“Conocemos todas las tonterías que hemos cometido durante un millar de años, y en tanto recordemos esto y lo conservemos donde podamos verlo, algún día dejaremos de levantar esas malditas piras funerarias y arrojarnos sobre ellas. Cada generación, habrá más gente que recuerde. <…> y cuando nos pregunten lo que hacemos, podremos decir: estamos recordando”
Fahrenheit 451 - Ray Bradbury.
Muchas historias comienzan con un: “Había una vez”. Esta historia tiene como inicio un largo silencio y un sinfín de interrogantes. ¿Cómo encontrar las palabras mágicas para entrar?
Tal vez no haya nada de magia en la vía que nos conduce a la interpretación del pasado reciente, una vía tortuosa, oscura, silenciosa y ambigua.
¿Cómo acceder entonces al relato, decodificar los silencios y las voces? ¿Cómo procesarlos, remontando los propios silencios, la exigencia de contar? ¿Cómo explicar la necesidad de escribir, de dejar constancia por escrito de la existencia de preguntas, miedos persistentes, restos de un pasado diluido? ¿Cómo resolver esta necesidad de dar fe de la existencia del pasado, de testificar acerca del recuerdo del objeto para evitar que desaparezca definitivamente el objeto de recordar?
Este trabajo intenta presentar historias que permanecieron en los márgenes, en los bordes, en un intento de revelar el ambiente subjetivo del pasado reciente, mostrando puntos de vista diversos, las voces y los silencios que pueblan la memoria de los ‘70 en Argentina.
Estos relatos basados en 70 entrevistas a hijos y familiares de desaparecidos, militantes de base, vecinos y testigos ocasionales, fueron tomados entre abril de 1996, a 20 años del golpe militar de 1976 , y junio de 1999 a partir de un doble juego de necesidades:
La necesidad de contar y la de escuchar, la de escribir y tratar de impedir que el pasado se olvide. De allí la necesidad de convertir los silencios en texto, transitando a través de un oscuro paisaje poblado de miedos, desconfianzas y prejuicios para recuperar la antigua costumbre de recordar, el don de trasmitir colectivamente las huellas del pasado. Por eso, tal vez la palabra mágica no sea memoria, sino recordar.
Recordar significa tener memoria, pero también despertar, poner en armonía y volver al corazón, volver a pensar el pasado como objeto de la historia, un espacio crítico y de interpretación.
Este trabajo es una exploración acerca del silencio tendido alrededor de la búsqueda de sentido en la historia argentina reciente y la resistencia a buscar respuestas. Seguir leyendo