Jornada de homenaje al Grito de Alcorta

Autor/es: Juan Antonio Pivetta, Daniel Martinelli, Cristina Begnis, Eduardo Azcuy Ameghino

Sección: Especial

Edición: 16


Agradecemos a la revista Realidad Económica haber cedido gentilmente este material. (Enlace original: http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=4003)

Cristina Begnis

Muy buenas tardes a todos agradecemos su presencia en esta jornada de homenaje por los 100 años de la gesta del Grito de Alcorta y la fundación de la Federación Agraria Argentina. Queremos destacar una emotiva presencia, porque este también es un homenaje que la Cátedra Giberti quiere realizar a don Humberto Volando, uno de los principales dirigentes de la Federación Agraria Argentina, que ha luchado intensamente por el sector agropecuario de los chacareros, es por eso que hoy nos visitan ex dirigentes de esta Federación y la familia de don Humberto, su esposa Elina de Volando, sus nietos y su hija Mariela.

Esta es una actividad que realizamos las instituciones que componen la Cátedra Libre de Estudios Agrarios “Horacio Giberti”. El Departamento de Geografìa, el Instituto de Investigaciones en Geografía y la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, el Centro Cultural de la Cooperación, el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico y la revista Realidad Económica. Llevamos a cabo actividades académicas de discusión sobre la política del sector agropecuario y su situación, en este caso no podíamos dejar pasar el centenario de la principal sublevación campesina de 1912, que se produjo en un área extensa de las provincias de Santa Fe y Córdoba, incluyó a muchas poblaciones y colonias de inmigrantes europeos, que sufrían condiciones injustas de trabajo y de vida. Consideramos que es importante tomarnos un momento para recordar y reflexionar esa gesta histórica a 100 años de la sublevación campesina de 1912, que dio origen, meses después por iniciativa de sus dirigentes, al nacimiento de la Federación Agraria Argentina continuando un largo proceso histórico del sector agropecuario.

También el 11 de septiembre es un día muy caro para nuestra memoria. Es el Día del Maestro; por lo tanto, saludamos a todos los docentes y maestros presentes en esta jornada y recordamos que muchos de nuestros dirigentes también fueron maestros en los cuales nos hemos inspirado. Sabemos que es un día instituido por una figura que ha sido muy importante en la historia de nuestro país, Domingo Faustino Sarmiento, político, escritor y sobre todo promotor de la educación pública.

Deseamos también mantener viva la memoria del 11 de septiembre de 1973 para recordar que ese día se produjo un tremendo golpe de estado militar en Chile, irrumpiendo en el Palacio de la Moneda para destituir al presidente socialista Salvador Allende. Respecto de la cuestión de la tierra, Allende decía que la característica fundamental del problema agrario chileno “la constituye el grado de dependencia de los campesinos, por las estructuras económicas, políticas y sociales que siempre han regido en el país, y fundamentalmente por la estructura de la tenencia de la tierra”, y agregaba: “seres que no son libres no pueden desarrollarse como personas; no pueden contribuir en el perfeccionamiento de una vida en sociedad, que crece en complejidad cada día”. La Unión Popular en Chile, inmediatamente después de asumir el gobierno, pone en marcha un programa de reforma agraria para expropiar todos los latifundios improductivos, entregar la tierra a los campesinos pobres, creando organismos técnicos, crediticios y educativos que acompañaran la transformación, e incorporaran al sector agrario al proceso político, económico y social que se vivía en Chile. No hay dudas de que esta, junto a otras medidas transformadoras, produjeron la reacción de la clase conservadora y terrateniente que impulsó el golpe militar, dando lugar a una de las dictaduras más prolongadas que tuvimos en América latina.

En marzo de ese mismo año 1973, en la Argentina, estrenábamos un período democrático después de casi siete años de gobiernos militares, que duró hasta marzo de 1976. En ese momento el ingeniero Horacio Giberti asumió como Secretario de Estado de Agricultura y Ganadería y elaboró un proyecto de ley agraria, que fue enviado el 24 de septiembre de ese mismo año al Ministerio de Economía, solicitando su tratamiento en el Congreso. Finalmente, el anteproyecto no fue remitido para su discusión parlamentaria, debido a que el entonces ministro de Economía Ber Gelbard y todo su equipo, entre ellos Giberti, presentaron su renuncia a la presidenta Isabel Martínez de Perón, el 21 de octubre del año 1974, presionados y amenazados por el sector más reaccionario encaramado en el gobierno y en su entorno político y económico.

En el día de hoy que estamos conmemorando el 100º aniversario del Grito de Alcorta, movimiento agrario en el cual el problema de la tierra fue fundamental, nada mejor que recordar alguno de los pasajes del anteproyecto de Ley Agraria elaborado durante la gestión de Giberti en la Secretaría de Agricultura. Solamente vamos a leer tres artículos de los 196 que la componen.

El artículo 1º dice: “El dominio, la tenencia y el uso de la tierra apta para la explotación agropecuaria quedan sujetos a las limitaciones y restricciones que se determinan en esta ley con el objeto de garantizar la función social de la misma. Se considera que la tierra con dicha aptitud cumple su función social cuando es explotada en forma acorde con su productividad potencial, resguardando su buen manejo, y utilizada de modo que asegure una justa distribución de la riqueza que ella produce”. El artículo 2º expresa: “El régimen de la tierra apta para la explotación agropecuaria se ajustará a los siguientes principios básicos: a) la tierra con aptitud agropecuaria constituye un bien de trabajo, por lo que debe tenderse a que la propiedad de la misma pertenezca a quien la explota; b) la tierra con aptitud agropecuaria vale por lo que produce, por lo que su justiprecio, para todos los fines de intercambio, debe fijarse de acuerdo con los valores de productividad real; c) la riqueza que se extrae de la tierra con aptitud agropecuaria debe beneficiar a los productores asalariados que la trabajan y a la comunidad toda en una justa proporción”. Por su parte, el artículo 3º señala: “La aplicación de los principios básicos enumerados en el artículo anterior estará orientada al logro de los siguientes objetivos fundamentales: a) mejoramiento de la estructura agraria, fundamentalmente en lo que respecta a la tenencia y uso de la tierra, relaciones jurídico-económicas entre los sujetos agrarios y sistemas de comercialización e industrialización de la producción agropecuaria; b) expansión de las fronteras agropecuarias mediante la incorporación de nuevas tierras a la actividad productiva y el desarrollo de las actividades agropecuarias de adecuada rentabilidad; c) recuperación, conservación y mejoramiento de la fertilidad del suelo; d) incremento de los volúmenes y calidad de la producción agropecuaria, en miras a asegurar el abastecimiento interno, elevar el nivel nutricional de la población y lograr la formación de volúmenes exportables en forma continua y regulada; e) desarrollo ordenado del interior del país mediante la creación de nuevos centros de producción, la vigorización y armonización de los existentes, la plena educación rural y el mejoramiento de los ingresos económicos de los trabajadores del agro; f) aumento del número de explotaciones agropecuarias, racionalmente dimensionadas, facilitando el acceso a la propiedad de las mismas a los productores y trabajadores rurales y a sus hijos”.

Luego de este es el recorrido histórico presentaré a los panelistas que nos acompañan en el orden previsto de su exposición: el doctor Eduardo Azcuy Ameghino, profesor titular de Historia Económica y Social Argentina y director del Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, integrante del comité editorial de la Revista Interdisciplinaria de Estudios Agrarios; el señor Daniel Martinelli, que es productor agropecuario y médico veterinario, y que desde 1984 a 1986 fue director juvenil de la Federación Agraria Argentina; en el período 1994-1999 se desempeñó como presidente de la filial Río Tercero de la Federación Agraria Argentina, cargo que nuevamente asumiría entre 2001 y 2003. En el período 1999-2000 fue director de Ganadería de la provincia de Córdoba, y, entre 2003 y 2006, fue director nacional de la Federación Agraria Argentina. Durante 2004 y 2005, fue consejero nacional del INTA en representación de la Federación Agraria Argentina, actualmente, desde abril de 2012, preside la Fundación Humberto Volando.

Juan Antonio Pivetta, es productor agropecuario, fue presidente de la filial Pilar de la Federación Agraria Argentina desde 1991 a 1999 y desde 2008 hasta 2010. Se desempeñó como director de la Federación Agraria Argentina entre 1993 y 2005, y fue secretario de Servicios de la Federación Agraria Argentina desde 2002 a 2004; fue director de la Mutual Federada “25 de Junio” desde 1997 a la fecha. En abril de 2009 asumió como presidente de la Fundación Humberto Volando, cargo que ejerció hasta abril de 2011 y desde octubre de 2010 preside la Mutual Federada “25 de Junio”.

Damos comienzo entones a las exposiciones.

Eduardo Azcuy Ameghino:

En primer lugar, muchas gracias a los organizadores por la invitación a participar de la actividad me parece muy importante el tema que nos convoca. Estuve pensando en los diversos modos desde los que se podría haber abordado este tema, sus múltiples relaciones históricas y actuales, etc. Un poco fiel a lo que es el núcleo de mi profesión, voy a hacer algunos planteos básicamente históricos en relación a los sucesos de Alcorta. Estaba arreglando mis notas para esta presentación y me di cuenta de que tenía ideas generales, porque no soy historiador específico del período, pero me gustaría conocer con detalle algunos pocos datos de base, que marcan los sucesos que analizamos. Estuve buscando el censo agropecuario más cercano que tenemos, que es el de 1914, y encontré unos pocos datos que quiero compartir con ustedes de entrada y que ayudan a encuadrar para que veamos de qué contexto estamos hablando, al menos en algunos aspectos. Por ejemplo, en la época del Grito de Alcorta, en Santa Fe había 39.437 explotaciones agropecuarias, de las cuales 29.552 eran agrícolas o tenían agricultura, es decir que las explotaciones agrícolas eran el 75% de las explotaciones agropecuarias en Santa Fe. Con estos datos, uno va corroborando la historia anterior de lo que fue la colonización agrícola en la provincia de Santa Fe.

Luego traté de ubicarme mejor en Alcorta. Alcorta forma parte del departamento Constitución, que está en el sureste de Santa Fe. Para 1914 Constitución tenía 3.485 explotaciones (casi un 10% del total de la provincia) de las cuales 3.015 eran agrícolas, lo que da una proporción del 87%, y esto muestra que es una zona más agrícola que la media de la provincia. También se puede recordar lo siguiente: para toda la provincia de Santa Fe, del total de las explotaciones agrícolas, el 70% eran arrendatarios. Recordemos este dato porque después va a haber algunos debates. De esas 30.000 explotaciones agrícolas, el 80% estaba en manos de extranjeros. Viendo un poco el tamaño, trataríamos de ver, según las condiciones de la época, las que eran pequeñas o medianas. Para toda la provincia, las explotaciones de hasta 100 hectáreas eran el 57% y representaban el 10% de la tierra. En el departamento Constitución, del que forma parte Alcorta, el 74% de las explotaciones eran de hasta 100 hectáreas, lo que representaba el 39% de la tierra. Ahí se ve la importancia de la pequeña explotación y también se ve algo que damos en clase cuando explicamos el proceso de colonización agrícola: cómo el éxito de la primera etapa de las colonias y el desarrollo que tienen en el centro de Santa Fe va haciendo que se abandone la iniciativa estatal en este proceso de colonización, que había sido tan importante, y son los particulares los que empiezan a lotear campos valorizados. Uno, a veces, sin tener en cuenta estos datos, dice que se empezó a lotear más grande y más caro, que es el camino por el cual ese proceso se fue saliendo de ruta. En parte se me ocurrió pensar en eso viendo que el 74% tiene una cantidad de tierras que si viéramos el caso de Esperanza sería menor en proporción.

Un par de datos más específicos sobre el departamento Constitución, epicentro de los sucesos de Alcorta: de las 3.015 explotaciones agrícolas, 2.202 eran de arrendatarios, es decir un 73%. De esos arrendatarios, el 87% era extranjero. Visto por nacionalidad, el 55% eran italianos. Son datos que uno en general maneja, pero es bueno chequearlos.

Por último, ¿cuáles son los principales cultivos del departamento Constitución en 1914, que ya venían desarrollándose los años anteriores? Había 16.109 hectáreas implantadas con trigo; 36.781 con lino y 177.882 con maíz. Si uno no ha leído bibliografía ajustada recientemente sabe que en general hay cereales y lino, pero a mí ver estas cifras me ayuda a comprender algunas lecturas y algunas ideas que tenía. Obviamente, el maíz es el cultivo que está en el centro de esta problemática de lo que va a ocurrir. Sobre la base del papel que tenía el maíz, vamos a mirar un poco cómo es la evolución de la producción de maíz por esos años, y esto repercutió sobre el fenómeno que hablábamos. Salvo un matiz muy particular, en el conjunto del país, si vemos el período 1905-1910, la producción de maíz está en alrededor de 4.000.000 toneladas. En el período 1910-1911, cae a 703.000. Sabíamos que había habido una mala cosecha, pero no cuánto había caído la producción, o al menos yo no lo tenía presente, por motivos de sequía. Lo que se sembró en 1911 para cosecharse en 1912, poco antes del conflicto, fue el récord histórico de producción de maíz: 7.500.000 toneladas. Estos datos nos enmarcan y nos permiten formular algunos juicios sobre algunas causas que después aparecen en concreto en el conflicto.

Teniendo eso como marco, lo cual me dio cierta seguridad para saber de qué estoy hablando, tengo cuatro o cinco puntos sobre los que quiero hacer algún comentario. Un primer punto es repasar las causas del conflicto, no para analizarlo sino para hacer alguna precisión sobre cómo hacerlo. En principio, frente a algunas explicaciones que se han dado que yo llamaría monocausales, incluso en algún debate donde se han enfrentado diversas causas: si el endeudamiento, si los precios, si los arrendamientos, lo primero que se me ocurrió plantear fue la reafirmación de un análisis que tenga en cuenta todo el cuadro y todos los factores concurrentes que, sumados, generan la situación a partir de la cual se va a efectuar la acción colectiva que, en su núcleo, vamos a llamar “Grito de Alcorta”. Yo diría que esta forma de analizar, sin unilateralizar en un único aspecto, podríamos sintetizarla en un trabajo de Andrea Larconde, que se publicó en 1980. Para caracterizar el conflicto, dice: “Una situación límite en la que coinciden elevados cánones de renta de la tierra con una baja circunstancial de precios del maíz y el arrastre del endeudamiento ocasionado por la mala cosecha del año precedente”. Uno entiende mucho mejor el endeudamiento si se da cuenta de que la mala cosecha del año anterior ha dejado un quebranto absoluto, de manera tal que se entienden, o mejor dicho, se sienten, las condiciones en las que habían quedado esos chacareros. Mirando el récord histórico de las 7.500.000 toneladas de maíz se entiende también que los precios, lamentablemente, no fueron los necesarios para recomponerse del quebranto acumulado.

Esta forma de aproximación me parece de interés. Sin embargo, años antes de que esto se escribiera, decía Grela: “Algunos autores atribuyeron la causa de la rebelión campesina a la mala cosecha de 1911, al cierre de los créditos por parte de los comerciantes de campaña y al alto precio de los arrendamientos. El planteo es un tanto superficial. Creo que el origen habría que buscarlo en causas políticas y sociales más profundas, como pueden ser la pésima distribución de la tierra pública, el latifundio y la mala colonización llevada a cabo en el país, con miras a beneficiar a la oligarquía”. Efectivamente, la primera explicación no era unilateral, porque tenía una serie de elementos, pero yo coincido con esta observación que ya había hecho antes de conocer esta síntesis que hace Grela, en el sentido de que, en última instancia, la explicación multicausal útil enfatiza fundamentalmente los factores coyunturales, y deja en una cierta penumbra la estructura en la cual esa coyuntura es posible. Esto nos lleva a un comentario historiográfico. Yo lo hago igual, aunque algunos de ustedes puedan no sacarle el jugo, porque ya están vacunados contra este virus que les voy a mencionar. Este virus ha sido muy poderoso, muy potente, ha dejado a mucha gente mal y para siempre, y todavía es efectivo, si bien ya pasó su mejor momento. Me refiero a lo que ha ocurrido en la historiografía, la sociología y en general en las ciencias sociales básicamente desde mediados de la década de 1980 y hasta comienzos de la de 2000, cuando entiendo que esto ha empezado a cuestionarse y a disolverse parcialmente, pero se conserva plenamente, sobre todo en los ámbitos académicos más relevantes y en muchos textos. Me refiero en concreto a que en esa época apareció en la historiografía argentina como reflejo de algo que se dio a nivel internacional, que tiene que ver con las relaciones de fuerza que se manifestaron en la época, una corriente que se hizo dueña de las cátedras y de las instituciones públicas, que introdujo algo que se llamó -y que tal vez alguno haya comprado- “crítica de la visión tradicional”. La crítica de la visión tradicional, en realidad, en relación con estos temas que estamos mencionando y que Grela pone sobre el candelero, no ha hecho más que repetir opiniones que la anteceden, porque estas ideas ya son bastante tradicionales. Por ejemplo, uno de los historiadores económicos más prestigiosos, Díaz Alejandro: “Los posibles compradores o arrendatarios, por lo común inmigrantes recién llegados, tenían movilidad. Si un terrateniente pretendía cobrarles rentas exorbitantes, podían realizar otras negociaciones con bastante facilidad. En ningún momento la concentración de la propiedad agraria fue tan elevada como para dar a los terratenientes el goce de un poder oligopólico sobre todo el país”. Un señor llamado Saturnino Zemborain, que es como si dijera la Sociedad Rural Argentina, dice: “El acceso a la tierra en el siglo pasado era sumamente fácil, por cuanto lo escaso era la mano de obra y no la tierra. Los inmigrantes se fueron transformando en propietarios, una alta proporción a lo largo de este siglo, lo que se suma al sistema de acceso a la tierra que distingue al país nítidamente del resto del continente, e incluso de Europa, lo que es positivo para el desarrollo económico y social argentino”.

Estas ideas, que eran muy antiguas, fueron reformuladas en los últimos años, y nosotros tenemos que leer libros de historia agraria donde se habla de la vanguardia tecnológica de fines del siglo XIX, porque algunos terratenientes introducían ganado fino para refinar sus planteles, lo cual está muy bien, pero de ahí a encontrar vanguardias tecnológicas y de punta en el país a 100 años de la revolución industrial inglesa, mientras en ese momento el país se transformaba en una dependencia del imperialismo y era manejado por una oligarquía, esto muestra contra qué hemos estado lidiando durante los últimos 25 años: una revisión de todas las posiciones críticas que había sobre cómo se conformó la Argentina moderna y cuáles son sus rasgos estructurales. Lo hemos discutido en historia colonial, lo hemos discutido en historia agraria, etc.

Desde ya, estamos hablando del sentido político interpretativo. Más vale que ha habido aportes importantes, temas que no habían sido suficientemente tratados, con nuevos datos, nuevas investigaciones, lo que está muy bien, e incluso hemos sido parte de ese movimiento, pero la discusión es otra: que las principales tesis investigativas con sesgo nacional, popular, de izquierda, que habían podido sintetizar el aporte de numerosos intelectuales a lo largo de varias décadas de la historia argentina, fueron puestas como blanco y entonces se caía en la visión tradicional, que es lo que he discutido con muchos autores: era lo mismo Ricardo Levene que Rodolfo Puiggrós, o Milcíades Peña y la historia de la Academia. Este es un punto muy importante: saber que estamos hablando desde aquí, y podríamos hacer otra observación: podemos entender la lucha campesina y hablar de ella, compartiendo la visión de Grela, y sin embargo “los que saben” podrían levantarnos la banderita y marcarnos la posición adelantada, por no suscribir a la visión “correcta” sobre estos temas.

Digo entonces que está planteado todavía hoy, con más intensidad, porque hay más gente que se anima a discutir, pero no creamos los que más o menos compartimos la visión sobre el tema que en los medios académicos es lo que todo el mundo comprende. Yo diría, en cambio, que hay mucho por discutir y mucho por reinstalar sobre este tipo de visión crítica, sobre cómo fue el proceso de formación del capitalismo dependiente en la Argentina, lo cual me lleva, retomando ya este eje de lo estructural en el que se enmarca lo puntual del conflicto, a mencionar a un autor que me parece de fundamental importancia para entender en lo profundo la naturaleza del conflicto, no solo el de 1912, sino el que se prolongó por algunas décadas, desde fines del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Este autor es Alfredo Llamautarco, que escribió un par de libros sobre el tema, pero lo tomo como mucho más que un autor, porque fue un militante agrario y un militante político, que se llamó José Boglich -no sé si lo conocían- Boglich tiene un doble mérito: que acierta en el análisis, por lo cual lo hemos incluido en esta etapa, y aparte lo hace desde hace muchísimo tiempo: lo hace con una visión desde el lugar de los sucesos que hace que haya permanecido vigente, en mi opinión. Vean cómo plantea él ese marco: “Sin dejar de señalar algunas ventajas que tenían los productores al arrendar la tierra [en una forma capitalista, porque él enfatiza los aspectos capitalistas que tiene la producción agropecuaria para la época de Alcorta], esta situación del agricultor tenía su reverso en que se hallaba sometido al terrateniente o al capitalista colonizador mediante su contrato de arrendamiento o de locación de forma feudalista”. Más adelante, en el mismo texto titulado La cuestión agraria, se refiere a una década de conflictos agrarios que se concentra en “la obtención del contrato libre y la anulación del viejo contrato de forma feudal, lo que significaba la libertad de comerciar en el campo con los agricultores, libertad capitalista, naturalmente, en el marco de la libre concurrencia y la libre competencia”. Este concepto fue retomado, y lo quiero destacar también, actualizado en su momento, antes de que yo lo esté manifestando acá, por Waldo Ansaldi, que escribe: “La lucha por las libertades capitalistas es una lucha por la abolición de las trabas u obstáculos a la acumulación, y en consecuencia por la expansión del capitalismo”.

Para entender plenamente esta clase de explicaciones, no se dejen distraer por las categorías, como cuando se habla de “feudalismo”, porque lo que importa es la idea que él expresa: que coexiste el desarrollo del capitalismo rural y pampeano en el siglo XX con situaciones en las cuales persisten elementos de lo que podríamos llamar la herencia precapitalista: formas, relaciones, porque no está tan lejano. Sabemos que el capitalismo no nació en los tiempos coloniales; el capitalismo se va formando, con muchas dificultades, en los 500 km alrededor de Buenos Aires, en las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Se han escrito libros sobre esto, pero en tres palabras, allí no se está formando solamente el capitalismo. El proceso “macro” que lo enmarca es la formación del capitalismo, la formación de una mano de obra libre, del mercado de trabajo libre, que vamos a ir viendo en sus primeras formas perceptibles: decenas de miles de peones asalariados, “de cosecha”, en este caso puntual de lo agrario, con la estructuración dependiente, porque al mismo tiempo que se está formando el capitalismo se están instalando el ferrocarril y el frigorífico, los capitales y los bancos extranjeros que van a tener un papel central en el armado de este capitalismo. La dependencia del capitalismo va en una interrelación con la construcción de la Argentina moderna.

El tercer ingrediente de esa interrelación es la herencia precapitalista, que viene de atrás, que se mezcla. El capitalismo avanza, pero no es una marcha sin obstáculos. Pensando en que otros compañeros del panel lo iban a mencionar, no preparé algo que ilustraría bien esto, pero lo dejamos para que se comente después, que es lo que decían los contratos de arrendamiento, sobre las libertades capitalistas o la falta de ellas. Después podemos darle nombre y apellido a esto y decir qué significa lo que Boglich llama “contratos con formas de feudalismo”.

Este es un gran tema. Si uno tuviera que analizar a fondo, no el conflicto puntual de Alcorta sino la conflictividad de estas décadas, evidentemente la lucha por las libertades capitalistas es una cuestión central de este sector campesino, chacarero, en desarrollo, y desde ya hay que enfocarlo e investigarlo. Posiblemente una vez superadas ciertas tendencias neoliberales podamos incorporarlo y haya muchas investigaciones que nos hablen más de este momento histórico.

Otro punto que yo quisiera incorporar en relación al contexto y a las cuestiones estructurales en las que enmarcó la lucha de Alcorta es algo que alguna vez intitulé “Relaciones entre renta y arriendo”, y esto en relación con estos chacareros y campesinos de la rebelión agraria, para lo cual hay que hacer una brevísima precisión antes de desarrollar el tema. Desde el punto de vista del marxismo entendemos, en su primera definición, que la renta de la tierra es una ganancia extraordinaria, un remanente sobre la ganancia normal. Es una entrada al principio sin profundizar, pero es un concepto clave, pensar que en el capitalismo la renta de la tierra es, en principio, un remanente, una ganancia extraordinaria, algo que excede la normal. El que tiene la propiedad territorial le dice al capital: “Para que yo me levante y vos pases, me tenés que dejar todo lo que no sea la ganancia normal del capital que invertiste; la extraordinaria es mía, porque yo soy el dueño de la tierra”. Eso sería la renta, en principio. La pregunta que nos podríamos hacer, desde el sentido común y algunas inferencias que podemos hacer, si ese más de 70% de los campesinos de Alcorta que son arrendatarios paga la renta de la tierra en los términos que mencioné no están entregando un remanente de la ganancia verdadera, porque si entregaran el remanente de la ganancia normal estaríamos ante la posibilidad de una acumulación capitalista, pero los que hemos estudiado el problema de la renta en términos matemáticos y económicos, en este período puntualmente, sabemos que efectivamente no hay un proceso de acumulación sostenida, porque sabemos cómo ha sido la historia posterior, más allá de los matices que esa historia tiene.

Es clave aquí diferenciar dos conceptos: el de renta, definida como corresponde en el marco del capitalismo, y el de arriendo, distinto del de renta, como el monto efectivamente pagado por la cesión de la tierra para ser utilizada, y en este caso, sin duda, no había una coincidencia entre la renta y los arriendos, porque una de las cosas que nosotros tenemos que explicar es, más allá de Alcorta, a lo largo de prácticamente toda la historia del siglo XX, la dificultad que ese sector campesino capitalizado va a tener para acumular y desarrollarse como burguesía agraria al margen de la gran burguesía del campo, de los terratenientes capitalistas. Entonces, esto significa que al pagar el arriendo no solo se estaba pagando una eventual ganancia extraordinaria, cuando la hubiera, y si es que la hubiera, sino también porciones por determinar de la ganancia normal, y eventualmente porciones del trabajo necesario, más allá aún de la ganancia normal, en tanto la ganancia normal en muchos años, sin contar las condiciones de producción, podía bastar para satisfacer las condiciones del arriendo. Ese es otro de los temas que quedan en la agenda para ser tratados en profundidad y, si es posible, ponerle números a este fenómeno. Queda totalmente claro que estamos hablando de arriendos que son superiores a la renta normal de la tierra y que están en la base de las dificultades de acumulación de este sector de arrendatarios, más, obviamente, otra cantidad de factores que se suman y que habrá que ir viendo. Los costos no son los mismos para un pequeño que para un grande, las condiciones de venta no son las mismas. Hay una cantidad de factores que van a contribuir para que estos pequeños no acumulen y no se transformen en una gran clase chacarera.

Cerrando un poco estas notas, creo también importante que tengamos presente, ya que hablamos de los factores generales concurrentes en la coyuntura, del fondo estructural, de la problemática y del momento histórico de la formación social de la Argentina, que hay un punto que tiene que ver, como dirían algunos sociólogos amigos, con la perspectiva de los actores, es decir, la construcción de la protesta, la construcción de la acción (hoy diríamos “la trama política” o político-ideológico-cultural que tiene la actividad desarrollada por individuos y organizaciones que hace que en un marco realmente crítico en términos sociales, de clase y demás, esto se transforme a su vez en una protesta organizada de personas concretas y en un gran movimiento, porque muchas veces están las condiciones estructurales y la coyuntura, los estímulos económicos de una crisis, y no necesariamente eso se traduce en un “Grito de Alcorta”). Ahí me parece que también es importante reservar un lugar para ver cómo se construye eso. Esto es conocido, pero lo remarco por ahí para los más jóvenes; ahí están jugando un papel importante los colonos inmigrantes, muchos de extracción anarquista y socialista. Hay un factor político muy importante y no es una pura reacción corporativa.

Se habla del papel de los centros de estudios sociales, de los sindicatos de estibadores y braceros, con elementos que pueden profundizarse; del papel de la Iglesia, con los dos Netri que eran curas, hermanos de Francisco; el papel de los comerciantes, que en algún caso ha sido central en la organización y el estímulo a los chacareros, más allá de los intereses materiales que había en juego en esa coyuntura. Esa sería la prédica de los más combativos de los trabajadores. Fue un tema decisivo, porque en mayo de 1810 algo de eso se había desarrollado en Buenos Aires pero no en otros lugares como en Uruguay o en Córdoba, donde soplaban los mismos vientos. En algunos lugares, lamentablemente, la situación externa no determinó el derrumbe del orden antiguo sino que pudieron lanzar una insurrección y retomar el control.

Para terminar: esto que dejamos planteado sigue con dos o tres procesos a los que les puse título: la consolidación del capitalismo agrario o la lucha por las libertades capitalistas: en 1921 se sanciona una ley de arrendamiento que no se va a cumplir mucho, pero es el resultado de las condiciones políticas que se van creando a partir de la lucha de Alcorta. Esto va a tener un hito, sin duda, en la década del 40, cuando la región pampeana se sale de esta problemática. Para eso tiene que llegar el Estatuto del Peón Rural, el congelamiento de los arrendamientos, es decir que tienen que pasar una serie de cosas que, en líneas generales, terminan de instalar en la región pampeana el régimen capitalista en condiciones, diríamos, más “normales” que las que existian en los momentos de plena lucha por la acumulación, cuando además del pago se exigía una serie de obligaciones.

Hay otro proceso. Este es un tema que no lo tengo especialmente claro; me queda claro que estamos ante una revuelta de campesinos, y por ese término entendemos a los productores directos con su núcleo familiar; hay tres tipos de campesinos, lo que también me queda claro, y al mismo tiempo en aquellos años tienen ciertos rasgos chacareros que en un proceso van a hacer que como sector social, en mi opinión, se definan como campesinos chacareros a los que alcanzan un cierto nivel de capitalización que los habilita para, eventualmente, acumular. No es que acumulen realmente, sino que podrían hacerlo. Desde el peronismo y hasta los 70, lo cual ha sido tratado por numerosos autores, hay procesos de chacarerización, y el sector va tomando ciertas características a partir de su evolución histórica.

El tercer elemento que yo mencionaría es lo que sucede a partir de 1976. Quien no tenga el conocimiento económico para estudiar lo que pasó a partir de ese año, tendrá en cuenta que ese proceso de chacarerización se ve interrumpido por los procesos de concentración del capital, la producción y la tierra, con la crisis de la pequeña y mediana producción y la desaparición de buena parte de lo que llamamos “producción familiar pampeana”.

Lo último que quiero decir es lo siguiente: sin hacer ninguna precisión y hablando muy en general, lo que hoy queda de la producción familiar pampeana, de estos chacareros pampeanos, incluye a los productores familiares, a los pequeños productores capitalistas, por llamar así a aquellos que ya no podemos llamar “familiares”, por el peso de la contratación de servicios y otra serie de factores que hacen que el rol de productor directo ya sea prácticamente inexistente. Incluso dentro de ese concepto de chacareros podemos incluir alguna parte de los minifundistas. Ese es un tema complejo, porque obviamente esa situación no está cerrada. Si uno lucha contra la concentración económica, contra ciertas condiciones del mercado y la producción que favorecen ciertas tendencias, no estaría cerrada la posibilidad, y me parece que sería deseable, que se crearan las condiciones para que ocupen los espacios que se podrían llegar a crear. Desde este punto de vista, y hablando en general, el peor error que uno puede cometer con relación a los chacareros pampeanos es no tener una claridad absoluta de que, como sector social, forman parte del pueblo argentino, y que el desafío político es, sin duda, lograr que participen unidos con los campesinos no capitalizados que hay en muchos lugares de la Argentina, luchando contra la sojización, contra las expulsiones, contra los desmontes y contra tantísimas cosas, para que junto con otros sectores puedan obtener reivindicaciones programáticas comprensibles para unos y para otros, que les permitan ir juntos en una dirección común, más allá de las formas que se adopten y de las vías que cada uno tenga. Eso es todo. Muchas gracias.

Juan Antonio Pivetta: Muy buenas tardes. En primer término, mi agradecimiento a la Cátedra, a la Secretaría de Extensión, al IADE, al Centro Cultural de la Cooperación y a ustedes. Para quienes integramos la Fundación Humberto Volando, junto con Daniel Martinelli, que es su actual titular, nos acompaña Omar Piazar, que integra también la Fundación, y su secretaria Virginia. Es un orgullo para la Fundación estar hoy aquí, y más cuando nos toca dar nuestra opinión sobre temas como el Grito de Alcorta en presencia de la esposa de Humberto Volando, de su hija y sus nietos. Muchas gracias por eso.

Nosotros, con Daniel, somos chacareros, y vamos a hablar a partir de nuestra vivencia personal. No somos historiadores, y sería una falta de respeto pretender hacer un análisis histórico fundamentado, pero sí podemos hablar desde las vivencias que hemos tenido a la hora de formarnos como dirigentes con don Humberto, que fue nuestro gran maestro. Daniel va a hablar de la vida de don Humberto. En el caso del Grito de Alcorta, que es lo que yo voy a tratar de exponer, lo que voy a decir tiene que ver fundamentalmente con lo que nosotros sentíamos y lo que significaba para nosotros el aprendizaje y el conocimiento de este hecho histórico agrario nacional, básicamente para quienes somos hijos, nietos o bisnietos de esos inmigrantes arrendatarios, así que vamos a centrarnos en esa vivencia y en algún dato que nos ha quedado.

Cuando nosotros nos formamos en la Federación Agraria Argentina, el conocimiento de un hecho como el Grito de Alcorta, sus implicancias y sus connotaciones tiene que ver justamente con el saber de dónde venimos, y a nosotros se nos internalizaba mucho la cuestión, porque tiene que ver con la historia de nuestros antepasados. En mi caso particular, mis bisabuelos vinieron de Italia, de la región de Etruria, y se radicaron en Belgrano, en el centro de la provincia de Santa Fe. Allí estuvieron unos años y perdieron la cosecha por la langosta o por la sequía y uno de ellos se fue para el centro de la provincia de Córdoba, en Pilar, a buscar otro campo para arrendar, un campo que todavía tienen mis hermanos, porque luego lo compraron. En un momento desmontaron un pedazo, hicieron un pozo y un pequeño galpón y volvieron a buscar a la familia. Los pocos animales que tenían los fueron arreando desde Belgrano hasta Pilar, unos 400 km a campo traviesa. Esas fueron las experiencias que vivieron muchos de nuestros antepasados.

A la hora de estudiar y de analizar los episodios del Grito de Alcorta, a nosotros se nos hace natural relacionarlos con las vivencias que tuvieron nuestros antepasados y por eso, para los que estamos en la Federación Agraria tienen un significado muy especial. Respecto de lo que dijo Eduardo, quiero agregar algunos datos que para mí son importantes y que tienen que ver con marcar el contexto y la realidad de esa época, acordando con el concepto de clase obrera para los que participaron del movimiento, porque si solamente señalamos que se trataba de arrendatarios, eso era una parte del todo, y debería considerarse en el marco de lo que era la distribución de la tierra en la Argentina, la resistencia de los terratenientes. De hecho, a partir de la constitución de la Federación Agraria se empezó a hablar mucho más de la necesidad de solucionar todos estos problemas, de una reforma agraria estructural en lo que hace a la división de la tierra.

Volviendo al tema que estábamos planteando, ahí hay una cuestión importante y agrego algunos datos a lo que decía Eduardo: desde 1857 hasta 1910 habían ingresado al país 3.700.000 inmigrantes, de los cuales una gran parte se dedicó a la agricultura y esto hizo elevar la producción: en 1888 se cosecharon 2.000.000 de toneladas y en 1912 se pasaron los 20 millones. Todos estos inmigrantes que se radicaron en nuestro país comenzaron a hacer producir nuestras tierras, lo que también generó una valoración enorme de ella, no solamente por los grandes negocios que hacían con la tierra los que estaban cerca del poder. Convengamos que no se puede generar un modelo de país básicamente agroexportador. También hay un dato significativo: había 4.500.000 km de vías férreas y la mayoría de ellas terminaban en los puertos. Gran parte de la producción se exportaba.

Rescato algo que dijo Eduardo sobre la formación de estos inmigrantes. Muchos de ellos venían de algunas luchas gremiales, en España o en Italia, y tenían mucha experiencia en este sentido. Traían dentro de sus genes ese asunto, y muchos de ellos eran socialistas o anarquistas, como uno de los fundadores y primer presidente de la Federación Agraria, Antonio Noguera, que era también periodista, lo que era parte de una realidad de la época, en un contexto de agitación social importante. En 1911 había habido una huelga importante de los ferroviarios, de 45 días. Muchos de estos inmigrantes tenían experiencia de participación en importantes huelgas en Irlanda o en Italia, y esto se volcó sobre una situación como la de los contratos de arrendamiento, donde más del 50% de la ganancia iba a parar a los costos del arriendo. Los contratos establecían que no se podía destinar más que un 6% de la superficie arrendada al pastoreo de animales, o bien que la producción debía ser entregada al propietario del campo, en una serie de condiciones que se hacían complicadas. De todo animal que criaban debían darle participación a los propietarios, y esa situación excepcional de que la cosecha de 1912, que fue récord, no alcanzara para pagar las deudas que se habían contraído por la mala cosecha anterior, hizo que estos dirigentes que encarnaron la conducción del movimiento en distintos puntos fueran organizando las acciones que condujeron al Grito de Alcorta.

No cabe duda de que fue un hecho muy significativo, que se fue extendiendo a otras zonas de la provincia y luego a las provincias de Córdoba y Buenos Aires. A partir de esta situación, muchos agricultores fueron consiguiendo algunas mejoras en los contratos. El nombre de Bigand se debe a uno de los propietarios que fue concediendo mejoras en las condiciones de arriendo, y a partir de esto hay una cuestión significativa, más allá de los logros que se fueron sucediendo, que fue la necesidad de constituir una organización que diera forma permanente a estas luchas. El 1º de agosto hubo una gran reunión en Rosario y quince días después se fundó la Federación Agraria Argentina, en la cual tuvo participación Francisco Netri, un abogado italiano, que asesoró a muchos chacareros en sus reclamos; también habían tenido destacada participación sus hermanos, que eran párrocos, uno de ellos en Alcorta. La participación de las mujeres de los chacareros fue también importante.

El primer presidente de la Federación Agraria fue Antonio Noguera y lo sucedió Francisco Netri, hasta 1916. Destacamos tres grandes dirigentes en la historia de la entidad a lo largo de estos 100 años. Uno de ellos fue Francisco Netri, que fue asesinado por la oligarquía en la calle Urquiza, en la ciudad de Rosario, obviamente porque molestaba mucho a los intereses de los terratenientes, que marcó un inicio muy importante de la organización, que se orientó a buscar una reforma agraria que resolviera definitivamente los problemas de la tierra y no solamente significara una mejora en los contratos de arrendamiento. Durante su gestión se empezó a difundir el lema: “La tierra para el que la trabaja”. Otro dirigente importante fue Esteban Piacenza, que fue presidente de la FAA entre 1916 y 1945, que fortaleció mucho esta visión expresada en el lema. En 1921 se logra llevar al Congreso un proyecto de ley de arrendamiento agrario, como se mencionó antes. Piacenza fue un dirigente que fortaleció también el cooperativismo agrario como herramienta comercial del pequeño y mediano productor. En 1932 se creó Agricultores Federados Argentinos, que todavía hoy es una empresa de cierta importancia.

El tercer dirigente a quien recordamos especialmente, de quien va a hablar después Daniel Martinelli, es don Humberto Volando. Pero justamente porque él va a hablar en extenso sobre don Humberto, no quiero profundizar en lo que significó para todos nosotros.

Al principio de la charla hablaba de las vivencias de nuestros antepasados y de mi origen familiar como arrendatario. Mi familia pudo adquirir ese campo en 1960, pero hubo muchos productores que siguieron arrendando, más allá de los beneficios que obtuvieron por las leyes que se fueron sancionando. Esta posibilidad de ir adquiriendo los campos no fue producto de una gran reforma agraria, porque fue dentro del esquema del capitalismo, pero en nuestro caso particular tuvimos la suerte de mantener la propiedad, porque muchos de los que llegaron a ser propietarios en las décadas de 1950 o 1960 perdieron esos campos en los 90. Muchos agricultores dejaron de serlo por la agudización de las políticas neoliberales y si bien en el actual contexto muchos de los propietarios son productores, otros son rentistas, porque en el marco de las transformaciones económicas que se han dado, a muchos les conviene ser rentistas antes que productores, y este dato debería servir para discutir el modelo que queremos en ese sentido desde el punto de vista del agricultor.

Por mi parte quisiera terminar con esto, y luego, a partir de las preguntas, poder extenderme sobre algunos puntos, antes de darle la palabra a Daniel. Como marco introductorio, en el marco de la Federación un grupo de dirigentes hemos creado una fundación que lleva el nombre de Humberto Volando. Hemos tenido la suerte de que estando todavía lúcido nos autorizó a usar su nombre (falleció en marzo de este año). Creemos que es importante que el reconocimiento a los grandes dirigentes se haga en vida, y él lo pudo sentir. Su trascendencia excedió lo sectorial, porque fue un dirigente con una visión muy amplia de país. La Fundación está trabajando básicamente en el ámbito de la provincia de Córdoba, para fomentar tanto la producción como las agroindustrias. Hemos organizado charlas, porque uno de los pilares es la formación y la posibilidad de intercambio de ideas y discusiones, junto con el trabajo con el sector cooperativo. Simplemente quería destacar esto. Muchas gracias.

Daniel Martinelli:

Muchas gracias a toda la organización. Realmente es para nosotros una satisfacción y un orgullo saber que la Fundación está viva. Muchas gracias a Elina, a Mariela, a sus hijos. Es realmente muy bueno que estén presentes. Tiene mucha significación para nosotros su presencia aquí.

En realidad, como dijo Juan, nosotros somos chacareros y mi referente es Humberto Volando. Humberto es nuestro referente porque fue un hombre que supo ganarse algo que es muy difícil para los dirigentes en estos tiempos, que es tener representatividad. Su representatividad no la logró por estar alguna vez delante de una cámara de televisión o porque algún poderoso le diera dinero para que dijera las cosas que él tenía en la cabeza, sino que se ganó la representatividad de los chacareros en la Argentina porque tenía una personalidad formada a partir de que él era un chacarero real, no un chacarero inventado. Siendo presidente de la Federación Agraria y siendo diputado de la Nación se iba a trabajar a su campo, y yo lo he visto sucio de grasa en su campo. Como primer dato de su personalidad, él también era un chacarero. Podemos discutir sobre el significado que tuvo y tiene el término “chacarero” en la Argentina, pero en general entendemos que el chacarero es el que trabaja su chacra, y la chacra puede ser propia o alquilada. Básicamente, es el que trabaja con sus manos la chacra.

Otro dato importante sobre su personalidad es que fue un autodidacta. Sabemos, porque su familia está presente, pero también sabemos por quienes vivieron con él la militancia desde su juventud, que fue un incansable lector. Coleccionaba el diario La Tierra y leía un libro mientras estaba sentado en el arado, para no perder tiempo. Eso lo llevó a instruirse de una manera tal que seguramente su mente, allá en Pampayasta, le habrá dicho un día que tenía que salir a luchar por los intereses de él y de sus pares. Entonces, diría que en el conjunto de su ubicación, a él le gustaba ser chacarero; en su capacidad para instruirse y en su necesidad de transmitir su instrucción se creó este dirigente tan formidable que fue Humberto.

A estos ingredientes les puso valores que nosotros, que nos hemos formado a su lado, pudimos percibir. El primer valor que voy a resaltar de él es uno que también es bastante escaso, que es la honestidad intelectual. El hombre se formó y tuvo convicciones filosóficas. Esas convicciones tal vez se nutrieron en la Federación Agraria, pero seguramente él nutrió a la Federación Agraria con esas convicciones y las llevó adelante por siempre, al frente de la Federación Agraria y también cuando estuvo en el espacio político. Obviamente, fue un militante, y no necesitó una cámara para ser lo que fue. Recorrió permanentemente todo el país y podría sintetizar esa variedad de la que se hablaba acá en cuanto a lo que son los pequeños y medianos productores, los productores familiares y el autoconsumo. Humberto podía hablarle a un minifundista tabacalero, a un minifundista cañero, a un productor algodonero, a un productor manisero de Córdoba que estaba en la cúspide de la instancia productiva; a un ganadero de la provincia de Buenos Aires o de La Pampa, a un fruticultor de Río Negro, y a todos los contenía, porque conocía claramente, a través de su militancia y de sus convicciones, qué era lo que necesitaban, y planteaba la cuestión máxima de la reforma agraria integral, porque consideraba que al país, y al sector agropecuario argentino, le hacía falta una reforma agraria integral. No en vano tuvo contacto con Giberti, y apoyó el proyecto sobre la renta normal potencial de la tierra. No en vano, durante toda la dictadura y en el período democrático posterior y hasta que dejó la Federación Agraria, en los dictámenes de la Comisión de Régimen Impositivo de la Federación, el primer título fue “Renta normal y potencial de la tierra”. Invariablemente, mientras él fue presidente de la Federación Agraria, la bandera era el tema impositivo.

Tuvo un espíritu democrático permanente. Ya vamos a ver más adelante, cuando hagamos una cronología sobre los hechos sobresalientes de su accionar, cómo actuó en períodos democráticos y cómo actuó en períodos dictatoriales. Tuvo una visión integradora de la cuestión agraria. Fue un precursor y un afianzador del cooperativismo en la República Argentina. No hay cooperativista, tanto agrario como urbano, que no reconozca a Humberto Volando, que fue un dirigente gremial, como un dirigente cooperativo. Lo defendió siempre. Es más: en algunas ocasiones tuvo que ceder en sus convicciones para no romper con el movimiento cooperativo agrario, para que esa comunicación entre el cooperativismo agrario y el gremialismo agrario siguiera funcionando.

Entre los valores que quiero recalcar -por supuesto que hay muchos más- tenía simpleza comunicacional. Repito esto porque para nosotros, en la Fundación, es muy importante. No necesitó que le hicieran los discursos, no necesitó un multimedio ni nada que no fuera a través de su militancia y de su discurso totalmente sustantivo, y con una convicción que realmente había que verla en sus actos: cómo el adulto, el joven y el anciano se emocionaban de la misma manera y captaban lo que él quería decir. Hay también hechos anecdóticos, pero que muestran lo que él quería. Dentro de su función de presidente de la Federación Agraria, buscaba estar con la juventud. Nosotros somos parte de la juventud de Humberto Volando. Yo tuve la suerte de estar en un período que fue el principio de la democracia, allá por 1984 o 1985. Era muy común que invitara a compartir un día en la Federación Agraria a personas importantes, que él consideraba que nos servía conocer. Por ejemplo, yo tuve la suerte de almorzar dos veces con el fiscal Ricardo Molinas, ¿se acuerdan de él? Tuvimos la ocasión de compartir muchas charlas con el contador Salvador Treber, no sé si lo ubican, un contador cordobés que en ese momento era director del Banco Central de la República Argentina, que en estos momentos, a pesar de sus infinitos años, todavía tiene presencia como profesional y como hombre de opinión en las cuestiones económicas.

También me queda de esa época la relación con el presidente Raúl Alfonsín. Tuve la oportunidad de acompañar a Humberto dos veces en reuniones con Alfonsín: una al principio de su mandato, cuando todos querían ir a verlo. Por eso tuvimos que esperar bastante. La segunda vez fue al final, y no tuvimos que pedir audiencia. Humberto simplemente llamó y dijo: “Queremos hablar con usted, Raúl”. Entramos con él y dos dirigentes juveniles más. Raúl Alfonsín estaba solo. Ni el edecán estaba.

Acá recuerdo una anécdota. La primera vez que fuimos estaba el secretario de Agricultura, cuyo apellido no sé si lo voy a decir bien, el Dr. Figueras o Felgueras. Ese hombre dijo que la reforma agraria estaba en marcha en la Argentina, pero se refería a la reforma tecnológica, y no se equivocaba, pero no era la reforma agraria que planteábamos nosotros en la Federación Agraria. Si después podemos y tenemos tiempo, volvemos al tema, porque el avance tecnológico era un tema central desde el 76 en adelante, pero tuvo una máxima implicancia en los 90 y hoy, nuevamente -si quieren luego lo charlamos-, tiene un impacto muy fuerte, porque está por venir un avance tecnológico muy fuerte en el sector agropecuario.

¿Qué hechos sobresalientes podemos nombrar? Algo que todos ustedes deben conocer pero es bueno recordarlo, porque también es una referencia para el hoy, para cómo se mueve hoy la dirigencia agropecuaria. Yo hice aquí un pequeño resumen. En los años anteriores al golpe cívico-militar, específicamente durante 1975 y principios de 1976, cuando el gobierno realmente estaba mal, la Federación Agraria participa en la CGE. A través de esa confluencia, se le pide juicio político a la Presidenta, y así transitó Humberto esos meses. Por otro lado, el ruralismo decreta un paro al que se suman casi todos los sectores agrarios, incluso los sectores de las Ligas Agrarias, que eran organizaciones que podríamos considerar de izquierda, que estaban en el progresismo nacional, pero tanto unos como otros se suman al paro, que fue totalmente golpista. La Federación Agraria no participó de ese paro; por el contrario, Humberto siguió trabajando en su tambo, porque la consigna era mantener el espacio democrático en la Argentina. El paro de 1976 fue golpista, y al poco tiempo llegó el golpe.

Viene el proceso militar y él organiza un acto cuando nadie se atrevía a hacerlo, en la ciudad de Villa María, donde había custodia por todos lados, pero se juntan 10.000 chacareros, y él dice: “La vida de un novillo vale más que la vida humana”. Se atrevió a decirlo en plena dictadura militar. Al final de la dictadura, cuando Galtieri está en su pleno apogeo, durante la Guerra de Malvinas, invita a todos los políticos y a dirigentes gremiales a que se suban a un avión para ir a Malvinas. Humberto Volando recibió esa invitación, pero no subió a ese avión. Muchos sí lo hicieron.

En 1983, ya con la democracia, la Federación Agraria hace un acto para darle la bienvenida a la democracia y al presidente democrático. Se hace en Casilda. Allí la Federación Agraria demuestra en los hechos, y bajo la conducción de Volando, que es una entidad democrática. También en los mismos años de Alfonsín se subió a un palco en la Plaza de Mayo junto con Ubaldini, y sin embargo no tenía problemas con Alfonsín. La lucha estaba realmente bien encaminada; era contra los sectores que casualmente estaban golpeando a Raúl Alfonsín. El hombre se baja del palco con Ubaldini, que no era un dirigente muy querido en los sectores agrarios, pero pudo seguir yendo a los mismos pueblos a los que iba antes y seguir siendo bien recibido, porque esa representatividad de la que les hablaba la tenía bien resguardada, con honestidad intelectual, porque a los chacareros siempre les habló en los mismos términos y siempre se manejó de la misma manera.

También durante la etapa de Alfonsín, en la provincia de Buenos Aires, en 1985, CARBAP y CRA decretan un “tractorazo” (el paro de 1975 se había llamado “camionetazo”), y la Federación Agraria no estuvo presente, porque consideraba que se estaba poniendo en peligro el orden democrático. Hago hincapié en esto para que cotejemos todo lo que pasó después. Viene el período de Menem. Obviamente, Humberto no se sumó a la fiesta, a la “pizza con champán”, y a los quince días de anunciada la convertibilidad, cuando todo era jolgorio en la República Argentina, se expresó críticamente. Él pensó que la Argentina iba a cambiar en el 95, pero no fue así, y entonces dijo: “La suerte de los productores agropecuarios está echada”. Tuvimos que aguantar a un ministro, o a un secretario-ministro, que viniera al Congreso y dijera que iban a desaparecer 200.000 productores agropecuarios. En realidad, cuando se fue Menem, habían desaparecido 102.000 productores. Eso es muy distinto, porque la desaparición, en la década de los 90, fue de productores y propietarios de la tierra. La desaparición de la primera década del siglo XXI es la desaparición del productor, no del propietario, y es la generación del nuevo estamento que no sabíamos dónde ubicar, que es el pequeño rentista del campo.

Llegamos a 1996, cuando deja la Federación Agraria para dedicarse a la política, y acá también hay hechos sustantivos. Él era por naturaleza el representante del sector agropecuario, y debería haber sido el presidente de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación. ¿Quién mejor? El poder político, o el poder económico -no sé cuál- no lo dejaron. La cuestión es que Humberto Volando terminó sentado en el Congreso de la Nación y no era el presidente de la Comisión de Agricultura. Pero así y todo, el hombre se dio cuenta un día que había un despacho para tratarse de urgencia -acá hay gente del INTA- que decía que al INTA había que privatizarlo. Menos mal que él lo vio. Se paró, y ese despacho se pasó a Comisión. Ya en Comisión se pudo parar, porque si no el INTA iba a desguace en la década de los 90, cosa que hubiera sido totalmente lamentable.

Después quiso ser gobernador. Un día, ya durante su etapa política, unos periodistas de Córdoba le preguntaron qué pretendía él de la política, y él les dijo, sin ningún problema: “Quiero ser presidente”. ¿Qué político no quiere ser presidente? Obviamente, era una alusión a una utopía. En su afán militante, cuando entró en la política fue candidato a gobernador por el FREPASO. Para sorpresa de todos los que lo acompañábamos, tres o cuatro días antes le dan la orden de que se baje. Nos llamó a todos los que estábamos cerca y nos consultó. Nos preguntó qué nos parecía, porque él iba a seguir adelante, porque para eso había hecho la campaña, y porque él tenía códigos y lealtades. Aspiraba a un 12 o 13%, que seguro lo iba a sacar, pero lógicamente el resultado fue mucho menor. Siguió firme en sus convicciones. No tenía absolutamente nada que negociar.

Por último, más allá de lo que podamos charlar después, hay una cuestión que para mí es muy importante. Con motivo del acto inaugural de la Fundación Humberto Volando, nosotros invitamos a un disertante, al Dr. Aldo Ferrer, y al sociólogo Osvaldo Varsky. Varsky plantea en un momento -estamos hablando del año 2009-, que el conflicto de 2008 no hubiera sido posible sin TN. Hoy, y con absoluta convicción, les digo que si Humberto Volando hubiera sido presidente de la Federación Agraria Argentina en 2008, el conflicto hubiera sido distinto. Nada más.

Mariela Volando: Buenas tardes a todos. En medio de tantas preguntas, me toca agradecerles a todos en nombre de toda mi familia. Es muy lindo estar acá. Hay sobrinos que no tuvieron la posibilidad de compartir algunas de estas actividades. Yo soy abogada. No estoy vinculada con el campo, pero mi hermano, que también es abogado, sí, y es el que se quedó viviendo allá. Somos tres hermanos. Yo soy la menor. Mi hermana es psicopedagoga y también está en Buenos Aires. Pude compartir con él (su papá) la etapa en la que fue diputado nacional -yo era entonces estudiante de Derecho- y esa campaña para candidato a gobernador. No podía salir de mi asombro al ver tanto empeño. Todo fue una gran experiencia que me marcó muchísimo.

Como familia, recuerdo la época de los militares, las amenazas que permanentemente tenía mi papá, porque nunca se quedaba callado y siempre estaba defendiendo lo que a él le parecía que era justo. No quiero aburrirlos más. Estuvieron muy bien todos y es muy bueno poder recordar la importancia del Grito de Alcorta. Muchas gracias.

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