica expresaba un temerario desprecio por el riesgo que presentaba la coyuntura y que su implementación terminaría por abrir la puerta a los horrores del nazismo, clausurando por mucho tiempo las perspectivas de la revolución socialista en Europa. La Tercera Internacional abandonó esa postura en su VIIº y último congreso, en 1935, para adoptar la tesis de los frentes populares o frentes únicos antifascistas. Pero ya era demasiado tarde y el fascismo se había enseñoreado de buena parte de Europa.
El supuesto que subyacía a la tesis del “socialfascismo” era que todos los partidos, a excepción de los comunistas, constituían una masa reaccionaria y que no había distinciones significativas entre ellos. Llama la atención el profundo desconocimiento que esta doctrina evidenciaba en relación a lo que Marx y Engels habían escrito en el Manifiesto Comunista. En su capítulo II dicen, por ejemplo, que “los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.  …. Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.”  Y Lenin, a su vez, durante el curso de la Revolución Rusa reiteradamente subrayó la necesidad de que los bolcheviques elaborasen una política de alianzas con otras fuerzas políticas que preservando la autonomía e identidad política de los comunistas pudiese, en dadas ocasiones, llevar a la práctica acciones e iniciativas concretas que hicieran avanzar el proceso revolucionario. Había, tanto en los fundadores del materialismo histórico como en el  líder ruso una clara idea de que podía haber partidos obreros, o representantes de otras clases o grupos sociales (la pequeña burguesía es el ejemplo más corriente) con los cuales podían forjarse alianzas transitorias y puntuales y que nada podría ser más perjudicial para los intereses de los trabajadores que desestimar esa posibilidad y, de ese modo, abrir la puerta a la victoria de las expresiones más recalcitrantes y violentas de la burguesía. Volveremos sobre este tema más adelante.

Lo anterior viene a cuento porque en los últimos días muchos compañeros y amigos del Brasil me hicieron llegar mensajes o artículos en donde anunciaban su intención de abstenerse en el ballotage del 26 de Octubre, o de votar en blanco o nulo, con el argumento de que tanto Aécio como Dilma eran lo mismo, y que para la causa popular daba igual la victoria de uno u otro. El pueblo brasileño, decían, sufrirá los rigores de un gobierno que, en cualquier caso, estará al servicio del gran capital y en contra de los intereses populares. El motivo de estas líneas es demostrar el grave error en que se incurriría si se obrara de esa manera. Al igual que la desastrosa política del “socialfascismo”, que pavimentó el camino de Hitler al poder, la tesis de que Aécio y Dilma “son lo mismo” va a tener, en caso de que triunfe el primero, funestas consecuencias para las clases populares del Brasil y de toda América Latina, más allá de la obviedad de que Aécio no es Hitler y que el PSDB no es el Partido Nacional Socialista Alemán.

El análisis marxista enseña que, en primer lugar, resolver los desafíos de la coyuntura exige como tantas veces lo dijera Lenin, un “análisis concreto de la situación concreta” y no tan sólo una manipulación abstracta de categorías teóricas. Decir que Aécio y Dilma son políticos burgueses es una caracterización tan grosera como sostener que el capitalismo brasileño es igual al que existe en Finlandia o Noruega -los dos países más igualitarios del planeta y con mayores índices de desarrollo humano según diversos informes producidos por las Naciones Unidas. A partir de una interpretación tan genérica como esa será imposible extraer una lúcida “guía para la acción” que oriente la política de las fuerzas populares. Ningún análisis serio del capitalismo, al menos desde el marxismo, puede limitar su examen al plano de las determinaciones esenciales que lo caracterizan como un modo de producción específico. Mucho menos cuando se trata de analizar una coyuntura política en donde los fundamentos estructurales se combinan con factores y condicionamientos de carácter histórico, cultural, idiosincráticos y, por supuesto, políticos e internacionales. Al hacer caso omiso del papel que juegan estos factores concretos se cae en lo que Gramsci criticó como “doctrinarismo pedante”, prevaleciente en el infantilismo izquierdista que proliferó en Europa en los años veinte y treinta del siglo pasado. Por esta misma razón decir que Hitler y León Blum eran dos políticos burgueses no hizo posible avanzar siquiera un milímetro en la comprensión de la dinámica política desencadenada por la crisis general del capitalismo en Europa, para ni hablar de la capacidad para enfrentar eficazmente la amenaza fascista. En un caso había un déspota sanguinario, fervientemente anticomunista, que sumiría a su país y a toda Europa en un baño de sangre; en el otro, a un primer ministro socialista de Francia, líder del Frente Popular, que acogía a los alemanes e italianos que huían del fascismo y que se opuso, infructuosamente para desgracia de la humanidad, a los planes de Hitler. Era evidente que ambos no eran lo mismo, a pesar de su condición de políticos burgueses. Pero el sectarismo ultraizquierdista pasó por alto estas supuestas nimiedades y, con su miopía política, facilitó la consolidación de los regímenes fascistas en Europa.
Segundo, cualquiera mínimamente informado sabe muy bien que por sus convicciones ideológicas, por su inserción en un partido como el PSDB y por su trayectoria política Aécio representa la versión dura del neoliberalismo: imperio irrestricto de los mercados, desmantelamiento del nefasto “intervencionismo estatal”, reducción de la inversión social, “permisividad” medioambiental y apelación a la fuerza represiva del estado para mantener el orden y contener a los revoltosos. Fue por eso que nada menos que el Club Militar -un antro de golpistas reaccionarios, nostálgicos de la brutal dictadura de 1964- decidió brindarle su apoyo dado que según sus integrantes el ex gobernador de Minas Gerais posee “las  credenciales necesarias para interrumpir el proyecto de poder del PT, que marcha hacia la sovietización del país”. Más allá del desvarío que manifiestan los proponentes de este disparate sería un gesto de imprudencia que la izquierda no tomara nota del creciente proceso de fascistización de amplios sectores de las capas medias y el clima macartista que satura diversos ambientes sociales y que, en consecuencia,  desestimara la trascendencia de lo que significa el explícito apoyo a Aécio de parte de los militares golpistas, el sector más reaccionario (y muy poderoso) de la sociedad brasileña. Que tras la vergonzosa capitulación de Marina, Aécio haya prometido asumir como propia la “agenda social y ecológica” de aquella es apenas una maniobra propagandística que sólo espíritus incurablemente ingenuos pueden creer.
Tercero, la indiferencia de un sector de la izquierda brasileña ante el resultado del ballotage re-edita el suicida optimismo con que Thälmann enfrentó, ya desde la cárcel, la estabilización del régimen nazi: “después de Hitler” –decía a sus compañeros de infortunio, tratando de consolarlos- “venimos nosotros”.  Se equivocó, trágicamente. ¿Alguien puede pensar que después de Aécio florecerá la revolución en Brasil? Lo más seguro es que se inicie un ciclo de larga duración en donde las alternativas de izquierda, inclusive de un progresismo “light” como el del PT, desaparezcan del horizonte histórico por largos años, como ocurriera después del golpe de 1964. Es ilusorio pensar que bajo Aécio las clases y capas populares dispondrán de condiciones mínimas como para reorganizarse después de la debacle experimentada por las suicidas políticas del PT; que nuevos movimientos sociales podrán aparecer y actuar con un cierto grado de libertad en una escena pública cada vez más controlada y acotada por los aparatos represivos del estado y las tendencias fascistizantes arriba anotadas; o que nuevas fuerzas partidarias podrán irrumpir para disputar, desde la calle o desde las urnas, la supremacía de la derecha.
Cuarto, va de suyo que la opción que enfrentará el pueblo brasileño el próximo 26 de Octubre no es entre reacción y revolución. Es entre la restauración conservadora que representa Neves y la continuidad de un neodesarrollismo surcado por profundas contradicciones pero proyectado al Planalto por lo que en su momento fue el más importante partido de masas de izquierda de América Latina.  Pese a su deplorable capitulación ante las clases dominantes del Brasil, su incapacidad para comprender la gravedad de la amenaza imperialista que se cierne sobre su país -¡el más rodeado de bases militares norteamericanas de toda América Latina!- y el abandono de su programa original, el PT conserva todavía la fidelidad de un segmento mayoritario de los condenados de la tierra en Brasil y un cierto compromiso, pocas veces honrado pero aun así presente, con las aspiraciones emancipatorias de las clases populares que en 1980 le dieron nacimiento. Por eso, ante la ralentización de la reforma agraria en Brasil Dilma al menos siente que tiene que salir y explicar al MST las razones de comportamiento y prometer la adopción de algunas medidas para modificar esa situación. Aécio, en cambio, no tiene nada que ver con el MST ni con los campesinos brasileños, y ante sus reclamos responderá con la policía militarizada.
Quinto, lo anterior no implica exaltación alguna del PT, que en su triste involución pasó de ser una organización política moderadamente progresista a un típico “partido del orden” al cual el adjetivo de “reformista” le queda grande. Tampoco se desprende de nuestro razonamiento la necesidad o conveniencia de que las fuerzas de izquierda establezcan una alianza con el PT o sellen acuerdos
programáticos con él de cara al futuro. Pero en la actual coyuntura, definida por el hecho institucional de las elecciones presidenciales y no por la inminencia de una insurrección popular revolucionaria, el voto por Dilma es el único instrumento disponible en el Brasil para evitar un mal mayor, mucho mayor. Los compañeros que abogan por la neutralidad o la indiferencia deberían, para ser honestos, señalar cuál es la otra fuerza política que podría impedir la victoria de Aécio, y cuál es la estrategia política a utilizar para tal efecto, sea electoral (que no la hay) o extra-institucional o insurreccional, que nadie logra atisbar en el horizonte. Si no hay otra arma la izquierda no puede refugiarse en una pretendida neutralidad.  Y si se logra derrotar la reacción conservadora liderada por el PSDB (como muchos en América Latina y el Caribe fervientemente esperamos) habrá que aprovechar los cuatro años restantes para reorganizar el campo popular desorganizado, desmoralizado y desmovilizado por las políticas del PT. Y someter al segundo gobierno de Dilma a una crítica implacable, empujándola “desde abajo”, desde los movimientos sociales y las nuevas fuerzas partidarias, a adoptar las políticas necesarias para un ataque a fondo contra la pobreza y la desigualdad, contra la prepotencia de los oligopolios y los chantajes de las clases dominantes aliadas al imperialismo.
En el plano internacional el triunfo de los tucanos tendría gravísimas consecuencias porque entronizaría en el Planalto a una fuerza política sometida por completo a los dictados de la Casa Blanca;  sabotearía los procesos de integración supranacional en marcha como el Mercosur, la UNASUR y la CELAC; serviría como cabecera de playa para atacar a la Revolución Bolivariana y los gobiernos de izquierda y progresistas de la región; para aislar a la Revolución Cubana y para ofrecer el apoyo material y personal de Brasil para las infinitas guerras del imperio. No es que el imperio sea omnisciente, pero se equivoca muy poco a la hora de identificar a quienes no se pliegan incondicionalmente ante sus mandatos. Por algo ha lanzado, junto con sus aliados locales, una tremenda campaña internacional para que su candidato, Aécio, triunfe el próximo domingo. Nadie en la izquierda puede ignorar que, si tal cosa llegara a ocurrir, una larga noche se cerniría sobre América Latina y el Caribe, abriendo un paréntesis ominoso que quien sabe cuánto tiempo tardaríamos en cerrar. Sin extremar las analogías históricas convendría meditar sobre la suerte corrida por Thälmann y sus camaradas comunistas gracias a la adopción de una tesis que sostenía la esencial igualdad de todos los partidos políticos burgueses.
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Presentación de libro

Ediciones Luxemburg invita:
Miércoles 8 de octubre / 19 hs
Presentación del libro
El liberalismo en su laberinto
Renovación y límites en la obra de John Rawls
Atilio Boron y Fernando Lizárraga
[compiladores]

Rawls
Participan junto a los compiladores Migue Ángel Rossi y Cecilia Abdo Ferez
Los esperamos en
Badaraco Libros
Entre Ríos 932
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Consideraciones sobre el rumbo de Latinoamérica

ARTÍCULO DE ATILIO BORON
http://www.atilioboron.com.ar/2014/10/america-latina-entre-la-profundizacion.html
A continuación comparto una reflexión inicial sobre las ponencias y discusiones sostenidas en el Encuentro que las fuerzas de izquierda y progresistas tuvieron en Quito los días 29 y 30 de Septiembre sobre el tema “Las revoluciones de la Patria Grande: retos y desafíos”.

Primero, la constatación de que el ciclo de ascenso del movimiento popular en América Latina y el Caribe se ha detenido. Por supuesto, la dinámica de la lucha de clases sigue su curso en los distintos países, y en algunos casos con mucha intensidad, en donde se puede observar un archipiélago de resistencias a los acelerados procesos de desposesión y saqueo perpetrados por las grandes transnacionales del “agronegocios” y la minería, principalmente. Ciclo que, sin duda, podrá renacer en no demasiado tiempo, pero no en la inmediatez de la coyuntura actual. En otras palabras, la formidable marea de carácter continental desatada a finales del siglo veinte con el triunfo de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales venezolanas de 1998 se ha estancado.
Podría decirse que el punto más elevado de este ciclo ascendente fue la derrota del ALCA en Mar del Plata en Noviembre del 2005, y que el estallido de la nueva crisis general del capitalismo en 2008 fue la que marcó el principio del fin de aquella fase. Un ejemplo elocuente de este proceso lo proporciona el auge y decadencia del Foro Social Mundial de Porto Alegre, importantísimo en los primeros años del siglo y reducido a la irrelevancia en los últimos tiempos. Otro ejemplo lo aporta la constatación de la “corrida hacia la derecha” del centro de gravedad del espectro político en países como la Argentina, Brasil, Uruguay, otrora puntales de la “centroizquierda” latinoamericana; o las crecientes presiones ejercidas por el bloque oligárquico-imperialista sobre los gobiernos bolivarianos de Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Segundo, y como corolario de lo anterior, luego del desconcierto inicial y el retroceso experimentado por la derecha latinoamericana ante el avance del movimiento popular se desencadenó un proceso de reorganización y reacomodo de las fuerzas conservadoras. En línea con lo que observara Antonio Gramsci, en período de crisis estas mudan nombres, agendas, estrategias, tácticas, organizaciones y liderazgos para enfrentar, en nuestro caso bajo la dirección general de Washington, los desafíos planteados por la nueva situación. Las opciones son varias: apuesta al golpe de estado en Bolivia (2008) y Ecuador (2010) y fracasa, no por casualidad en dos países que habían experimentado vigorosos procesos de auge de masas. Ya antes, en una movida premonitoria, lo había intentado en Venezuela en el 2002 para derrocar a Hugo Chávez, pero la impresionante respuesta popular frustró esos propósitos esos propósitos.  Pero triunfó en dos eslabones más débiles de la cadena imperialista apelando a nuevas tácticas: los “golpes institucionales” en Honduras (2009) y Paraguay (2012). Esta “derecha recargada” se monta sobre el proyecto de recuperación y disciplinamiento de América Latina y el Caribe diseñada por la Casa Blanca a partir de las crecientes dificultades que su primacía encuentra en Medio Oriente, Asia Central y el Extremo Oriente, lo que la lleva a privilegiar el control de su “retaguardia estratégica” a cualquier precio. En este nuevo escenario, esa derecha patrocinada, financiada, organizada y aconsejada por Washington lanza un proyecto de “restauración conservadora” que combina estrategias institucionales (como la creación -o recreación- de partidos de una derecha neocolonial que opere falaz y provisoriamente dentro de las reglas del juego de la democracia) con otras de carácter francamente insurreccionales y sediciosas, como lo retrata con total claridad la agresión perpetrada en contra de la República Bolivariana de Venezuela con sus guarimbas que ocasionaron casi medio centenar de muertos una vez que la derecha volvió a morder el polvo de la derrota en las elecciones de fines del 2013. Entre ambas estrategias, las institucionales y las insurreccionales, se despliega un amplio abanico de opciones  intermedias, aunque todas ellas con un común denominador: reemplazar por cualquier medio a los gobiernos que no se alinean incondicionalmente con Washington. Por ejemplo, los que no admiten la instalación de bases militares norteamericanas en sus territorios. Esto los convierte automáticamente en enemigos a ser derrocados apelando a cualquier recurso.

Tercero, tener en cuenta los impactos fuertemente negativos que la actual crisis general del capitalismo ejerce, a través de múltiples conductos, sobre las economías latinoamericanas y sus implicaciones en los diversos esquemas regionales de integración como el Mercosur, la UNASUR, Petrocaribe, la CELAC, etcétera. La interminable recesión, que ya se prolonga por más de seis años, provocó la disminución de la demanda y de los precios de la mayoría de las commodities producidas en la región, crecientes restricciones y condicionamientos impuestos por los grandes capitales para realizar inversiones en países de la periferias y, en algunos casos, una caída en el volumen de las remesas de los emigrados, todo lo cual ha creado una situación fiscal cada vez más comprometida para los gobiernos del área. Esta combinación de factores afecta con mayor intensidad a países como Bolivia, Ecuador y Venezuela que en los últimos años se embarcaron en ambiciosos programas de reforma social, combate a la pobreza y la desigualdad y cuantiosas inversiones en infraestructura. El desequilibrio en las cuentas públicas agudiza la vulnerabilidad de las economías latinoamericanas, acrecienta su dependencia externa y debilita el impulso integracionista al tener que hacer frente a las tensiones comerciales y financieras de la coyuntura abriéndose a los influjos de la economía mundial, lo que va en desmedro de los acuerdos regionales de cooperación económica y política. Un ejemplo: si los países del ALBA necesitan cada vez más dólares para importar bienes esenciales para su aparato productivo tenderán inevitablemente a orientar sus relaciones económicas hacia países que puedan pagar en esa moneda por sus exportaciones en detrimento de los intercambios económicos pagaderos con el SUCRE o con monedas locales. El estancamiento del Mercosur tiene como una de sus causas precisamente esta misma situación. Y las restricciones en materia de integración económica poco tardan en proyectarse sobre la escena política. No sorprende, por lo tanto, que la UNASUR se haya visto negativamente afectada por el clima económico recesivo imperante en la economía mundial, clima que, con unos años de retraso en relación a su irrupción en los capitalismos metropolitanos, terminó por agobiar a los países del área.

Cuarto y último (por ahora, como decía el Comandante): consenso muy grande en el Encuentro acerca de que la sustentabilidad de los procesos de reformas no descansa sobre pactos o acuerdos con el establishment local o internacional (que la historia enseña que invariablemente terminan con la derrota del campo popular) sino sobre la ininterrumpida extensión y profundización de las reformas. No hay consolidación de lo ganado si la marcha se detiene, o si se cae en la trampa del falso realismo del  “posibilismo.” Claro que para continuar el avance no basta con apelaciones retóricas o  el culto al voluntarismo. Es necesario perfeccionar la organización de los movimientos sociales y fuerzas políticas identificadas con el proceso de transformaciones y trabajar incansablemente en eso que Fidel llama “la batalla de ideas”, la concientización del campo popular. En suma: la fórmula de la sustentabilidad de estos procesos que cambiaron el mapa sociopolítico latinoamericano desde comienzos de siglo es “organización + concientización”. A sabiendas, va de suyo, que cada avance hacia un horizonte revolucionario -hacia la construcción de una sociedad no sólo posneoliberal sino poscapitalista- desencadenará las más feroces reacciones de la derecha vernácula y sus amos imperialistas como desgraciadamente lo prueba el asesinato perpetrado en el día de ayer en Caracas  del joven diputado chavista Robert Serra. Algunos sectores del progresismo (e inclusive de una cierta izquierda) pueden caer en un eclecticismo teórico en relación al carácter omnipresente y permanente de la lucha de clases, cosa que jamás ocurre con nuestros enemigos, demasiado acostumbrados al ejercicio del poder como para distraerse en esas tonterías. La derecha, la burguesía imperial y sus aliados en la periferia saben que la lucha de clases es tan real e inexorable como la ley de la gravedad, y llevan esta creencia hasta sus últimas consecuencias en el terreno de la praxis. Si para prevalecer en el conflicto tienen que matar van a matar; si tienen que torturar van a torturar; si tienen que desaparecer a sus enemigos los harán desaparecer. Avanzar resueltamente es la única manera de desbaratar sus planes.
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Obama, Cuba y el nuevo terrorismo

(Por Atilio A. Boron) El Estado Islámico ha producido una lamentable innovación en la forma de la muy larga historia del terrorismo. Las ejecuciones ejemplarizadoras de antaño, cuyos testigos directos eran unos pocos, ahora son transmitidas por internet tiempo real y su horrendo impacto llega a los cuatro rincones del planeta. Pero este cambio no oculta el primitivismo del método, la decapitación, utilizado por las más distintas culturas desde tiempos inmemoriales. La opinión pública mundial se estremece y escandaliza ante esta nueva muestra de barbarie, reforzando la satanización del Islam y, por contraposición, exaltando los valores humanistas de la (muy) mal llamada “civilización occidental y cristiana”, esa misma que asistió indiferente ante los hornos crematorios de Hitler, para poner apenas uno de los tantos ejemplos a los que podría apelarse en esta materia. Tampoco se estremeció ante el terrorismo de estado que Israel perpetró con calculado salvajismo hace apenas unas pocas semanas en Gaza, correctamente caracterizada como la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Tal vez porque sus víctimas eran palestinos, o árabes, y por lo tanto sus vidas no valían tanto como la de los periodistas norteamericanos o el rehén británico recientemente ejecutado; o porque el bombardeo indiscriminado de civiles ya ha sido naturalizado y como dicen un gran estudioso norteamericano de estos temas, Chalmers Johnson, estamos inundados de eufemismos que ocultan los crímenes con palabras tales como “daños colaterales”, o “cambio de régimen” para no hablar de subversión, de “contratistas” para no decir que son mercenarios, o de “embargo” para no hablar de bloqueo. [1]
Pero hace poco tiempo apareció una nueva forma de terrorismo, más sutil que la de la daga y la cimitarra pero cuyas víctimas se cuentan por millones: el terrorismo financiero. Su principal cultor y exponente no es el repugnante verdugo islámico vestido de negro sino un afrodescendiente de suaves modales, galardonado en el año 2009 con un insólito Premio Nobel de la Paz y que ocupa la presidencia de los Estados Unidos.

verdugo-jihadista

Resulta que este sujeto ha lanzado una furiosa ofensiva para lograr el “cambio de régimen” en Cuba, es decir, para subvertir el orden constitucional y social de la Isla reemplazando al gobierno de la revolución por un protectorado norteamericano que cierre el paréntesis (según la derecha imperial) abierto el 1º de Enero de 1959. Para el logro de tan innoble finalidad a ahora apela al terrorismo financiero, empequeñeciendo en este terreno lo hecho por su indigno predecesor, George W. Bush. No sólo ha mantenido el ilegal, inmoral y criminal bloqueo en contra de Cuba, caso único por su duración e intensidad en la historia universal, sino que en los últimos meses ha redoblado su patológica agresividad al imponer durísimas sanciones a bancos de terceros países por el imperdonable pecado de participar en negociaciones o transacciones comerciales originadas en, o destinadas a, la isla caribeña. El objetivo terrorista de este empeño es infringir un brutal castigo a toda una colectividad, la sociedad cubana, para que se arrodille ante sus verdugos. No hay aquí daga ni cimitarra, pero el objetivo es el mismo y las víctimas, muchas de ellas mortales, de este nuevo terrorismo, se pueden medir por centenares, o miles, según el caso. Ratificando en los hechos que Estados Unidos es un imperio, y que sus leyes, como las de su antecesor romano, se aplican en todo el mundo, ha hecho de la extraterritorialidad de su legislación un poderoso instrumento de dominación. Aplicando las leyes Torricelli y la Helms-Burton, Washington dispuso recientemente sancionar al banco BNP Paribas con una multa de 8.834 millones de dólares por su intervención en distintas transacciones realizadas por los gobiernos de Cuba, Sudán e Irán, caracterizados como “enemigos” e incluidos en la lista de países que promueven, amparan o protegen al “terrorismo”.[2]

A raíz de esta descomunal sanción –sin precedentes por su monto- el banco canceló todas sus operaciones con organismos y entidades cubanas, ejemplo que fue velozmente imitado por numerosas instituciones bancarias de todo el mundo aterrorizadas también ellas ante esta nueva muestra de prepotencia imperial, ilegal hasta el tuétano, pero que Obama ejerce con una impunidad que supera con creces aquella de la que hace gala el verdugo jihadista. Según un informe dado a conocer recientemente por al MINREX cubano, en el período comprendido entre enero del 2009 y el 2 de junio del 2014, es decir, con anterioridad a la megamulta en contra del BNP Paribas, el Nobel norteamericano aplicó sanciones a 36 entidades de Estados Unidos y del resto del mundo por un valor de casi 2.600 millones de dólares por el “delito de relacionarse con Cuba y otros países”. Semejante acto de terrorismo financiero se fundamenta en las citadas leyes, la última de las cuales fue concebida por dos trogloditas sobrevivientes del Paleolítico inferior: el senador republicano ultraconservador de Carolina del Norte, Jesse Helms, un fascista homofóbico de marca mayor de la nueva derecha evangélica norteamericana, y el representante republicano por Indiana, Dan Burton, adscripto al Tea Party, amante de las armas de fuego y acérrimo opositor a la vacunación obligatoria establecida por la legislación federal porque, según este eminente tribuno, “producen autismo” en niños y jóvenes. Va de suyo que entre tantas aberraciones estos dos cavernícolas -que ya se han sumergido en las inmundas cloacas de la historia de la reacción mundial- se caracterizaban también por su ardoroso anticomunismo, que los llevó a redactar la ley que lleva sus nombres. Esa pieza legislativa se denomina “Ley de la Libertad Cubana y Solidaridad Democrática”, un eufemismo más de los tantos denunciados por Johnson. Su verdadero nombre debería ser “Ley para destruir a la Revolución Cubana, apelando a cualquier recurso.”

obama

Ahora bien, el terrorismo financiero de Obama tiene eficacia, en el caso que nos preocupa, por la cobardía de los gobiernos que consienten la extraterritorialidad de la legislación estadounidense. Si naciones pequeñas y débiles no tienen otra opción que resignarse ante la prepotencia imperial no ocurre lo mismo con Francia, cuyo presidente François Hollande demostró no sólo que de socialista no le queda ni el nombre sino también que carece de las más elementales agallas políticas requeridas ya no para ser presidente de ese país sino para ser un humilde alcalde de cualquier ciudad del Tercer Mundo. Se arrastró para suplicarle al Nobel de la Paz 2009 que intercediera por el banco francés, a lo que Obama respondió que se trataba de un asunto exclusivamente jurídico y que nada podía hacer al respecto. La misma respuesta en relación a la ofensiva de los “fondos buitre” sobre la economía argentina. Estados Unidos crea una norma legal, que es política hasta la médula, y luego la aplica a rajatabla escudándose en la supuesta rectitud jurídica y el carácter “apolítico” de la misma. Si Hollande hubiera poseído la milésima parte de la valentía que exhibieron sus compatriotas en la Comuna de París (o, en un ejemplo más cercano, Charles de Gaulle) le habría dicho a Obama que la legislación que apruebe el Congreso de los Estados Unidos le tiene sin cuidado y que no tiene vigencia en Francia, así como las leyes que apruebe la Asamblea Nacional de su país no la tienen en Estados Unidos. Pero la descomposición moral del socialismo francés ya es irremediable. Lo prueba también la actitud de su Ministro de Finanzas , Michel Sapin, quien dijo que la medida aplicada por Washington era “desproporcionada” –no que era ilegal, inmoral e ilegítima, sino sólo “desproporcionada”- y que confiaba en que el BNP Paribas podría “financiar su actividad económica de manera satisfactoria” seguramente enterado de que la multa en cuestión representa alrededor del 80 por ciento de las ganancias del banco durante el año 2013. Pero, ¿qué queda del “grandeur de la France” después de este papelón? Napoleón y de Gaulle se revolverían en sus tumbas si supieran de este descenso de su amado país a la condición de una indigna colonia yankee, lo que hizo que el banco se declarase culpable de los dos cargos criminales por los cuales fue acusado por las autoridades norteamericanas: la falsificación de informes financieros y conspirar contra los Estados Unidos. No sólo eso: abandonado por su propio gobierno el BNP Paribas admitió también la prohibición impuesta por la justicia norteamericana de efectuar ciertas transacciones en dólares durante un año, a partir del 1º de enero del 2015 y, por último, la orden de despedir a 13 empleados del banco por su intervención durante las diversas transacciones objeto de la penalización. En otras palabras: el inquilino de la Casa Blanca tiene el poder para cometer todas estas tropelías que violan desde la A hasta la Z de la legalidad internacional y luego se declara impotente para conceder el indulto que haría justicia a los tres luchadores antiterroristas cubanos que continúan presos en las mazmorras imperiales. ¿Omnipotencia para un lado, como para llegar hasta el extremo de exigir que una institución bancaria del extranjero despida a 13 empleados, e impotencia para el otro, a la hora de conceder un más que merecido indulto a tres inocentes que llevan 16 años en prisión?

Conclusión: estamos en presencia de una nueva forma de terrorismo, tanto o más letal que la primitiva y con un alcance muchísimo mayor. Un terrorismo que responde a las recomendaciones de teóricos y estrategas imperiales como Joseph Nye Jr. cuando aconseja a Washington navegar en las turbulentas aguas del sistema internacional haciendo uso de una adecuada combinación del “poder duro” de los militares con el “poder blando” de la industria cultural y la ideología.[3] La síntesis de ambos sería el “poder inteligente”, más eficaz que aquel que sólo se apoya en la elocuencia de las armas. El acoso financiero sería, según esta corriente de pensamiento, una expresión de ese “poder inteligente” que somete y oprime apelando a recursos distintos a los convencionales pero, decimos nosotros, igualmente terroríficos. Sólo que los crímenes del terrorismo financiero no son exhibidos como tales por el inmenso aparato mediático de la derecha mundial sino que se lo hace aparecer como una cuestión de técnica jurídica, de respeto a los contratos y a la ley, aunque se trate de la ley de un estado imperial que con prepotencia la impone sobre el resto del planeta. Un terrorismo disimulado pero letal que, a diferencia del caso del verdugo jihadista, no ofende -¡por ahora, como dijera el Comandante Hugo Chávez!- a la conciencia universal de nuestro tiempo. Pero que más pronto que tarde será repudiado por la gran mayoría de los países que componen este atribulado planeta. De esto que a nadie le quepa la menor duda.

[1] Ver su excelente Dismantling the Empire. America’s last best hope (New York: Metropolitan Books, 2010), pp. 99-103.
[2] Una crónica sobre esto se encuentra en “¿Qué hizo BNP Paribas para enfrentar una multa récord de Estados Unidos?”, un cable de la BBC que puede leerse en: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/07/140630_economia_eeuu_multa_bnp_parisbas_ng.shtml
[3] Cf. The future of power (New York: Public Affairs Book, 2011) y su obra previa, Soft Power: The means to success in world politics (New York: Public Affairs Book, 2004).

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Profesor a cargo: Dr. Sergio Guerra Vilaboy, Horacio López y Alejandro Pisnoy.
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6. Movimientos y luchas sociales en los procesos políticos progresistas y de izquierda en América Latina.
Profesora a cargo: Dra. Paula Klachko (UBA).
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7. Pensamiento crítico latinoamericano: raíces históricas y vigencia actual.Profesor a cargo: Roberto Fernández Retamar
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8. Problemas de Teoría Política Marxista en América Latina
Profesor a cargo: Dr. Martín Cortés (UBA).
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9. Historia del Pensamiento Latinoamericano
Profesores a cargo: Juan Francisco Martínez Peria (UBA-Centro Cultural de la Cooperación).
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10. La estrategia norteamericana en el cono sur: desafíos de una doctrina suramericana de Defensa frente a un nuevo escenario político-regional
Profesora a cargo: Dra. Sonia Winer (UBA-CONICET).
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Cronograma:

- Fin del período de inscripción a los cursos: 25 de septiembre de 2014

- Inicio del curso: 3 de octubre de 2014

Modalidad del curso

El curso se realiza bajo la modalidad a distancia a través del campus virtual del PLED.

Cada participante recibirá un nombre de usuario y contraseña para ingresar al Campus, donde podrá consultar, acceder a los documentos y utilizar los espacios de comunicación e interacción con el/la tutor/a y otros/as participantes.

La comunicación puede realizarse en cualquier momento del día, a través de foros, correo electrónico, mensajes en el campus virtual: no es necesario conectarse en un día y horario determinado.

Podrán descargar las clases y el material de lectura en formato PDF desde el Campus.

Los tutores guiarán la cursada indicando las lecturas y actividades obligatorias, vía plataforma virtual. El rol tutorial consiste en guiar el aprendizaje, sugerir un cronograma de trabajo, promover el intercambio entre participantes, responder dudas sobre el contenido y evaluar el proceso de construcción de conocimiento a lo largo del curso.

Organización del curso

El dictado regular de los cursos tiene una duración trimestral. Se desarrolla a lo largo de 12 clases, a dictarse a razón de una por semana. Los materiales de estudio consisten en los siguientes:

  • La clase escrita que presenta y desarrolla los contenidos principales y anticipa y orienta la lectura de la bibliografía.
  • La bibliografía obligatoria correspondiente a cada clase. Se trata de documentos, artículos y selección de textos de diversos autores.

Una vez que los materiales han sido colocados en el Campus ( los días viernes de cada semana) los/as tutores/as a cargo de cada curso, colocarán las consignas pertinentes. Estas consignas se elaboran en función de establecer y reforzar parámetros de lecturas comunes sobre los materiales.

Titulación

Es preciso aclarar que para obtener el Certificado de Asistencia al curso es requisito indispensable haber completado la totalidad de las actividades sugeridas por los/as tutores/as.

Para obtener un Certificado de Aprobación, se requerirá además de las actividades completas la realización de un trabajo monográfico final pertinente a los temas desarrollados a lo largo de la cursada. El plazo para la entrega de este trabajo es de hasta cuatro meses posteriores a la finalización del dictado regular del seminario. Durante este plazo contará con el auxilio de su tutor/a.

El PLED es una iniciativa que intenta articular la dimensión académica con las múltiples formas de participación política que a lo largo de América Latina expresan búsquedas de caminos alternativos en pos de un horizonte emancipatorio. Es por esto que no se establece una barrera académica al ingreso a nuestros cursos, no es requisito acreditar título de grado para acceder a cualquiera de nuestros seminarios. Así conviven en nuestras aulas virtuales diversas trayectorias de vidas y experiencias que nutren ricos debates permitiendo articular la teoría con la praxis en el mismo proceso de enseñanza-aprendizaje conjunto.

Al momento de titular la Asistencia o Aprobación de nuestros cursos, sí solicitamos al estudiante, copia del título de grado si lo tuviese. Esto es para que en el proceso administrativo correspondiente dicha titulación resulte válida para cualquier programa de posgrado nacional y/o internacional.

Nuestra titulación es otorgada por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) y reconocida por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

Costo de los cursos y becas

Estudiantes residentes en América Latina: u$s 150 (dólares ciento cincuenta) o su equivalente en pesos argentinos MÁS costos por comisiones de tarjetas de crédito u otras comisiones no percibidas por el PLED.

Estudiantes residentes en el resto del mundo: u$s 300 (dólares trescientos) o su equivalente en pesos argentinos MÁS costos por comisiones de tarjetas de crédito u otras comisiones no percibidas por el PLED.

Formas de pago

El PLED cuenta con una Plataforma de Pagos on line desarrollada específicamente para implementar los pagos de sus cursos. Sólo requiere una clave de usuario y contraseña para operar en ella, dicha información es enviada a través de correo electrónico.

Los medios de pagos son:

* Tarjeta de crédito

* Sistema de Imprimo Y Pago (sólo para los residentes en Argentina): a través de la plataforma de pagos se puede obtener el talón de pago del curso y abonarlo en cualquier ventanilla del Banco Credicoop o de sistemas como Pago Fácil o Pagos Link.

Consultas:

secretaria-pled@centrocultural.coop

Becas

Se otorgará un número limitado de becas (cobertura del 50% del costo total de cada curso) a aquellos estudiantes que justifiquen tal beneficio en el Formulario de Inscripción.

Se privilegiarán aquellos postulantes avalados por organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales, militantes con responsabilidades de formación y/o dirección en dichos movimientos, sindicatos y/o partidos políticos.

Cada solicitud será tratada por la Comisión ad hoc reunida exclusivamente para el tratamiento de cada caso en particular. Este comisión emitirá un dictamen y la Secretaría académica comunicará a cada postulante si ha sido o no aceptada su solicitud.

El cupo es limitado y la postulación implica aceptar el dictamen de la Comisión ad hoc.

Estudiantes residentes en la República de Cuba: Beca Total.

Consultas: academica-pled@centrocultural.coop

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Logros y desafíos de la Revolución Bolivariana hoy

Atención, este lunes en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, CABA) una interesante charla sobre la revolución bolivariana en la actualidad. Panel compuesto por Carmen Bohorquez, Manuel Santos y Horacio Lopez; los esperamos.

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Agronegocios, el dólar y la soberanía económica argentina

Queridos lectores, les dejamos este esclarecedor artículo de Atilio Boron, publicado en su blog. Trata todo lo referente a la situación de los agronegocios en Argentina, país donde todos sabemos, el campo es un pilar fundamental de su economía. Como los intereses de las grandes corporaciones sobre la agronomía afectan nuestra soberanía económica, algo clave si pretendemos conseguir la nueva emancipación total y definitiva para los pueblos de Nuestra América.

campo de cultivo de soja

campo de cultivo de soja

http://www.atilioboron.com.ar/

Los “agronegocios”, el control del dólar y las amenazas a la soberanía económica de la Argentina

(Por Atilio A. Boron) A diferencia de otros países de América Latina, la historia económica argentina presenta como uno de sus rasgos más distintivos la periódica aparición de restricciones en el sector externo ocasionadas por la escasez de dólares para sostener las necesidades de la importación y, en mucho menor medida, el ahorro de las capas medias. En estos días se ha conocido, si bien no de manera oficial y explícita, que el puñado de gigantescas cerealeras que controlan la producción y exportación de granos y oleaginosas de este país sólo han procedido a vender poco más de la tercera parte de la última cosecha: un 37 por ciento.[1] En otras épocas a esta altura del año ya habían liquidado las dos terceras partes, pero esta vez tal cosa no ocurrió. Al actuar de esta manera las multinacionales dominantes en el sector han disminuido significativamente el aporte de dólares a la economía argentina que, como es bien sabido, ha sufrido en las últimas décadas un acentuado proceso de internacionalización y de concentración en manos de grandes oligopolios extranjeros, todo lo cual intensifica la demanda de la divisa estadounidense en las más diversas ramas de la actividad económica.

Son varios los factores de orden especulativo que explican esta conducta. En primer lugar, al promover una devaluación del peso se aumenta la rentabilidad de los sectores agrarios, mecanismo archiconocido y archiprobado para propiciar una transferencia de ingresos desde asalariados y consumidores hacia el capital más concentrado y sus aliados. Los “agronegocios” comandados por las megacerealeras, con Cargill a la cabeza, y sus socios terratenientes adoptaron esta conducta acicateada por todos los informes técnicos que pronosticaban la continuidad de la tendencia bajista de la soja y como una manera de resarcirse de las pérdidas que aquella podría ocasionar con una fuerte devaluación del peso. Ante ella había otra alternativa: vender lo antes posible y evitar un mayor deterioro del precio de la oleaginosa. Pero optaron por retener sus ventas, estimulados por los consejos de los desprestigiados “gurúes” de la citi porteña que aconsejaron no vender la cosecha porque la devaluación del peso sería inminente. Este comportamiento demuestra la falsedad de las afirmaciones que aseguran que “el campo está endeudado”, como dicen sus apologistas, porque si lo estuviera sus agentes venderían la totalidad de la cosecha para salvar sus deudas. Y se demuestra asimismo el carácter fuertemente especulativo del comportamiento del complejo del “agronegocios” y, por otra parte, la incomprensible indefensión en que se encuentra el estado nacional ante sus maniobras que lo convierten, de hecho, en un factor de desestabilización económica al imponer una política como la devaluación del peso, contraria a la promovida por el gobierno nacional.[2]

En otras palabras, la estructura y lógica de funcionamiento del sector agrario muestra la existencia de una coalición dotada de una formidable capacidad de extorsión sobre el gobierno nacional. En el centro de esta telaraña de intereses rurales se encuentra un puñado de gigantescos oligopolios entre los que sobresalen, aparte de la ya mencionada Cargill, Bunge, ADM, Louis Dreyfus Commodities, AGD, Molinos Río de la Plata, Nidera, Molino Cañuelas, Los Grobo Agropecuaria y Aceitera General Deheza. El segundo círculo de esta alianza lo conforman una vieja y nueva gran burguesía terrateniente (esta última, procedente del intenso proceso de desmonte y ampliación de la frontera agrícola y la desposesión de las comunidades tradicionales y los pueblos originarios); y el tercero es un vasto pero decreciente, debido al veloz proceso de concentración de la propiedad fundiaria, conglomerado de medianas y pequeñas propiedades agrícolas atrapadas por una formidable revolución tecnológica que las ata de pies y manos al grupo de empresas multinacionales dominantes del complejo. Este núcleo hegemónico asienta su primacía por su colosal dimensión empresarial, de alcance planetario; porque detenta el monopolio de la tecnología alimentaria de última generación y porque tiene en su poder la llave que abre la puerta de los mercados mundiales y, por eso, está en condiciones de fijar el precio de los granos, de conceder préstamos a los sectores más débiles del complejo -desplazando progresivamente de esa función al Banco de la Nación Argentina y otras entidades bancarias y abriendo un potencial frente de conflicto entre los “agronegocios” y el sistema bancario en la disputa por la renta financiera-, de transportar y acopiar su cosecha y de proveerles el paquete tecnológico, las semillas, fertilizantes y pesticidas para comenzar la siguiente campaña. El sector hegemónico de esta alianza es, de lejos, la que se lleva la parte del león de la rentabilidad del sector: vende en el exterior, percibe dólares por sus operaciones y sus gastos locales (sueldos, combustibles, transporte, instalaciones, impuestos) se abonan en pesos.

A diferencia de Chile, en donde los ingresos del principal producto de exportación, el cobre, van a parar al fisco; o de Venezuela, en donde el producido por la exportación petrolera pasa directamente a las arcas del estado, en la Argentina los ingresos de las exportaciones agropecuarias (y las mineras) quedan en manos de empresas privadas y extranjeras. En menor medida esto también se reproduce con las exportaciones industriales. El resultado de esta infeliz ecuación es que las divisas que el país necesita para motorizar su desarrollo, promover el avance industrial, financiar sus programas sociales y satisfacer la demanda interna de dólares está sujeta al arbitrio de un puñado de grandes multinacionales.

Ante ello, la única alternativa razonable para enfrentar la crisis del sector externo es la nacionalización del comercio exterior mediante la creación de una “aggiornada” Junta Nacional de Granos que asuma el control de las exportaciones agropecuarias de la Argentina y corte de raíz el chantaje al que el estado nacional se ve sometido por las multinacionales del “agronegocios”. Organismos de este tipo existen en países que para nada pueden ser acusados por los representantes del “campo” como “populistas”. Nos referimos a Australia, Nueva Zelandia y Canadá, que tienen instituciones de este tipo para regular y monitorear todo lo concerniente a la producción y las exportaciones agropecuarias. Como es bien sabido la Argentina tenía una agencia de este tipo desde 1933, y sobrevivió con distintas restructuraciones y nombres hasta que el gobierno de Carlos S. Menem dispuso la disolución de la misma con el Decreto 2294 de 1991. Desde entonces las actividades regulatorias que antaño ejercía la JNG no desaparecieron, como dicen los apologistas de la desregulación, sino que fueron privatizadas y quien hoy ejerce esas funciones de regulación son las multinacionales cerealeras, lo cual constituye un tremendo disparate. Es decir, se pasó de un control público condicionado por los mecanismos democráticos de la república, a otro de carácter privado, absolutamente descontrolado y que se mueve en función de una estrategia mundial de maximización de beneficios. Y, por eso mismo, esas multinacionales son las que tienen la capacidad para decidir, vía su control de las exportaciones y su estrategia de ventas, cuál será la oferta de dólares con que contará la economía argentina y si esta puede avanzar por la senda del crecimiento o, producto de un estrangulamiento originado en el sector externo, hundirse progresivamente en la recesión.

Por eso, y tal como lo decíamos en un trabajo anterior, la estatización del comercio exterior no puede ser una medida aislada.[3] Por el contrario, se necesita un enfoque integral dado que, a diferencia de la vieja JNG, debe:

(a) incluir bajo su jurisdicción a toda la cadena de producción y comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo;

(b) examinar y promover una reforma impositiva especialmente diseñada en función de las nuevas realidades del capitalismo agrario y que permita poner en marcha un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de los distintos componentes del “agronegocios”; y, finalmente,

(c) re-estatizar los puertos de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados por el menemismo y que constituyen verdaderos “estados dentro de un estado” que se prestan para toda clase de maniobras fraudulentas del complejo sojero-cerealero.

Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Por supuesto, las mismas requieren de imaginación, solvencia técnica y experiencia práctica. No se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones (como el silo bolsa, para citar sino un ejemplo, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha a la vez que le permite postergar su venta hasta que el precio sea conforme a sus expectativas) todo lo cual exige de dispositivos muchos más sofisticados que antaño para asegurar el control público de la riqueza originada en el sector agrario.

De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. A tales efectos será decisivo, para garantizar la viabilidad práctica de esta iniciativa, convocar a un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: además de la largamente demorada reforma tributaria la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados y un replanteamiento radical de las políticas destinada a preservar la soberanía efectiva, no meramente retórica, sobre los bienes comunes de nuestro país, sobre todo en el sector minero e hidrocarburífero.

Una convocatoria popular sin sectarismos, soberbias burocráticas o desmovilizadores verticalismos porque, de lo contrario, la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Se requiere del pueblo en las calles para defender esa política, factible si se reúnen las condiciones planteadas más arriba.

Para concluir, lo que en términos políticos se produjo en el apogeo del neoliberalismo menemista fue una gigantesca transferencia de soberanía en donde un área estratégica: la provisión de divisas, que en otros países está a cargo del -o fuertemente contralada por el- estado, fue cedida al puñado de megacorporaciones que controlan gran parte de los alimentos que consume la población mundial. Esto constituye una aberración que debería haber sido corregida hace largos años, y que si no se lo hace ahora podría asestar un golpe mortal a todo proyecto económico que intente fundarse sobre la soberanía económica de nuestro país. Se trata, sin un ápice de exageración, de una cuestión de vida o muerte. Los remedios están al alcance de la mano. Habrá que ver si existe la voluntad política para aplicarlos, antes de que sea demasiado tarde.

[1] Durante el año 2013 las exportaciones del sector agropecuario ascendieron a unos 50.000 millones de dólares, incluyéndose en este total las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que con 30.059 millones de dólares representaron un 36,2% del total exportado mientras que los productos primarios -principalmente cereales y oleaginosos- sumaron ventas por 19.302 millones de dólares, un 23,3% del total exportado. Las exportaciones mineras sumaron en ese mismo año 4.136 millones de dólares.

[2] Nótese que las reservas del Banco Central cayeron de poco más 52.190 millones de dólares en el 2010 a 29.278 millones de dólares a fines de junio del 2014. No toda esta enorme fuga de capitales puede ser atribuida a las maquinaciones del complejo del “agronegocios”, pero sin duda que su contribución para llegar a tan lamentable resultado no fue para nada desdeñable.

[3] Cf. nuestro “Argentina: ante la ofensiva de los oligopolios, ¡estatizar el comercio exterior!”, en ALAI, 30 Enero 2014, http://alainet.org/active/70910

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La barbarie infinita

Buenos días, subimos este artículo de Atilio Boron publicado en Página12 acerca del genocidio en Gaza.
Por Atilio A. Boron

¿Qué está sucediendo en Gaza? El gobierno de Israel, un estado que somete a un injusto, cruel e inhumano bloqueo a un diminuto territorio palestino a orillas del Mediterráneo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar por el asesinato de tres jóvenes colonos judíos presuntamente perpetrado por Hamas. Sin pruebas mínimamente convincentes y en medio de una sospechosa operación policial, Jerusalén acusó a esa organización de lo ocurrido con el propósito –como lo reconociera días atrás un apologista de Israel dentro de EE.UU., Zbigniew Brzezinski– de “agitar a la opinión pública en Israel para que justifique su ataque a Gaza”. Y eso fue lo que ocurrió: niños, ancianos, mujeres y hombres caen bajo el fuego de su metralla. Para Netanyahu y su gavilla en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, Ibérico Saint Jean, dijo que “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos”. El gobierno israelí invirtió esa secuencia y comenzó por la población civil, gente cuyo único crimen era vivir en Gaza, y cometió un delito al aplicar una penalidad colectiva para un crimen perpetrado por algunos individuos. Después de este brutal y aleccionador escarmiento invadieron Gaza para aniquilar a los terroristas y sus colaboradores. Israel sabe que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas podía ocasionarle daños de alguna significación. Sus amenazas de destruir al Estado de Israel son bravuconadas que no se corresponden ni remotamente con su poder efectivo de fuego. Pero son muy útiles en la guerra psicológica: sirven para aterrorizar a la población israelí y así obtener su consentimiento para el genocidio y la ocupación de los territorios palestinos. Y también para que Estados Unidos y los países europeos aporten todo tipo de armamentos y amparen políticamente al régimen. Justamente en estos días Israel solicitó a Washington la entrega de 225 millones de dólares adicionales para financiar la producción de componentes de su escudo antimisiles, conocido como “Cúpula de Hierro”. El secretario de Defensa de EE.UU. remitió un mensaje al Senado y a la Cámara de Representantes urgiendo la rápida aprobación de la petición israelí. Si fuese aprobada la ayuda de EE.UU. para estos propósitos ascendería, sólo en 2014, a 500 millones de dólares. La ayuda militar, de cualquier fuente, que recibe Hamas es cero. La desproporción de fuerzas es tan flagrante que hablar de una “guerra” es una broma macabra. Lo dijo Marco Aurelio García, asesor especial de la presidenta Dilma Rousseff: “Lo que estamos viendo en Medio Oriente, por el amor de Dios, es un genocidio, es una masacre”.

Y es así porque Gaza no tiene ejército, no se le ha permitido que lo tenga. Israel tiene uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que le proporcionan Washington y las viejas potencias coloniales europeas. Gaza tampoco tiene una aviación para vigilar su espacio aéreo o una flota que custodie su mar y sus playas. Los drones y helicópteros israelíes sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Las nuevas tecnologías bélicas le han permitido “perfeccionar” lo que hizo Hitler en Guernica. En su furia asesina han bombardeado casas, escuelas, hospitales, recintos de la ONU. Suspoderosos aliados (cómplices de sus crímenes) convalidan cualquier atrocidad. Ya lo hicieron antes, y no sólo con Israel, y lo harán cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia juega a favor de este plan genocida: callaron desvergonzadamente durante la Shoáperpetrada por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódica y periódicamente se está consumando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso: un genocidio. El Estatuto de Roma de la Corte PenalInternacional estableció en 1998 que “se entenderá por ‘genocidio’ cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. El gobierno israelí incurre en los tres componentes de la definición. El problema para el Estado de Israel, al menos en su actual conformación, es que rara vez el genocidio ha sido un camino hacia la victoria. Hitler asesinó a seis millones de judíos en los hornos crematorios y terminó aplastado por sus enemigos. ¿Por qué pensar que este genocidio tendrá un resultado diferente? Es tal vez por eso que en la entrevista ya mencionada Brzezinski afirmó que con sus políticas Netanyahu “está aislando a Israel y poniendo en peligro su futuro en el largo plazo”.
Destrucción de la mezquita de Al-Tawfeek

Afortunadamente, dentro de Israel hay sectores que reprueban con durísimos términos la conducta seguida en Gaza: un grupo denominado “Judíos contra el genocidio”, el Partido Comunista de Israel junto con el Frente Democrático por la Paz y la (Hadash) han condenado los crímenes perpetrados en Gaza y plantean, además, la legitimidad de la resistencia de cualquier territorio ocupado. Pero hay otros que predican la aniquilación de los palestinos, como Ayelet Shaked, la diputada que instó a las fuerzas de ocupación a matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Y desde el gobierno israelí se trabaja para fomentar la deshumanización del “otro” árabe. Los grandes medios de comunicación y las escuelas enseñan a los niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos, degradados a la condición de una raza despreciable. Para involucrarlos en el esfuerzo bélico se los invita a que escriban mensajes de muerte en los misiles que lanzan sus fuerzas armadas. Otros niños serán los que caerán muertos por esos proyectiles amorosamente dedicados por sus contrapartes israelíes.

Este comportamiento es un escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Lévi-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. La traición a los grandes ideales que el judaísmo aportó a la humanidad no será gratuita. Con su criminal cobardía, con sus delitos de lesa humanidad, con sus prácticas propias del “terrorismo de Estado”, con la violación de la legalidad internacional (desacatando la resolución Nº 242, de noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad exige que Israel se retire de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967), las autoridades israelíes están infligiendo un durísimo golpe a la sustentabilidad a largo plazo del estado de Israel. Su aislamiento en la Asamblea Generalde la ONU es patético, ejemplificado por su sistemático y solitario acompañamiento a los Estados Unidos en las votaciones sobre el bloqueo impuesto a Cuba. Incluso sus más incondicionales amigos, como Mario Vargas Llosa, no ahorran críticas: después de visitar Gaza en 2005 dijo en el diario español El País: “Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí … lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz”.
Parece poco probable que la infernal maquinaria bélica israelí pueda hacer un alto y reflexionar sobre el significado de esta traición a los ideales del humanismo judío. Un enfermizo racismo se ha apoderado de los círculos dominantes en la sociedad israelí que le inhibe reaccionar ante las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza o ante la construcción de un ignominioso muro en Cisjordania, o ante la perpetuación y profundización de las políticas de usurpación y despojo colonial. Los horrores padecidos bajo el nazismo parecerían ser suficientes para justificar lo que es a todas luces injustificable e imperdonable. ¿Será así? Pero, en caso afirmativo, la cuestión es: ¿por cuánto tiempo? Pregunta pertinente si se recuerda el dictum de John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. cuando dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”, una frase repetida hasta el cansancio por otro criminal de guerra, Henry Kissinger. Sería bueno que las autoridades israelíes, que dan por descontado un apoyo indefinido de Washington a sus políticas, meditaran sobre este asunto.
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Natalicio de Hugo Chávez

Compartimos la nota que escribió Atilio Boron en su blog recordando a Hugo Chávez.

“Si yo me callo, gritarían las piedras de los pueblos de América Latina que están dispuestos a ser libres de todo colonialismo después de 500 años de coloniaje”.

(Hugo Chávez, entrevista radiofónica, 10 de noviembre de 2007)

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En el día de hoy, 28 de Julio, Chávez habría cumplido 60 años. Prematuramente hemos sido privados de uno de los “imprescindibles” en la dura y larga batalla por la Segunda y Definitiva Independencia de Nuestra América. Más allá de la discusión que subsite al interior del campo antiimperialista –no siempre lo suficientemente sabio como para distinguir con claridad amigos de enemigos- lo cierto es que Chávez marca un antes y un después en la historia de América Latina y el Caribe. Si Fidel fue el gran estratega de tantas batallas libradas contra el imperialismo y el colonialismo, en Nuestra América como en África y Asia, Chávez fue su eximio mariscal de campo a la hora de encarar, en Mar del Plata, en Noviembre del 2005, la batalla decisiva que hundiría el más ambicioso y largamente acariciado proyecto del imperialismo norteamericano en el hemisferio para todo el siglo XXI: el ALCA.

Nutrido por las enseñanzas de Simón Bolívar y por su amigo y maestro cubano (Fidel fue para Chávez lo que Simón Rodríguez fuera para Bolívar); por su inagotable voracidad intelectual que lo hacía estudiar y leer día y noche; y por las lecciones extraídas de sus luchas contra la oligarquía y el imperialismo, el bolivariano fue completando su formación política hasta convertirse, también él, en el gran estratega de la resistencia y la ofensiva antiimperialista en Nuestra América. La UNASUR y la CELAC tienen el sello indeleble de Chávez, como también lo tienen el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe, TeleSUR –amén de los por ahora frustrados Petrosur y el Gasoducto del Sur- y tantas otras iniciativas continentales surgidas de su patriótico latinoamericanismo. Al principio aquellas  fueron descalificadas por muchos políticos e intelectuales de la región como producto de una incontenible megalomanía de Chávez, o de su exaltada “imaginación tropical”. Pero a poco andar, con el fragor de la lucha de clases y la guerra mediática, económica, política y cultural desatada por el imperialismo para reconquistar el control de nuestros países y regresarlos a la condición semicolonial existente en vísperas de la Revolución Cubana aquellos proyectos se revelaron  como las únicas alternativas realistas ante las pretensiones de dominio de Washington. Chávez logró con su prédica y con sus acciones que se hiciera carne en este continente la idea de que la unidad de los países latinoamericanos y caribeños era condición ineludible, inexorable, de su supervivencia como entidades independientes. Que de persistir en la desunión astutamente azuzada por el imperialismo nuestro destino no sería otro que el de ser devorados por él, perdiendo no sólo nuestras riquezas sino nuestra independencia, nuestros valores, nuestra lengua, nuestra cultura. Todo, incluyendo nuestra dignidad.

A esta clarividencia político-estratégica Chávez sumaba una fuerza de voluntad excepcional, una sobrehumana capacidad de trabajo y un carisma y simpatías personales que lo tornaban un interlocutor irresistible y un protagonista político de primer orden. Tenía todo lo necesario para llevar exitosamente a la práctica un proyecto de unidad latinoamericana y caribeña, y por eso nuestros enemigos: el imperialismo y sus aliados, percibieron con claro instinto de clase el peligro que entrañaba su protagonismo continental. Por si lo anterior fuera poco fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano -y en gran medida internacional- la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado.

Por eso pusieron en marcha un plan para acabar con Chávez, como antes lo hicieron con el Che, con Jaime Roldós, con Omar Torrijos, con Juan José Torres, con los generales democráticos chilenos Carlos Prats y René Schneider, con Patrice Lumumba en el Congo y con tantísimos otros líderes políticos que tuvieron la osadía de desafiar los designios del imperialismo. Más pronto que tarde sabremos la verdad de las causas de su muerte. Ya aparecerán nuevas revelaciones de los documentos secretos del gobierno de Estados Unidos en donde los detalles de tan perversa operación salgan a la luz del sol. Pero si acabaron con su vida no pudieron hacerlo con su ejemplo y su legado, que se fortalecen día a día. Ocurrirá con él lo que con el Che: su muerte, lejos de borrarlo de la escena política agigantará su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos. Por una de esas paradojas que la historia reserva sólo para los grandes, su muerte lo ha convertido en un personaje inmortal.

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Notas sobre el conflicto en Gaza

Dejamos una serie de artículos de diversas personalidades sobre los acontecimientos en la Franja de Gaza, cortesía del blog de Atilio Boron.

El tormento de Gaza y los crímenes de Israel son nuestra responsabilidad

Noam Chomsky

A las tres de la madrugada del 9 de julio, en medio del más reciente ejercicio de la barbarie israelí, recibí la llamada telefónica de un joven periodista palestino en Gaza. Al fondo podía escuchar los gritos de su hijo pequeño en medio de las explosiones y el rugir de los jets que disparaban contra cualquier civil que se moviera, y también contra hogares.

Este joven acababa de ver estallar por los aires a un amigo suyo, quien circulaba en un vehículo claramente marcado como de prensa. Alcanzaba a escuchar los gritos que provenían de la casa vecina, tras la explosión, pero no pudo salir por temor a convertirse en blanco.
Se trata de un barrio tranquilo. No hay objetivos miliares… a excepción de los palestinos, quienes son el blanco de la maquinaria de alta tecnología que Israel posee gracias a que Estados Unidos se la proporciona.

Mi amigo dijo que 70 por ciento de las ambulancias fueron destruidas, y que de todos los muertos y heridos cerca de dos tercios son mujeres y niños. Muy pocos activistas de Hamas han sido víctimas de los bombardeos. Siempre son las víctimas acostumbradas.
Es importante entender lo que es la vida en Gaza cuando Israel se comporta de manera moderada entre una crisis y otra. Una buena representación de esto la reportó el representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Mads Gilbert, el valiente físico experto de nacionalidad noruega, quien ha trabajado mucho tiempo en Gaza y vivió la cruel y asesina operación Plomo endurecido. En todos aspectos, la situación es desastrosa.
Sólo en lo que respecta a los niños, Gilbert reporta: “Los niños palestinos en Gaza sufren inmensamente. Gran cantidad padece desnutrición por las condiciones impuestas por el gobierno israelí, debido al bloqueo al territorio palestino de Gaza. La anemia es común en todos los mayores de dos años, a los que afecta en 72.8 por ciento. Desnutrición, baja talla y bajo peso afecta, respectivamente, a 34.3, 31.4 y 31.45 por ciento de todos los niños del territorio. Estos índices empeoran, según cada nueva medición.
Cuando Israel se porta bien al menos dos niños palestinos son asesinados cada semana, y este patrón se ha mantenido durante los últimos 14 años.
La causa de fondo es la ocupación criminal de los territorios palestinos y todas las medidas que se adoptan en Gaza para que su población sobreviva apenas, mientras los palestinos de Cisjordania son obligados a mantenerse dentro de cantones inaccesibles, todo lo cual pone a Israel en una violación flagrante del derecho internacional y resoluciones explícitas del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por no hablar de una mínima decencia humana.
Y así continuará mientras Israel sea apoyado por Washington y tolerado por Europa, para nuestra vergüenza eterna.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/07/16/index.php?section=opinion&article=027a1mun

El conflicto entre Israel y Palestina tiene un nombre: tierra, y eso es lo que dice Fisk en su artículo. Basta con echar una mirada a la evolución de las fronteras de Israel entre 1918 y la actualidad para graficar la enormidad del despojo territorial sufrido por los palestinos.



En la siguiente Eduardo Galeano retoma el tema, pero ampliando el foco de su análisis, aportando antecedentes complementarios a los de Fisk. Galeano denuncia la hipocresía de las “democracias” occidentales -en realidad, corruptas plutocracias- y plantea una serie de interrogantes éticos y filosóficos de imprescindible consideración en cualquier análisis de la situación imperante en Gaza y, por extensión, en Oriente Medio.

La tercera es una nota de un ex oficial del ejército israelí, Roy Tov, que plantea la tesis de que el asesinato de los tres jóvenes fue producto de un siniestro plan urdido por el gobierno israelí con el propósito de avanzar en la apropiación de territorios. Si bien este tipo de interpretaciones puede suscitar algunas reservas,  su argumentación es bastante convincente cuando se la proyecta sobre el telón de fondo de las políticas genocidas puestas en práctica por el gobierno de Israel. En otro contexto sería no demasiado creible la argumentación de Tov. Pero un gobierno como el israelí,  que bombardea a mansalva a una población prácticamente indefensa, que no tiene fuerzas armadas, ni aviones, ni tanques, ni buques de guerra, y que ve sus mezquitas, escuelas, hospitales, hogares de ancianos destruidos por el fuego enemigo es capaz de urdir y ejecutar un plan tanto o más perverso como el que denuncia Tov. De su análisis se desprende una conclusión muy clara: el peor enemigo del pueblo judío es el estado de Israel.

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Se trata de la tierra
Por Robert Fisk *
De manera que la tasa de mortalidad en los últimos dos días fue de 40 a 0 a favor de Israel. Pero durante las próximas horas no se escuchará nada sobre la historia de Gaza. Ahora se trata de las tierras. Los israelíes de Sderot están bajo el fuego de cohetes de los palestinos de Gaza y ahora los palestinos se están … Seguro. Pero un momento, ¿cómo es que todos los palestinos –1,5 millones– están hacinados en Gaza en el primer lugar? Bueno, sus familias vivieron una vez, ¿no es así?, en lo que ahora se llama Israel. Y fueron echados –o huyeron por sus vidas– cuando se creó el Estado de Israel.
Y –ahora tal vez es necesario tomar aliento– las personas que vivían en Sderot a principios de 1948 no eran israelíes, eran árabes palestinos. Su pueblo se llamaba Huj. Tampoco eran enemigos de Israel. Dos años antes, estos mismos árabes habían ocultado a combatientes haganah judíos del ejército británico. Pero cuando el ejército israelí se presentó en Huj el 31 de mayo de 1948, expulsaron a todos los aldeanos árabes… ¡a la Franja de Gaza! Se convirtieron en lo que David Ben Gurion (el primer Primer Ministro de Israel) llamó una “acción injusta e injustificada”. Qué pena. A los palestinos de Huj nunca se les permitió volver. Y hoy, más de 6000 descendientes de los palestinos de Huj –ahora Sderot– viven en la miseria de Gaza, entre los “terroristas” que Israel afirma querer destruir y que están disparando en lo que era Huj. Interesante historia.
Y lo mismo con respecto al derecho de Israel a la autodefensa. Lo hemos escuchado de nuevo hoy. ¿Qué pasaría si al pueblo de Londres le dispararan como al pueblo de Israel? ¿No devolverían el golpe?
Bueno, sí, pero los británicos no disponen de más de un millón de los antiguos habitantes del Reino Unido encerrados en campos de refugiados en unos pocos kilómetros cuadrados alrededor de Hastings. La última vez que se utilizó este argumento falaz fue en 2008, cuando Israel invadió Gaza y mató al menos a 1100 palestinos (tipo de cambio: 1100 a 13). “¿Qué pasaría si Dublín estuviera bajo ataque de cohetes?”, preguntó entonces el embajador de Israel. Pero la ciudad británica de Crossmaglen en Irlanda del Norte estaba bajo ataque de cohetes de la República de Irlanda en la década de 1970. Sin embargo, la RAF no bombardeó Dublín en venganza, ni mató a mujeres y niños irlandeses. En Canadá, en 2008, los partidarios de Israel usaron el mismo argumento fraudulento. ¿Qué pasaría si la gente de Vancouver o Toronto o Montreal estuviera siendo atacada por cohetes desde los suburbios de sus ciudades? ¿Cómo se sentirían? Pero los canadienses no han metido a los habitantes originarios del territorio canadiense en campos de refugiados.
Y ahora crucemos a Cisjordania. En primer lugar, Benjamin Netanyahu dijo que no podía hablar con el “Presidente” palestino, Mahmud Abbas, porque no representan también a Hamas. Luego, cuando Abbas formó un gobierno de unidad, Netanyahu dijo que no podía hablar con Abbas porque se había unido con el “terrorista” Hamas. Ahora Netanyahu dice que sólo se puede hablar con él si Abbas rompe con Hamas –a pesar de que entonces Abbas no representaba a Hamas–.
Mientras tanto, el gran filósofo israelí de izquierdas Uri Avnery –90 años y todavía, por suerte, lleno de energía– ha posado su mirada en la última obsesión de su país: el peligro de que Isis (el nuevo movimiento radical islámico) partirá desde el “califato” iraquí / sirio hasta llegar a la orilla del río Jordán.
Y Netanyahu dijo, según Avnery, “si no son detenidos por la guarnición israelí permanente allí (en el río Jordán), aparecerán en las puertas de Tel Aviv”. La verdad, por supuesto, es que la fuerza aérea israelí habría aplastado a Isis en cuanto se atreviera a cruzar la frontera con Jordania desde Irak o Siria.
La importancia de esto, sin embargo, es que si Israel mantiene su ejército en Jordania (para proteger a Israel de Isis), un futuro Estado de Palestina no tendría fronteras y sería un enclave dentro de Israel, rodeado por todos lados por territorios controlados por Israel.
“Igual que los Bantustans sudafricanos”, dice Avnery. En otras palabras, nunca existirá un Estado palestino “viable”. Después de todo, ¿no son lo mismo Isis y Hamas? Por supuesto que no.
Pero eso no es lo único que escuchamos de Mark Regev, portavoz de Netanyahu. No, lo que le dijo a Al Jazeera es que Hamas es “una organización terrorista extremista no es muy diferente de Isis en Irak, Hezbolá en el Líbano, Boko Haram …” Hezbolá es una milicia chiíta que viene llevando una lucha a muerte dentro de Siria contra los musulmanes sunnitas de Isis. Y Boko Haram –a miles de kilómetros de Israel– no es una amenaza para Tel Aviv.
Pero se entiende. Los palestinos de Gaza –y, por favor, olvídense para siempre de los 6000 palestinos cuyas familias provienen de la tierra de Sderot– son aliados de las decenas de miles de islamistas que amenazan a Maliki en Bagdad, a Assad de Damasco o al presidente Goodluck Jonathan, en Abuja. Para ser más precisos, si Isis va en dirección de la ribera occidental, ¿por qué el gobierno israelí sigue construyendo colonias allí –de forma ilegal y en tierra árabe– para civiles israelíes?
Acá no se trata solamente del vil asesinato de tres israelíes en la Cisjordania ocupada o el vil asesinato de un palestino en Jerusalén Este, ocupado. Tampoco de la detención de numerosos militantes y políticos de Hamas en Cisjordania. Tampoco de los cohetes. Como de costumbre, se trata de la tierra.
* De The Independent de Gran Bretaña, especial para Página/12.
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GAZA
Por Eduardo Galeano

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.
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3 jóvenes a cambio de la Ribera Occidental
9 de julio 2014

Por  Roy Tov *
Fuente: http://www.roitov.com/

El 30 de Junio fueron encontrados los cuerpos de tres estudiantes colonos secuestrados poco después de las 22:00 del jueves 12 de junio.
UN  SECUESTRO IMPOSIBLE
Erróneas declaraciones oficiales y sin ninguna relación con la realidad, un extraño comunicado por el Mossad, imágenes extrañas de investigaciones irracionales llevadas a cabo por el ejército y un conteo inesperado de “días después del secuestro”, repetido por los medios de comunicación: todo terminó en la tarde del 30 de junio . Poco después, el presidente Peres tuvo una reacción calculada, diciendo: “Hoy la nación entera baja la cabeza bajo el peso de un dolor demasiado pesado de llevar. Durante 18 días, las personas oraban unidas para que el destino de estos jóvenes maravillosos fuese encontrarlos con vida “…
Veamos y analicemos brevemente los principales hechos problemáticos de este asunto.

Al principio, Israel culpó del crimen al Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS). Luego de las risotadas de la prensa israelí el gobierno culpó a la Autoridad Palestina y Hamas. Al final, sólo Hamas ha sido hallado culpable.

El hecho, sin embargo, había tenido lugar en la zona C de Cisjordania, que no se encuentra bajo la responsabilidad de la Autoridad Palestina, y por lo tanto no se la puede culpar de lo ocurrido. Hamas opera principalmente en Gaza y no tiene los recursos necesarios para llevar a cabo un secuestro en Cisjordania, donde debe lidiar con la Shin Bet israelí y la policía secreta de la Autoridad Palestina.
Poco después del secuestro, en mi artículo “El Mossad había predicho el Rapto de Colonos”, cuando los informes oficiales afirmaban que los chicos seguían con vida, escribí: “Incluso antes del descubrimiento de sus cuerpos, Israel se apresuró a atacar y acusar. Si mis sospechas son correctas, serán encontrados muertos para que no puedan describir quiénes y cómo los secuestraron “.

Desde el principio, incluso los medios de comunicación hebreos cuestionaron la narrativa oficial, objetando también el inverosímil panfleto utilizado por Israel para fundamentar sus acusaciones contra el ISIL y que supuestamente habría sido emitido por esta organización. Otro detalle sospechoso es el misterioso automóvil encontrado incendiado cerca del lugar del secuestro y no muy lejos de Hebrón.

El secuestro fue perpetrado por alguien que tenía un buen conocimiento de la práctica del autostop en Israel. Los tres estudiantes estaban haciendo autostop, a pesar de que sus escuelas lo habían prohibido; si lo hicieron fue porque en esa zona hay muy poco transporte público. A pesar de haber desoído esa prohibición es poco probable, sin embargo, que hubieran violado otras reglas. Vean las placas de matrícula de automotores que acompañan esta nota. La del camión es amarilla, lo que significa que el vehículo es propiedad de un judío. La del otro coche es una matrícula palestina, blanca y verde. En el pasado las placas de la Ribera Occidental eran de color azul o verde y las de Gaza color plateado. Esta distinción es muy útil para facilitar los controles de carretera: el coche con la placa de color amarillo pasa sin ser detenido, mientras que los otros están sometidos a revisión. Esto también es muy conveniente para quienes hacen autostop. Ningún judío haría autostop con un automóvil que no tenga placas israelíes. Esta es una regla básica, fundamental, altamente improbable de haber sido violada por colonos de la Ribera Occidental.
Placas de un automóvil cuyo propietario es judío (arriba) o árabe (abajo)
Por lo tanto, los tres fueron secuestrados por un auto israelí. Probablemente el carro incendiado fue el que se utilizó para el secuestro. Tenía placas amarillas, y por eso no despertó sospechas. El conductor debió haber hablado hebreo muy bien, con el acento correcto; hablar con el conductor es la segunda, y muy estricta, regla para un autostop seguro.

Después del secuestro yo dije que “las víctimas, ya muertos o inconscientes, fueron  transferidos a un coche más seguro, mientras que el primero era incendiado para evitar su identificación. Podría ayudar a identificar a los cómplices israelíes “. Ahora se descubrió que los tres fueron asesinados en el carro, en un increíble desarrollo de los acontecimientos.

Miren al coche incendiado y se notará que la placa amarilla no está allí. Las placas no se queman hasta el punto de hacer imposible su identificación. Las matrículas israelíes son resistentes. Fueron retiradas para ocultar pruebas incriminatorias. Es imposible que el secuestro hubiera ocurrido  tal como lo describieran las autoridades israelíes.  Aquí ocurrió  algo muy diferente a lo que se nos dijera.
El auto incendiado en el que fueron secuestrados los tres jóvenes israelíes

ASESINATO BLANCO

En los días que siguieron a estos hechos los parientes de los jóvenes colonos decían que el ejército les proporcionaba información confidencial sobre lo ocurrido. Recién después del descubrimiento de los cuerpos este asombroso detalle  se hizo público.
Los cuerpos fueron encontrados en Khirbet Arnaba (las ruinas de Arnaba), al norte de la aldea de Halhul, en la periferia norte de Hebrón. Habían sido enterrados apresuradamente en un wadi (una corriente pequeña), entre Jaljul y Beit Kahil.
Poco antes del secuestro, las familias recibieron algunas llamadas telefónicas de los chicos en donde les decían que estaban en camino a casa. Ahora se sabe que uno de ellos llamó a la policía desde el coche. A los pocos minutos de subir al mismo, desde Talmon, Gilad Shaar llamó al número de emergencia de la policía de Israel. La llamada fue tomada por el destacamento situado en el distrito de Judea y Samaria.
Esto significa que los jóvenes abordaron el coche sin tener ninguna sospecha sobre el conductor. Este debe haber hecho un desvío inesperado que para Gilad resultó sospechoso.
Ocultando sus movimientos marcó el 100. Cuando su llamada fue respondida el joven susurró: “He sido secuestrado.” Es una frase corta en hebreo (”hatfu oti“), que no pudo ser acallada.

La llamada telefónica fue grabada y ahora es pública. Después de estas dos palabras, alguien gritó en hebreo: “¡Agáchense, agáchense, Abajo!” Después de estos gritos se escuchan tres grupos de disparos de armas de fuego y gritos de dolor, y luego se corta la comunicación. También se pudo escuchar a la parlamentaria Shelly Yachimovich en la radio del auto.
Las comisarías no son pizzerías. El dueño de una de ellas podría pensar que una llamada de ese tipo podría ser una broma. La policía, especialmente la de una zona de guerra, no puede pensar de la misma manera. Sin embargo, la policía israelí esperó casi cinco horas antes de entrar en acción. Dejó  pasar Intencionalmente todo este tiempo para que se pudieran ocultar los cuerpos. Fueron enterrados en el lugar ya descrito: el coche dio un rodeo alrededor de Hebron y luego fue quemado en el sur de esa ciudad.
En el funeral, el padre de Gilad, dijo: “Desde el momento en que escuché el valiente susurro, escuché en mis oídos una voz tremenda y me puse de pie [de orgullo]. Fue un acto de extraordinario valor para un chico que aún no había cumplido 17 años. “
Israel danza en sangre

La versión israelí está repleta de agujeros lógicos. La policía secreta Shin Beth arrestó a dos palestinos, Marwan Kawasme and Amar Abu-Aysha. Ambos habían estado en una cárcel israelí y sus nombres se hallaban en una lista de personas buscadas por la FDI  (Fuerza de Defensa Israelí, eufemismo utilizado para denominar al ejército de ese país) y la Shin Beth. Sus esposas dijeron que ellos desaparecieron luego del secuestro. ¿Qué pasó con ellos? Nunca lo sabremos.

El evento contiene el sello de una operación de PSYWAR (“guerra psicológica”, por su acrónimo en inglés). Creó un símbolo poderoso que no podrá ser olvidado por sus víctimas.
El 9/11 es una fecha muy significativa para los estadounidenses. Mucha gente en el mundo prefiere el 11/9. En el 2001 el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York fue hecho en esa fecha, y esto no se debió al azar. El 911 es el número telefónico para emergencias en Estados Unidos. Desde entonces, los estadounidenses recuerdan constantemente la tragedia. Marbetes con el 9/11 se encuentran en todos los espacios públicos. Es una manipulación perfecta de los temores de la gente. “Atemoriza y dominarás”  es el último desarrollo de la teoría política.
Algo similar ocurrió en Israel. Los medios contaban el paso de los días de manera histérica, y el Presidente Peres enfatizó los 18 días transcurridos. En la cultura judía el número 18 es un símbolo de la vida. Las gargantillas con una leyenda que dice “chai” significan “vive” y “18”. Los hombres y mujeres judíos no se casan sino que hacen un contrato comercia. Firman una “ktuva”, un acuerdo escrito en el cual el marido promete pagar una determinada suma de dinero si se divorcia de su mujer. Los múltiplos de 18 son una suma popular en una “ktuva” debido a que simbolizan la vida. El número 18 puede verse en las calles israelíes más que el 911 en Nueva York.
18 días le tomó a la FDI encontrar los cuerpos sepultados a menos de diez minutos de donde habían sido secuestrados, mientras los supuestos culpables del crimen ya estaban detenidos. De ahora en más, los israelitas que vean el número 18 verán la muerte en lugar de la vida. Y sutilmente manipulados por su gobierno, culparán a los palestinos por ese cambio.
La Anexión de la Ribera Occidental
En los meses recientes, la anexión oficiosa de la Ribera Occidental por Israel se está acelerando. Esto fue así reconocido por el Presidente Rivlin, que sucederá a Peres el 27 de Julio.
El 29 de Junio, el Primer Ministro Netanyahu anunció la construcción de una barrera a lo largo de la Ribera Occidental del río Jordán, para que Israel controle esa zona. Pocas horas después de la aparición de los cadáveres, el ministro de Defensa Moshe Ya’alon y el Primer Ministro Benjamin Netanyahu anunciaron que la respuesta de Israel incluirá una ola de expansión de los asentamientos y la construcción de un nuevo asentamiento en memoria de los tres adolescentes en lo que hasta este momento fue el puesto de avanzada de G’vaot.
Esto había sido planeado de antemano porque la decisión relativa a la elección del lugar requiere una planificación.

“Valiente susurro … una voz tremenda y me puse de pie [de orgullo]” , dijo el padre de Gilad.  sin darse cuenta de que se enterraría a si mismo en vergüenza eterna si supiera la verdad.
Tres jóvenes  por un pedazo de tierra. ¡Que la vergüenza caiga sobre el Primer Ministro Netanyahu!

*  Roy Tov es un ex oficial del Ejército Israelí (FDI)
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