La noche del 19 de agosto pasado, en la Villa 31, dos adolescentes fueron baleadas por un suboficial de la Prefectura Naval. Una de ellas, de 17 años, fue asesinada por el prefecto que alegó en su defensa que una de ellas le apuntó con una escopeta recortada. La noticia no terminó allí ya que después del hecho la ira de un grupo de vecinos del barrio estalló contra la prefectura y luego contra la infantería, que junto a la policía se presentaron en la escena para “reforzar la seguridad”. Casi como de costumbre en ninguno de los relatos periodísticos detallaba con precisión las circunstancias que rodean al hecho, así como tampoco apareció la supuesta escopeta que llevaba una de las jóvenes. Es más, el arma que había visto el prefecto era una escopeta de fabricación casera, también llamada “tumbera”, y otras versiones dicen que era simplemente un cabo de madera atado a un caño.






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