Estado de alerta en el hospital pediátrico más prestigioso
En invierno son los casos de bronqueolitis; en verano los de diarrea. El hospital Garrahan, el pediátrico público más prestigioso de la Argentina y quizá del continente, se acostumbró a vivir saturado de pacientes, con su guardia y su sala de terapia intensiva atoradas, con demoras de meses y meses en las cirugías menos urgentes, con conflictos sindicales cada vez más profundos. Ni la lluvia se resiste: se cuentan hasta 300 baldes distribuidos aquí y allá para contener las goteras de un techo hace tiempo en desgracia.
¿Es el Garrahan ese pasillo de la guardia repleto de camillas con chicos de entre cuatro y doce años? Sí, lo es. Los chicos enfermos aguantan en los pasillos, como en tiempos de hecatombe, sólo que estamos en un hospital de alta complejidad que es orgullo nacional y no debe dejar de serlo. Porque la mística del personal no está agotada, pero se la castiga. Y vaya cómo. Casa de los médicos más prestigiosos, de los enfermeros más especializados, refugio y milagro de cientos y miles de chicos, el Garrahan atraviesa en estas horas una crisis de varios frentes. Aquí los principales:
- Algunos estudios y cirugías sufren demoras de hasta un año y medio.
- La guardia está superada tanto en invierno como en verano.
- Los pacientes saturan a practicamente todos los servicios del hospital.
- Una nueva “carrera” del personal discrimina a los técnicos y agrava los conflictos internos (Ver Entre el ajuste…).
- Hay un aumento notable del personal tercerizado.







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