Buenos Aires como borrador: sobre las lecturas locales de Michel Foucault

Autor/es: Mariana Canavese

Edición: Tangram Buenos Aires


En Buenos Aires, la presencia de Foucault no ha dejado de crecer desde hace más de medio siglo. Es, sin duda, uno de los filósofos más conocidos, más leídos y más comprados. En este artículo se indaga la recepción del filósofo francés en nuestro medio. Como desafío de análisis, se propone abordar la circulación de productos culturales alejándonos de las metáforas del estilo “centro-periferia”, entendiendo a Buenos Aires, no como un espacio-reflejo, sino como el de elaboraciones con entidad propia, escrituras que dan lugar a otros objetos, usos que no son reproductivos en tanto se relacionan con una problemática local o con una experiencia concreta.

1.

Ya decía Borges que no hay sino borradores. Lejos de los textos definitivos y las elaboraciones originales, la exploración de las vías de circulación y recepción internacional de las ideas permite advertir las apropiaciones y los usos locales (borradores) de producciones que provienen de otros contextos (también borradores); nuevas constelaciones donde operan desde el sistema de traducciones hasta las prácticas de lectura.

Partiendo de la renuncia a juzgar la fidelidad de las lecturas en relación con obras originales y buscando restituir el rol activo del lector, es posible zanjar tradicionales explicaciones binarias que oponen original a copia, centro a periferia, y así… dejándole a América Latina el rol de mera receptora de ideas ajenas, de un centro que produciría discursos auténticos. Podemos entonces pensar en las posibilidades que implica el problema de la recepción en nuestros contextos de producción de prácticas y discursos como complejos procesos signados por la diferencia.

Dentro de las formas de circulación de las propuestas del filósofo francés Michel Foucault, Buenos Aires es un centro lejos de los centros, o mejor, un borrador entre borradores. Constituye un espacio medular entre los usos latinoamericanos de Foucault, desde donde puede seguirse la trama de conexiones con el resto de Iberoamérica. Se trata de una recepción particularmente temprana, continua, heterogénea e intensa, con lecturas específicas y diversas a las que en los mismos períodos fueron posibles en San Pablo, París, Ankara, Chicago o Bucarest. La singularidad reside también en los diálogos estrechos entre los campos político e intelectual locales. A pesar de ello, esta recepción tiene, sintomáticamente, poca visibilidad: en otros sitios, como Estados Unidos, tendió a ubicarse a América Latina en un lugar más bien periférico en relación con las lecturas foucaultianas, o al menos que no ameritaría mayor desarrollo en los trabajos que allí se producen; en los años 80, en Francia, revistas como Magazine littéraire señalaban que Foucault era traducido a seis lenguas, incluyendo japonés, polaco, hebreo, portugués y serbo-croata, y que los norteamericanos habían sido los primeros en editarlo, con Histoire de la folie. Sin embargo, si atendemos a la circulación y los usos locales se verifica un derrotero históricamente muy diferente. Esto no implica diluir las relaciones de dominación, ni borrar las asimetrías materiales que se producen en la circulación internacional de bienes culturales, sino advertir las singularidades.

Así, lejos de pensar en la influencia de una cultura central sobre otra periférica, puede pensarse en los usos y las apropiaciones, no como un problema geográfico sino como un campo de problemas inmanentes a la situación local. Entre una interpretación signada por la creación y la originalidad –la idea ingenua de una lectura inaugural, entusiasta en su grado cero– y otra en clave de pasividad y dependencia del original –que se resigna a encontrar aquí lo que se originaría en otras latitudes–, la recepción entendida como usos y apropiaciones permite pensar a Buenos Aires no como un espacio-reflejo, sino como el de elaboraciones con entidad propia, escrituras que dan lugar a otros objetos, usos que no son reproductivos en tanto se relacionan con una problemática local o con una experiencia concreta.

2.

En Buenos Aires, la presencia de Foucault no ha dejado de crecer desde hace más de medio siglo. Es, sin duda, uno de los filósofos más conocidos, más leídos y más comprados. Y aunque el filósofo francés no pisó la ciudad, las palabras y las citas foucaultianas forman parte de los campos académico, político e intelectual locales.

El temprano interés por las elaboraciones de Foucault entre nosotros es visible en usos desde el psicoanálisis a fines de la década de 1950, en la primera traducción al español del primer libro de Foucault (Maladie mentale et personnalité, 1954) publicada en 1961 por la editorial Paidós en Buenos Aires, y en la edición de la antología Análisis de Michel Foucault en 1970 por la porteña Tiempo Contemporáneo, que constituye la primera publicación íntegramente dedicada a Foucault en español y seguramente la primera en el mundo fuera de Francia.

Tres momentos incidieron en los modos en que devino una referencia fundamental para debates político-intelectuales y académicos de todo tipo: la última dictadura militar, cuando los campos académico, político e intelectual fueron minados por la muerte, el miedo y el silencio y la referencia a Foucault circuló en ámbitos privados, pero también en espacios públicos; la coyuntura político-intelectual de la “crisis del marxismo” en los años 80, en la que cristalizaron posiciones en una pulseada entre el marxismo y el foucaultismo en el contexto de la crisis y la autocrítica de la izquierda local; las formas de circulación en espacios académicos y culturales desde la recuperación de la democracia en 1983, un movimiento que devendría pronto en gran difusión, se aceleraría desde la década de 1990 y crecería exponencialmente en los años 2000.

En aquellas coyunturas, y en una enumeración por demás incompleta, espacios porteños como la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, la Alianza Francesa, la Universidad de Buenos Aires, el Colegio Argentino de Filosofía, editoriales como Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Nueva Visión o Almagesto, las librerías Fausto y Hernández en la avenida Corrientes, así como la francesa Galatea, diarios y revistas (de Fahrenheit 450 a Crisis, por mencionar algún ejemplo del papel fundamental de las revistas culturales y políticas, no necesariamente académicas), centros de investigación, grupos de estudio, cárceles y cafés en bares agilizaron su circulación en la ciudad. Buenos Aires fue uno de los espacios en los que se realizaron traducciones de textos de Foucault próximas a las ediciones francesas, en ocasiones casi inmediatas, en otras incluso inéditas en francés. El interés por las propuestas foucaultianas produjo, de hecho, una dinámica inversa al circuito tradicional de migración internacional de las ideas del centro a la periferia en el caso de algunas ediciones. Los usos que se han hecho en el campo intelectual local se situaron en medio de la renovación de las ciencias sociales y humanas, así como en la médula de los debates político-intelectuales. Se produce en este caso, quizás como en pocos, una retroalimentación entre luchas por el sentido que anclan en coyunturas locales y un escritor dispuesto a eludir los encasillamientos, poco cristalino en la expresión de sus decisiones teóricas y productor de una obra abierta.

Habría que inscribir la recepción de Foucault en relación con el lugar privilegiado que ocupa la cultura francesa entre los intelectuales locales. Pero eso no debería soslayar que persiste entre nosotros una apertura que nos predispone a lecturas múltiples: los usos locales dan cuerpo a un Foucault singular en el hecho de que felizmente –como escribe Borges– no nos debemos a una sola tradición, sino que podemos aspirar a todas. No tenemos un Foucault francés sino varios, interculturales, que se articulan con fragmentos de un lado y otro, mediados por distintos discursos y autores.

3.

Un caso. Hay múltiples modos de graficar esa presencia honda de Foucault en Buenos Aires: de las lecturas en cursos privados a la organización de nuevos movimientos sociales, desde una movilización contra la Ley Federal de Educación hasta elaboraciones sobre los procesos de gentrificación en relación con la privatización del espacio público.

Un recorrido posible dentro de los derroteros en los que se cruzan el espacio, la ciudad y Buenos Aires arrancaría en las primeras páginas del libro de Foucault Las palabras y las cosas, esas que incluyen la mención a las heterotopías, una reflexión que no sería leída entonces en Buenos Aires sino al pasar. Para el momento de su recepción local, hacia fines de los años 60, ese libro será más discutido que leído: discutido como consumación del estructuralismo y la “muerte del hombre” en tiempos de radicalización política; leído, quizás como herramienta de sofisticación, quizás por el atractivo que podía producir que su proyecto dijera nacer de un texto de Borges.

Pero en Buenos Aires un Foucault del espacio y el poder se hizo lugar, entre otras circulaciones, en la experiencia de La Escuelita, un ámbito privado de enseñanza de arquitectura en el que convergieron los intereses por los estudios urbanos, arquitectónicos e historiográficos. Fundada por los arquitectos Antonio Díaz, Justo Jorge Solsona, Ernesto Katzenstein y Rafael Viñoly, La Escuelita funcionó durante los años de la dictadura militar ofreciendo cursos. Algunos de quienes participaron allí lo harían después en el Club de Cultura Socialista y muchos de sus docentes se integrarían a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires con la recuperación de la democracia. La importancia de ese movimiento por el cual Foucault resituó la dimensión espacial en relación con la historia y la filosofía, renovando áreas como la geografía y la arquitectura, se manifiesta entonces a nivel internacional y también local. El impacto de sus propuestas en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, con Manfredo Tafuri, Massimo Cacciari y otros, llegó a la Argentina de la mano de Jorge Liernur: de regreso al país, tras sus estudios en Venecia con Tafuri, Liernur llevó esas lecturas a La Escuelita, creada justo antes del golpe militar y devenida, por la misma coyuntura histórica, en una institución políticamente alternativa. Organizó ahí el Programa de Estudios Históricos de la Construcción del Habitar. Análisis de las cárceles, los hospitales, las escuelas, las viviendas están presentes en distintas líneas de investigación que tuvieron lugar también en el traslado de esa experiencia al Centro de Estudios de la Sociedad Central de Arquitectos (Cesca), donde en los primeros años de la década de 1980 continuaron los cursos. En ese momento de transición, los trabajos de Foucault incidieron en un cambio fundamental respecto de una periodización tradicional en la historia urbana que relacionaba directamente la revolución industrial y la transformación modernizadora de la ciudad. En esa perspectiva renovadora se inscribió un análisis de Liernur que surgió del clima que experimentaba entre Venecia y Buenos Aires en los años de la dictadura. El trabajo fue presentado en un encuentro en 1983 y se publicó enseguida como “Buenos Aires: la estrategia de la casa autoconstruida”. Se trata de una intervención sobre la mirada clásica de la historia de la vivienda en la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX, que entendía que una serie de instituciones que habían empezado a preocuparse por las condiciones higiénicas, sanitarias y morales de las clases populares habían sido inoperantes en la construcción de viviendas, cuestión que el peronismo resolvería luego con mayor premura. Liernur atiende a los debates que se originan en esas instituciones sobre las tipologías de las viviendas, que inciden sobre aspectos como la familia y los modos de vida, sentando las bases de cómo se viviría en Argentina. Observa el modo en que se construye entonces un saber sobre la vivienda moderna y lo encuadra en el proyecto general de “homogeneización y disciplinamiento de la población”, que luego sería el punto de partida de las operaciones del Plan Eva Perón. Liernur favorece esos cruces que hacen lugar a las propuestas foucaultianas en relación con los dispositivos institucionales, con la historia de la vivienda y con las transformaciones en la historia urbana. De la experiencia en La Escuelita y el Cesca resulta el grupo que él forma (junto con Graciela Silvestri, Anahí Ballent, Fernando Aliata y Adrián Gorelik), y para quienes Foucault se incluye también dentro del debate acerca de la “crisis del marxismo”.

El derrotero de ese Foucault del espacio, podría seguirse, por caso, en la edición local por Nueva Visión de El cuerpo utópico: las heterotopías (2010), en una colección dirigida por Hugo Vezzetti que suma a la edición francesa otros dos textos, distantes en tiempo, espacio y género. Tres años después, en un texto sugestivo titulado “Del territorio”, Gorelik vuelve sobre la noción de heterotopía en relación con el “giro espacial” y en un contexto vinculado ya a la coyuntura específica que produce la edición en español por Fondo de Cultura Económica de los cursos de Foucault en el Collège de France (especialmente Seguridad, territorio, población). Gorelik recuerda entonces aquellas primeras páginas de Las palabras y las cosas en las que Foucault “acuñaba por primera vez una fórmula de enorme potencialidad para el pensamiento espacial”, habilitando quizás una lectura sobre la especificidad de los usos en determinado tiempo y espacio, en esos inquietantes espacios otros de interrelaciones, heterogeneidad, impugnación, contradicción y ruptura, que destierran tanto las jerarquías como lo análogo. Los de las bibliotecas, los barcos y, por qué no, la ciudad como borrador, aunque sea también una que le da la espalda al río.


Cómo citar este artículo:
Mariana Canavese. "Buenos Aires como borrador: sobre las lecturas locales de Michel Foucault". El búho y la alondra [en línea]  Julio / Diciembre 2017, n° Tangram Buenos Aires. Actualizado:  2017-08-07 [citado 2017-09-25].
Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/tangram-buenos-aires/buenos-aires-como-borrador-sobre-las-lecturas-locales-de-michel. ISSN en trámite.

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