“La historia de la gente común” Reseña de la charla ¿Dar voz a los sin voz?

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Con la coordinación de Alexia Massholder y Graciela Browarnik, El pasado 23 de agosto de 2011, el Archivo Oral “Subjetividad, política y oralidad” de la Biblioteca Utopía y la Asociación de Historia Oral de la República Argentina (AHORA) organizaron la charla-debate: ¿Dar voz a los sin voz? Los orígenes de la historia oral en la Argentina, con el fin de problematizar la relación entre esta forma de hacer historia, los ámbitos académicos tradicionales, los debates acerca de la subjetividad y la permanencia de una práctica que ya lleva 40 años de ejercicio en nuestro país pero sigue siendo considerada una “nueva forma” de hacer historia.

La actividad contó con la presencia como panelistas de: Liliana Barela (Representante sudamericana de la Asociación Internacional de Historia Oral-IOHA), Mirta Zaida Lobato (Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA), Daniel Plotinsky (Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito), Pablo Pozzi (Presidente de la Asociación de Historia Oral de la República Argentina-AHORA).

Presentamos a continuación un fragmento de la intervención de Mirta Zaida Lobato (Instituto Interdisciplinario de Género- FFyL- UBA).

Yo no voy a decir cuándo comenzó la historia oral en la Argentina sino cuándo me acerqué yo a la historia oral. Y yo me acerqué a la historia oral en el año 1979 cuando la Universidad de Buenos Aires, soy vieja, cuando la Universidad de Buenos Aires estaba cerrada para mí. Yo había abandonado los estudios de grado de historia en 1976 cuando se da el golpe militar y en el mes de agosto del año1976 yo ya no estaba cursando en la facultad. Por lo tanto yo soy una de esas personas que terminé la carrera en el año 1982, estudio en lo que es denominado en algunos “estados del arte” como se dicen, en la universidad de las sombras. Y la universidad de las sombras eran grupos de estudio formales e informales, alrededor de una persona, o más horizontal en donde leímos algunos textos que nos llegaban por diferentes vías. Lo que me parece importante destacar es que en el año 1979 nosotros leímos el texto que abrió la puerta, al menos para mí, a este acercamiento a la historia oral. Y este libro publicado en 1978 de Luisa Passerini que se llama Storia orale, vita cuotidiana y cultura materiale delle classi subalterne. Ese fue el libro que yo leí. Eran grupos donde alguien traía un libro, se devoraban, se discutía, y allí cuatro autores impactaron en mi modo de hacer historia, en mi modo de hacer historia porque creo que permanece hasta ahora. Sin duda la compilación de Passerini abría las puertas para lo que yo puedo llamar una metodología de investigación histórica, es verdad que es una discusión, pero hay muchos modos de hacer historia y, en todo caso, la historia oral es uno de esos modos con los que uno puede hacer historia política, historia social, historia cultural. Para mí es una herramienta, aunque ya sé que estoy tirando, digamos, un tema de debate. Los otros cuatro textos con los que nosotros habíamos trabajado en el momento, y digo, impactan todavía hoy, eran el de Samuel, Historia de la gente común, el de Thompson, cuyo título no me acuerdo, Portelli, que por la misma época publicaba Las peculiaridades de la historia oral, y Fraser por la Guerra Civil Española.

Cuatro textos que me parece que abrieron la puerta para las discusiones que a mí me gustó volver al proyecto. Porque en ese proyecto están las cosas que me parece que circulan de manera común entre los que hacemos historia oral: en primer lugar la idea que estoy viendo de que ningún dato histórico está incontaminado y que las fuentes históricas no pueden clasificarse como objetivas y subjetivas. Ese era un debate muy fuerte en los años 70. ¿Por qué? Porque los guardianes de las disciplinas, que hay muchos en distintos campos, estaban en la puerta y entonces consideraban que los testimonios orales no eran documentos objetivos. Y recuerdo un texto de esa compilación donde justamente ponía en cuestión la construcción de las estadísticas, algo que ahora se discute de manera mucho más intensa. O cómo las estadísticas pueden construir sujetos o actores sociales, están teñidas de subjetividad, de la subjetividad de los investigadores que hace que se seleccionen unas cosas y no otras.

Entonces, lo primero que nosotros colocábamos, no porque fuéramos muy inteligentes sino porque habíamos leído, nos habían entusiasmado estos textos, es esta cuestión de que no hay fuentes históricas objetivas. Sin embargo me parece que a lo largo del tiempo la historia oral de algún modo se convirtió en una herramienta muy interesante para trabajar con la subjetividad, y que eso era algo que se ha ido afianzando a lo largo del tiempo. Sin embargo en los 70 había que discutirlo.

La segunda cuestión que marcábamos en ese texto es que la historia oral es una aproximación decididamente cualitativa del pasado ¿no?

Y en realidad enfatizábamos que nosotros, lo que queríamos hacer era trabajar reconstruyendo la historia de la gente común. Es decir, lo que era la naturaleza, no porque sea natural, lo que formaba la materia de la historia social en los años 70, no solo la historia de los grandes hombres, no usándolo en un sentido de humanidad, usándolo en el sentido de varón. No solo las historias de los grandes hombres sino la historia de la gente común. Y en la historia de la gente común entraba, como alguna vez alguien dijo, en una bolsa de gatos, entraban muchas cosas. Eran los pobres, los marginales, las prostitutas, las mujeres. Porque de algún modo había otros héroes que sí estaban en la historia social de la época pero que me parece que puede dar paso también a una discusión, y esto es que en los años 70 en la historia que a mí me interesaba que era la historia obrera se estaba haciendo la historia de los héroes revolucionarios, eso es, los dirigentes sindicales, los dirigentes políticos. Y a mí ya en ese momento… no quiero poner esta mirada como si nosotros los historiadores orales también criticamos mucho ese punto de partida pero ya en los años 70 a mí me interesaba la historia obrera, pero las vicisitudes hicieron que yo pudiera realizar mi primera investigación en los años 80 sobre la comunidad obrera de Berisso donde efectivamente utilicé esta historia oral.

Pero también estaba interesada en discutir la universalidad alrededor de los sujetos de la historia y le prestaba particular atención a las mujeres, a lo que en los años 80 se van a llamar las relaciones de género.

Pero lo que quiero enfatizar es esta cuestión de que me interesaba la gente común en ese momento… creo que me sigue interesando la gente común… y el otro punto en debate y es que ese uso de los testimonios orales, esos usos de las narrativas es el resultado de una relación compleja entre entrevistador y entrevistado. Algo que en los años 90 la revista Historia, antropología y fuentes orales puso en debate con numerosos artículos.

En tercer punto que tengo marcado acá [...] es esta cuestión de que el proceso de recordación es un trabajo. Ahí yo ya había leído a Clelia Bosi en Memorias de viejos. Ese texto fue para mí muy importante porque empezaba a meterme en la naturaleza, con la naturaleza, en la materia de la historia oral que es lo que está vinculado con al memoria. Clelia Bosi trabajaba con un texto que yo no había leído que es el texto de Hallbwachs sobre la cuestión de la memoria, y la memoria como trabajo, la memoria como un acto de recordación que no es el momento vivido y que pasa por el tamiz de la experiencia. Entonces el resultado de esto es que nosotros no nos estamos acercando a esa experiencia sino que nos estamos acercando a la visión que de esa experiencia se tenía en un particular contexto histórico. Y esta cuestión de las dos personas que están en la entrevista también es importante, porque yo siempre digo que a los practicantes de la historia oral la experiencia de ese trabajo de algún modo nos vuelve más receptivos de la opinión de los otros. Y eso creo que es una de las experiencias más interesantes que tiene este tipo de trabajo, que no lo tiene la investigación en el archivo con los documentos escritos, ni siquiera el trabajo con las imágenes, y es que son dos subjetividades que se cambian en el proceso de la entrevista y nosotros, los historiadores, las historiadoras, aprendemos a escuchar. Y eso es algo que valoro positivamente de esta experiencia.

El otro punto que poníamos en este viejo trabajo es la idea de la historia oral como una historia totalizadora, en el sentido en el que se ponían en juego muchas experiencias ligadas entre sí. La experiencia del trabajo, la experiencia de la vida cotidiana, las rutinas diarias diría, y lo que tiene que ver con eso que a veces se da para otros lados que es lo de la cultura popular. Entonces, de algún modo, en los años 70 es evidente que nosotros estábamos pensando en historias en un sentido totalizador, mientras que las experiencias de los años 90 han sido más una fragmentación del conocimiento pero que no estaba presente en este momento en mi propia historia de investigación.

Y efectivamente el último punto es que yo veía en ese momento que la entrevista, que es una de las técnicas de la historia oral, es una de las posibilidades que nosotros tenemos que trabajar, que tenemos para trabajar en la investigación histórica, y para mí por lo menos, siguiendo a Alessandro Portelli, era importante trabajar con el relato, es decir, no una idea de una transparencia de lo que se dice sino que había que trabajar con las narrativas que estaban ahí presentes, poniéndolas en cuestión y en tensión. [...].

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