Lunes 28 de marzo Charla - debate Pedagogía y Emancipación en la Venezuela Bolivariana La Política Educativa en tiempos de Revolución Luego de la publicación del libro "La escuela pública tiene quién le escriba. Venezuela, Bolivia y sus nuevas orientaciones político-educativas", el autor realizó dos visitas a la tierra venezolana. La más reciente consistió en un recorrido de más de 30 días por los estados de Aragua, Lara y Táchira. En este encuentro se propone compartir la experiencia del relevamiento realizado que incluyó entrevistas colectivas a educadores y estudiantes, observaciones de reuniones de trabajo y asambleas en diversas instituciones educativas y las primeras reflexiones a partir de la información y experiencias educativas conocidas.
Panelista: Pablo Imen, autor del libro / Secretario de investigaciones del CCC
Presenta: Maximiliano Gallo (Investigador CCC)
Organiza: Departamento de Educación
Sala Meyer Dubrovsky [3º Piso] 19:00 hs. Este ciclo de encuentros se desarrollará en torno a un eje transversal: el derecho a la educación y la educación liberadora.
Se trata de recuperar distintas experiencias, pasadas y presentes, en el nivel de la macropolítica o el de la relación pedagógica, en la escuela pública o en los movimientos sociales, que den cuenta de prácticas y teorías pedagógicas de signo emancipador.
Nuestro Departamento de Educación y el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini en su conjunto son parte de un proyecto colectivo del movimiento cooperativo nucleado en torno al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, entidad de segundo grado que aglutina a cooperativas de primer grado.
Desde su nacimiento, el IMFC ha sostenido una firme posición filosófica y política anclada en los valores y principios de la cooperación por la que luchó con coherencia y perseverancia a lo largo de más de 50 años de existencia.
En ese marco se inscribe la creación del Centro Cultural de la Cooperación, como un ámbito de producción y formación de intelectuales, científicos sociales y artistas comprometidos con la construcción de una realidad de igualdad, justicia y emancipación.
En la actual coyuntura histórica asistimos a un escenario mundial, regional y nacional en tránsito hacia una nueva época, cuyo contenido y dirección es materia de desafío.

A poco del bicentenario, los debates alrededor de la historia de esos ensayos emancipadores se reactualizan, no sólo en relación a la interpretación de ese momento fundacional sino a los caminos del presente y del futuro.
A la luz de esa herencia de las luchas por la primera independencia cabe reconocer aquél proceso que rompió las cadenas de nuestros países al viejo poder imperial de la España monárquica. Pero, del mismo modo, hay que asumir que no cuajó – aún- en la construcción de un proyecto colectivo que tuviera un lugar de dignidad y justicia para todos nuestros pueblos.
También en esa emancipación parcial y truncada tuvieron lugar las luchas por un proyecto educativo que debía formar a las jóvenes generaciones orientado a un modelo de persona y de sociedad.
Y así como en la política y en la economía hubo proyectos enfrentados, y entre sus ganadores vinieron a establecerse los partidarios de un modelo de país subordinado y dependiente; hubo luchas por una sociedad hermanada con toda Nuestra América. Y con esas luchas hubo también propuestas y prácticas educativas que empujaron en un mismo sentido emancipatorio.
Pedagogos radicales como Simón Rodríguez, Carlos Vergara, Jesualdo Sosa, Luis Iglesias – entre muchos otros- marcaron una senda que habrá que recuperar para un proyecto educativo inscripto en los mejores sueños libertarios.
A lo largo de la historia confrontaron modelos antagónicos de país y de sociedad, también de educación. En ocasiones las cosas no estuvieron tan claras; las luchas libradas expresaron proyectos y propuestas no siempre consistentes...
Cuando en 1880 nuestro país avanzó en su organización institucional, el modelo de instrucción pública significó un avance en relación a la primacía – con una propuesta pedagógica regresiva- de la Iglesia Católica. Sin dejar de reconocer este elemento, es menester considerar sus límites evidentes. En otros términos, aún democratizando crecientemente el acceso a las instituciones educativas, el modelo liberal-oligárquico tuvo un sesgo positivista, clasista, racista y sexista. Tuvo un mecanismo de gobierno vertical y autoritario. En perspectiva, sin embargo, su implementación fue un paso adelante en las luchas populares por la democratización del conocimiento.
En ocasiones, la educación pública avanzó; en otras sufrió fuertes embates y derrotas, debió retroceder. Así ocurrió con la lucha Laica o Libre, con las transferencias iniciadas a partir de los años sesenta y profundizadas en la última dictadura genocida o en el gobierno neoliberal de Carlos Menem. Antidemocrático y mercantilista fueron los sesgos de las reformas educativas que tuvieron curso en los noventa y que desmantelaron aún más el derruido sistema educativo público.
El cambio de siglo trajo nuevos vientos, y asistimos ahora a un cambio de época donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Estamos en un momento excepcional, en que los sueños de una Patria Grande se presentan como una posibilidad: ese futuro no tan lejano implica avances y retrocesos, lucha y resistencia.
Y así como la política y la economía, la educación también constituye un terreno de lucha entre quienes defendemos una sociedad de iguales y libres, y quienes se anclan a la defensa del privilegio en todos los niveles y esferas de la vida social.
Tenemos la responsabilidad de recuperar para el futuro las experiencias y ejemplos de una pedagogía emancipadora.
Y en esa búsqueda y ese rescate nos incorporamos al debate y la construcción de Nuestra América.
Desde ese compromiso y ese esfuerzo, cimentamos desde nosotros y con otros un programa de debate, construcción y difusión de cuestiones fundamentales de la educación que contribuyan a pensar, decir y hacer una educación liberadora.
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