Presentación del libro: La soja, entre el monocultivo y las necesidades de dvisas

12/04/2016


El martes 12 de abril a las 19h en el Centro Cultural de la Cooperación se presentará el libro coordinado por Martin Burgos, en el cual estuvieron trabajando Ernesto Mattos, Nicolas Zeolla, Maximiliano Uller, Noelia Torres, Agustina Gallardo y Breno Nunes Chas. En la presentación estarán comentando el libro Emilio Pérsico, José Pierri y Carlos León.
Esta obra es el resultado de dos años de investigación del Área de Estudios sobre la Economía Agropecuaria, grupo que se fue gestando en el marco del Departamento de Economía Política y Sistema Mundial del Centro Cultural de la Cooperación. El objetivo del estudio fue contribuir a la comprensión de los cambios estructurales acontecidos en el sector agropecuario, en particular en el subsector agrícola pampeano, cambios que se hicieron evidentes durante el llamado “conflicto del campo” pero cuyas implicancias van mucho más allá de la relación entre el gobierno nacional y las entidades rurales.

Si bien esa protesta se inscribió en un ciclo de lucha que venían llevando adelante las principales entidades rurales sobre productos como el trigo o la carne, la confrontación con el gobierno nacional se centró alrededor de la soja, principal producto agrícola exportado. Detrás de las cuestiones técnicas, lo que esa confrontación puso en juego fue la posibilidad de avanzar en una redistribución de la riqueza a través de un impuesto progresivo que afectaba la renta agraria. La relevancia de este conflicto es reconocida por los principales académicos, que suelen caracterizarlo como un punto de inflexión a partir del cual el kirchnerismo adopta políticas más radicalizadas.

Además, las retenciones son una herramienta importante para desconectar los precios internos de los precios internacionales y lograr así que los incrementos de precios internacionales no afecten la recuperación del mercado interno que vivía Argentina desde 2003. En efecto, el aumento de la inflación que se había manifestado en 2007 tenía como principal componente el rubro de alimentos y bebidas, empujada por diversos factores en los mercados mundiales que ejercieron una presión alcista sobre los precios de los commodities. Por lo tanto las retenciones móviles se pensaron como un modo de lograr participación pública en la renta agraria y a su vez como política anti-inflacionaria al estabilizar los precios internos.

Si bien es cierto que la soja no hace parte del consumo de alimentos habitual en Argentina, el incremento de las áreas sembradas en soja fue sustituyendo los cultivos orientados al consumo interno y por lo tanto presionando sobre el abastecimiento local. Esta situación lleva a plantear que –aunque parezca paradójico- la seguridad alimentaria no se encuentra asegurada por más que Argentina sea un país agroexportador. Las retenciones a las exportaciones a la soja es una de las herramientas de política disponible para reducir la influencia de la soja en el territorio argentino e igualar las rentabilidades relativas entre los cultivos orientados a la exportación y los que se consumen internamente.

Lo sorprendente de ese conflicto fue la nueva alianza entre actores sociales tradicionales del campo que fueron históricamente enfrentados –Federación Agraria Argentina y la Sociedad Rural Argentina, principalmente- y la estrecha colaboración de los medios de comunicación masivo que se revelaron fundamentales para lograr derrotar al gobierno nacional. Esta alianza tiene sin dudas motivos políticos, pero también razones estructurales ligadas al predominio de la soja como mercancía global con demanda creciente y con impactos de largo plazo en los países oferentes.

Respecto de las causas políticas de las alianzas sociales de las entidades agropecuarias se ha escrito mucho y remitimos al lector a esos textos para su cabal compresión. Este libro se centra en las cuestiones económicas que subyacen en estas relaciones y que emergieron durante el conflicto del campo. Los cambios en las formas de producción, de financiamiento, de acopio, de comercialización y de industrialización de la soja son los temas que nos propusimos estudiar para dar cuenta de la complejidad en la cadena de valor visto en su totalidad, una cadena cuya importancia nos obliga a huir de las interpretaciones más simples demonizando o alabando al “campo”.

El conflicto del campo fue solo el punto de partida, porque que a nuestro entender sigue siendo un conflicto abierto cuyos efectos siguen vigentes hasta los días de hoy: principalmente porque la inflación está ligada a la suba y la baja de los precios internacionales de alimentos, y porque se le puso un límite a los deseos de redistribución del ingreso mediante impuestos a la renta. Sin embargo otros problemas centrales del sector pasaron en un segundo plano, como los efectos sociales y ambientales de la sojización masiva y el control sobre las divisas de parte de los traders internacionales. Estos últimos fueron los actores ocultados del conflicto: las empresas transnacionales tradicionales (como las traders Cargill, Bunge, Dreyfus, etc.), si bien no fueron partícipes directas tienen un poder enorme sobre el resto de la cadena de valor al ser el punto de concentración de la producción y controlar los puertos y las aceiteras. De la misma manera, las empresas transnacionales que empezaron a tener más presencia en el sector agropecuario más recientemente a través de los insumos productivos (Monsanto, Dow, etc.) tienen una influencia sobre los costos productivos y sobre la tecnología aplicada que no puede soslayarse.

El poder económico de estas empresas se fue incrementando en estos años a medida que la restricción de divisas fue convirtiendo a las exportaciones de granos en la mayor entrada de divisas de Argentina. Esto se puede apreciar en los ciclos anuales de las reservas internacionales que crecen durante la cosecha (marzo a junio) y luego conocen reducción hasta fin de año. Esta situación se puso de manifiesto a fines de 2013 cuando, ante las expectativas de devaluación, las empresas exportadoras retuvieron sus stocks impidiendo un aporte de divisas que hubiese sido fundamental para evitar la devaluación de enero 2014. De forma similar, Monsanto mantiene una relación tensa con los agricultores por el pago de regalías por sus semillas transgénicas que el gobierno no logra resolver.

El estudio permitió poner en evidencia algunos aspectos del sector que, a largo plazo, podrían constituir fuente de tensiones como la logística de transporte, el trabajo en negro, el control de la comercialización, el financiamiento agrícola o el monocultivo. La resolución de estos problemas implicaría una mayor intervención del Estado para incidir sobre los cultivos sembrados en función de las necesidades del consumo interno y del desarrollo económico y social. En ese punto, si bien se reconoce la necesidad de contar con las divisas de la exportación de soja para poder financiar inversiones en otros sectores deficitarios -como el industrial-, los excesos de sojización genera dentro del sector agropecuario una simplificación productiva que atenta contra el desarrollo rural. Ese desarrollo rural debe ser atendido de la misma forma que el desarrollo industrial, ya que la diversificación de los cultivos (la llamada “chacra mixta”) genera mayor valor agregado, arraigo rural, menor transporte y todas las ventajas económicas y sociales de las interconexiones en redes entre consumidor de alimentos, productor rural, proveedor de servicios, maquinaria y de insumos que solo el comercio de corta distancia puede ofrecer.

La soja implica un comercio de larga distancia que requiere de escala, de financiamiento, de logística y de información que solo pueden permitirse los grandes actores. El control sobre la exportación de estas empresas e, implícitamente, sobre las divisas, se transforma sin dudas en el mayor desafío de cualquier gobierno representando los intereses populares en un contexto mundial cada vez más incierto.

Parte de las reflexiones volcadas en este libro fueron debatidas en el Seminario-taller de investigación y debate sobre “Problemas económicos en la producción y comercio de granos 1980/2014”. Esa jornada, organizada por el Departamento de Economía del Centro Cultural de la Cooperación junto con la Cátedra Giberti del IADE y al Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (CIEA) de la UBA, tuvieron lugar el día 13 de agosto de 2014 y nos permitieron un intercambio fructífero con varios colegas y amigos que quisiéramos agradecer, en especial a José Pierri, Carlos León y Pedro Peretti. También los intercambios que tuvimos con varios funcionarios del Ministerio de Agricultura de la Nación y de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables (Ministerio de Interior y Transporte de la Nación) permitieron nutrirnos de los problemas prácticos que enfrenta la gestión de los temas estudiados y recopilados en esta obra.

El libro se organizó en dos partes compuestas de 4 textos cada una. Los primeros cuatro textos plantean el lugar predominante que adquirió la soja en la agricultura argentina y mundial. Nuestro texto muestra el valor estratégico que adquirió la soja para China y, por lo tanto, la posición especial que ese cultivo mantiene en el mercado agrícola mundial, para concluir con las trayectorias posibles de la relación entre China, Estados Unidos y los países del cono sur de América Latina. El artículo de Maximilano Uller se centra en la creciente sojización del campo en Argentina y los riesgos que esto supone para el desarrollo rural de nuestro país. Nicolás Zeolla hace una síntesis de las teorías de la renta y la actualización de ese debate a partir del conflicto del campo, para luego realizar una estimación de la renta en Argentina. El cierre de esta primera parte la realiza Ernesto Mattos con un estudio teórico sobre lo que llama el “sujeto agrícola hegemónico”.

En la segunda parte del libro, nos centramos en los cambios ocurridos en la agricultura pampeana junto al predominio de la soja. Agustina Gallardo nos ofrece un panorama del financiamiento agrícola desde los años noventa, que se trató de analizar a través de la incidencia del sector bancario y de los pooles de siembra, haciendo hincapié en el papel fundamental que cumplen los bancos públicos. El artículo de Noelia Torres y Breno Nunes Chas nos acerca un análisis del mercado de trabajo rural que es uno de los más vulnerables en términos de protección social. El estudio trató de enfocarse en la evolución de ese segmento de los trabajadores en un contexto de mejoras en las condiciones económicas y sociales de la población en general. Los dos últimos textos apuntan directamente a las condiciones de industrialización y de comercialización de la soja y el control que tienen las grandes empresas transnacionales sobre ese aspecto clave de la economía argentina. El estudio de Martin Burgos y Ernesto Mattos identifican los principales cambios que dieron lugar a la actual plataforma de exportación de aceite y de harina de soja, tanto en el plano institucional como en la infraestructura de acopios de granos, trenes de carga y puertos, dando cuenta de un esquema donde priman la concentración y la extranjerización. El último texto de Nicolás Zeolla realiza un recorrido histórico de las instituciones, normativa y herramientas estatales utilizadas para la intervención directa en el comercio exterior de granos. También se realiza una comparación internacional donde se muestra que los principales países exportadores de trigo cuentan con una empresa estatal (Rusia, Ucrania, India, China, Turquía) o de productores nacionales (Canadá, Australia) referenciando criterios de soberanía alimentaria, protección del ingreso de los productores o estrategia en la conformación de estructura económica nacional con capacidad de intervenir directamente en el comercio exterior de granos. Por tales razones, se propone que a nivel nacional debería pensarse una herramienta similar, dentro en el ámbito de las empresas estatales existentes o avanzando en la creación de una nueva Agencia Nacional de Comercialización.

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