Archivo de la categoría ‘Opiniones’

Alfredo Grande: Los príncipes y los mendigos

Los príncipes y los mendigos
Jueves, 15 de Julio de 2010

“aunque guste, la sarna siempre pica”
(aforismo implicado)

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, reconoció hoy que el gobierno vetará el aumento de las jubilaciones mínimas que impulsa la oposición en el Congreso en caso de que el proyecto se convierta en ley.En declaraciones radiales, Fernández pidió “racionalidad” a los diputados y senadores para que el Poder Ejecutivo no tenga que rechazar el proyecto al que volvió a calificar como “demencial”.”Quiero creer que la racionalidad va a tener un triunfo en este caso, buscar que uno no tenga que vetar una cosa de estas características, porque es demencial”, dijo el funcionario. Fernández dijo que prefiere pasar por “antipático” antes que se tomado por “mentiroso” y que quieren ponerse “colorado una sola vez y no verde todos los días. Tema “sensible”.

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Comunicado Fundación Huésped

fundacion “Sos un sidoso de mierda”. Durante los últimos días escuchamos esta frase que, presuntamente, fue utilizada a modo de insulto en un programa de la televisión argentina. Y más allá de que en el programa en cuestión nada se vio, en todos los canales se habló del tema.

“Sos un sidoso de mierda”. No se puede decir esa frase si no se busca atacar mucho y en lo más hondo a la otra persona. Como se imaginarán, poco nos importan los motivos. Les proponemos, en cambio, que pensemos juntos qué significa pretender “sidoso de mierda” como un insulto.

Desde el comienzo de la epidemia del VIH/sida, el estigma y la discriminación forman parte de lo que se llama la “epidemia silenciosa”. Las personas que viven con el virus lo saben. Los que trabajamos en la respuesta al VIH (más allá de vivir o no con el virus) lo sabemos. Los que pretenden usarlo como insulto también lo saben.

El estigma es una etiqueta, un atributo que devalúa a la persona. La discriminación es la práctica. Atrás del “sidoso de mierda” se esconde (aunque de manera bastante visible, por cierto) un intento de descalificación, de presunta “superioridad” por el hecho de no vivir con el virus.

Por otro lado, la decisión de una persona con VIH de hablar abiertamente del tema es una cuestión individual y está resguardada por el principio de la confidencialidad. El chiste televisivo, la búsqueda de más minutos de aire y/o más puntos de rating se acaban cuando del otro lado de la pantalla hay miles de personas viviendo con VIH que deciden no exponer públicamente su situación por temor a ser excluidos, discriminados, a perder el trabajo, etc. Más aún, del otro lado de la pantalla están aquellos que ya vivieron esa situación. Están las más de 800 personas que cada año consultan al área de promoción de derechos de Fundación Huésped por haber sufrido algún tipo de discriminación.

Lo realmente importante, entonces, es entender que tratar a alguien de “sidoso de mierda”, además de pretender insultar a quien lo recibe, es una bofetada a todos aquellos que entendemos que no se lucha contra las personas que viven con VIH/sida. Que las personas que viven con el virus no son el problema, sino parte de la solución. Que mientras esperamos la vacuna y más tratamientos, hay una vacuna que está en nosotros. Porque en la epidemia del VIH/sida, tal como sintetiza maravillosamente Susan Sontag, lo único nuevo es el virus. Las reacciones humanas que despierta, incluyendo la imbecilidad de pretender agredir a alguien por tener o no una enfermedad, son tan viejas como la historia de la humanidad. Ojalá este debate sirva para poder discutir estos temas.

Vivir o no con VIH no es un motivo para avergonzarse. Y pretender agredir a las personas por el hecho de vivir con VIH sólo denota la ignorancia de quien lo hace.

Te invito a que nos visites en Facebook y nos cuentes que pensás de todo esto.

Leandro Cahn
Director de Comunicación

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“La salud es la solución del conflicto” Entrevista a Floreal Ferrara

ENTREVISTA INEDITA A FLOREAL FERRARA, MEDICO SANITARISTA RECIENTEMENTE FALLECIDO

“La salud es la solución del conflicto”

Una semana atrás murió el sanitarista Floreal Ferrara. Tenía 85 años y seguía trabajando. Ejerció la medicina social. Marcó el camino hacia un sistema de salud sostenido por la participación popular. Un poco peronista, un poco nacional, un poco socialista. Así lo explicaba en octubre de 2008.

Por Beatriz Blanco

–¿Cuándo y por qué, siendo cardiólogo, hizo el giro hacia la medicina social? ¿Fue a partir del posgrado sobre Salud y Desarrollo Social organizado por la OEA? ¿Fue por su acercamiento al peronismo o simplemente porque es hijo de su época?

–Fui hijo de esa época, pero no se olvide de que mi viejo era anarquista. Lo veo todavía extendiéndome la mano y diciéndome “este es el primer libro que tenés que leer”. Se trataba de El hombre mediocre, de José Ingenieros. Yo tendría 14 años.

–¿Cómo era su paisaje infantil?

–Yo nací y me crié en Punta Alta, provincia de Buenos, hasta que me fui a estudiar a La Plata. Soy el mayor de tres hermanos. Tengo recuerdos formidables de aquellos tiempos. A la vuelta de mi casa había una oficina de aguas, Aguas Corrientes. Era una oficina británica, era del imperio. Y con mis amigos, tendría 10 a 11 años, decidimos quemar la bandera británica que estaba allí, porque no había bandera argentina. Nos dio fastidio. Y la quemamos. El gerente de ese lugar nos detuvo, llamó a la Base Naval Punta Alta. Vino alguno de la Base Naval y nos metieron en cana. No duró mucho la cana. Fueron nuestras madres a buscarnos y nos largaron con la recomendación de que no lo volviéramos a hacer. Mi madre no me reprendió porque entendió que era la consolidación del pensamiento de mi padre. Esto ocurría en 1934. Yo nací el 7 de junio de 1924.

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Floreal Ferrara

Militante social de la salud

Por B. B.

Floreal Ferrara murió el pasado domingo 28. Era médico cardiólogo, especializado en medicina social, disciplina sobre la cual escribió varios libros. Con sus ochenta y pico a cuestas tenía una vitalidad provocadora del ingenio y una anécdota siempre a flor de labios. Nunca dejó de escribir, de investigar y sobre todo de reírse y hacerse y hacer preguntas. “Es muy difícil ser amigo de Floreal Ferrara, es un díscolo, un rebelde”, se definía a sí mismo en la charla.

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Fallecimiento de Floreal Ferrara

FLOREAL FERRARA, UNA VIDA DEDICADA A LA SALUD PUBLICA

El sanitarista que tuvo compromiso político

Fue sanitarista, ministro de Salud en la provincia de Buenos Aires, peronista. Murió el domingo pasado. Aquí lo recuerdan dos colegas que compartieron momentos de su trayectoria.

Opinión

Por José Carlos Escudero *

Floreal Ferrara ha sido, lejos, el más importante sanitarista peronista desde Ramón Carrillo. Creativo, impulsivo, valiente, el polo opuesto de un tecnócrata descafeinado, combinó la implementación de políticas de salud con la investigación académica y la difusión mediática de sus ideas. Dos veces ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, eligió no exiliarse tras el genocidio militar que siguió a su primera gestión, pese al peligro que corría su vida. Lo sobreviven sus descendientes, sus recuerdos, su producción intelectual, muchos videos donde resaltan sus entrañables entusiasmos y su vozarrón. Lo sobrevive también el recuerdo de su programa Atamdos, admirable expansión en la provincia de la salud estatal y gratuita. Un gobierno nacional que quiera, en el área de la salud, reeditar la epopeya de Carrillo en el primer peronismo hará bien también en tener en cuenta la sabiduría de su discípulo, Floreal Ferrara.

* Médico sanitarista, sociólogo, profesor universitario. Seguir leyendo

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Derecho al aborto

Hay que concientizar sobre los derechos

Opinión

feim

En la Argentina todavía no hay una conciencia clara sobre el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos como humanos, incluido el derecho de las mujeres a no morir por la interrupción del embarazo.

El Código Penal, sancionado en 1922, reconoce excepciones por las cuales la interrupción del embarazo está permitida: cuando hay riesgo para la vida y la salud de las mujeres y cuando hubo una violación. Pero una modificación de 1984 permitió que se interprete que el aborto autorizado en casos de violación sea sólo para mujer con discapacidad mental. Por esto, algunos jueces hacen interpretaciones muy restrictivas. Y no permiten que las mujeres violadas, sin discapacidad mental, puedan acceder al aborto. Es urgente que el Congreso clarifique la situación.

Hay malformaciones congénitas que se pueden detectar tempranamente durante el embarazo. Las mujeres con un diagnóstico temprano de estas malformaciones podrían decidir la interrupción del embarazo.

También hay una responsabilidad del Ministerio de Salud de la Nación, que debería explicar a los profesionales de la salud que deben atender los pedidos de abortos no punibles en los hospitales públicos y no necesitan consultar a los jueces.

Un caso que debe ayudar a eliminar esta resistencia es el juicio que se está desarrollando en Santa Fe por la muerte de la joven Ana María Acevedo. Esta mujer de 20 años estaba embarazada y sufría cáncer. El embarazo ponía en riesgo su vida, pero los médicos le negaron el derecho al aborto no punible estipulado en el artículo 86 del Código Penal.

Mabel Bianco
directora de Feim

FUENTE: Diario “Clarín” 20-04-2010

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Fallecimiento de Mariano Levin

En el día de ayer nos enteramos del fallecimiento de Mariano Levin, destacado cientifico argentino y un profundo humanista.
Mariano colaboró con el departamento de Salud del CCC en varias oportunidades, en particular en lo referente al tema Chagas, al que le había dedicado gran parte de sus últimos tiempos.
Hijo de otro científico destacado, el Dr Emilio Levin y de una medica oncóloga también destacada, Rosa Levin, Mariano dedicó gran parte de su vida a la investigación científica de temas del genoma y otros, manteniendoo una visión comprometida con la realidad del país.
El Departamento de salud lamenta esta significativa pérdida de la comunidad científica y de los intelectuales que bregan por un país más justo y equitativo
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Algo que nos llegó sobre el Dr. Alfredo Grande

alfredo-grande

Alfredo Grande desde lo pequeño

Por: Miguel Longarini

“Soy serio pero no solemne. Resultante de la contradicción insalvable entre estatura y apellido  A. Grande. (1)

 Se puede indicar a una persona de grande por distintas razones, pero el Dr. Alfredo Grande, hace honor a su apellido más allá de lo complicado de las apariencias.

 Desde mi obstinada costumbre de escribir artículos, poesía, pensamientos, relacionados con lo socio/político, ambiental y cultural de modo libre, pude llegar a establecer un contacto, vía Internet, con Alfredo Grande, no así en forma personal, aunque, por esas cosas de la vida  el viernes pasado, el médico psiquiatra y psicoanalista, integrante de la cooperativa de trabajo en salud mental ATICO, docente universitario, escritor y fundamentalmente un ser humano en estado de compromiso con los más vulnerables como son los niños pobres, los hambreados del planeta, llego a mi ciudad 9 de Julio, convocado por un grupo de instituciones y ONG para disertar o contarnos su experiencia de vida profesional y militante en el campo social. La charla se tituló “Jornada sobre Cooperativismo y Salud Mental”

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Opinión: Ricardo López- El amargo sabor de los medicamentos-

A FONDO: RICARDO LÓPEZ - PRESIDENTE DE FAESS

El amargo sabor de los medicamentos

En los últimos meses la prensa informó periódicamente acerca de la «mafia de los medicamentos», personas detenidas, crímenes, medicamentos vencidos y «truchos». Esas noticias dejan un sabor amargo, similar al de algunos remedios.
No quedan al margen de las acusaciones ni el sector público, ni los laboratorios, ni el comercio ni los prestadores de salud. El nivel de corrupción en este rubro pareciera no tener límites. Pero como en otros temas, se soslaya el centro del debate y por ende no se analizan las soluciones concretas.
Los medicamentos constituyen un bien público, no pueden ser librados a las leyes de mercado como si fueran una mercancía más. Los países más desarrollados, aun los defensores más acérrimos del mercado y del capitalismo, ejercen un férreo control sobre la calidad de las drogas, su distribución al público y los precios. La cuestión de fondo pasa por si se prioriza la salud del ciudadano o los intereses de los laboratorios.
En nuestro país se comercializan más de 15.000 marcas -la farmacopea europea tiene cerca de 2.000 productos y la norteamericana 2.500-, mientras que la Organización Mundial de la Salud presenta un vademécum de sólo 300 drogas básicas. Lo paradójico es que a pesar de la cantidad de marcas en nuestro medio (inédita en el mundo), se estima que cerca del 50% de la población no tiene acceso a los medicamentos.
A esto se le suma la aparición de fármacos de alto costo como los oncológicos, los antirretrovirales para el VIH-Sida y los antibióticos de nueva generación que representan una tentación adicional para el ilícito. El mercado de los medicamentos mueve cerca de 4500 millones de pesos al año y representa una parte mayor del gasto total de la salud que en otros países. Además, son comercializados en quioscos y supermercados, contraviniendo la ley que sólo permite hacerlo en las farmacias.
A diferencia de otros países, como Brasil, donde el Estado sostiene los laboratorios públicos para la fabricación de drogas básicas, en Argentina, con más de 19 laboratorios en condiciones de producir medicamentos económicos, nada se hace para su desarrollo.
En vez de utilizar el vademécum de no más de 300 drogas básicas y recetar por monodroga (pese a existir una ley en este último aspecto), se incita al consumo de marcas de medicamento en los medios de comunicación y hasta en los colectivos. Así se favorece la automedicación que produce varios cientos de muertos al año en el país.
La tentación de cambiar los vencimientos de medicamentos, de robarlos y venderlos en lugares no permitidos, de adulterar los contenidos de los frascos y la falta de penas duras para estos delitos, favorecen la creación de droguerías fantasmas que se asocian a entes públicos y privados, con funcionarios corruptos, para lucrar con la enfermedad de las personas. La solución de estos problemas es de resorte principal del sector público. La sanción de leyes que consideren el medicamento como un bien social, la obligación de recetar por monodroga (y las drogas básicas), el control de las drogas, los precios y los laboratorios, el fomento de los laboratorios públicos, la fiscalización de la distribución y las penas duras para estos delitos son imprescindibles para comenzar a modificar el amargo sabor de estos temas.
Conspira contra las soluciones posibles, la gran ignorancia que existe en distintos actores públicos, políticos y sanitarios sobre estas cuestiones. Se tiende a minimizar, cuando no a ocultar el problema. En ciertos casos, culpan a los médicos por la excesiva prescripción de medicamentos. Pero los médicos no fabrican drogas ni comercializan medicamentos. Algunos pueden ser tentados con viajes a congresos, pero la inmensa mayoría sólo receta lo que necesitan sus pacientes.
Las farmacias han desvirtuado su rol y se transformaron, en muchos casos, en pequeños supermercados, y se argumenta que no todas las marcas de un mismo medicamento presentan la misma potencia de la droga. Efectivamente, se han demostrado diferencias y, por las dudas que generan los controles, se acrecienta el interrogante. Se podrá decir que existe la Anmat, que controla, pero es insuficiente. Una vez más, se niega el problema.

FUENTE: Revista “Acción”- Segunda quincena de febrero 2010-

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Opinión: Nora Bär- Diario “La Nación”-

Viceversa

La tómbola de la salud

Nora Bär
LA NACION

Ya lo decía Plutarco hace más de veinte siglos: “El desequilibrio entre ricos y pobres es la enfermedad más antigua y fatal de las repúblicas”.

Basta una recorrida después de medianoche por las calles de Buenos Aires para que las figuras fantasmales de los personajes de la noche -hombres de ojos vacíos, jóvenes enjutos que duermen a la intemperie y chicos descalzos que, en la oscuridad, cuando deberían estar cobijados y durmiendo, extienden la mano a los automovilistas- ilustren la dolorosa vigencia de esta realidad. Pero un nuevo estudio británico dirigido por sir Michael Marmot demuestra que, en el campo de la salud, la sabiduría del escritor e historiador griego puede aplicarse literalmente: según el destacado sanitarista, las desigualdades sociales son peores para la salud pública que la falta de infraestructura médica. Seguir leyendo

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