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Economía Política y Sistema Mundial

Economía Social en Venezuela

Economía Social en Venezuela

Por Pablo Balcedo



Resumen


El crecimiento cuantitativo de las organizaciones con base territorial, el desarrollo de aprendizajes auto-organizativos y autogestivos y la riqueza de los procesos de democratización y adquisición de conciencia solidaria en Venezuela, permite poner a prueba lo conceptualizado hasta el momento en materia de Economía Social.

No es este un trabajo de características empiriscistas, sino más bien el resultado crítico-reflexivo que en materia de construcción teórico-política, intenta aportar al movimiento popular una conceptualización dinámica, capaz de dar cuenta de los procesos profundos de re-organización de los sectores explotados.

A partir de la puesta en relación de las experiencias populares en materia de economía social con el Estado, la problematización de lo conceptualizado hasta el momento, surge a la superficie política en la forma manifiesta de relación conflictiva de poder.


Unidad teórico-conceptual dinámica

Entiendo a la Economía Social como un concepto-paraguas referido a las organizaciones usualmente entendidas como organizaciones económicas voluntarias que buscan a la vez un resultado económico en sentido amplio y un producto en relaciones sociales.

He adoptado el término de Economía Solidaria para definir lo que considero es la corriente ideológica más significativa para impulsar a la Economía social en América Latina.

Utilizo el concepto de Economía del Trabajo como organizador del pensamiento teórico, las investigaciones y el diseño de estrategias ante las teorías de la Economía del Capital.

Así como desde la Economía del Capital se ve el conjunto de la economía a partir de la lógica del capital y su acumulación, y el sistema de intereses en la sociedad resulta hegemonizado por los intereses generales o de determinadas fracciones de los capitalistas, desde la Economía del Trabajo se ve el conjunto de la economía a partir de la lógica del trabajo y su reproducción ampliada, confrontando esa hegemonía y afirmando la primacía de los intereses del conjunto de los trabajadores y de sus múltiples identidades y agrupaciones.

En este marco, las Organizaciones de la Economía Popular (OEP) adquieren consolidación en sus prácticas, ya que la Economía del trabajo no solo respalda las actividades que en el orden económico mantienen cierto grado de independencia de las realizadas por la empresa (como unidad de producción capitalista por excelencia), sino que también (y fundamentalmente) potencia, desarrolla y promueve la matriz político-territorial que las OEP mantienen como condición de posibilidad de existencia.


Organizaciones de la economía popular como núcleo dinámico transformador de la Economía Social

Las organizaciones de la economía popular (OEP), como unidad teórico conceptual dinámica, poseen dos características:
a) presencia territorial
b) programa político

La combinación de ambos factores adquiere características diferentes conforme establezca prioridades el colectivo que compone a las OEP.

Esta unidad intenta captar el proceso mismo que lleva a una experiencia a incidir en las variables político-económicas de orden nacional/internacional, provincial y/o municipal.

Precisamente por esto, las OEP son un proceso que combina la presencia territorial con la existencia de un programa político.

De la combinación de ambos factores y su constitución en proceso específico, se desprende que:
a) la presencia de uno solo de ellos no ratifica la existencia de una OEP.
La territorialidad de una experiencia no constituye por sí misma la empiria suficiente para afirmar la existencia de un proceso del tipo OEP. Así como también, la presencia de un programa político-organizativo no confirma que el proceso desarrollado por la experiencia popular sea una OEP.

En definitiva: no toda presencia y extensión territorial es una OEP y no todo programa político-organizativo nos provee suficiente material para conceptualizar una OEP.

b) la combinación que adquieren en la praxis político-territorial ambos factores constituye el proceso.

La relación que se establece entre ambos factores está determinada por la correlación de fuerzas tanto externa a la organización como interna.

Por correlación de fuerzas externa entendemos aquellas variables del orden económico-político en las cuales la OEP no ha podido incidir a partir de su programa. Ejemplo de esto son las disposiciones jurídico-institucionales que, preexistentes o no a la conformación de la OEP, limitan a esta en su accionar político, llevándola en muchas ocasiones a colocarse en la ilegalidad.

Por correlación de fuerzas interna, entendemos a los reacomodamientos de orden político y/o administrativo que operan al interior de la estructura organizacional del proceso. Ejemplo de esto lo constituye la conformación de una nueva asamblea y, con la llegada de esta, la aplicación de modificaciones en los programas de la OEP.
El programa político organizativo que se dé la OEP posee dos instancias que, aunque constituyen una única e indisoluble dimensión económico-política, pueden sin embargo ser distinguibles metodológicamente; el programa de mínima y el programa de máxima.

Mientras que al primero lo constituye el universo de prácticas desarrolladas en el territorio concreto donde opera la OEP, al segundo lo componen el conjunto de variables tendientes a incidir en la vida económica y política nacional/internacional.

La combinación y retroalimentación de ambas esferas permite analizar, a partir de la extensión territorial y la profundización política, la potencialidad de la OEP para la incidencia en la vida económica y política de la unidad socioeconómica en la que se proponga intervenir.

Una organización puede tener presencia local, provincial e incluso nacional/internacional sin desarrollar incidencia alguna en la organización económico-política de estas esferas político-territoriales.

En este sentido adquieren relevancia los niveles que ponen en relación las estrategias de la Economía Social con las de los agentes económicos y políticos gubernamentales y/o empresariales.


Composición de los niveles relacionales desde la perspectiva de la Economía Social

Nivel micro socioeconómico
Hogares, comunidades (locales, étnicas, etc.)
- Autoconsumo doméstico
- Trabajo comunitario
- Economía de la solidaridad para el mercado, con relaciones sociales de producción centradas en el reconocimiento del otro, subsidiadas o autosostenidas
- Cooperativas de trabajadores eficientes y autosostenidas en el mercado
- Empresas sociales, productoras de sociedad
- Microemprendimientos individuales o familiares
- Servicios personales voluntarios (cuidado de personas, alfabetización, etc.)
- Organizaciones sindicales (defensa de las condiciones del trabajo asalariado)
- Cogestión de las empresas capitalistas
Nivel mezo socioeconómico
- Redes de articulación productiva de todo tipo (productores, ahorro y crédito, comercialización, marcas compartidas, etc.)
- Servicios públicos remanentes: educación, salud (centros de salud preventiva, producción de medicamentos genéricos, etc.), vivienda y hábitat, etc.
- Organizaciones para bajar el costo de vida (compremos juntos, grupos de consumidores que presionan a las empresas por mejores precios o calidad).
- Segmentación de mercados (redes de trueque, productos ecológicos, anti dumping social, “compre local”, etc.)
Nivel macro socioeconómico
- Presupuesto participativo (redireccionamiento de los recursos públicos a nivel local y provincial)
- Políticas socioeconómicas (fiscal, regulación de mercados, crediticia, etc.), sistemas legales y de justicia favorables al desarrollo de este sector.

Problematización del nivel mezo socioeconómico


El nivel mezo socioeconómico es la instancia mediadora entre las experiencias micro y las determinaciones macro. Ciertamente el desarrollo de las redes ha permitido la conexión de diversas experiencias, la sumatoria y participación de varios sujetos desconectados entre sí. Así como también la presencia de organizaciones de consumidores, presionando a cadenas de supermercados con capacidad de fijación de precios, ha beneficiado a ciudadanos que vieron (y ven) caer su poder adquisitivo producto de las políticas monopólicas existentes en el mercado.

Sin embargo, en este nivel de relaciones sigue ausente la política. La política portadora de un proyecto transformador capaz de provocar el paso al terreno de lo propositivo, que las instancias organizativas territoriales potencialmente poseen.

Es en este nivel donde las Organizaciones de la Economía Popular deben hacer de nexo entre las experiencias micro socioeconómicas y las propuestas macro socioeconómicas, entre el hacer que día a día permite la reproducción de la vida y la proyección hacia un terreno de transformación estructural, en donde la problematización deje de poseer carácter individual (o recortado a un pequeño grupo de iguales) y se constituya en un proyecto de acción económico-político capaz de transformar las relaciones de fuerzas al interior del Estado.

Es por ello que al abordar los distintos niveles relacionales desde una perspectiva sociopolítica, es posible dar cuenta que es en las relaciones de poder entre actores-sujetos individuales, colectivos y jurídico-institucionales y la manera de antagonizar, dominar y convencerse unos a otros, donde encontramos el punto de partida para abordar la cuestión del modo en que los contenidos y las formas de la política social están matizados por las tendencias dominantes de las correlaciones de fuerzas con opciones de poder hegemónico en los momentos constitutivos de las configuraciones sociales modernas: el estado, la nación, el régimen político-económico-social y cultural.


Economía Social y Estado

La relación en última instancia determinante, que la estructura económica posee sobre las superestructuras jurídico-política e ideológica, a puesto la piedra angular de varios edificios teóricos economiscistas radicales.

Sin embargo, los hombres se hacen conscientes de los conflictos que se verifican en el mundo económico en el terreno de las ideologías.

La disputa que la Economía Social encarna es un aspecto del conflicto que en determinados momentos históricos expresa el quiebre del reflejo de las estructuras económicas y la representación que los hombres tienen de ella.

Son las OEP, los motores que en el devenir de las experiencias organizativas en el terreno económico inmediato, socavan la explicación, pretendidamente única, que los sectores hegemónicos dan al resto de la sociedad en lo que atañe a la organización de la producción.

Si la estructura y las superestructuras forman un “bloque histórico”, o sea que el conjunto complejo y discorde de las superestructuras son el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción, el trabajo que las organizaciones de la economía popular realicen debe estar orientado hacia la disputa del “cemento que une todo bloque histórico”, a saber, la hegemonía.

El ejercicio normal de la hegemonía se caracteriza por la combinación de la fuerza y del consenso que se equilibran diversamente, sin que la fuerza domine demasiado al consenso, incluso tratando de obtener que la fuerza parezca apoyada en el consenso de la mayoría.

Este es el terreno que las OEP disputan cotidianamente, el terreno de la hegemonía. En tanto en su praxis misma determinan nuevas formas de relaciones en la producción, construyen sentidos que ponen en cuestionamiento el paradigma societal vigente. La construcción de lazos solidarios en el mismo proceso productivo en el que la economía del capital somete a los hombres a la propiedad de los medios de producción, coloca a la Economía del trabajo en el necesario camino de transformar las relaciones hegemónicas que reflejan una estructura económica excluyente.

Dada que la vinculación entre los hombres bajo el paradigma capitalista está determinada por el intercambio de mercancías, la forma en que éstos se relacionen no alterará el contenido del intercambio.

Sin embargo es posible, a partir de los reconocimientos de las limitaciones sistémicas, dar la justa dimensión político-económica que las experiencias de la Economía Social poseen.

No es solamente la producción (con elementos de solidaridad presentes en mayor medida que en la producción capitalista) sino también, y fundamentalmente, el propio funcionamiento que, en tanto organización popular, desarrollan.

La democratización en la toma de decisiones, la horizontalidad y la participación de los miembros en la elaboración de los direccionamientos colectivos, se convierten en prácticas que manifiestan, desde la presencia territorial, un fuerte cuestionamiento al Estado democrático vigente.

La búsqueda por parte de las OEP de la realización programática de las máximas que guían las prácticas de la Economía Social, será la crítica prepositiva que apueste a:
- La construcción de un sujeto socioeconómico solidario
- La democratización de los ámbitos de producción (tanto en la adquisición de conocimientos como en la toma de decisiones ligadas a la política productiva)
- La democratización profunda del Estado en su conjunto (esto no quiere decir realizar una apuesta a la radicalización de la democracia en los actuales términos de desigualdad estructural, más bien se trata de la defensa de un proceso de construcción de espacios políticos libres de control o represión por parte del Estado. Enmarcado en un proceso más amplio de conflictividad y disputa política).

Primeras conclusiones

La relación establecida entre la Economía Social y el Estado, es un indicador más del grado de democratización realmente existente en la formación político-social y económica a la cual pertenecen ambos componentes.

Puede existir un grado de control importante sobre las organizaciones de la economía popular y, sin embargo, esta relación estar inscripta dentro de un proceso de democratización social. En una formación económico política donde la sociedad civil ha desarrollado un escaso grado de organización, el Estado puede promover, en primera instancia, la creación de tales organizaciones civiles y aplicar políticas claras de control sobre ellas, que garanticen su funcionamiento.

Ahora bien, en una segunda instancia, puede invitar a las organizaciones a que, a partir de su autonomía y representatividad, definan junto a los cuadros políticos gubernamentales las políticas que a nivel nacional deben ser aplicadas, y esto desarrollarse en un marco consensual entre las partes participantes.

Es entonces que los niveles de democratización del Estado cristalizan en un proyecto inclusivo, donde la participación en los ámbitos de producción constituye la experiencia inmediata que los sectores populares posteriormente elevarán a la organización de las variables macro económicas del Estado nación.

El anuncio de implementar políticas de colaboración y desarrollo hacia las cooperativas conformadas por obreros y campesinos, realizado por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, ha tomado dimensiones que exceden los marcos nacionales para inscribirse, desde la praxis económica y política, en un debate teórico-político de envergadura significativa en lo que a Indo América se refiere.

Dentro de la reconfiguración de fuerzas políticas que el continente atraviesa, la experiencia Bolivariana, con sus características nacionales particulares, da cuenta de profundos procesos de transformación social-política y económica en los que amplios sectores sociales adquieren capacidad organizativa.

El Estado venezolano asume un rol relevante en la creación y desarrollo de organizaciones de base territorial con incidencia en los ámbitos del consumo, la producción y la distribución de bienes y servicios, protegiendo al mismo tiempo que canalizando políticamente, la lógica cooperativista con que éstos espacios comulgan.

Esta nueva configuración política en la que el Estado es el ámbito mismo de creación y desarrollo de las organizaciones de la economía popular, siendo los principios máximos de estas organizaciones los que rigen la política de Estado, implica la necesidad de plantear nuevos marcos con los cuales analizar el potencial y los límites de las OEP.

La articulación de una “condición de necesidad” y una “condición de identidad colectiva” resulta insuficiente al momento de pensar el proceso económico-político que muestra a las OEP como las Organizaciones Económicas Estatales (OEE).

Tampoco es posible, a partir de la praxis Bolivariana, adjudicarle a las OEP un ámbito organizativo, tanto en lo económico como en lo político, autónomo de las correlaciones de fuerzas que determinan al Estado. De la misma manera que, adjudicarle como polo opuesto a estas organizaciones la relación “simbiótica” Estado-mercado, estaría dentro de una perspectiva a-histórica.

No puede existir economía alternativa sin política alternativa, por la misma razón que es en vano esperar que las desigualdades estructurales den a luz una política inclusiva y democrática.
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