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Economía Política y Sistema Mundial

Movimientos indígenas en América Latina

Ponencia de Tamara Perelmuter*


Movimientos Indígenas en América Latina

Para la elaboración de la siguiente ponencia, me apoyé en las tesis expuestas por Aníbal Quijano en “Colonialidad de poder, eurocentrismo y América Latina”. [1]

Podría parecer fuera de época el hablar de la burguesía y la lucha de clases, dos conceptos que la sociología actual parece no conocer. Sin embargo, creo que no es posible comprender, y transformar la sociedad actual negando la lucha de clases y la forma en que la burguesía garantiza su supremacía, en tanto clase hegemónica. Asimismo,podemos ver que en las última décadas, América latina ha sido testigo del resurgimiento de movimientos indígenas, que desde todas sus latitudes, a veces con mayor fuerza que otras, volvieron a poner en cuestión la forma concreta en que fue y es construida la historia, mas precisamente, la forma en que les fue y nos es expropiada la historia, nuestra historia.Volvieron a demostrar que sus reclamos están mas vivos que nunca y que no están dispuestos/as a dejarse avasallar nuevamente.


En este sentido, me pareció interesante poder repensar junto/as esa historia- nuestra historia, cuestionar y desnaturalizar ciertos supuestos eurocéntricos, coloniales, racistas, patriarcales y opresivos con los que fuimos y somos formados/as constantemente.


Lo primero que me pregunté cuando empecé a pensar en esto, es el carácter de las luchas indígenas, que se nos presentan como actuales. A lo largo de esta ponencia, voy a intentar visualizarlas como expresión de la lucha de clases ya que considero que estas cuestionan las relaciones coloniales, eurocéntricas y racistas; y con ello cuestionan el patrón de poder con en que se configuró y configura el capital y por ende, el sistema capitalista.


Es posible considerar a la globalización actual como la culminación, de un complejo proceso de lucha que se inicia con la colonización de América y que, retomando a Aníbal Quijano, denominaré capitalismo colonial moderno y euro centrado.


Como dije al inicio para lograr un abordaje teórico – práctico transformador debemos comprender a la historia como un proceso de lucha de clases. La modernidad es un momento histórico particular donde la burguesía logra ponerse como clase universal. Este ponerse de la burguesía, en tanto que clase universal, conlleva consecuencias teórico-practicas a la vez que, políticas, sociales, económicas, etc. Las cuales podemos verlas condensadas en lo que el autor peruano Aníbal Quijano llama Euro centrismo. Esto, lo comprendo como esa mirada del mundo, de la historia, del sujeto, de los “hechos” vista desde los ojos de la burguesía de Europa Occidental. Quiero subrayar la idea de que, al ponerse como clase universal, la burguesía niega al resto de las culturas imponiendo su concepción del mundo.


De esta manera, y tal como desarrollaré a lo largo de toda la ponencia, todo lo no europeo aparece como pasado. Las lenguas de los pueblos que habitaban “América” son dialectos, su historia no es más que un mito o una leyenda, su saber es reducido a metafísica, a no saber.


Para que todo esto sea posible, fue y es necesaria la articulación entre un dualismo dicotómico, a saber: no europeo-europeo; primitivo-civilizado; tradicional-moderno; y un supuesto evolucionismo lineal, unidireccional desde un hipotético estado de naturaleza, que se inicia en Europa y culmina en la moderna sociedad europea.


Donde este camino sería el ideal y el que deben recorrer y arribar por todos los pueblos. Esto lleva implícita la idea de un pasaje lineal por los diferentes modos de producción, desde un comunismo primitivo, al esclavismo, luego al feudalismo y finalmente, el arribo al capitalismo. Todo esto, sin saltos, sin lucha, ni contradicciones, todo visto desde la armoniosa sociedad burguesa. Como veremos, esto no tiene nada que ver con la historia de América Latina.


El nuevo patrón de poder establecido luego de la conquista de América, se constituyó en torno al entramado, centralmente, de dos cuestiones: Por un lado, un sistema de dominación configurado en torno del invento ideológico de la raza. Por otro lado, un nuevo sistema de explotación consistente en la articulación de todas las formas hasta entonces existentes de explotación y sometimiento al trabajo (esclavitud, servidumbre, producción mercantil) en torno a la hegemonía del Capital y del mercado mundial. De esta
manera, lo que existe en América Latina, es un capitalismo del tipo colonial.


La idea de raza es uno de los más importantes y eficaces instrumentos de dominación social inventados, por la burguesía, en los últimos 500 años y no tiene historia conocida antes de la colonización de América. Esta fue construida sobre supuestas diferencia biológicas entre conquistadores/as y conquistados que llevaron a la aparición de nuevas identidades (negro, indio, mestizo). De esta manera, raza e identidad racial fueron constituidas como instrumentos de clasificación social básica de la población y utilizadas para legitimar la dominación. Esto llevaba implícita la idea de jerarquización, roles y lugares en la estructura social diferenciados y sobre todo, la idea de “razas superiores” e “inferiores”. En otras palabras la raza pasa a ser el nuevo ordenador, natural, de la sociedad capitalista.


La excepcional eficacia de este modo de dominación social, queda evidenciado en el hecho de que la idea misma de raza pasa a ser un elemento de la “naturaleza”, con fuertes implicancias en las relaciones sociales, se mantenga prácticamente intocada desde sus orígenes. En general, incluso desde diversos ambientes intelectuales, se cuestiona a la idea de “racismo” como una cuestión de poder. Sin embargo, no es el caso de la raza puesto que al ser “color”, es visualizada como un aspecto natural. Aún mas, incluso en el caso de que se cuestione la idea misma de “raza”, muy pocas veces esta idea es entendida como constitutiva de la idea de colonialidad del poder.


De esta manera, las nuevas identidades construidas en función de la idea de raza, fueron asociadas a los lugares a ocupar en la nueva estructura de producción creando así una “división racista del trabajo” que se mantuvo con fuerza durante todo el periodo colonial. Así es como durante mucho tiempo, las denominadas “razas inferiores” (esto es las razas no blancas), fueron asociadas con el trabajo no pago, no eran considerados dignos de salario. Puntualmente, en el caso de los indios, fueron, en un primer momento, obligados a realizar trabajos forzados hasta causarles la muerte. Esto siguió hasta mediados del siglo XVI cuando fueron encomendados a la servidumbre no paga. Esto último, no es equiparable con el feudalismo europeo ya que no suponía la protección de ningún señor ni la tenencia de ninguna porción de tierra para cultivar.


Así, la emergencia de la sociedad capitalista tuvo como pilar fundamental la idea homogeneización en tanto. construcción de la idea de raza, por un lado y la reducción de las múltiples identidades a una sola identidad (color – raza), por el otro. Así, los diferentes pueblos indígenas (cada uno con sus respectivos lenguajes, sus tradiciones, sus descubrimientos, etc.) fueron subsumidos bajo la categoría “indio”. Vale la pena aclarar que esta nueva identidad, además de ser colonial y racial, era negativa. Esta situación tuvo varias consecuencias decisivas para el posterior desarrollo de la historia:

  • Por un lado, esos pueblos fueron despojados de sus propias y singulares identidades históricas. Esto se dio así además, porque Europa también concentró bajo su hegemonía el control de todas las formas de control de la subjetividad, de la cultura y de la producción del conocimiento. Esto lo hizo mediante tres procesos fundamentales: expropiación por parte de los colonizadores, de los descubrimientos culturales que resultaban aptos para el desarrollo del capitalismo europeo, represión de las formas de producción de conocimiento de los colonizados, sus universos simbólicos, sus patrones de expresión y objetivación de la subjetividad; y evangelización, es decir, los forzaron a aprender la cultura de los conquistadores en todas aquellas cosas que eran útiles para la
    reproducción de la dominación.

  • Por otro lado, esa nueva identidad implicaba el despojo de su lugar en la historia de la producción cultural de la humanidad. A partir de ese momento, solo serán razas inferiores capaces solamente de producir culturas inferiores. A partir de ese momento, significarán el “pasado”. Todo esto es lo que decimos al principio como la cosificación de los “otras” culturas.

  • Antes de entrar puntualmente en el carácter de las luchas indígenas, me parece importante mencionar dos temas que son cruciales para poder entenderlo: la cuestión de la “modernidad” y la construcción de los Estados Nación en América Latina.


    El hecho de que los europeos occidentales se imaginarán a si mismos como la culminación de una trayectoria civilizatoria desde un estado de naturaleza, los llevó también a pensarse como “los modernos” de la humanidad y de su historia. En otras palabras, a pensarse como lo nuevo y al mismo tiempo la mas avanzado de su especie. Así mismo y al considerar al resto como “razas inferiores” y en el pasado del proceso de la especie, también imaginaron ser, además de los portadores exclusivos de la modernidad, sus creadores y protagonistas estelares. Lo más notable de esto, es que lograron establecer esa perspectiva histórica como hegemónica dentro del nuevo universo intersubjetivo del nuevo patrón mundial de poder.


    Lo que queda evidenciado en este punto, es nuevamente la pretensión eurocéntrica con la que fue y es pensada la idea de “modernidad” y el carácter colonial con la que nos fue impuesta.


    Esta idea, es justamente una de las principales críticas de muchos de los movimientos y pueblos indígenas. Para muchos de ellos, es posible y necesario pensar en sus propias ideas de modernidad. Un claro ejemplo de esto, son los/as zapatistas, quienes construyen su modernidad a través de la tradición. Esto no implica rechazar todo lo que viene de “afuera” sino que esto puede y debe ser resignificado desde su propio universo valorativo y su sistema de creencias. Tal es el caso, por ejemplo, de la utilización que hacen de internet como herramienta para llevar a cabo sus luchas y articular con movimientos de todo el mundo.


    En relación al tema de los Estados Nación, lo primero que me parece importante señalar es que este es claramente un tema en donde nuestra identificación con Europa se ve distorsionada. La cuestión nacional, es decir el problema del Estado Nación en América Latina, no puede ni debe ser pensado de la misma manera que en Europa.


    La idea de Estado Nación, implica una sociedad políticamente organizada, asimismo las instituciones modernas de ciudadanía y democracia política. Involucra un cierto tipo de democracia. Envuelve a su vez, un proceso de homogeneización bajo el cual todo los habitantes de ese territorio, se piensan a si mismos como parte del mismo. Los miembros precisan tener algo real, material en común, no basta con imaginarse ser parte de esa comunidad.

    En América latina, la situación es muy diferente. Si bien hay países donde la homogeneización fue más exitosas que en otros (países del cono sur), no pueden ser pensados bajo el esquema clásico.


    En el caso de los países del cono sur (Argentina, Chile y Uruguay), dicho proceso de homogeneización imaginado desde una perspectiva eurocéntrica como condición imprescindible para la construcción de los Estados Nación, fue llevado a cabo por medio de la eliminación física de la población nativa.


    En varios del resto de los países, esa trayectoria eurocéntrica hacia el estado nación se ha demostrado imposible de culminar. En su gran mayoría, al comenzar la Independencia, cerca del 90% de la población estaba compuesta por negros, indios y mestizos. No obstante, al momento de consolidación de los Estados Nación, a dichas razas les fue negada toda participación política y social. Quién asumió el control de los nuevos Estados, fue la minoría blanca. Desde este punto de vista, estos Estados no podrían ser considerados como “nacionales”, salvo que admitamos que esa pequeña fracción de colonizadores sea legítimamente representante del conjunto de lapoblación colonizada. En otras palabras, se produce un proceso de eurocentralidad de la división del poder, que también puede llamarse como división racial del poder.


    Para esquematizar un poco más esta situación, voy a tomar la clasificación que hace Aníbal Quijano. Para dicho autor, existen 4 trayectoria históricas y líneas ideológicas acerca del problema del Estado nación en América latina:

  • Un limitado pero real proceso de descolonización/democratización a través de revoluciones radicales como en México y Bolivia luego de las derrotas de Haití y de Tupac Amaru en Perú.

  • Un limitado pero real proceso de homogeneización colonial en los países del Cono Sur por medio del genocidio masivo de la población aborigen.

  • Un frustrado intento de homogeneización cultural a través del genocidio cultural de los indios, negros y mestizos. Tal es el caso de México, Perú, Ecuador, Guatemala y Bolivia.

  • La imposición de una idea de “democracia racial” que enmascara la verdadera discriminación y dominación colonial de los negros como es el caso de Brasil, Colombia y Venezuela.

  • Luego de estas observaciones, queda claro que la colonialidad de poder basada en la idea de raza como instrumento de dominación, operó en América latina como limitante de los procesos de construcción de dichos Estados nacionales importados bajo imagen y semejanza de los modelos europeos. De esta manera, para pensar lo estados latinoamericanos, es fundamental hacerlo a partir de esta idea.


    La lucha del capital, de la burguesía en tanto clase, es por subsumir a todas las relaciones sociales bajo su lógica. Es bajo este supuesto que entiendo a las denominadas “luchas particulares” como globales, ya que ponen justamente en cuestionamiento esa lógica. Con esto, me estoy refiriendo a las luchas indígenas y la de los/as negros/as. Pero también me estoy refiriendo a las luchas feministas, que al cuestionar el poder patriarcal ponen al descubierto la intima relación entre el patriarcado y el poder el capital.


    Puntualmente, las luchas indígenas, son por la reapropiación de su subjetividad, sus culturas, sus formas de conocimiento. (aquellas que fueran expropiadas, reprimidas, evangelizadas). Son por el respeto de sus “universalidades”, de ser Mayas, Diaguitas, Aymaras o Quechuas, además de ser “indios” como los llama el capital. Sus luchas, nuestras luchas, son por una educación que respete su cosmovisión, sus creencias, sus idiomas, sus valores, sus subjetividades. Son por la devolución de sus territorios, pero no por el territorio en si mismo, sino por lo que significa la tierra para ellos/as. Las culturas indígenas, mantienen una relación muy particular con la tierra ya que se piensan como parte de esta en una relación armónica. Su espiritualidad nace de la tierra, entonces, sin esta es muy difícil poner en pie sus culturas. En otras palabras, es contra la homogeneización-cosificación que implica la sociedad capitalista. Es la lucha por una sociedad donde el otro sea un nosotros.


    La lucha pone al descubierto que la homogeneización bajo la lógica del capital nunca es absoluta. El sujeto nunca puede ser totalmente objetualizado, sino no podríamos luchar. Es en este sentido entiendo la “reaparición” de movimientos indígenas, ya que entiendo que sus reclamos siempre estuvieron latentes. Me parece importante recalcar en este sentido, que los países donde mas fuerzan cobraron los movimientos indígenas, fueron justamente aquellos países del tercer grupo de la clasificación que mencioné de Quijano, es decir, aquellos donde la constitución del Estado Nación se dio a partir del incompleto genocidio cultural de los pueblos indígenas. Me estoy refiriendo a México, Bolivia, Ecuador, Perú y Guatemala.


    Muchos/as de nosotros/as, los de mi edad particularmente, nos enteramos de la existencia de millones de indígenas en América Latina a partir de la irrupción del zapatismo en 1994. Sin embargo, esto no fue más que la salida a la luz de un proceso que se venía gestando en silencio, desde los márgenes, hacía ya mucho tiempo.


    Sin embargo, no quiero caer en lo mismo que critico, es decir, en homogeneizar cosmovisiones, luchas, reclamos, estrategias. Voy a tomar para ejemplificar solamente dos casos.


    Por un lado, el caso del EZLN mexicano quién irrumpe en la realidad latinoamericana no para tomar el poder en el sentido clásico, sino para reclamar autonomía en sus territorios entendiendo el poder de manera diferente. Es uno de los movimientos indígenas más grandes del continente y nos sorprendieron con la creación de novedosas herramientas políticas, literarias y culturales. Han renovado el lenguaje político: democracia directa, mandar obedeciendo, no toma del poder, plurilingüismo, comienzan a aparecer con fuerza en la escena pública. El zapatismo además, desde su propia particularidad, busca articular desde una totalidad con el resto de los/as oprimidos/as del mundo (no solo indígenas).


    El otro ejemplo que voy a tomar es la CONAIE (confederación de nacionalidades indígenas de Ecuador). Si bien sus reclamos son bastante similares a los del Zapatismo (luchas por la tierra/territorios, cultura, cosmovisión, lenguaje), poseen una concepción del poder muy distinta. De hecho, tienen un brazo político que es el Movimiento Pachacutik que es un partido político mayoritariamente indígena. La CONAIE ha participado y/o encabezado numerosas luchas que entre otras cosas, llevaron al derrocamiento de dos presidentes y acompañaron, en un comienzo, al actual gobierno de Lucio Gutiérrez hasta que dicha administración dejó entrever su claro alineamiento con el modelo neoliberal. Esta situación los llevó a un debilitamiento interno que los llevó a repensar sus objetivos políticos en tanto movimiento indígena.


    Sin embargo, cada uno de estos movimientos, desde su propia singularidad, busca cuestionar el orden vigente. Pero van más allá. Este más allá implica que el cambio a una sociedad mejor no es sólo la expropiación de los medios de producción, es entender el cambio de sociedad como un cambio en las relaciones sociales todas. Es negar la negación capitalista. En otras palabras es negar las relaciones sociales, coloniales y eurocéntricas.


    En este sentido, no las entiendo como luchas pre capitalistas, ni reaccionarias, ni que necesariamente buscan el retorno a un pasado idílico. Las entiendo, como dije al principio como expresión de la lucha de clases. Como luchas contra la negación-homogeneizació del capital(ismo).


    Para finalizar, me pareció importante poder relacionar todo lo dicho anteriormente con nuestra práctica concreta y cotidiana. Creo fundamental que todos/as aquellos/as que nos planteamos la necesidad de una sociedad distinta, podamos debatir sobre ciertos supuestos constitutivos de nuestra subjetividad eurocéntrica, patriarcal y colonial.


    Creo que como intelectuales de izquierda, cuya intención es realizar un aporte a la construcción del pensamiento contra-hegemónico debemos proponernos generar prácticas alternativas a la propugnada por el pensamiento dominante en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Esta actitud autocrítica y autorreflexiva, muchas veces nos lleva a reproducir la escisión entre teoría y práctica que es parte constitutiva de las relaciones sociales capitalistas. Así es como, incluso dentro de los ámbitos de producción intelectual de izquierda, muchas veces reproducimos aquello que decimos combatir.


    Un ejemplo de lo dicho anteriormente, es algo tan simple como el lenguaje, a lo que entiendo como una de las tantas formas de dominación. Es así como nuestras categorías expresan el odio de clase, la opresión género, la dominación hacia lo “no occidental”. En otras palabras, es la negación de “los/as otros/as”.

    Por último, creo fundamental que podamos ser capaces de cuestionarnos, de desandar el camino andado, de deconstruir una multiplicidad de supuestos para así poder construir un verdadero pensamiento contra hegemónico en el camino de la construcción de una sociedad distinta, donde no exista ningún tipo de opresión y donde todos/as podamos ser quien realmente querramos ser.


    Ponencia presentada por Tamara Perelmuter el día de de 2004 en el Centro Cultural de la Cooperación.

    * Lic. en Ciencia Política, la Facultad de Ciencias Sociales,
    UBA. Becaria del Centro Cultural de la Cooperación.

    Notas

    [1] Landre Edgardo (comp.) La Colonialidad del saber: eurocentrismo y
    ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. CLACSO – UNESCO, 2000


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