SOCIEDAD: MEDICINA Y ANDROCENTRISMO

La salud tiene cara de varón

 

Estela, de 53 años, no imaginó que los mareos, la fatiga y la falta de aire que venía experimentando en el último tiempo tuvieran otro correlato que el estrés a que la tiene acostumbrada su trabajo, como contadora en una pyme del Gran Buenos Aires. Finalmente, cuando se decidió a ir a la guardia de un hospital, el médico que la atendió, luego de revisarla, adhirió a la hipótesis propuesta por ella. Pero sus síntomas eran los indicios de una enfermedad cardiovascular que, finalmente, devino en un infarto de miocardio. La mayoría de las mujeres no suelen sentir el típico dolor que comienza en el pecho y se extiende hacia el brazo izquierdo. Ese signo, característico de este tipo de enfermedades cardíacas, en realidad, se presenta mayormente en los hombres.la-salud-tiene-cara-de-varon

 

ENFERMEDADES CARDIOLÓGICAS. Las mujeres representan el 30% en las investigaciones, pero realizan la mitad de las consultas en las guardias.

El de Estela no fue un caso excepcional, sino más bien todo lo contrario. En diversas regiones del mundo se ha registrado que las mujeres tardan más en llegar a la primera consulta y en ser diagnosticadas por estas dolencias, que no son para nada atípicas en la población femenina. En nuestro país, según una encuesta realizada por la Sociedad Argentina de Cardiología, la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en la mujer (33% de las defunciones), muy por delante del cáncer y las enfermedades respiratorias.

Ellos, los pacientes

En diversas áreas de la salud, las mujeres son subdiagnosticadas, ya sea porque ellas mismas acuden tarde a la consulta por menospreciar el malestar o porque sus síntomas tardan en ser leídos adecuadamente, debido a que muchas veces prevalece un parámetro masculino a la hora de interpretar los signos de la salud y la enfermedad.
Además del diagnóstico tardío, en el caso de las enfermedades cardiovasculares una vez que se diagnostica a las mujeres, se les practican menos procedimientos que a los hombres ante el mismo problema. Según cifras del Hospital Italiano, de los pacientes que ingresan con síndrome isquémico agudo –dolores fuertes–, se les indica hacer una coronografía a una proporción de 30 mujeres por cada 50 hombres.
Esta situación se debe a que todavía imperan en medicina los sesgos de género o «androcentrismo», lo que implica que a igual necesidad sanitaria de hombres y mujeres, las mujeres se benefician menos de los esfuerzos diagnósticos y terapéuticos.
Esta visión sesgada responde, en buena medida, a que la mayoría de los ensayos clínicos utilizan a los hombres como prototipos poblacionales, y a partir de esas investigaciones se infieren los resultados en las mujeres.
«La descripción de las enfermedades clásicamente se hizo en base a pacientes hombres, lo mismo ocurrió con los tratamientos», señala la doctora Florencia Rolandi, integrante de la Comisión Corazón y Mujer de la Fundación Cardiológica Argentina. «En los últimos años se está intentando que se incremente el número de mujeres en las investigaciones, que la proporción de hombres y mujeres en el estudio sea representativa de la población que padece esa enfermedad».
En relación con las enfermedades cardiológicas, Rolandi indica que en las investigaciones las mujeres representan el 30% de la muestra, mientras que en la guardia de un hospital la mitad de las consultas son hechas por ellas.
Históricamente se excluyó a las mujeres de los ensayos clínicos por razones de seguridad, por la posibilidad de que pudieran quedar embarazadas durante el ensayo o por los efectos de confusión provocados por los cambios hormonales y las interacciones con otros tratamientos concomitantes, como terapia hormonal sustitutiva o anticonceptivos. María Teresa Ruiz Cantero, investigadora del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Alicante (España), desde la década del 90 viene cuestionando la validez de la extrapolación a la población femenina de los resultados de los ensayos realizados en hombres. En comunicación con Acción, explica: «Esto es científicamente incorrecto, porque las mujeres tienen una variabilidad hormonal a lo largo del mes diferente a la de los hombres y pueden tener efectos secundarios, problemas de seguridad y reacciones adversas diferentes dependiendo de la fase del ciclo hormonal mensual».
Para Ruiz Cantero, uno de los principales sesgos androcéntricos es caracterizar a las mujeres como un grupo de riesgo único y universal, definido en base a su capacidad biológica reproductiva. «De esta forma, se ignoran las vías por las que las realidades sociales de género, que tienen que ver con la identidad y los roles masculinos y femeninos o la situación de poder y subordinación, se manifiestan en los cuerpos de las mujeres más allá de sus órganos reproductivos».

 

Ni tontas, ni niñas: ciudadanas

En relación con las estrategias para incrementar el número de mujeres en los ensayos, y que éstos incorporen en su diseño y análisis el enfoque de género, la especialista española propone «que las instituciones financieras valoren la creatividad en la identificación, la incorporación y el mantenimiento de las mujeres, así como que los editores y evaluadores de revistas científicas, que ya vienen determinando la forma y el contenido de la evidencia científica, incorporen el requisito de presentación de los resultados estratificados por sexos, y/o con un análisis de género.
El sesgo de género, obviamente, no se agota en la mayor o menor participación de las mujeres en ensayos clínicos. Debora Tajer, doctora en psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), trabaja en la actualidad en una investigación que se llama «Ruta crítica de la atención de mujeres en la ciudad de Buenos Aires». Este proyecto le permitió observar de qué manera opera el sexismo en la atención médica en el área metropolitana. «Hay un trato muy paternalista –señala Tajer–, hay dificultades para entender que las mujeres que consultan tienen derechos, que se les puede explicar cuáles son sus problemas y que ellas pueden contribuir a su situación de salud. Hay una idea, de parte de los profesionales de la salud en general, de tratar a las mujeres como si fueran un poco tontas o un poco niñas, no como seres adultos y como ciudadanas».
Tajer tiene una amplia experiencia con pacientes cardíacos que volcó como autora de Heridos corazones. Vulnerabilidad coronaria en varones y mujeres, un libro de reciente publicación. Allí da cuenta de la dificultad de los médicos para atender a mujeres. «Cuando se presentan mujeres, subregistran, porque están esperando el comportamiento masculino» puntualiza.
Por otra parte, Tajer trabajó por más de dos años, junto a catorce expertas internacionales, en la realización de un informe sobre «Inequidad de Género en la Salud» a pedido de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el marco de las tareas encaradas por la comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud. Durante el lapso que duró la investigación, se dedicó a relevar lo que se estaba haciendo a nivel mundial en esta temática. Su tarea le permitió llegar a la conclusión de que en la Argentina prácticamente los profesionales de la salud no trabajan con perspectiva de género, lo que les impide detectar las necesidades específicas de las mujeres que acuden al sistema sanitario. En este sentido, Ruiz Cantero concuerda con que por lo general hay desconocimiento científico, derivado de una enseñanza sesgada que todavía arrastran las carreras de medicina.
La especialista enfatiza en que hoy, casi dos décadas después de que se comenzaran a evaluar las primeras evidencias sobre sesgos de género en la presentación de los infartos de miocardio, todavía se observa en la literatura científica el mismo problema en la atención a este tipo de enfermedades. Algo que también sucede con los enfisemas, con algunas enfermedades reumáticas y en las intervenciones ortopédicas. «Tendería a pensar que ya no es por falta de conocimiento –dice la especialista–, y que una especie de inercia o de mimesis del conocimiento antiguo y obsoleto está influyendo en los médicos para que su comportamiento siga siendo el mismo».
Las investigaciones sobre sesgos de género en la atención sanitaria son relativamente recientes. Todo indica que se debe seguir esa línea de cuestionamiento para alcanzar la igualdad de trato en la atención sanitaria a igual necesidad, una tarea que no deberá quedar restringida a los límites del laboratorio ni del consultorio.

Verónica Engler
FUENTE: Revista “Acción”-1ra quincena enero 2010-

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