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Publicado en Enero / Abril 2011 / Edición N° 11 / Año 4

ISSN 1851-3263

Publicación Semestral

Perspectivas y aportes desde la Economía Comunitaria como alternativa para el desarrollo de “otra economía” en Latinoamérica

Edición N° 11 - Estudios de Economía Política y Sistema Mundial

Cómo citar este artículo

Mutuberria lazarini, Valeria; Chiroque Solano, Henry. "Perspectivas y aportes desde la Economía Comunitaria como alternativa para el desarrollo de “otra economía” en Latinoamérica". La revista del CCC [en línea]. Enero / Abril 2011, n° 11. [citado 2014-10-21]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/211/. ISSN 1851-3263.

Resúmenes

Español: Las construcciones históricas de la llamada América Latina generaron diversas instituciones y principios que han trascendido en el tiempo y espacio, que se recrean en los espacios urbanos con diversos matices híbridos. Así, se encuentra la economía comunitaria como forma de producción y reproducción de la vida, que toma como base de articulación el trabajo, la propiedad comunitaria, y el respeto mutuo a la naturaleza como actor de creación de vida.
El presente artículo presenta diversos elementos de análisis de la economía comunitaria y de su trayectoria histórica, de su construcción y recreación en los procesos de transformación latinoamericana.

Palabras claves

Español: Economía, Comunidad, Propiedad Colectiva, Trabajo, Reciprocidad, Redistribución, Intercambio

Introducción

Distintos grupos societales han desarrollado históricamente formas de organización, producción y reproducción de la vida de manera comunitaria, basadas en estrategias integrales para la satisfacción de necesidades, a partir de principios de reciprocidad, intercambio y redistribución.

Estas formaciones cuentan como elemento integrador al territorio, considerando como sujeto trascendental y principal a la comunidad, que es articulada a partir del trabajo y de la propiedad comunitaria. Para ello es clave el respeto hacia la naturaleza como un sujeto participante, vivo y que se manifiesta en la cosmovisión de la vida, del todo.

Estas formaciones trascienden en tiempo y espacio, continuando con sus procesos de producción y reproducción de la comunidad, entendiendo a la economía comunitaria como eje articulador de sus procesos de la vida cotidiana. Es clave entender su vigencia con sus elementos integradores, pero sobre todo como alternativa al sistema actual totalitario.

Es importante analizar y revisar la importancia que adquiere la economía comunitaria en los diversos procesos de transformación generados en la actualidad en Latinoamérica.

A partir de ello, el artículo aporta en el análisis del papel de las prácticas de economía comunitaria en la construcción de “otra economía”, basada en lógicas comunitarias y considerando la centralidad de todos los integrantes de la sociedad, así como el respeto a la naturaleza.

1. Construcción histórica e institucionalización de la economía comunitaria

Los procesos históricos de América son anteriores a la llegada de los ibéricos a “colonizar y evangelizar” a los “indios”. Se cuenta con una historia que perdura en las prácticas y cosmovisión de la realidad, y que aun demuestra la riqueza integral en la organización de la sociedad andina y mesoamericana.

Las naciones Chanka, Kolla (Aymara) y Chimú se desarrollaron ancestralmente en la región andina y su organización trajo aparejado diversos procesos, que aún perduran en la actualidad, como es el ayllu, la minka, así como el control vertical de los pisos ecológicos y el intercambio económico a grandes distancias1. Con el avance del Imperio Inca, fueron conquistados y anexados, condensando estas prácticas y aportando al modo de producción comunal. En mesoamérica los Aztecas y Mayas, entre otras civilizaciones, también desarrollaron ancestralmente modos de producción diferentes a los desarrollados en Occidente, y fueron interrumpidos y violentados por la conquista y colonización de los ibéricos.

Es importante indicar que en las naciones andinas y los grandes imperios americanos existieron minorías dominantes, castas y grupos diferenciales2, representados en el imperio inca por capas sociales privilegiadas, como los “orejones” o nobleza como ser militares, sacerdotes, etc., y los “curacas” que se constituían en una aristocracia secundaria, encargada de controlar a las regiones y naciones sometidas. Esta formación social desarrolló un Estado centralizado, con el Inca como máxima autoridad, con una burocracia y castas militares y sacerdotales, a partir de los cuales se imponía tributos y prestaciones forzosas a los dominados.

El sistema económico inca se basa en el modo de producción comunal teniendo como unidad básica a los ayllus, que se construyen a partir de la relación de familiaridad y descendencia existente entre los miembros de un grupo humano, sea a partir del lazo sanguíneo y vinculaciones sociales, que viven en un territorio y espacio determinado, de propiedad comunitaria3. Esta construcción comunitaria a la vez imbrica una fuerte relación entre el hombre y la naturaleza, constituyendo el núcleo de relaciones sociales, políticas, económicas y religiosas, en la unidad indivisible de producción económica y reproducción de la vida y de la civilización andina.

Los sistemas económicos conservan la construcción histórica de la propiedad comunitaria de la tierra y la fuerza de trabajo colectiva, generando a partir de ello principios e instituciones que rigen el modo de producción.

El principio de reciprocidad es central, y existe a partir del intercambio de bienes, servicios y dones en esta sociedad jerarquizada, sin moneda, ni mercado. Igualmente, se encuentra la institución de reciprocidad simétrica como es el ayni, que consiste en el trabajo de reciprocidad familiar entre los integrantes del ayllu, principalmente en las labores agrícolas y la construcción de viviendas. También existen instituciones de reciprocidad asimétrica donde se desarrolla la minka, que es el trabajo comunal por turno, alternado y se realiza en obras a favor del ayllu y del sol, y la mita, que es el sistema de trabajo a favor del estado, donde se moviliza colectiva y obligatoriamente a los integrantes de la sociedad para el desarrollo de caminos, canales de regadío, templos, chullpas, etc.

Otro principio es la redistribución, como función de las jefaturas y los estados, tratándose de una “reciprocidad jerarquizada”, donde el gobierno se encarga de redistribuir bienes, servicios y dones a los gobernados y sometidos, ofreciendo a cambio los productos, servicios y tributos para el mantenimiento de la sociedad4.

Esta organización de la producción y la circulación de los bienes refleja la trascendencia de elementos claves como son la fuerza de trabajo, la posesión colectiva de la tierra, la reciprocidad en términos de redistribución en los ayllus y la centralidad como redistribución del estado inca en la construcción de una sociedad con excedentes que permite atender sus necesidades, asegurando la producción y reproducción ampliada de todos los integrantes de la sociedad andina.

Un elemento importante para el análisis del modo de producción andino es la cosmovisión ligada a la naturaleza, considerada como un sujeto con el que se interrelaciona a partir de la reciprocidad por los beneficios que estas entidades conceden a los humanos. Este universo es natural y sobrenatural, es animado por la vida, que se condensa por una serie de entidades supranaturales, cada una con un papel y ubicación especifica, cuya relación con el hombre afirma y define su condición existencial. En esta lógica el mundo es concebido como un todo, pertenece a un orden moral y es gobernado por principios de carácter moral y sagrado5.

Son diversos los elementos que aportan a la construcción de esta ética y moral, como es la complementariedad entre naturaleza y seres humanos, entre el hombre y mujer, día y noche; aspecto relacional que parte de la integración en la comunidad; la visión holista de la naturaleza, en relación al respeto y cuidado de esta y sus consecuencias en el vivir bien de la comunidad; y la reciprocidad entre lo moral y práctico, cada relación es bidireccional en un sistema balanceado de relaciones6.

En el plano simbólico y espiritual, las divinidades, las wakas son los seres ocultos que protegen al hombre, las plantas y animales, que le proveen de beneficios y productos, encontrando dentro de esta cosmovisión se reconoce la presencia de Wiracocha (Aymara), Pachacamac (Quechua y Aymara), Inti – Sol (Inca), Illapa – Rayo (Quechua y Aymara), Quilla – Luna (Inca), Pachamama – Tierra (Quechua y Aymara), entre otros, que controlan el devenir, los fenómenos de la naturaleza y actúan en reciprocidad en función al comportamiento del hombre, generando respuestas y una relación bidireccional7.

Esto refiere a la dimensión integral de la vida, de la Pacha como categoría del pensamiento andino, donde el tiempo y espacio son nociones subordinadas a los seres y a los acontecimientos reales, a la duración de los fenómenos de la naturaleza y los hechos sagrados, mágicos y religiosos. La Pacha cuenta con tres dimensiones imbricadas: a – humana, con relación a la mujer y hombre como semejantes y diferentes a la naturaleza y cosmos; b – natural, entendiendo a la naturaleza como sujeto con conocimientos y una relación reciproca con el hombre; c – cósmica, que se desarrolla a partir de la complementariedad, el equilibrio y el consenso. Estos aspectos contribuyen a entender las diversas manifestaciones del buen vivir - Sumaq Kawsay en Quechua y vivir bien - Sumaq Qamaña en Aymara, revitalizadas y aprehendidas en la actualidad (aspectos presentes en las Constituciones Políticas Nacionales de Ecuador y Bolivia, respectivamente), en la construcción de una identidad comunitaria para la satisfacción de necesidades materiales y espirituales, a partir de los principios de complementariedad, reciprocidad y equilibrio.

El siglo XVI significó el mayor cambio estructural y es el punto de quiebre en la historia de América. El encuentro desarrollado entre la sociedad andina y mesoamericana, y los conquistadores ibéricos establece una relación de dominación y subordinación entre dos culturas, dos pueblos y dos economías diferentes. La marginación de las culturas andina y mesoamericana y sus formas de organización, modos de producción y culturas, generó una crisis que aún no está resuelta, donde se pierde la coherencia del mundo prehispánico. Sin embargo, estas prácticas y cosmovisión se preservaron y permitieron su articulación y supervivencia, y se mantienen vigentes permitiendo la organicidad comunal, la reciprocidad, la redistribución y la complementariedad, hibridadas con las prácticas capitalistas.

Es trascendente el cambio del papel del estado, que pasa de ser organizador y redistribuidor de la vida misma a promover, a partir de la conquista, la colonización y luego en la república la explotación de los recursos naturales y la construcción de la desigualdad de clases sociales, quebrando el equilibrio de las comunidades ancestrales. A partir de este proceso, se inserta el régimen de latifundio feudal y capitalista dentro de las prácticas comunitarias, cambiando la reciprocidad, redistribución y complementariedad a partir de valores de uso (alimentos, trabajo, servicios públicos, entre otros) por valores de cambio (producción obligatoria, tributos e impuestos monetarios, metales preciosos, trabajo forzado, entre otros) insertando prácticas rentistas y parasitarias, modificando el uso de la mita para trabajo comunitario, como fuerza de trabajo temporal y obligatorio para la explotación minería, lo cual a hecho disminuir sensiblemente la población indígena.

Así, el estado deja de apoyarse para su funcionamiento en la dinámica de la comunidad8, basado en la propiedad comunal, en el trabajo colectivo y en valor de uso. Este nuevo estado como factor exógeno no aporta a la construcción histórica de la estructura microsocial que es la comunidad; incorpora el valor de cambio, el trabajo enajenado, la propiedad privada y las prácticas individuales para sobrevivir en un régimen de servidumbre. No obstante, las sociedades andinas han preservado la superestructura espiritual9 y han conservado las prácticas y principios organizadores de su comunidad, perpetuándolas en el tiempo y aportando desde estas a la reproducción de su vida misma.

Las transformaciones en lo económico, ideológico y cultural generaron cambios en la composición de los sectores sociales. En el área rural se desarrolló el campesino parcelario (también denominado comunero y pequeño propietario), que se constituye a partir del mestizaje de los pueblos originarios y el modelo implementado a partir de la conquista, reposando en él la herencia andina y la herencia colonial.

Estos nuevos actores, los campesinos indígenas, sumados a los pueblos originarios, representan a la mayor proporción de la población en América, situados en zonas rurales y migrantes al área urbana. A partir de ello, se han desarrollado diversas luchas y movilizaciones, teniendo como elementos centrales la propiedad de la tierra, el respeto de la identidad y el reconocimiento de derechos individuales y colectivos tanto de indígenas y campesinos, que han decantado en diversos instrumentos políticos como ser reformas agrarias nacionales, leyes pro indígenas, convenios internacionales, como ser el Convenio nº 169 de la Organización Internacional del Trabajo de 1989, y la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007.

Los integrantes de los pueblos originarios en América Latina representan10 al 81% de la población total en Bolivia, el 50% en Guatemala, 40% en Perú, 35% en Ecuador y 13% en México. En el área andina se concentra el 55% de la población, de la cual el 90% vive en sólo tres países: Perú, país con la mayor población indígena en términos cuantitativos, Bolivia y Ecuador. En cambio, en los Andes del norte y del sur, el porcentaje de indígenas es bastante menor11: menos del 2% en Venezuela y Colombia, 7% en Chile y 1% en Argentina. Si revisamos los datos de la conformación de la población campesina en América Latina podemos indicar que llegan a conformar al 24% del total de la población, de donde es importante investigar su condición de campesino e indígena, o de solo campesino.

La integración de las economías campesinas e indígenas, así como de estrategias familiares han visibilizado las prácticas vigentes de la economía comunitaria, permitiendo la supervivencia de las poblaciones rurales y a la vez de las que han migrado a las zonas urbanas, generando nuevas manifestaciones sociales, culturales, económicas y políticas, preservando los principios, instituciones, símbolos y cosmovisión propios, como ser la utilización del ayni y de la minka en las relaciones de reproducción. El producto de esta nueva ética comunitaria del trabajo es la implementación de emprendimientos, talleres, comercios, locales comunales, cooperativas, espacios de recreación y culturales, desarrollo de servicios y bienes comunitarios como es la construcción de viviendas, de salud, entre otros.

2. Características y aproximaciones sobre economía comunitaria

Desde la concepción del sistema económico comunitario, los medios de trabajo y los recursos naturales son de propiedad comunal y/o colectiva, donde los miembros de la comunidad, constituidos en una asamblea son los propietarios de los recursos existentes dentro del territorio pero “usufructuados y trabajados en forma privada y familiar”12. Dentro de la economía comunal, el control es llevado por la colectividad y no por una persona o un grupo de elite. Asimismo la administración del poder y las decisiones no están centradas en el individuo o grupo de personas, sino que “son asumidos por la colectividad” y se fundamentan en la “obligación y rotación”. La autoridad no depende de la voluntad propia, sino que la persona debe y está obligada a servir a la comunidad, si no lo hace, puede perder el acceso a recursos económicos como la tierra, riego, pastizales y otros, ejerciendo autoridad en forma rotativa13.

El sistema comunitario busca mantener su esencia, símbolos, principios e instituciones, generando sentido de pertenencia de un todo, donde cada miembro que participa en la producción, también lo hace en la organización y en la toma de decisiones. No genera desigualdades hacia el interior de la comunidad y entre comunidades dentro de un territorio y espacio, organizándose en diferentes niveles, grupos familiares (ayllus en quechua y aymara, motiro en guaraní), familias y unidades domésticas, en la búsqueda de la distribución igualitaria del excedente producido socialmente.

En la producción y distribución comunitaria prima el valor de uso a partir de diversos principios e instituciones que organizan al sistema como son: reciprocidad, redistribución y complementariedad, lo que permite su integridad y desarrollo, la satisfacción de las necesidades y asegura su supervivencia y de las generaciones futuras, teniendo para ello como sujeto principal a la comunidad.

La filosofía y valores planteados en estas prácticas se sustentan en la cosmovisión del Sumac Qamaña - Aymara, Sumaq Kawsay - Quechua, Teko Kavi - Guaraní: vivir bien, buen vivir y vida en armonía, respectivamente. Esto indica la fuerte e íntegra relación entre la naturaleza (pachamama) y el hombre-mujer, siendo esta unidad indivisible, donde no existe la propiedad individual de la tierra y esta última no es una mercancía.

En este sentido, en las sociedades de los pueblos originarios no se han generado divisiones, ni esquemas de diferenciaciones, tampoco entre campos políticos, económicos, sociales, culturales, etc.; sino que funcionan como un único sistema14. Así, el sistema comunal puede apropiarse y mantener su esencia frente a otros entornos sin que esto implique la transformación de su sistema.

Para concluir, el trabajo es considerado bueno, positivo e integrador y no como un castigo, como en la sociedad capitalista, y parte de la cosmovisión de la vida misma de los integrantes de una comunidad en un territorio dado. Es la energía del ser humano nucleado en comunidad que hace posible la transformación de la naturaleza y su relación con ella, de crear vida en el mundo, como vida biológica, humana y espiritual.

3. Elementos para el análisis de la economía comunitaria en Latinoamérica

Es importante indicar que para analizar los diversos elementos de construcción de la economía comunitaria apelamos a las perspectivas y planteamientos de las distintas disciplinas y corrientes de las ciencias sociales y económicas. Sin embargo, es clave indicar las limitaciones existentes para entender las lógicas planteadas desde la perspectiva occidental de estos procesos desarrollados.

Desde la perspectiva marxista, la economía comunitaria es un modo de producción cuyas fuerzas productivas están condicionadas e íntimamente relacionadas con la naturaleza, con la propiedad colectiva de la tierra. Las relaciones de producción se basan en el trabajo colectivo y organizado de los integrantes de la comunidad, que genera productos y bienes de uso colectivo y satisfactores de necesidades individuales, cuyos excedentes son distribuidos de manera comunitaria.

Por otro lado, la antropología toma conceptos económicos occidentales para el análisis de la economía comunitaria, con la finalidad de entender el funcionamiento de economías distintas a la capitalista. No obstante, a partir de trabajos etnográficos, se cuestiona la utilización de conceptos, categorías económicas y de contrastación de diferentes racionalidades y moralidades en el análisis de sociedades primitivas15. Malinowski critica la universalidad del “homo economicus” y Mauss aborda el tema de la moralidad y racionalidad en las relaciones económicas, a partir del don y contra don. Boas describe también el Potlach, tratando de analizar esta ceremonia de destrucción y de regalo de bienes donde pone en evidencia las limitaciones de las categorías económicas y su racionalidad en el análisis de estos intercambios.

La economía comunitaria en América también fue abordada desde la corriente indigenista, donde el indio es presentado al mundo occidental como categoría social uniforme a partir de condiciones definidas y concretas predeterminadas por el otro, donde quedan ocultas las diferencias esenciales, su identidad, su cosmovisión, su historia y organización. Mariátegui16 aborda la cuestión del indio no como problema étnico, sino como un problema social y económico, relacionado con la tenencia de las tierras. La integración comunitaria del trabajo y propiedades colectivas, permitieron al indio sobrevivir a las condiciones de opresión generadas a partir de la conquista. A partir de ello, este actor participa en las diversas formaciones sociales de América, como es la colonia, la república y la construcción de los estados nación. Por ello son diversos los teóricos que indican que es trascendental incorporar al indio en la construcción de la nación, con sus tradiciones y espiritualidad, donde las demandas materiales (como la tierra) y de identidad (como la cultura) son inseparables.

Un abordaje importante es tomarla y referenciarla como dentro de la economía campesina andina, donde Jürgen Golte y Marisol Cadena17 plantean que la producción campesina son prácticas que se transmiten de generación en generación sin que se produzcan cambios y están basadas en el cuidado del medio ambiente y respeto a la naturaleza, con el objetivo de conservar a la comunidad y que se encuentran asentadas en un territorio colectivo. La unidad doméstica es también unidad de producción, dado que provee la fuerza de trabajo familiar cuya finalidad central es la satisfacción de las necesidades.

En los Andes, esta economía es alimentada por los modos de producción comunitarios andinos, a partir del choque cultural de la conquista, pasa a denominarse y estructurarse como una economía campesina precapitalista, donde se toman elementos claves en la organización, producción, distribución y consumo, teniendo como ejes principales el trabajo de la unidad doméstica, la propiedad de la tierra, las relaciones con la naturaleza, relaciones sociales y la circulación (denominado ayni, mita, minka, entre otros) de los bienes y servicios. Se encuentra una producción de subsistencia o producción orientada hacia los valores de uso18, es decir de consumo propio, para satisfacer las necesidades de la unidad domestica que no pasa por el mercado y no intermedia el dinero, sino que asegura la próxima siembra, la reproducción de la unidad doméstica y el manejo de recursos al interior de la familia y comunidad. En este punto surgen las prácticas de circulación de bienes, el intercambio, la reciprocidad y la redistribución entre unidades domésticas y comunidad, encontrando prácticas ancestrales de reciprocidad como son la minka, el trueque, el ayni y la mita. Sin embargo, en este choque de culturas, no está ausente la parte de producción dirigida a asegurar un excedente para el mercado, que se convierte en valor de cambio, obligado a recurrir al trabajo remunerado para su ingreso monetario, participando en la cadena de producción para otros beneficiarios fuera de la comunidad.

Por su parte, diversos estudios de la economía campesina son abordados desde la visión occidental a partir de dos perspectivas: marxistas y neoclásicos. El marxismo plantea que la pobreza campesina proviene de la explotación de la cual es objeto el campesinado en un sistema capitalista. Desde los neoclásicos se exponen modelos de comportamiento y de racionalidad individual de los campesinos, basados en la hipótesis de la maximización de una función de utilidad, lo que permite medir el grado de eficiencia de los pequeños agricultores, de mercados, de determinados sistemas de tenencia de la tierra, etc. Según el autor, ambos enfoques no cuentan con las herramientas para entender en profundidad cómo se desarrolla el capitalismo en el área andina.

Hasta aquí, se puede indicar que la economía comunitaria trae consigo aspectos relacionados a los pueblos originarios y campesinos, que representan gran parte de la población en la región, sobre todo los elementos claves que la conforman: trabajo colectivo, valoración de la tierra, no como mercancía, sino como propiedad comunitaria-, relaciones para la circulación de bienes, los principios que se desarrollan a partir de ella y la relación de respeto con la naturaleza.

Pese a esta fuerte presencia, la economía comunitaria ha sido marginada en cuanto a su tratamiento teórico y conceptual. A continuación se mencionan autores contemporáneos que han rescatado y revalorizado estas prácticas, promoviendo el debate y la reflexión sobre su sostenibilidad en un contexto de desarrollo del sistema capitalista.

Luis Razeto19 propone el desarrollo de la “economía de solidaridad” en Latinoamérica incorporando a los pueblos originarios y diversidad de comunidades indígenas del continente, que buscan “rescatar sus propias culturas ancestrales y reconstituir sus tradicionales modos de vida20. Estas prácticas se desarrollan bajo elementos comunitarios e integración solidaria, donde el sujeto principal es la comunidad, existen formas de propiedad comunitaria, el trabajo es colectivo, existen relaciones de distribución, intercambio, reciprocidad y cooperación entre los miembros de una comunidad y entre comunidades, se desarrollan procesos continuos de aprendizaje y transmisión de conocimientos a las generaciones jóvenes, hay una estrecha relación con la naturaleza y el énfasis está puesto en la satisfacción de las necesidades y garantizar el bienestar de la comunidad.

En Ecuador, Pablo Dávalos21 analiza la economía comunitaria, tanto desde la crítica al modelo neoliberal vigente como del rescate de prácticas ancestrales presentes en Latinoamérica en la actualidad. Según el autor, para revertir los efectos del neoliberalismo deberán revalorizarse los conocimientos y saberes ancestrales de los pueblos indígenas. Un punto interesante es la propuesta de los pueblos indígenas quechuas que proponen como categoría el “sumak kawsay” - “buen vivir” para entender la relación del hombre con la naturaleza, con la historia, con la sociedad y con la democracia. Esta noción vincula al hombre con la naturaleza desde una visión de respeto, devolviendo la ética a la convivencia humana; asimismo, es la expresión de una forma ancestral de ser y estar en el mundo.

Por su parte, Luis Macas22 hace referencia a los aportes de los pueblos originarios para el cambio histórico, desde su cosmovisión que va en contradicción directa con el pensamiento occidental, porque la forma de pensamiento y la lógica de la comunidad están basadas en la solidaridad y reciprocidad. Para ello es central la construcción de un Estado Plurinacional, que dé cuenta la diversidad de la población en donde coexisten varios pueblos, varias nacionalidades y varias culturas. Los puntos centrales para el debate refieren a una democracia representativa, participativa, comunitaria y amplia, basada en el consenso y fiscalización permanentes, que dé cuenta de la diversidad y la existencia del Otro. También plantea que la economía de los pueblos indígenas no es una economía del regalo, sino una economía basada en el trabajo colectivo, en la colectividad, en la solidaridad, el respeto a la naturaleza, el respeto a los seres humanos y el respeto por las generaciones futuras. Es importante la construcción de una sociedad intercultural, donde se reconozca la diversidad, el respeto de las culturas y la construcción de los saberes diferentes, dentro de un Estado, dentro de una nación.

En Bolivia, autores como Félix Patzi y Luis Tapia han problematizado el rol de la economía comunitaria. Para Patzi23, la economía comunitaria es una propuesta antípoda a la capitalista, donde los medios de producción no son de propiedad privada, sino colectivos, pertenecientes al conjunto de los trabajadores asociados comunalmente. La economía comunitaria históricamente desarrollada no genera trabajo enajenado, es decir, cada integrante produce de manera colectiva, a la vez que satisface sus necesidades. Su objetivo principal será abolir la propiedad privada de los medios de trabajo y la eliminación del trabajo enajenado.

Tapia24 hace referencia a la organización comunitaria en el territorio quechua y aymara. El autor plantea que en la organización comunitaria el acceso a derechos va acompañado por responsabilidades y el deber de participar políticamente en la comunidad. Esto implica la participación en las asambleas comunitarias para deliberar sobre problemas colectivos y toma de decisiones, para regular la relación con la naturaleza y la vida social, en resumen organizar y dirigir colectivamente la producción. Las formas comunitarias son acompañadas por prácticas de reciprocidad a través del conjunto de relaciones e interacciones entre miembros de la comunidad. La apropiación de la tierra es colectiva, y su acceso es el ámbito primordial de trabajo y fuente de bienes para la reproducción de la vida individual, familiar y colectiva, con el objetivo de preservación y bienestar de la comunidad.

En Perú, un colectivo de organizaciones, representantes de los pueblos indígenas - originarios y las comunidades campesinas, problematizan la economía comunitaria en el documento titulado Agenda Nacional Indígena y Campesina25. Esta economía se sustenta en la reciprocidad y respeto por la naturaleza, que se transforma a través del trabajo para la obtención de los productos necesarios para la satisfacción de las necesidades de la comunidad. Revalida formas antiguas y nuevas de producir, transformar, distribuir, intercambiar y acumular, de administrar y consumir en el territorio que no son nocivos para la naturaleza, sino que desarrollan la agricultura orgánica por su ubicación en la diversidad de pisos ecológicos y microclimas. El territorio representa el universo, y está ligado a lo sagrado, es un espacio de reproducción social, cultural, político y espiritual de subsistencia física, de trabajo, solidaridad y ejercicio de autonomía, que sustenta y garantiza la existencia de estos pueblos indígenas y comunidades. Por esta razón, se propone el reconocimiento constitucional del derecho a la propiedad colectiva y posesión ancestral de sus territorios.

En México, el Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas26 ha expuesto discusiones en torno a la economía comunitaria. Entre los puntos más importantes se rescatan la autonomía comunitaria, entendida como el derecho a gobernarse, la capacidad de decidir sobre el destino propio, sobre las cuestiones y acciones más inmediatas y diarias en las comunidades. Por otro lado, está presente la economía comunitaria que hace referencia a la administración de la casa (familia, comunidad y pueblos). Asimismo, es el modo de hacer actividades para satisfacer las necesidades humanas de manera integral, basadas en nuevas formas de producir, distribuir y consumir.

Los argumentos mencionados permiten indicar que las reinvindaciones desarrolladas desde los pueblos originarios y de las organizaciones comunitarias han contribuido considerablemente al desarrollo de la economía comunitaria. El objetivo de estos pueblos es la búsqueda de la vida digna de la comunidad, donde se deben incluir los derechos fundamentales: tierra, territorio, comunidad, cultura y tradiciones religiosas. El ser humano no existe solamente en el sentido individual, sino como "pueblo", y el trabajo representa la energía del "ser humano-pueblo" que hace posible la transformación de la naturaleza por medio de la producción colectiva. Dentro de su cosmovisión, las personas y los productos tienen un rol central, existe una relación directa entre productor y consumidor, y los rendimientos y excedentes quedan dentro de las comunidades. Estas prácticas contribuyen al intercambio de experiencias, conocimientos y trabajos de una manera recíproca, formando redes de intercambio de productos entre las diferentes regiones. Por último, la economía comunitaria postula la primacía del ser humano-pueblo sobre el dinero y las cosas materiales dado que tiene como objetivos la lucha por una sociedad justa, libre, fraterna y democrática, que excede la comunidad y se plantea como cuestión global.

4. Vigencia y reapropiación como alternativa

El escenario planteado en Latinoamérica permite recrear y visibilizar a la economía comunitaria como eje de transformaciones, sumado a la agenda de incidencia de los pueblos originarios.

Abordando el caso ecuatoriano, Dávalos27 plantea que históricamente el movimiento indígena estuvo relacionado con la reivindicación de la cultura y la defensa del territorio. Durante las movilizaciones, luchas y reivindicaciones, los indígenas basaron su discurso en la noción de interculturalidad, proponiendo un cambio radical de la estructura del Estado a partir de la noción de plurinacionalidad.

Las estructuras organizativas de los indígenas de la amazonía y de las sierras, conforman en 1986 la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Hacia mayo de 1990 se desarrolló el levantamiento de los pueblos indígenas, pasando de un estado de invisibilización que les negaba el acceso de hecho y de derecho a la historia, al Estado, a la sociedad a ser visibilizados por la sociedad en su conjunto, reconociendo su condición de ciudadanos. Las principales propuestas apuntan a la plurinacionalidad e interculturalidad, permitiendo consolidar un espacio organizativo nuevo y posesionándolos en la agenda política.

La vigorosidad y la actualidad de los movimientos sociales, populares e indígenas, entre otros, posibilitaron una plataforma que apoyó la asunción del presidente Rafael Correa en el año 2007, quien aborda la agenda pendiente planteada por el movimiento indígena. En ese mismo año, se lleva adelante la Asamblea Constituyente que dio paso a la propuesta de la Nueva Constitución de Ecuador, que fue aprobado por referéndum y promulgada en el 2008.

La Nueva Constitución reconoce y sustenta la construcción del estado a partir de la convivencia ciudadana, respetando a la naturaleza como sujeto con la finalidad de alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay, filosofía de integración y respeto de valores ancestrales. Se valora que las comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, formen parte del Estado, único e indivisible, reconociéndose su identidad, sentido de pertenencia, tradiciones ancestrales y formas de organización social. Asimismo promueve la propiedad imprescriptible de sus tierras comunitarias y posesión misma, así como su inalienabilidad, son inembargables e indivisibles. Promueve a la vez la conservación y desarrollo de sus propias formas de convivencia y organización social, de generación y ejercicio de la autoridad, en sus territorios legalmente reconocidos y tierras comunitarias de posesión ancestral. Mantiene, protege y desarrolla los conocimientos colectivos; las ciencias, tecnologías y saberes ancestrales; los recursos genéticos que contienen la diversidad biológica y la agrobiodiversidad; sus medicinas y prácticas de medicina tradicional, con inclusión del derecho a recuperar, promover y proteger los lugares rituales y sagrados, así como plantas, animales, minerales y ecosistemas dentro de sus territorios; y el conocimiento de los recursos y propiedades de la fauna y la flora.

La Nueva Constitución reconoce a la naturaleza como sujeto a partir de identificar a la Pacha Mama, que reproduce y realiza la vida, teniendo derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos.

El régimen de desarrollo se despliega a partir del conjunto organizado, sostenible y dinámico de los sistemas económicos, políticos, socio-culturales y ambientales, que garantizan la realización del buen vivir, del sumak kawsay. El Estado planificará el desarrollo, propiciando la equidad social y territorial, promoviendo la concertación, y la participación, descentralizada, desconcentrada y transparente. Este buen vivir requerirá que las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades gocen efectivamente de sus derechos, y ejerzan responsabilidades en el marco de la interculturalidad, del respeto a sus diversidades, y de la convivencia armónica con la naturaleza.

Se plantea un sistema económico social y solidario; reconociendo al ser humano como sujeto y fin contando para ello con una relación dinámica y equilibrada entre sociedad, Estado y mercado, en armonía con la naturaleza; garantizando la producción y reproducción de las condiciones materiales e inmateriales que posibiliten el buen vivir. El sistema económico se integrará por las formas de organización económica pública, privada, mixta, popular y solidaria, y las demás que la Constitución determine.

Con relación al trabajo y producción, el estado reconoce diversas formas de organización de la producción en la economía: comunitarias, cooperativas, empresariales públicas o privadas, asociativas, familiares, domésticas, autónomas y mixtas, promoviendo las formas de producción que aseguren el buen vivir de la población. Se reconoce y garantiza el derecho a la propiedad en sus formas pública, privada, comunitaria, estatal, asociativa, cooperativa, mixta, y que deberá cumplir su función social y ambiental.

Bolivia cuenta con una larga historia de luchas de sublevación indígena anticolonial (merece recordarse la Guerra del Agua en el año 2002 y Guerra del Gas en el año 2003), por la independencia, por el acceso a los servicios básicos y la defensa de los recursos naturales, por la tierra y el territorio.

Estas luchas y movilizaciones, luego de largas décadas, aportan a la incursión de representantes del movimiento indígena y campesino al ámbito político. A partir de ello, en el año 2006 Evo Morales es elegido como el primer Presidente indígena. Ese mismo año convoca a una Asamblea Constituyente para redactar una propuesta de reforma de la Constitución de Bolivia. Luego de un largo proceso, la Nueva Constitución Política del Estado28 se somete a referéndum y gana su aceptación el 25 de enero de 2009. La NCPE reconoce la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de la nación, aboga por la igualdad, equidad en la distribución y redistribución del producto social, elementos que tienen como objetivo el “vivir bien” - Sumaj Qamaña de toda la sociedad boliviana.

La NCPE promueve la caracterización del Estado como unitario social de derecho plurinacional y comunitario, basada en distintas dimensiones: política, económica, jurídica, cultural y lingüística. Esta nueva organización considera la forma de gobierno de manera participativa y democrática, planteando nuevas formas de representación como son de manera directa, universal y comunitaria. Es importante mencionar la trascendencia en la inserción de los valores culturales de los pueblos y naciones originarias, aportando a los existentes en el sistema actual.

Todos estos elementos buscan refundar y replantear el desarrollo de Bolivia, desde una perspectiva decolonial, apuntando a la descentralización administrativa y política, de terminar con un estado colonial, republicano y liberal, de reconocerse y de respetar la diversidad, de construirse a partir de ello.

Es clave también entender la característica comunitaria, en las distintas dimensiones, de reconocer a los principios e instituciones culturales, económicas, políticas y sociales que configuran a esta organización, no solo a nivel rural, sino también en el área urbana29.

La configuración del sistema económico sintetiza el replanteamiento y reencastración de las relaciones sociales del hombre, de entender lo plural, de la integración, del complemento y articulación entre las distintas prácticas y estructuras: comunitaria, estatal, privada y cooperativa.

Este sistema económico plural articula las diferentes formas de organización económica sobre los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, sustentabilidad, equilibrio, justicia y transparencia.

La NCPE toma como paradigma de desarrollo a los principios ético - morales del Ama qhilla, Ama llulla, Ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), Sumaq Qamaña (Vivir Bien), Ñandereko (Vida Armoniosa), Teko Kavi (Vida Buena), Ivi Maraei (Tierra sin mal) y Qhapaj Ñan (camino o vida noble), e incorpora los siguientes elementos: complementariedad en el acceso y disfrute de los bienes materiales y realización afectiva, subjetiva y espiritual; respeto y armonía con la naturaleza; convivencia en y con la comunidad; Estado Plurinacional, inclusivo, promotor de la integración, de la participación de la población de manera real y efectiva en la toma de decisiones; redistribución equitativa de recursos, ingresos, oportunidades y riqueza; complementariedad desde las economías: estatal, comunitaria y privada; desarrollo integral a partir de la relación entre economía y producción, social comunitario, relaciones internacionales y poder social y comunitario.

La trascendencia de la economía comunitaria, dentro de la propuesta plural existente, es clave merced a su construcción histórica y al papel que desarrolla en todos los integrantes de la sociedad, en sus subjetividades y valores practicados.

La comunidad sigue siendo el referente más fuerte de los trueques, las ferias, el trabajo colectivo, el ayni, la minka, la complementariedad subyacente entre los distintos pisos ecológicos, la reciprocidad entre las comunidades30.

Para ello el Estado reconoce y promueve la organización económica comunitaria, basándose esta en los sistemas de producción y reproducción de la vida social, fundados en los principios y visión propios de las naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos31.

Con relación al trabajo, la NCPE reconoce y protege el ejercicio del trabajo en todas sus formas, de manera digna, que permita asegurar la reproducción misma. El estado promoverá y fomentará las formas comunitarias de producción, asegurando con ello la reproducción de la economía comunitaria y por ende de su sistema. Asimismo, reconoce al sistema cooperativo, basado en los principios de solidaridad, igualdad, reciprocidad, equidad en la distribución, finalidad social, y no lucro de sus asociados.

Un elemento clave a abordar para la economía comunitaria es el tema de la propiedad, reconociendo la colectiva en los pueblos y naciones originarias, también reconoce el derecho a la propiedad privada individual o colectiva, siempre que ésta cumpla una función social.

La NCPE plantea la eliminación de la pobreza y la exclusión social y económica, partiendo del logro del vivir bien en sus múltiples dimensiones, a partir de la generación del producto social; de la producción, distribución y redistribución justa de la riqueza y de los excedentes económicos; desde la reducción de las desigualdades de acceso a los recursos productivos; promoviendo la participación activa de las economías pública y comunitaria en el aparato productivo.

No se quiere dejar de mencionar la experiencia de México. El 1° de enero de 1994 marca un hito histórico en Latinoamérica32, se produjo el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuya fundación data del año 1983. Según Agosto33, sus antecedentes provienen de diversas organizaciones sociales del país, principalmente de las tradiciones comunitarias indígenas.

Entre las demandas y reivindicaciones que plantea el EZLN se encuentran el acceso y propiedad de la tierra, vivienda, alimentación, salud, igualdad de género, educación rural campesina, y resolución del problema indígena. Se plantea la necesidad de nuevas relaciones políticas con el Estado cuyos ejes fundamentales sean la autonomía, democracia, libertad y justicia. Asimismo, se propone un nuevo tipo de comunidad cuyo centro de decisión sean las asambleas comunitarias, con autonomía para decidir y participar en la vida económica, social, política y cultural, apelan a la forma comunal de tenencia de la tierra, formas colectivas de producción para el autoconsumo donde se destacan las cooperativas, la producción para la satisfacción de las necesidades de los productores y la venta del excedente en el mercado, se destaca “lo colectivo” a nivel político y económico para obtener recursos y decidir cómo utilizarlos según criterios de la propia comunidad, procesos de organización política mediante municipios autónomos para el ejercicio de la democracia directa y participativa y la descentralización comunitaria, promoviendo la interrelación entre comunidades. Por último, no se plantea una lucha local, sino también nacional y mundial: lucha por la humanidad y en contra del neoliberalismo34.

Escárzaga35 plantea que en las dos últimas décadas del siglo XX han resurgido sujetos sociales protagonistas de los cambios más importantes en las sociedades centrales y periféricas.

La emergencia indígena en algunos países de Latinoamérica en las últimas décadas estuvo asociada a la implementación de políticas de reconocimiento étnico, diseñadas y promovidas por organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para su aplicación por los estados nacionales latinoamericanos, con el objetivo de fortalecer actores étnicos locales, y debilitar a los estados nacionales y desplazar a los viejos actores que, fortalecidos en su organización, se habían vuelto una amenaza para los intereses económicos dominantes y los estados nacionales. Los sujetos étnicos, por su inexperiencia organizativa y su marginalidad social, aparecían como inofensivos para los intereses mencionados. Pero el resultado fue que la legislación internacional relativamente favorable a los intereses indígenas fue aprovechada por estos grupos para su fortalecimiento organizativo y su legitimación, y defender los recursos de los que se pretende despojarlos.

Los movimientos indígenas en los países con mayor población indígena del continente se desarrollaron llevando adelante diversas estrategias de lucha: insurgencias armadas, movilizaciones, participación electoral, etc., como en México, Bolivia y Ecuador. En otros casos, los movimientos indígenas han sido desactivados y paralizados por la presencia de procesos de insurgencia previos, que si bien consideraban a la población indígena una potencial base social de los movimientos insurgentes, no desarrollaron un programa de reivindicación étnica y en cambio desencadenaron guerras contrainsurgentes que derivaron en genocidios contra la población indígena, como en los casos de Guatemala, Colombia y Perú.

La población indígena, en cambio, resintió menos los efectos directos de tales políticas, en la medida en que, no obstante su creciente participación en el mercado nacional e internacional, mantiene un alto grado de autonomía productiva y cultural, y se empeña en preservarla. Condición que la coloca en una situación relativamente favorable para enfrentar las agresiones del neoliberalismo: tanto las que vienen por el interés de incorporar sus tierras, territorios y recursos minerales y bióticos a la dinámica capitalista impulsada por las políticas neoliberales, y con ello la destrucción de su modo de vida y su cultura; como por el deterioro de los precios de sus productos para el mercado y el paralelo incremento de los precios en los productos que requiere del mercado. Ante tales presiones y agresiones, la población indígena cuenta con una cultura ancestral propia que le proporciona mecanismos de cohesión y autoorganización, proyectos de vida y estrategias de resistencia y de lucha secularmente aplicados.

Mientras en la década del noventa se profundizaban las políticas neoliberales en Latinoamérica, la legislación internacional y los gobiernos nacionales reconocieron los derechos de la población indígena, por diversas razones. Según Fabiola Escárzaga36, el avance en la legislación no nace de la buena voluntad de las instituciones internacionales, sino de la exigencia previa por parte de los propios indígenas, que a lo largo del siglo XX, y particularmente a partir de los años sesenta, expresaron sus demandas mediante movilizaciones y una creciente capacidad de organización y de reflexión sobre sus propios intereses, así como por la gradual promoción de intelectuales que se ponen al servicio de los intereses indígenas y el rol que han tomado algunos dirigentes indígenas.

Hubo reformas constitucionales en varios países de Latinoamérica37 donde se reconocen formalmente los derechos de los pueblos indígenas, pero no hay voluntad política de los gobiernos para cumplirlos, y ni siquiera es fácil encontrar las fórmulas jurídicas para incluir los nuevos derechos en las constituciones y reglamentarlos, dado el frecuente conflicto de intereses con otros sectores de la sociedad. Generalmente tampoco hay la capacidad organizativa de la población indígena para enfrentar los intereses de los grupos dominantes locales, que se ven afectados por la protección legal de los intereses indígenas.

Como respuesta a esto, los movimientos indígenas han rebasado el esquema en el que las instituciones internacionales plantearon el problema indígena y los cauces que impusieron para solucionarlo. No se han dejado enredar por los argumentos legales, aprovechan los espacios que abren esas instancias internacionales y legales, y persisten en las otras estrategias, utilizando los medios que ofrece la internacionalización de la cuestión indígena. A partir de esta realidad se abre otros escenarios y disputas, complejas y desiguales para los movimientos, pero que a partir de los reconocimientos, visibilización y logros obtenidos permite generar una cohesión dentro de los mismos grupos y aportar en la construcción de otra alternativa, basada en sus conocimientos históricos y pragmáticos.

5. Reflexiones finales

Las economías comunitarias reconocen la diversidad de naciones, comunidades, pueblos y etnias existentes históricamente, y que a la vez han transmitido y sostenido instituciones económicas, sociales, políticas y culturales, que reconocen la diversidad del otro, buscando la igualdad y complementariedad en las relaciones y articulaciones territoriales, apuntando a la satisfacción de las necesidades, respetando a la naturaleza y a la vida misma.

Existe un desafío con relación a la escasa producción teórica y de análisis de las prácticas de la economía comunitaria. Los materiales producidos cuentan, en su mayoría, con una concepción puramente economicista, antropológica y sociológica occidental, entendiendo estas acciones como parte de las economías indígena y campesina, sin abordar y problematizar desde la perspectiva de la economía comunitaria. Es importante indicar a la vez que existe un campo a investigar en función a los procesos que se vienen desarrollando en Ecuador y Bolivia, a partir de la inserción en las Cartas Magnas de este tipo de economía, con lo cual es clave investigar los avances y limitaciones en la realidad.

La integración de las economías campesinas e indígenas, así como de estrategias familiares han visibilizado las prácticas vigentes de la economía comunitaria, permitiendo la supervivencia de las poblaciones rurales y a la vez de las que han migrado a las zonas urbanas, generando nuevas manifestaciones sociales, culturales, económicas y políticas, preservando los principios, instituciones, símbolos y cosmovisión propios, como el ayni y la minka en las relaciones de reproducción. El producto de esta nueva ética comunitaria del trabajo es la implementación de emprendimientos, talleres, comercios, locales comunales, cooperativas, espacios de recreación y culturales, desarrollo de servicios y bienes comunitarios como es la construcción de viviendas, de salud entre otros.

De acuerdo a las revisiones de los procesos políticos de inserción del concepto de economía comunitaria y sus elementos en las constituciones nacionales de Ecuador y Bolivia, se reconfigura la necesidad del desarrollo participativo de un conjunto integral de políticas y programas que apunten a la viabilidad y sostenibilidad de estas prácticas en la cotidianeidad, a nivel local, regional y nacional.

Dado que el objetivo primordial de las prácticas de economía comunitaria es el “buen vivir” y el “vivir bien”, en estrecha relación con la naturaleza, las formas colectivas de trabajo y la participación de la comunidad en la toma de decisiones, es importante aportar a la construcción de esta economía como alternativa al sistema capitalista, al igual que la economía social y solidaria.


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Notas

1 Murra, John. La Organización Económica del Estado Inca. México D.F.: Editorial Siglo XXI, 1983.
2 Klauer, Alfonso. Los Abismos del Cóndor. Lima: CEDEP/Concytec, 1989.
3 Lambert, Berndt. “Bilateralidad en los Andes”, en Mayer, E. y Bolton, R., Parentesco y Matrimonio en los Andes. Lima: Fondo Editorial - PUCP, 1980.
4 Silva, Fernando. “Occidente y mundo andino”, en Dorothea Ortmann (comp). Anuario de Ciencias de la religión: Las religiones en el Perú de hoy. Perú: UNMSM, 2004.
5 Silva, op. cit.
6 Valdivia, María Paz. “Cosmovisión Aymara y su Aplicación Práctica en un Contexto Sanitario del Norte de Chile”, Revista de Bioética y Derecho N º 7, 2006.
7 Silva, Fernando. “Occidente y mundo andino”, en Dorothea Ortmann (comp). Anuario de Ciencias de la religión: Las religiones en el Perú de hoy. Perú: UNMSM, 2004.
8 Zemelman, Hugo. De la historia a la política: la experiencia de América Latina. México: Siglo XXI, 2007.
9 Mariategui, José Carlos. 7 Ensayos sobre la realidad peruana. Perú: Biblioteca Amauta, 1981.
10 Bello, Alvaro y Rangel, Marta. “La equidad y la exclusión de los pueblos indígenas y afrodescendientes en América Latina y el Caribe”, Revista de la CEPAL N° 76, año 2002. Santiago de Chile. pp. 39 – 54. Disponible en: http://www.eclac.org/publicaciones/xml/2/19332/lcg2175e_Bello.pdf" target="_blank">http://www.eclac.org/publicaciones/xml/2/19332/lcg2175e_Bello.pdf">http://www.eclac.org/publicaciones/xml/2/19332/lcg2175e_Bello.pdf [Consultado en Abril de 2009]
11 Pajuelo, Ramón. Participación política indígena en la sierra peruana. Una aproximación desde las dinámicas nacionales y locales. Lima: IEP - Fundación Honrad Adenauer, 2006.
12 Patzi Paco, Félix. Sistema Comunal. Una propuesta alternativa al sistema liberal. La Paz: Editorial CEA, 2005. p. 172
13 Patzi, op. cit. p. 175
14 Patzi, op. cit.
15 Balazote, Alejandro. “El debate entre formalistas y sustantivistas y sus proyecciones en la antropología económica”, en Trinchero, Hugo, Antropología económica, Buenos Aires, Eudeba, 1998.
16 Mariategui, José Carlos. 7 Ensayos sobre la realidad peruana. Perú: Biblioteca Amauta, 1981.
17 Golte, Jürgen y de la Cadena, Marisol. La codeterminación de la organización social andina. Lima: Documento de Trabajo Nº 13, Serie Antropología N° 5, IEP, 1986.
18 Blum, Volkmar. Campesinos y Teóricos Agrarios: Pequeña agricultura en los Andes del sur del Perú. Lima: IEP, 1995.
19 Razeto, Luis. “La economía de solidaridad: concepto, realidad y proyecto”, 1999, en Coraggio, José Luis (Org.). La economía social desde la periferia. Contribuciones latinoamericanas. Buenos Aires: UNGS/ ALTAMIRA, 2007.
20 Razeto, op. cit. p. 333
21 Dávalos, Pablo. “Movimientos Indígenas en América Latina: el derecho a la palabra, en Dávalos, Pablo (org.). Pueblos indígenas, estado y democracia, Argentina: CLACSO, 2005.
22 Macas, Luis. “La necesidad política de una reconstrucción epistémico de los saberes ancestrales”, en: Pueblos Indígenas y Democracia en América Latina. Argentina: CLACSO, 2005. Disponible en http://www.bibliotecavirtualclacso.org.ar" target="_blank">http://www.bibliotecavirtualclacso.org.ar/">http://www.bibliotecavirtualclacso.org.ar [Consultado en Abril de 2009]
23 Patzi Paco, Félix. Sistema Comunal. Una propuesta alternativa al sistema liberal. La Paz: Editorial CEA, 2005.
24 Tapia, Luis. Una reflexión sobre la idea de un estado plurinacional. La Paz: Enlace SRL, 2008.
25 Expuesto en enero de 2008. Disponible en http://www.servindi.org/pdf/AgendaIndigenaCampesina.pdf
26 Ver CENAMI (Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas, A.C.), Folleto "Organizaciones socioeconómicas y economía popular de solidaridad", 1995.
27 Dávalos, Pablo. “Movimientos Indígenas en América Latina: el derecho a la palabra, en Dávalos, Pablo (org.). Pueblos indígenas, estado y democracia, Argentina: CLACSO, 2005.
28 NCPE – Nueva Constitución Política del Estado
29 Prada, Raúl. “Análisis de la nueva Constitución Política del Estado”, en Crítica y emancipación. Argentina: Revista latinoamericana de Ciencias Sociales/CLACSO, 2008. Disponible en:http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/secret/CyE/cye2S1b.pdf" target="_blank">http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/secret/CyE/cye2S1b.pdf">http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/secret/CyE/cye2S1b.pdf [Consultado en Abril de 2009]
30 Prada, op. cit.
31 NCPE, Art. 308
32 El levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional se produjo en el mismo momento de la firma del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
33 Agosto, Patricia. El zapatismo: Hacia una transformación cooperativa . Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericanos, 2006.
34 Agosto, op. cit.
35 Escárzaga, Fabiola. La emergencia indígena contra el neoliberalismo. México: Universidad, Autónoma de México, 2004. Disponible en: http://bidi.xoc.uam.mx/ [Consultado en Abril de 2009]
36 Escárzaga, op. cit.
37 En los casos de México (1991), Bolivia (1993) y Perú (1993), al tiempo que se introdujeron reformas en las constituciones que reconocían formalmente a los pueblos indígenas como componentes de la nación y otras demandas culturales y políticas, se eliminó tajantemente la protección a la propiedad colectiva de la tierra, que de manera precaria había sobrevivido a las reformas agrarias. Priorizar las demandas culturales de los indígenas sobre las socioeconómicas introduce el riesgo de dividirlos y enfrentarlos con otros sectores populares, así como con otros grupos indígenas que compiten por los mismos recursos.
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