El reportaje “Honduras: manual para un golpe de Estado” retrata la vida de los hondureños bajo el toque de queda y refleja las consecuencias de declarar un estado de excepción en el país. Ni siquiera los propios hondureños se ponen de acuerdo si su país ha sufrido un golpe de Estado o no. La mitad de la población apoya al presidente constitucional Manuel Zelaya, al que unos militares sacaron una noche de su cama en pijama y enviaron a Costa Rica. El mismo que volvió clandestinamente al país y está hora refugiado en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa. La otra mitad de la población de Honduras, sin embargo, cree que Zelaya debía ser apartado del poder antes de que se convirtiera en una especie de dictador. Que su sustituto Roberto Micheletti no es un golpista sino un sucesor constitucional, y que el Ejército hizo bien en sacarlo del país a las bravas. Seguir leyendo






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