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Economía Política y Sistema Mundial

Agricultura Familiar y Economía Social: el caso de San Luis

Agricultura Familiar y Economía Social: el caso de San Luis

Por Laura Bernstein y Jorge Pedregosa



Resumen

Luego de la devaluación producida en 2002 la Argentina entró en su ya conocido modelo de ventaja para la exportación siendo en particular favorecidos los productos agrícolas. En este contexto se produce un nuevo avance sobre la frontera agrícola en base al monocultivo soja o al traslado de la ganadería, desplazado por dicho cultivo, tanto en el norte del país como en la mayoría de las provincias. La realidad en San Luis no escapa al contexto nacional y la presión por el uso de los recursos, principalmente agua y tierra, por quienes utilizan un esquema de producción pampeano en zonas extrapampeanas, genera una sobreexigencia que interroga sobre las disponibilidades futuras, ocasionando conflictos con el sector campesino por el uso de dichos recursos. Asimismo cabe señalar la complejización de los conflictos a partir de la irregularidad en la tenencia de la tierra y la imposibilidad del uso del agua para abastecer ambos sistemas de producción.
En contraste con la exitosa estabilidad y calidad social anunciadas por la gobernación de la provincia y centrando nuestra atención en el sector agrario nos encontramos con una realidad nos encontramos con una realidad muy diferente para el sector campesino. Dicho sector tiene una importancia poblacional relativa en la zona de las sierras centrales ubicadas al norte de la provincia y es relegado por un sistema estatal que promueve el desarrollo de la agroindustria a costa de la expulsión y marginación campesina. Entre los censos correspondientes a los años 1991-2001, 10 mil personas fueron expulsadas de la zona rural dispersa (INDEC). En este contexto los programas agrarios nacionales intervienen a través de la asistencia social y el apoyo técnico. Ejemplo de esto último, el reciente organismo Centro de Investigación para la Promoción de la Agricultura Familiar (CIPAF) dependiente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrolló en el mes de Septiembre de 2007 un “seminario de economía social en el marco de la agricultura familiar”, dictado y coordinado por Coraggio. En la zona de las sierras centrales son ya 5 las asociaciones campesinas que desde una idea de comunidad crecieron con la intención de intervenir en su realidad para defender sus derechos.



Realidad rural

La precariedad legal de la tenencia de la tierra y la pamperización en las zonas de valle, sumado a los desmontes desalientan el desarrollo del sector campesino.
En las cadenas productivas de la carne y de la lana, los campesinos de las sierras se encuentran en el eslabón de cría, en una cadena que tiene demasiados integrantes que diluyen la renta del sector y la tornan ineficiente. Lo que percibe el productor es escaso y lo que paga el consumidor urbano, además del propio productor que se encuentra cercano a la zona urbana, es demasiado alto a tono con los niveles nacionales de inflación en la carne, parte componente fundamental en la canasta básica. ¿Puede atribuirse en esta zona la inflación a la demanda internacional tratándose de un impacto global en esta región?, ¿Es un problema de oferta u organización de la producción?


Problemática

La ineficiencia de las cadenas comerciales en las que se inserta el campesinado en relación a la renta que percibe y a los precios que pagan los consumidores; la vulnerabilidad de los pequeños productores en cuanto al avance del modelo agroindustrial, el conflicto en cuanto al cuidado y uso de los recursos naturales y la acción del estado agudizando estos procesos configuran la problemática que se busca analizar.


Objetivo General

El objetivo general es describir y analizar las cadenas de la carne y de la lana en las sierras centrales de San Luis, principales en la articulación y organización de las relaciones de producción e ingresos de la agricultura familiar campesina. A partir de dicho análisis se focalizará sobre aquellas herramientas conceptuales que la economía social pueda brindar para la transformación y promoción de la realidad campesina.


Objetivos Específicos

- Caracterizar las cadenas productivas de la carne y de la lana, sus diferentes eslabones, los actores y las relaciones sociales de producción que entre ellos se establecen y su impacto sobre la agricultura familiar.

- Identificar y caracterizar las estrategias campesinas de producción y reproducción social vinculadas a procesos situados en el paradigma de la economía social, ya sea las relaciones de producción asociativas o el uso asociativo de la tierra y el agua. Se indagará en la identidad cultural para percibir la concepción que este grupo tenga acerca de los recursos como mercancías, bienes públicos y/o comunitarios.

- Asimismo se intentaran conceptualizar categorías en relación a la vinculación entre la economía social y la agricultura familiar, dado que no se han encontrado trabajos teóricos al respecto.

Hipótesis

- El capitalismo penetra a través de la mercantilización de las relaciones sociales rurales, desarticulando el modelo de producción campesina (modo mercantil simple) y ubicándolos funcionalmente en la estructura económica de su modelo agroindustrial en un proceso de marginación y expulsión de su medio de producción.
- En la lucha capitalismo-campesinado la economía social se arraiga compartiendo ejes con el modo y la vida campesina enmarcada en la agricultura familiar. En este sentido la economía social puede lograr aportes que aspiren a plantear una alternativa al modelo de producción y consumo dominante.


Metodología

En función de los objetivos e hipótesis señaladas y por tratarse de un estudio de caso descriptivo e interpretativo se utilizaran técnicas de investigación cualitativa y cuantitativa. Dicho estudio se realizará en la Sierras Centrales de San Luis, centrándonos en los departamentos San Martín, Junín, Ayacucho y Belgrano, caracterizados por su alta proporción de población y organización campesina.

Para abordar los aspectos estructurales se procederá por un lado a la recopilación de datos macro de organismos nacionales como el INDEC y de datos provinciales y municipales disponibles. También el proyecto se valdrá de relevamiento de datos locales, y de algunos programas territoriales nacionales como PSA , del cual contamos con el apoyo de sus promotores territoriales en cuanto a contactos con organizaciones campesinas y relevamientos técnico-productivos. Por otro lado, realizaremos una revisión bibliográfica para interpretar como opera el modelo agroindustrial en su proceso de marginación campesina. El trabajo de campo a utilizarse para la descripción de las cadenas productivas consistirá en entrevistas en profundidad realizadas a distintos actores.

Los aspectos subjetivos relacionados con la dinámica campesina y sus mecanismos de reproducción social serán analizados a través de la acción-participante. La finalidad de esta metodología es comprender como las personas experimentan, interpretan y reconstruyen los significados intersubjetivos de su cultura. Las estrategias que utilizaremos consistirán en la observación de las personas en su contexto natural y cotidiano como lo son las asambleas y actividades de sus respectivas organizaciones, el desarrollo de las tareas dentro del predio, entrevistas etnográficas y análisis de sus relatos y documentos.

Asimismo se realizará una revisión de la bibliografía existente para fortalecer el marco teórico y metodológico de esta investigación.

El presente es un trabajo es la formulación de ideas producto de los últimos dos años de trabajo intelectual, pero que tienen como antecedente cinco años más de trabajo en torno a las cuestiones que se discuten en el presente texto. En cierta medida es un trabajo iniciático porque no es la formulación concluyente de nuestros estudios, sino un fundamentado punto de partida. Es por ello que entendemos que sean “elementos para la crítica al libre comercio” y no una “crítica al libre comercio” en sí.

Debemos partir de una situación compleja, y es de la derrota del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) como proyecto político-económico del capital transnacional norteamericano para controlar y acaparar los mercados de América Latina; pero también de que, a pesar de esa derrota, existe un avance de nuevas formas de ALCA transfigurados. Avanzan distintos ALCAs en la versión de sus pisos y sus techos: las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) son los pisos de las negociaciones de libre cambio, y las de los tratados de libre comercio bilaterales (TLCs) son sus techos ara cada una de las situaciones.

Hay bastante escrito en la actualidad sobre el libre comercio. Mucho hay analizado. Muchas voces a favor que reflejan el pensamiento hegemónico y voces cada vez en mayor cantidad que reflejan puntos de vista críticos. Es que el tema es de notoria vigencia en nuestros días y se vincula a diversidad de temas: los procesos de integración, la economía política, la política, el derecho, las relaciones internacionales, corporaciones trasnacionales, movimientos sociales, políticas gubernamentales, comercio exterior, etc. Pero generalmente los estudios que se han hecho han tomado al libre comercio como unidad de análisis estrictamente desde un perfil económico, aunque el mismo tenga efectos que van mucho más allá de la disciplina económica.

En efecto, el libre cambio es una doctrina y un proceso que permite desplegar el poder del capital sobre la naturaleza y sobre la fuerza de trabajo, sus dos principales elementos a doblegar y controlar para favorecer su crecimiento robusto. Pero todo el acercamiento que se suele analizar es un acercamiento que, o bien ofrece una reproducción acrítica del pensamiento neoliberal, o bien resulta un análisis escindido a la esfera económica de la vida social.
Nosotros creemos que la vida social va más allá que la simple actividad económica, aunque esta revista de un importante carácter, pues forja las condiciones materiales en donde se desarrollarán otras fuerzas. Pero la materialidad también involucra reglas de juego, situaciones sociales y demás aspectos que escapan a la economía como disciplina específica.

Este libro es, por ello, un libro para no economistas. Intenta dar una aproximación crítica al libre comercio desde una visión no economicista. Habla de economía, pero habla de mucho más. Aporta una visión interdisciplinaria al estudio del librecambio para lograr una crítica totalizante. Una crítica económica, pero una crítica también política, también jurídica, también social, también filosófica. Y sobre esto se ha escrito muy poco...

La doctrina del libre comercio siempre ha sido, desde su nacimiento en el siglo XVII hasta la actualidad, una posición presentada por los países y clases dominantes con el objetivo de extender sus fronteras de intercambio dentro del proceso de acumulación de capital. De este modo, el libre comercio es una posición que cumple con una necesidad de los sectores más concentrados de capital, y no de los países o sectores que aún no se encuentran en una posición desarrollada frente a sus competidores. No se trata de una doctrina de desarrollo de los países no desarrollados, sino todo lo contrario: es una doctrina cuya intención es mantener el status quo en las relaciones económico-políticas instaladas.

Uno de los argumentos más mentados a favor del libre comercio como teoría y práctica de relaciones internacionales (económicas, comerciales, políticas, de integración) es el discurso de que el comercio es una vía plausible para reducir sustancialmente y/o acabar con la pobreza, pues el libre comercio fomenta el intercambio comercial, generando riqueza y distribuyéndola para mitigar la pobreza global. La OMC viene a ser entonces la institución internacional encargada a desarrollar esta panacea: gracias a la libre circulación de bienes, servicios y capitales se logrará eliminar la pobreza en el mundo. Es por ello también que es un organismo internacional que trabaja conjuntamente con las instituciones de Bretton Woods (FMI, BM).

El trabajo que presentamos aquí está centrado en un análisis crítico sobre el libre comercio y su sistema multilateral controlado por la OMC. Además aborda cómo esta institución ha sido instalada fuertemente sobre determinados presupuestos ideológicos que hegemonizaron el pensamiento político en una coyuntura determinada, y avanzar en un análisis de cómo el lema principal en sus actuales negociaciones (presentada como “una ronda para el desarrollo”) se halla en una contradicción de origen con sus objetivos institucionales.

Este trabajo puede dividirse en tres grandes partes: una parte en la que analizaremos la abstracción teórica del libre comercio, una parte dedicada al análisis empírico del proceso de liberalización comercial, y una última parte en la que trataremos una análisis crítico de la totalidad de la cuestión. Es decir tres títulos: una crítica teórica, una critica práctica y una crítica crítica.

En todo nuestro trabajo no haremos mas que estudiar al libre comercio como dogma básico de la integración regional en el marco de este proceso que se ha dado en llamar “globalización” neoliberal capitalista. Tomaremos ya no los textos en sí de los acuerdos de liberalización comercial -como ser el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) por ejemplo- ya que muchos de ellos han sido lo suficientemente estudiados en su contenido en otros trabajos (Arceo, 2002; Estay y Sánchez, 2005; entre otros), sino más que nada lo que haremos será analizar ámbitos multilaterales de mayor complejidad, como el de la OMC, en donde se basa todo lo que se denomina como “sistema multilateral de comercio”. Pero nuestro análisis no será desde un acercamiento estrictamente económico, sino teórico. En todo caso el acercamiento interdisciplinario que ofrecemos es abordar el problema teórico tocando facetas de la política, el derecho, y lo que se denomina la economía política, retomando el concepto disciplinar que fuere partido para ser tratado como economía (en el sentido técnico-matemático, con aplicación de modelos, estructuras y fórmulas) y la política para referirse más exactamente a la política económica.

Este trabajo ayudará también a entender a algunos de los procesos de integración, sobre todo los que han sido impulsados fuertemente durante la década de los noventa y obedecen a una lectura economicista basada en las premisas neoliberales del Consenso de Washington.

Los procesos denominados “de integración” constantemente influyen en la política internacional y en aspectos de la economía global (no en términos de globalización sino en términos de lo que Marx llamaba como capital global), y desde allí influye en las economías locales, en las legislaciones nacionales y en los aspectos cotidianos de la vida dentro de las diferentes naciones del mundo.

En todo esto ha tenido mucho que ver el proceso de globalización, el cual se ha desarrollado con el esquema neoliberal del “regionalismo abierto”. Para hablar de “integración regional” se parte de una opción aparentemente única e inequívoca de proceso de integración basado en parámetros básicamente europeos y cuyo exponente máximo es hoy día la Unión Europea, la cual es tomada como “modelo” de integración entre países. En este sentido, no es historia nueva decir que el capitalismo ejecuta su expansión hacia nuevos ámbitos de la actividad humana y desplegando su relación de explotación en dichos ámbitos. Sin embargo, esto que se expresa en aspectos del sistema social de producción también se evidencia, y con fuerza, en las relaciones entre clases -por un lado- y en las relaciones internacionales -por otro-, es decir entre países centrales y periféricos.

Sin embargo, dentro de la globalización que hoy vivimos, el concepto de “integración” surge como una supuesta necesidad por parte de los países para poder ubicarse lo mejor posible en la competencia intercapitalista, leyéndose especialmente a la “integración” como una integración esencialmente económica. Así es como se han presentado los distintos espacios de “integración” básicamente como una relación fetichizada: relación entre países (Estados) y relación entre mercancías, y no el contenido que se encuentra más allá de esta forma: la relación de lucha de clases.

Esto nos ha llevado a entender el proceso de la integración en los cánones del libre comercio bajo una doble lógica. Primero debemos conocer el proceso en sí mismo (conocer el fenómeno), conocer sus reglas, sus agendas, sus dificultades y sus contradicciones. Pero eso no da cuenta de lo que se encuentra detrás: para ello debemos conocer el contenido del proceso, (conocer la esencia). Y en ambos casos es posible despertar su crítica.

En la crítica al fenómeno del libre comercio y su integración, se sitúa el funcionamiento de sus instituciones (para el caso de la OMC) o de sus negociaciones (para los casos del ALCA o de la UE). En este sentido, podemos subdividir la crítica al fenómeno entre una crítica teórica al libre comercio en sí y una crítica práctica. En esta última marcamos todas las contradicciones de las negociaciones, de los bloques de países dentro de las distintas agendas en negociación, y también las contradicciones que van por fuera de los límites de la OMC: lo que esta organización denomina la “sociedad civil”, pero que básicamente se vincula a las alianzas de una diversidad de grupos y movimientos sociales que se oponen al libre comercio en general y a la OMC en particular.

Por otro lado, en la crítica a la esencia, es donde encontraremos la crítica al sistema capitalista.

Por un carril distinto a todo este bagaje conceptual corre la discusión sobre formas de integración alternativas. Y en su entorno se disparan múltiples preguntas: ¿Es la integración alternativa una crítica a la forma o a la esencia de los procesos de integración capitalista? ¿Cuáles son sus límites? ¿Qué puede entenderse por “integración alternativa”? En todo caso, este aspecto de la investigación, es el que en menor medida podemos responder, dado que nuestro estudio está limitado a los avances, estancamientos y retrocesos de los procesos del ALBA, los TCP y la “Alternativa para las Américas”. Todos ellos son formas, ¿pero formas de qué? ¿Del socialismo? En todo caso, esta es una pregunta aun sin respuesta y de la que difícilmente pueda darse en la investigación que desarrollamos, pues debe dar cuenta -como dijimos- de procesos concretos que no están dados sino que se encuentran en pleno desarrollo.

En lo que concierne al estado de la forma -es decir al estado de los procesos de integración en sí mismos, sea la Unión Europea (UE), sea la OMC, el ALCA o los TLC- debemos analizar si éstos están o no en crisis. En el estado de la coyuntura actual, el ALCA es un proyecto en su forma fracasado. Y su fracaso tiene dos factores responsables: un alto grado de movilización social en contra de las negociaciones y firma de ese acuerdo, como también la existencia de posiciones divergentes hacia adentro de las negociaciones y contradicciones dentro del propio capital para alcanzar sus objetivos.

A pesar de tal fracaso, las proyecciones del capital transnacionalizado puede aun adoptar otras formas que conserven los objetivos básicos pero bajo modalidades distintas al proyecto de acuerdo continental. Estas serían unas “nuevas formas” de ALCA, y son los tratados bilaterales de libre comercio (o TLC) y el avance de las negociaciones multilaterales en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

A un costado, pero para nada lejos de nuestro análisis, se encuentran procesos de integración regional que obedecen a esta lógica, en especial la Unión Europea, el cual también ha pasado recientemente por momentos críticos con la ruptura del consenso social frente al proyecto de Constitución que estaba atravesando su etapa de ratificación. Ese proyecto de Constitución también fracasó y con similar grado de movilización social que despertó el ALCA en las Américas. No son entonces procesos aislados, pero es necesario establecer sus conexiones teóricas.

Algo similar ocurre con la OMC. Sus negociaciones están entre el estancamiento y el avance desde hace ya bastante tiempo, y también ha congregado un nivel de movilización social a nivel global importante. Y a esa movilización se le debe la “partida de nacimiento” de lo que hoy se llaman las redes de resistencia global, con la “Batalla de Seattle” en 1999.

El hilo conductor de todos estos procesos es lo que pretendemos estudiar aquí, no simplemente como raconto histórico, sino entender la forma del proceso de avance del capital en la globalización.

Dentro del estudio de la forma o fenómeno práctico, vemos que el avance por parte del capital concentrado posee objetivos concretos y estrategias. Su objetivo es expandir las relaciones capitalistas de producción más allá de las fronteras planteadas hoy. Ello significa -como dijimos- extender las relaciones de explotación hacia nuevos ámbitos de la actividad humana, lográndolo mediante la mercantilización. La idea en términos concretos es incluir cada vez una diversidad mayor de temas que anteriormente no estaban entendidos como parte de la agenda del comercio internacional propiamente dicha (agenda determinada por el GATT). Esa vieja agenda entendía al comercio como una simple cuestión de producciones manufacturadas cuya movilidad estaba obstruida por la aplicación de aranceles aduaneros a nivel mundial. La idea del “sistema GATT” era organizar una serie de rondas de negociaciones con el fin de liberalizar progresivamente esos niveles arancelarios. Pero terminó yendo mucho más allá.

A modo de aclaración, vale destacar que el comercio a nivel internacional no tuvo una organización centralizada hasta después de la 2da Guerra Mundial. A partir de entonces es que puede decirse que existe lo que se llama un “sistema multilateral de comercio”. Es un sistema porque da una idea de abarcar una totalidad de aspectos que atañen al comercio exterior, y se lo define como “multilateral” no “mundial” porque no involucra a todos los países del mundo sino a un numero menor. La organización del sistema multilateral de comercio tampoco fue llevado por una sola institución. Como veremos, ha habido hasta el momento tres modos institucionalizados de organizar el sistema multilateral de comercio. El último de ellos ha sido mediante la OMC, una organización bastante reciente dentro del contexto internacional.

Dos contextos políticos (y que podemos decir que perduran) determinaron dos puntos de profundización en la historia reciente: la implosión de la URSS (y con ello el final de la Guerra Fría) y los atentados del 11 de septiembre de 2001. Previo al primer contexto encontramos una ronda de negociaciones del GATT (la Ronda Uruguay) prácticamente estancada, sin grandes resoluciones ni saltos cualitativos, sino hasta 1992. Recién entonces, y en tan sólo el término de dos años, vemos que el salto de calidad es enorme: se pasa de una ronda sin sobresaltos ni novedades a la creación de un organismo internacional regulador del comercio no sólo entendido en términos del GATT sino con una agenda ampliada al área de servicios, capitales (o “inversiones”), agricultura, propiedad intelectual, bienes industriales, textiles, solución de controversias, etc. Este logro no había podido ser alcanzado ni siquiera en el contexto de fines de la 2da Guerra Mundial -con más de 60 millones de muertos- cuando se quiso crear la Organización Internacional del Comercio (OIC) como herramienta de la “tríada” que habría de conformar con el FMI y el Banco Mundial.

El segundo contexto que mencionábamos (el de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York) inaugura un nuevo escenario. Si el escenario anterior de fin de la Guerra Fría era de un pensamiento único, hegemónico, el de los atentados abría el discurso de “o están con nosotros o con contra nosotros” del Presidente Bush (h), mientras se lanzaba a la invasión de dos países en Medio Oriente. Bajo este escenario de miedo y coacción fue que se logró derrotar momentáneamente lo que se había logrado en la “Batalla de Seattle” con la movilización social: poner en tela de juicio a la recientemente creada OMC y al proceso de globalización neoliberal. Y esa derrota se logra con el lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones de la OMC (que no había podido ser lanzada previamente en 1999 a raíz de los disturbios en Seattle): la Ronda de Doha.

Con todo lo ocurrido en los años subsiguientes, entre movilizaciones, campañas de divulgación, consultas populares, cumbres y demás, la estrategia del capital no fue alterada. Decimos que su estrategia es doble porque al mismo tiempo intenta liberalizar la circulación de mercancías (bajando aranceles, facilitando el comercio y eliminando barreras que lo “distorsionan”), pero que a la vez intenta convertir cada vez una mayor cantidad de bienes y actividades humanas en términos de mercancía (mercantilización). De este modo, todo lo que antes no entraba dentro del proceso de liberalización comercial, porque no era entendido como comercio, ahora no solamente se incluía sino que además entraba en las negociaciones en curso para ponerse al día con la liberalización. Esta es la estrategia seguida en la Ronda de Doha, donde los tres temas más importantes en negociación actualmente son la agenda de Agricultura, la agenda de NAMA y la agenda de Servicios.

Dentro de los avances teóricos de la economía política, Smith y Ricardo desarrollaron la teoría del valor entre los años 1776 y 1821. Posteriormente Marx, y en parte también Engels, contribuyeron con su crítica de la economía política. En especial Marx aportó un gran avance con el desarrollo de su teoría del plusvalor entre 1848 y 1894 (aunque Marx muere en 1883, los tomos 2 y 3 de “El Capital” son publicados posmortem bajo compilación y corrección de Engels).

El estudio de Marx sobre el capital estaba planeado de una forma mucho más extensa de lo que finalmente acabó siendo. La obra que Marx había planificado estaba desglosada analíticamente en seis estudios (Gambina, 2008): del capital, de la propiedad del suelo, del trabajo asalariado, del Estado, del comercio exterior, y del mercado mundial. En rigor, Marx solamente completó (y no en forma absoluta) el primero de sus seis estudios planificados, aunque bien hay avances diversos en su obra más voluminosa denominada precisamente “El Capital”.

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, varios teóricos, entre los que se encuentran Hobson y Lenin, desarrollaron la teoría del imperialismo, que mostraba las implicancias políticas del sostenimiento de la ley del valor en términos prácticos. Recién luego del crack de la bolsa de Wall Street en 1929 y la crisis financiera mundial desatada con ello, la economía política dio más pasos con la teoría del valor de uso de mediados de los años ´30 y ´40, con Keynes como principal exponente teórico.

Con todo esto queremos decir que no hay todavía hoy un estudio que avance sobre lo que podríamos denominar “teoría del valor de cambio” y que dé cuenta además de una visión de totalidad. La crítica marxista, si bien se centra en el estudio de la economía política, supera sus propios límites, transformándose en una crítica sistémica. Su análisis no se aboca solamente a un estudio de la economía política, sino que ofrece una crítica total, una crítica al sistema. En este sentido queremos diferenciar los estudios críticos de economía política de lo que es la crítica en sí a la economía política. Dado que el análisis materialista parte de un sistema cuya esencia es el capital, y este es concebido dentro de la disciplina económica, una crítica que no considerase los aspectos económicos así como otros aspectos de las condiciones en que el sistema existe, no sería una crítica materialista. Pero tampoco la crítica debe resguardarse dentro de los límites de la economía, y es por ello que la crítica merece un estudio interdisciplinario.

En términos generales -y pasando a la crítica teórica de la forma- también es necesario colocar al libre comercio en la silla de los acusados. Y es precisamente en este momento político en donde la crítica al libre comercio resulta muy oportuna. Cuando el ALCA ha fracasado, cuando la OMC no consigue avanzar, cuando los TLC enfrentan sus propios procesos de lucha particulares, y cuando el propio “modelo” de la integración que es la UE está cuestionado, la crítica al libre comercio parece un tema de fondo que es necesario a abordar en términos teóricos y políticos.

En este sentido, la teoría del libre comercio no se trata de una doctrina de desarrollo de los países periféricos, sino todo lo contrario: es una doctrina cuya intención es mantener el status quo en las relaciones económico-políticas instaladas, en el plano inter-nacional (entre naciones) y en el plano de relaciones de clase.

El basamento de la teoría del libre comercio está dado en las ventajas comparativas de David Ricardo (1772-1823). La teoría de las ventajas comparativas a su vez responde a las necesidades concretas de satisfacer un mercado de alta producción diversificada de bienes (en el caso histórico, el británico), y completarlo con aquellas mercancías restantes que no se producen en el mercado interno o que son de costos muy elevados para producir (como por ejemplo materias primas para sus industrias y alimentos producidos en países periféricos). Y para lograrse de ello, requiere condiciones de intercambio ampliamente favorables. Vale decir que la lógica que funda la teoría es la de completar un mercado de un alto y diversificado nivel de producción, y el mantenimiento de una relación de sistema imperial: históricamente, el libre comercio (y la piratería) fue la respuesta inglesa a la práctica del monopolio español durante el siglo XVII y gran parte del siglo XVIII.

Con esta justificación debemos comprender también lo que no se dice de esta teoría y es que, precisamente, nunca fue una propuesta que surgiera de países en desarrollo o de economías atrasadas, sino todo lo contrario: siempre fue una teoría pensada desde los países centrales del capitalismo, los más desarrollados -en un momento histórico Inglaterra y Holanda; hoy Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, etc.- y los que ya de por sí se encontraban en una posición de poder producir no solamente una mayor cantidad de bienes, sino además los más avanzados en el sistema de producción.

En este trabajo sostenemos que la propuesta del libre comercio ha sido desde su origen una propuesta proveniente de los sectores más acomodados del statu quo y para su mantenimiento, nunca una propuesta de las naciones menos aventajadas y mucho menos una propuesta para transformar la sociedad.

Caben discusiones que todavía no están desentrañadas y que implican un análisis sobre la esfera de la circulación de mercancías. No es solamente en términos de producción donde se encuentra al capital en crisis (producción de valor y plusvalor) -y con ello estamos hablando de la esfera de la producción de mercancías-; sino también en el comercio de las mismas (la esfera de la circulación). El capital deber ser puesto en crisis en un modo global entendido ello en términos marxistas y no de “globalización” como territorialidad mundial. Hablamos del capital global, y esto es producción más circulación, lo cual nos lleva directamente a algunos conceptos desarrollados por Karl Marx en el Tomo 2 y Tomo 3 de “El Capital”.

Ello nos ha llevado a reestudiar las definiciones ricardianas como marxianas sobre el comercio exterior. Ricardo definía al intercambio comercial en términos de búsqueda de beneficios y competitividad entre los países. Ello en la prosecución de lograr mayores niveles de bienestar. La idea que subyace en Ricardo del liberalismo económico, deriva de Smith, lo cual es sabido; pero la idea subyacente de la persecución de un bienestar general (mundial o global en términos territoriales) como resultado de la sumatoria de los intereses individuales de bienestar es una idea profundamente lockeana. Ricardo no reconoce que su teoría de las ventajas comparativas tenga un trasfondo que garantiza el status quo, por supuesto, aunque en sus “Principios de la Economía Política” le habla directamente a la burguesía capitalista inglesa sobre lo conveniente que resultaría para ella el librecambio como doctrina económica. Lo que toma como justificación del libre comercio es la idea de un “bienestar general” mundial, eso sí: visto desde Londres y desde la clase dominante. Ese sentido de bienestar general como resultado de búsqueda de bienestares de países individuales es una derivación de Locke.

Marx a todo esto interpreta al comercio exterior dentro de lo que denomina la “esfera de circulación” del capital. Marx, por supuesto, sí veía las relaciones de clase fetichizadas detrás de lo que se presentaba como relaciones de intercambio entre bienes dentro del mercado. En este sentido, él encuentra los puntos de contradicción dentro de la producción de mercancías (esfera de la producción) como el concepto de trabajo abstractamente humano, la creación de valor por parte de ese trabajo abstraído, la puesta en venta de la fuerza de trabajo como mercancía, la producción de plusvalor y la explotación. En todos estos puntos él no hace mas que ver las contradicciones entre el capital y el trabajo (o fuerza de trabajo, según sus términos) para la producción y reproducción del sistema. Pero en lo que atañe al intercambio comercial, Marx lo estudia recién después de analizar cómo se producen las mercancías. Podría decirse que los puntos de tensión de clase, el enfrentamiento en términos de lucha de clases, se da en la esfera de la producción, donde la fuerza de trabajo es sometida por el capital a producir para él más allá de sus necesidades, dándose también la apropiación por parte del capital de lo producido por el trabajo gracias a la existencia de la propiedad privada. Pero es el propio Marx el que también encuentra que el comercio exterior no hace más que desplazar las contradicciones que ocurren en el sistema social de producción, a una esfera más extensa, abriendo de este modo un campo mayor de acción. Y esto es singular.

La esfera de la circulación no repone los elementos que constituyen la contradicción del sistema de producción, esto es el régimen de explotación de la fuerza de trabajo.

Puede decirse que la piedra basal del sistema capitalista de producción es el régimen de explotación. Y este régimen es posible gracias a la existencia de la propiedad privada. Sin embargo es posible encontrar explotación antes del capitalismo, como también es posible encontrar propiedad privada antes también, y no por ello podemos hablar de capitalismo. En la Creta clásica hallamos moneda, y hallamos comercio también con los fenicios. Pero no puede pensarse al capitalismo sin la idea de una construcción de mercado en términos de expansión de la circulación de mercancías a nivel global (del mundo conocido)junto con la existencia de un trabajo abstractamente humano explotado. La emergencia del comercio como un fenómeno que, junto a la doble libertad del trabajo, constituye el mercado, es lo que no solamente sirve de fundación para el capitalismo, sino lo que garantiza también su permanente expansión: expansión del capitalismo es la expansión de las relaciones mercantiles. Así, la constitución del mundo en términos de mercado es lo que, en términos teóricos, da nacimiento al capitalismo.

En este sentido, conocer el fenómeno es dar cuenta de la esencia. Ver cómo se extienden las relaciones mercantiles dentro de la OMC a ámbitos que antes no eran considerados tales -como ser los denominados “bienes comunes” (common goods) por ejemplo- es entender el desarrollo expansivo de las relaciones mercantiles de hoy día, y por ende del capitalismo en el siglo XXI. Y poner en crisis esta expansión, en términos teóricos así como en términos prácticos, es el primer paso para avanzar hacia una configuración distinta del mundo.

La idea de este trabajo es la de presentar un análisis entre teoría y práctica del libre comercio y ofrecer una crítica en ambos campos que eluda a posibles críticas ya aportadas desde análisis estrictamente económicos y que oportunamente fuesen aportados para el debate en torno al ALCA. Nuestro desafío ha sido construir una propuesta crítica sin que debiese reducirse a ser una crítica solamente económica.

Es por ello que el punto de partida y el de llegada sea el de la interdisciplinariedad, y roce incluso la transdisciplinariedad, pues toca temas de la ciencia del derecho, la economía, la filosofía, la ciencia política, la sociología... hasta llegar al punto en que lo que se discute es en términos de teoría.

De este modo comenzamos nuestro análisis desde el marco teórico del libre comercio y aportamos nuestro punto de vista (crítica teórica), pasamos por todo el ámbito de aplicación práctico del libre comercio y expresamos nuestro análisis (la coyuntura político-histórica, la institucionalidad, las negociaciones y sus temas, todo ello es abordado en la crítica práctica), para volver finalmente al plano teórico-conceptual más abstracto y ofrecer una crítica en los conceptos más abstractos de la cuestión del libre comercio.
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