Canciones para crecer

11/09/2015

Stella Zuccarino, Andrea Pozzi y Silvia Vázquez nos muestran con su experiencia el potencial educativo de un lactario, cuando sus docentes se plantean objetivos que trascienden el mero cuidado de los bebés a su cargo. Un hecho rutinario como puede ser entonar canciones de cuna para dormir a los chiquitos, adquiere la dimensión de un estímulo poderoso para la construcción de la identidad individual, familiar y comunitaria

He aquí el relato:

Somos tres maestras que trabajamos en un lactario dentro de una escuela infantil que alberga niñ@s desde 45 días a 5 años en la ciudad de Buenos Aires.

Surge esta experiencia como  una necesidad de compartir el acervo cultural diverso y propio de cada familia, pues creemos que la identidad es lo que nos permite construirnos como sujeto. Cada sujeto es único, y sólo conociendo nuestra raíz, nuestra historia, nuestro pasado podemos vivir el presente y proyectar un futuro.

Cada familia se acerca a la escuela con sus creencias, costumbres, saberes culturales. La escuela, al conocerlos y respetarlos le permite al niñ@ sentirse segur@ y confiado@ para construirse a sí mismo y como sujeto miembro de una comunidad.

Elegimos en esta oportunidad la canción de cuna porque nos da un saber a cerca de cómo es albergado cada bebé.

Esas canciones transmitidas de generación en generación son perfectas porque se cantan con una ternura, una empatía y un amor único. Todo el mundo parece desaparecer y solo existen dos personas, una cantando, otra oyendo y ambas sintiendo. Ese susurro rimado, ritmado y musicalizado ayuda al bebé a entregarse confiado al sueño. A través de ellas le damos cuidado, abrigo y amor, pero también le transmitimos la cultura y la tradición familiar.

Creemos que  al traer al jardín  las canciones de cuna que escuchan en cada hogar,  no sólo  evocan  ese lazo amoroso  sino que además al ser escuchadas, valoradas y compartidas con los otros  construyen las voces que nos darán una identidad  como grupo.

Pero también hay otras razones: La canción de cuna reúne a la música y la literatura. La belleza interna de estas composiciones y su sencillez comunicativa la hacen portadora de una enorme riqueza literaria. La transmisión de las canciones de cuna a lo largo del tiempo, de generación en generación, durante miles de años y en cada rincón del mundo, evita que este género termine desapareciendo, porque es patrimonio de las colectividades que se expresan en la misma lengua, y es coincidente con otros pueblos que hablan otras lenguas.

Que l@s niñ@s no entiendan el significado de cada palabra, no interesa por ahora. La unión de la voz, la estructura poética, la melodía y el movimiento de arrullo dan a la canción de cuna su singularidad más significativa. Este género literario es el primero que el ser humano disfruta en su vida.

Iniciamos el año convocando a una reunión cuya actividad central fue la narración del cuento “Iyoke es muy pequeño”, que termina con el bebé en brazos de su mamá, meciéndolo mientras suena una nana: “Wá wá wá wá” de origen africano, en lengua kikongo (Congo).

A partir de esto explicamos la importancia de las nanas y les pedimos que escribieran y grabaran aquella canción que los identificaba como familia. Una vez recopilado el material se inició una serie de acciones en la sala para el desarrollo de la experiencia.

En una primera instancia, se preparó un ambiente adecuado esperando el horario en que los rayos del sol iluminaban la sala; se colocó una manta en el piso en la que se acomodó a cada bebé en la posición que le resultaba más placentera y las maestras nos ubicamos sentadas entre los niños. Al comenzar a sonar las nanas se produjo un momento mágico ya que pudimos apreciar cómo algunos bebés, al reconocer la voz familiar, comenzaban a buscar con la mirada de dónde venía el sonido,  otros movían brazos y piernas, sonriendo algunos y otros haciendo “puchero” .

Este CD de nanas de las familias nos sirvió, luego, como sostén de otras actividades de sensibilización por el arte. Por ejemplo, se armaron escenarios lúdicos ambientados con grandes tules de colores colgados en la sala para estimular la percepción del color  mientras se escuchaban las nanas. En distintos momentos, se incorporaron otros elementos como plumas, títeres, pompones, etc. También se utilizaron reproducciones de pinturas sobre la temática de la maternidad y el acunamiento, para crear un entorno visual que acompañara al entorno musical:

“Madre sentada sosteniendo a su bebé” de Claudio Bravo.

“Maternidad” de Lidia Capusotto.

“Madre e hija” de Oswaldo Wayasamin.

“La cuna” de Berthe Morisot.

Se escucharon las canciones acompañadas por el suave sonido de un palo de lluvia, ejecutado por la maestra y más adelante se ofrecieron cotidiáfonos a los niños para que los  exploraran durante la escucha. En la primera reunión, se solicitó a cada familia el registro escrito de las nanas y se confeccionó una carpeta que circuló por todos los hogares.

Así como los bebés fueron acunados mientras escuchaban las canciones de cuna, se le ofrecieron muñecos para que ellos pudieran acunar.

Como actividad de cierre se convocó a las familias y se los invitó a acunar a los bebés  mientras escuchábamos las nanas. Después de compartir ese momento se pidió a cada uno que expresara una palabra que surgida espontáneamente desde la emoción de lo vivido. Con todas estas palabras, entre todos, elaboramos una canción de cuna, con melodía del “Arrorró”, que luego formó parte de las nanas que se escuchaban en la sala diariamente.

Conclusiones:

Fue muy placentero transitar todo este proceso porque posibilitó un canal de comunicación diferente, construido desde la ternura para conocer más a cada niñ@ y a su familia. Esto brindó mayor fluidez a la comunicación de las familias entre sí. No solo nos permitió tender un puente entre los bebés y las nanas como expresión poética y musical sino también abordar el tema de  los orígenes y la importancia de la historia personal. Así nos vimos sorprendidas ante la realidad de una mamá que había nacido en una comunidad aborigen, quien no tenía documento, pero que a partir de esta experiencia, salió a la búsqueda de su identidad.

Este proyecto continuó al año siguiente en la nueva sala a la que fueron los bebés.

Liliana Capuano, integrante del Grupo de reflexión sobre la práctica, sintetiza con su comentario el nutritivo intercambio que la experiencia generó en el seno del grupo
El proyecto desarrollado por Stella, Andrea y Silvia nos muestra todo lo que puede realizarse en una sala de niñas y niños tan pequeños como los que concurren al lactario de un Jardín Maternal.
Para pensar las actividades que se realizan hay que tener claro qué se desea que ocurra y estas maestras acordaron poner por delante la IDENTIDAD de las familias…
Es cierto que en las salas de maternal las canciones de cuna forman parte cotidiana del repertorio de las docentes, pero no siempre se utilizan con este significado, lo habitual es que solo se canten. Comprender lo que significan para cada familia, en cada comunidad, y enlazarlas para crear la propia identidad de la sala, ese es el sentido más profundo de lo que significa comprender a la comunidad; como ellas manifiestan “Fue muy placentero transitar  este proceso porque posibilitó un canal de comunicación diferente, construido desde la ternura para conocer más a cada niño y a su familia”
Considero indispensable, que la cultura familiar y barrial entre a la escuela, en todos los niveles educativos, y que en ese “lugar de encuentros compartidos”,  nos reconozcamos, ya que es ese reconocimiento, lo que permitirá construir junto al otro y otra la identidad real de quienes formamos la comunidad.
Por otro lado me interesó mucho lo que dicen en la evaluación “Así nos vimos sorprendidas ante la realidad de una mamá que había nacido en una comunidad aborigen, quien no tenía documento, pero que a partir de esta experiencia, salió a la búsqueda de su identidad.”
Me gustaría saber qué intervención tuvo la escuela en la decisión de esa mama, ¿le dio importancia?, ¿la ayudó de alguna manera?, cómo lo hizo?.  Cuando hablo de escuela, hablo de ustedes, las maestras ¿ pudieron  apropiarse del problema o se lo dejó pasar…?
Cerramos esta lúcida y conmovedora experiencia con una doble apelación: a Stella, Andrea y Silvia para que respondan los interrogantes con los que Liliana concluye su comentario y a nuestro lectores para que nos hagan llegar opiniones, sentimientos, propuestas

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