La revista del CCC

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Publicado en Enero / Agosto 2009 / Edición N° 5 / 6 / Año 2

ISSN 1851-3263

Publicación Cuatrimestral

“Estética y Marxismo. Teatro, política y praxis creadora” de Raúl Serrano. Ediciones del CCC, Buenos Aires, 2009.

Edición N° 5 / 6 - Comentarios

Cómo citar este artículo

Marín, Javier. "“Estética y Marxismo. Teatro, política y praxis creadora” de Raúl Serrano. Ediciones del CCC, Buenos Aires, 2009.". La revista del CCC [en línea]. Enero / Agosto 2009, n° 5 / 6. [citado 2012-02-09]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/118/. ISSN 1851-3263.

Resúmenes

Español: Con un lenguaje simple y directo, que no atenta contra la profundidad de los conceptos, Estética y Marxismo se convierte en un espacio de intercambio estimulante entre el autor y los lectores. El concepto de ‘práxis’ es introducido por Raúl Serrano para reflexionar sobre la creación artística, a la cual ubica en el campo general de las prácticas humanas para luego señalar su carácter específico. En su relación con su propia obra, el artista no sólo se guía por la orientación general a partir de la cual se imagina el objeto a crear, sino que va encontrando caminos que no concibió previamente y que son producto de las resistencias que le ofrece el material con el que trabaja. Se piensa también en las consecuencias del arte ligadas a las construcciones simbólicas generadas por la obra artística y su difusión.

Palabras claves

Español: Arte, Teatro, Marxismo, Praxis, Valor artístico, Producción artística

Con Estética y Marxismo, Raúl Serrano, respetado maestro y director de teatro, nos convoca a reflexionar sobre la sociedad y el arte en un solo movimiento:

Hoy vivimos una época signada por la alienación capitalista. Y la alienación significa, en el aspecto psicológico por lo menos, que nuestra capacidad de decisión, nuestra capacidad de creatividad comienza a desaparecer. Aparentemente la mayor parte de la gente que vive en este sistema se aboca cada vez a menos cosas sobre las que puede decidir y juzgar. Y estas páginas intentan, justamente, apuntar a rescatar la imagen creativa que del ser humano posee el marxismo, considerado como un ser creador, como el sujeto de una praxis que puede ser creativa, que, sobre todo, es visto como el creador de sí mismo. Cada vez que repito este concepto me quedo suspendido por unos instantes ante su belleza. Se trata de una idea con un alcance y una capacidad de síntesis que se asemeja a la que poseen las de las primeras páginas del Génesis. (Cursivas mías, p. 9)

Estetica y Marxismo - Tapa Serrano parte de una reflexión sobre la cultura hegemónica que se detiene tanto en el lugar del arte en nuestras sociedades actuales como en el lugar del individuo. El automatismo al cual somos relegados en nuestra vida diaria deja cada vez menos espacio para actividades en las cuales nuestra capacidad de decidir y juzgar interviene activamente, generando o cambiando los procesos en que participamos. Abrumados por una gran máquina que pareciera funcionar al margen de nosotros mismos, habitamos la realidad como si no fuéramos más que piezas intercambiables (de hecho, con riesgo constante de ser intercambiadas). Los ritmos de trabajo (o la angustia de no tenerlo), las jornadas interminables, y la falta de estímulo para realizar tareas en las cuales nada propio pareciera quedar plasmado en el resultado final de nuestro trabajo nos van empujando al acostumbramiento, a un cansancio ya crónico, a cierta chatura y aburrimiento que desembocan en la desesperanza con respecto a la posibilidad de soñar rumbos diferentes.

En este contexto, los grandes medios, que por su poder se transforman en norma de la cultura hegemónica, reservan para el arte el espacio del entretenimiento y la distracción, funciones que sólo son problematizadas por algunos núcleos de artistas o críticos expertos. El arte es empujado, no sin resistencias -vale aclararlo-, al espacio mediático publicitario o bien al círculo de expertos que lo analizan aceptando su lugar en una esfera autónoma, separada de la experiencia social más general.

Ante este panorama, Serrano nos invita a repensar la “problemática de las raíces sociales y de las consecuencias del arte” (p. 7). Retomando las reflexiones de Marx en cuanto que “el arte no sólo construye un objeto para el sujeto, sino un sujeto para ese objeto” (p. 25), se piensa en las consecuencias del arte ligadas a las construcciones simbólicas generadas por la obra artística y su difusión. Si los grandes medios plantean que el lugar del arte es el de mero entretenimiento, esto no puede ser entendido como producciones que no afectan nuestra mirada del mundo, sino al contrario como el espacio donde, al mismo tiempo, se forma esa mirada. Así, la simplificación de la realidad social, a parir de la cual se ocultan relaciones de explotación y dominio, es resultado de la manera en que los grupos dominantes organizan la cultura y hegemonizan las lógicas de producción artística, así como los criterios de valoración.

Cuando pensamos en “consecuencias del arte”, no sólo estamos pensando en el resultado final de la obra, sino también en su proceso de producción. El concepto de ‘práxis’ es introducido por Serrano para reflexionar sobre la creación artística, a la cual ubica en el campo general de las prácticas humanas para luego señalar su carácter específico. Así como el mundo es transformado por el trabajo humano, el ser humano va siendo transformado a partir de las transformaciones que realiza sobre el mundo. En su relación con su propia obra, el artista no sólo se guía por la orientación general a partir de la cual se imagina el objeto a crear, sino que va encontrando caminos que no concibió previamente y que son producto de las resistencias que le ofrece el material con el que trabaja: “Se necesita, digamos nosotros, una praxis en cierto modo creativa, capaz no sólo de concebir una situación final sino y, sobre todo, de ir aprendiendo en la praxis que se genera” (p. 43). En la constante negociación que se establece entre el artista y su material se encuentra uno de los aspectos más liberadores del arte, en la medida en que la posibilidad de imaginar realidades posibles se cruza con la necesidad de decisiones concretas que quedan plasmadas en un producto. El automatismo del sujeto en el capitalismo es desmontado en el proceso de creación artística cuando la subjetividad del creador se concretiza en la obra de arte.

Esta forma de entender el proceso de creación artística tiene consecuencias que iluminan de manera original el resto de las actividades humanas: el ser humano, capaz de crear realidades (sean o no imaginarias) por medio de su trabajo, no sólo es creador de sus objetos sino, en la medida en que esa creación lo modifica, se transforma también en “creador de sí mismo”.

Para pensar la manera en que es experimentada la libertad por parte de las personas que se acercan al arte, Serrano menciona la gran cantidad de grupos y escuelas independientes de teatro en los que miles de personas trabajan con entusiasmo sin pretender ocupar un lugar en el mercado del arte. Se pregunta por qué los patrones no pueden hacerlos trabajar con la misma energía y ensaya como respuesta:

La diferencia reside en que esas personas han elegido libremente, han decidido ellos mismos y sin presiones quedarse ensayando, y además porque son ellos mismos quienes controlan y deciden el destino de los resultados de su trabajo. Lo que ese mismo joven hace en la oficina o en su puesto de trabajo es muy distinto. Alguien decide por él, y sobre todo, alguien se queda con lo esencial de los beneficios. (p. 92)

Discutiendo a la vez con posiciones posmodernistas y posturas dogmáticas, Serrano hace una crítica, por un lado, a ciertas miradas reduccionistas que se dieron en el campo del marxismo y que le quitaron su filo crítico para convertirla en una forma de catecismo, y por el otro, a las corrientes que pregonan un arte pasatista, como si pudiera existir al margen de la sociedad en la que es producido, camino en que “el arte deviene mera expresión de la subjetividad, (...) juego intrascendente, menor y, en todo caso, irresponsable”(p. 26). En este doble debate, Serrano señala la especificidad de la creación estética, que no se puede subordinar a traducciones directas o formas decorativas de la propaganda política, dejando de lado la experimentación formal, ya que en el arte “la forma es el sentido”(p. 30); al tiempo que defiende la potencialidad del arte como práctica transformadora, profundamente comprometida con las injusticias sociales.

Con un lenguaje simple y directo, que no atenta contra la profundidad de los conceptos, Estética y Marxismo se convierte en un espacio de intercambio estimulante entre el autor y los lectores. Serrano toma ejemplos siempre cercanos a la práctica diaria para graficar construcciones teóricas de intenso desarrollo y, antes que nada, para transmitirnos una manera compleja y productiva de pensar el arte y la política.

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